Esfumarse, una vez más
Esto es como un corredor por el cuál desfilan personas constantemente. O a veces no tan constantemente. Algunas se detienen y se quedan un buen rato. De esas, hay muchas que no deseamos que se detengan allí y sin embargo en contra de nuestros anhelos, deambulan de lado a lado sin alejarse demasiado. Y aquellas que deseamos con frenesí que se detengan, pasan de largo, incluso algunas a velocidades inusitadas. Yo sólo apoyo mi cabeza contra el vidrio y observo. Desde los laterales parece que está lleno de gente y que el movimiento no tiene pausa. Sin embargo a medida que camino y lo miro todo desde afuera me voy dando cuenta que en realidad ni es tan grande ni está tan lleno de gente. De hecho me doy cuenta que centro la atención en unas pocas personas. El resto podría esfumarse. Y como un clic, al pestañear veo desvanecerse las imágenes de unas cuántas personas. Casi todos se vuelven fantasmas. Menos ella. Me pregunto cuán recíproco es este deseo. Cruzo de vereda, por allá hay otros corredores. Me acerco lentamente con temor a ser advertido por alguien más. Es el de ella. Miro por la ventana. No me encuentro. Limpio el vidrio con mis puños con desesperación. Mi sorpresa no es en vano. Es su vida y yo soy un fantasma deambulando sin rumbo.





