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Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
De escapes y cobardes

Se nos dibuja una sonrisa casi de colegiales en hora libre. La situación sin embargo no deja de ser preocupante pero a nosotros no nos genera ninguna intranquilidad. Un furioso escape de gas a tres cuadras hace que tengamos que evacuar la oficina. Cuatro de la tarde de un espléndido día de la primavera que nació feo y nublado. Gente por todas partes. Arde Palermo. Vuelvo a casa. Plaza Italia y el subte vacío. Luego la combinación con el A, pero antes las escaleras que suben y bajan para estar otra vez en el mismo lugar, en el mismo nivel, casi como en un cuadro de Escher. Me siento en los viejos asientos de madera y el desasosiego me invade cuando noto que mi mochila ha sido abierta y mi billetera sustraída. Hijos de puta. La siguiente e instantánea sensación es de impotencia. Pedazo de hijo de re mil puta. Y mi cabeza se vuelve una película que va en reversa. ¿Cuándo ocurrió? ¿Dónde? Maldito cambio de línea. 30 asquerosos metros que anidan esta escoria. Es como matar por la espalda, cobarde, ladrón de bajo rango. Tengo ganas de volver pero sé de que nada sirve. Saco cuentas de qué cosas se han ido con ella. Maldita sea. El teléfono y las denuncias por aquí y por allá. Me pongo a pensar qué hubiera pasado si lo hubiera agarrado en el momento y recuerdo que no soy nada cauteloso para actuar en esas situaciones. Hijo de puta, hijos de puta. Necesito una chispa y exploto de furia. La fuga se ha trasladado conmigo.
No