Como dos desconocidos
De pronto me toca la rodilla. Yo pienso que es sólo a causa del movimiento del vagón, y para no incomodarla, retraigo mi pierna un poco. Sin embargo vuelvo a sentir que su rodilla toca mi pierna, pero ya no es un rebote, ya no es un pequeño toque y alejarse, sino que se queda allí, pegada a la mía. Siento que ya no es casual ese toque de rodillas. La miro casi despreocupadamente, como quien mira cuál es el nombre de la estación que viene y observo su mirada perdida. No me dice nada. No la encuentro mirándome a los ojos, pero sin embargo siento su rodilla allí. No puede ser casual. De repente retrae su pierna izquierda y es ahora con la derecha. Yo hago una jugada más. Retiro a más no poder mis piernas, casi hasta debajo de mi asiento, pero incluso así siento el roce de su pantalón negro. La intriga ya se ha apoderado de mí. Ahora soy yo el que la busca, y ella no hace nada. Nuestras piernas estan unidas, mientras ella continúa sosteniéndose de pie en el vagón a punto de explotar de gente. Asumo a esta altura que el roce es a causa de lo ajustado que se está de pie en esa instancia, pero ahora la veo de reojo y siento su mirada en los míos. Estación "Bulnes" y la persona a mi derecha se baja. Ella ocupa su lugar. El juego se diluye, ya no hay manera de contactarnos a menos que sea evidente que uno de los dos busca el contacto con el otro. Pasan los segundos y llega "Palermo". Es mi estación. Me pongo de pie y cruzo la puerta del vagón, no sin antes darme cuenta que ella sale a mis espaldas. Camino y la veo pasar junto a mí, a escasos centímetros de mi brazo izquierdo. Casi que compartimos los mismos pasos. Atino a mirarla girando levemente mi cabeza y ella continúa mirando al frente. La escalera mecánica y ella que viaja un escalón adelante. La salida se aproxima, y mi camino es a la derecha. Que vaya a la derecha, pienso. La escalera mecánica se termina, quedan pocos escalones. Que vaya a la derecha, vuelvo a pensar. Se termina la escalera y sus tacos golpean alejándose lentamente a la izquierda. La miro y no la veo darse vuelta. Es tiempo de concentrarme en mi camino.





