Abriendo el Mercado a la Competencia Perfecta (o el adiós al Monopoly)
Eso sería ideal, pienso y me regodeo con la posibilidad de que el pibe esté casado. Y por diez segundos me creí capaz de orientar al destino cuando me dice que lo vió el otro día, fue muy graciosa la situación porque yo lo veo de espaldas, le veo la nuca, y justo cuando se toca el pelo veo que en su mano tiene un anillo! Excelente, pienso, aguante el defecto anular, aguante –Avanza un Casillero-. Me mira riéndose y me dice que salió corriendo a llamar a sus amigas, desesperada, no puede ser! Pero me convencieron que si se trataba de la mano derecha no pasaba nada, así que volví y alcancé a vislumbrar que no se trataba de una alianza sino de un anillo cualquiera. –N. de A.: Fuck | Tarjeta Suerte: Vaya a la Cárcel-. Igual el pibe, medio nabo, estaba nervioso o no sé qué, pero bueno, y concluye así el breve relato apoyando sus manos sobre el teclado –Doble 6, increíble-. Y yo que es la primera vez que la escucho hablar así de él. Y esto llega en la semana en la que me había dispuesto casi a no pensar en ella, a comenzar a deshacerme de sus imágenes en mi cabeza, a aminorar el volumen de comunicados y encuentros, a hacerme la idea que nada podía pasar. Pero de pronto se cae el primero de la fila, y qué hacés hoy a la noche, dice, voy a ver una película a la casa de C, ah, bueno, llámenme así voy. Y yo que ya no entiendo más nada, ¿me quería enganchar con la amiga o no? A esta altura ya no estoy tan seguro y no sé qué hacer. Meto los dados en el cubilete. Me toca, ¿no?





