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Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero

Es la única, irrepetible oportunidad que se le va a presentar de adquirir esta calculadora, último modelo capaz de sumar, restar, multiplicar, dividir, calcular raíz cuadrada y todas aquellas operaciones que una calculadora moderna debería ser capaz de realizar [sic], totalmente económica, sustentable con apenas una pequeña pila de reloj que se inserta sobre la cabeza de este fantástico producto -mientras lo exhibía como si en su mano tuviera el Santo Grial- y como si esto no fuera suficiente, va a llevar además una sensacional lapicera fuente, con cartucho de tinta azul recargable Parker, no mancha, no tiñe la ropa, no daña la visión (?), un combo sensacional, el mismo que usted abona en el mercado no menos de quince pesos con noventa en cualquier negocio del rubro aquí lo puede adquirir gracias a remate de aduana a nada más que cinco pesos señora, señor, escuchó bien, cin-co pe-sos todo el paquete, a medida que se acercaba ofreciendo el magro producto que todos sabíamos que ni nos salía quince pesos con noventa centavos en una librería ni nos iba a durar más de quince días con noventa minutos. Nadie osó siquiera a tomarlo entre sus manos y observarlo. Lo dijo automáticamente, batiendo su propio record, 10 segundos y a la bolsa. Su voz entre grave e impostada, más cercana a la de un gangoso que a la de cualquier otro mortal me indicaba que si él pudiera elegirlo, no volvería a contar jamás de nuevo en un colectivo cuáles son las virtudes de aquel producto. Hay algo que me hace sensible a ellos. Cada vez que se genera este suceso me quedo pensando cuánto duraría yo en ese lugar, cuánto tiempo me llevaría volverme loco, cuántas veces soportaría hablar y no recibir respuesta alguna, cuántos monólogos deberían sucederse hasta que mi voz desaparezca por completo, cuántos colectivos debería subir y bajar hasta llenarme de ira por la indiferencia vivida. Pienso en ello, en lo duro que es y en lo fuertes y/o indiferentes que deben ser. Los compadezco. Te agradezco el producto jefe, pero disculpame que no extienda la mano y ni siquiera te mire, pasa que las pastillas vencidas que me vendiste hace un mes y medio te hacen poco creíble.
No