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Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
Propio


Un cielo gris. Es todo lo que veo. Tal vez hasta quisiera un poco más de viento y por qué no de lluvia. Es lo más lógico. Estamos ya promediando el otoño y las semanas deberían enriquecerse con sendos días nublados, ¿o no? ¿o las estaciones también se suman a esta movida del pánico escénico? Porque es lo que termina pasando. De pronto crees que están todas las condiciones dadas como para que llueva y ves que la tarde pasa y ni noticias de aguaceros o garúas. ¿Qué pasa con esa nube amenazadora? ¿Por qué no se desata la tormenta? ¿Por qué no vemos a través de la ventana a las gotas caer una tras otras sobre el asfalto como un ejército de grandes lágrimas que buscan su destino en una tonta carrera contra el tiempo? Tengo ganas de perderme en un bosque de hojas muertas y que el rojo me inunde los ojos. Quiero una sucesión de acordes de novenas. Y el crujido tras mis pasos. Tengo ganas de apretarte fuerte la mano. Y que se sienta ocre. Y que algún rayo de sol se filtre primero entre las nubes y luego por los raleados árboles para resaltar un cúmulo de naturaleza muerta unos pasos más allá. Dorado. Porque me gusta estar con vos y sentir que caminamos lado a lado. Pero por más que lo intente, no puedo. No puedo dejar de levantar la vista y seguir viendo el cielo tal cuál es. Me froto los ojos, clamo por otros colores, pero no hay caso. Está ahí. Ese es mi cielo gris y me sigue a dónde vaya.
No