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Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
La Tristeza

Y es así como acontece. Uno se cuestiona estas cosas una y otra vez y apenas recibe como respuesta un silencio abrumador. Es que ni uno mismo es a veces su mejor confidente. Y entonces recurro al papel. Es algo que a veces llega y se te instala. Lo aborda a uno, y se instala. Se instala por minutos, se instala por horas, se instala de tardes, de noches o de mañanas. Uno a veces ni se da cuenta, y se instala. Y cuando se instala es un problema, porque no sabés cuando se va a ir. O si se va a ir. Uno supone que sí, porque siempre que se instaló, al tiempo se fue. Pero, ¿y si alguna vez viene y se instala y no se va? Es un arte reconocer que se ha instalado porque siempre es el otro el que te lo remarca, el que se acerca y busca enfrentar tus ojos con la mirada de quién quiere que le reveles algo no ya para ayudarte sino para alimentar su curiosidad. ¿Te pasa algo? Claro, no hay que ser adivino para darse cuenta. No, no me pasa nada, gracias. Y qué curioso es todo que hasta uno tiende a sonreír y a guiñar un ojo acompañando en alguna que otra ocasión el gesto con una palmadita y un agarre de hombro. Prefiero estar solo, esa es la realidad. Porque cuando se instala, es mejor estar solo. Lo bueno es darse cuenta antes de que te lo adviertan. Es aconsejable evadir las situaciones que lo pongan al descubierto y por sobretodo es necesario abolir la propagación del comentario. Porque con la noticia llegan los cuestionamientos del resto, el acercamiento, a veces sincero, a veces no, a veces cómplice, generalmente no, y el entendimiento, o no, de aquellos que quieren formar parte de tu dolor. Es un dolor blanco, silencioso. Puro. Es un crimen perfecto. Porque el corazón se vuelve frágil, y el aire se hace más pesado. Y el pecho se abre, y la vulnerabilidad está a punto de cruzar la línea roja. No hay forma alguna de que puedas correr el foco. Está allí, más presente que nunca. Y es lindo el que evita encontrarte en esos momentos y teatralizarlo todo para buscarte en la penumbra y alcanzarte la mano. A decir verdad, uno hace el esfuerzo para que no se instale. Especialmente el que se ha dado cuenta que ya se ha instalado. Pero el esfuerzo es, en la mayoría de los casos, infructuoso. Allí no hay miradas o manos que valgan. Tan sólo el papel.
 
Comentario:
Uhhh.. Pero te pasa algo???...
Seguro???...
En serio????...
Bue, cualquier cosa avisame...
 
Comentario:
Respecto a la tristeza, creo que así como se instala, se va... solo es cuestión de olvidarse de que está ahí... y cuando menos te des cuenta, ya estas en otra...

Saludos, Roma
No