¡Bubamaren!
Loco, vos íbas a la primaria conmigo, le digo, y me mira desconcertado, ¿cómo te llamás?, soy Nacho Di Palma, ¡No! y me da un abrazo al tiempo que surge una sonrisa en su cara. Loco, estás enorme le digo, y me dice, nah, estoy igual que siempre, dejate de joder si eras re flaquito y ahora tiene una espalda que es dos veces la mía y me pone cara de sí, pero hace tanto ya que ni quisiera acordarme. La situación no sería tan bizarra si esto no aconteciese un sábado a la una de la mañana en la puerta de El Teatro de Colegiales, y si él no fuera el patovica que dice “hasta acá chicos”. Lo ví y me pareció que era él pero se me fue la idea hasta que desde la puerta alguien le grita “Nico, fijate nomeacuerdoqué”. Ya está, si se llama Nico es él, y ahí volví sobre mis pasos para sacarme la duda. Entro al lugar pensando que es la primera vez que voy a un boliche siendo conocido del patovica. Adentro, la Bubamara estaba recién comenzando y yo necesitaba un poco de nafta para arrancar. En esa me le animo al unza-unza, un trago de albahaca, vodka y limón. Buenísimo. De a poco la cosa se íba poniendo. Mucho estudiante de cine, mucho asistente al BAFICI, mucho estudiante de teatro. Lleno de minas. Por lo general, de estatura más bien baja. Siempre tienen alguna prenda de color verde. Cada dos o tres una tiene rastas, y otra anteojos de marcos anchos. Hay camisas de flores, polleras sobre medias largas posiblemente de lana y mucha vincha ancha. Hay ánimo para bailar. En eso se abre el telón y aparece Me darás mil hijos. Cuán distinto a aquella oportunidad en el ND Ateneo, donde había butacas de por medio y uno sentía un poco atada sus ganas de moverse. Cuán parecido a la vez de Goran en el Personal Fest. Mucho baile, mucho coro, mucho salto. Ellos, una delicia, como siempre. Sobretodo Leonor. Después habría tiempo para degustar una fatay fría a las 6 de la mañana y emprender la vuelta en un 63 atestado de gente. Me siento cuando dobla en Nazca. Me duermo y me despierto unas cuadras después con un certero golpe de mi cabeza contra la manijita de la ventanilla. Que dolor madre mía. Y encima todavía falta una banda de viaje. Entonces me pongo a escuchar música. Ahora en mis oídos y también en mi cabeza, un camino, algún lugar.
Comentario:
Quiero mu chupetín!!! jajaja
Saludos lindo!
Roma
Saludos lindo!
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