¿Cómo es posible que hayan tantos hijos de puta? (*)
A Sergio Aguirre y a Riga, que vendían leyes en la puerta de Tribunales, un día dos desconocidos les ofrecieron plata para que los acompañaran a hacer bulto al comercio de alguien que supuestamente debía unos alquileres. A cambio de la ayuda recibirían $200. De perfil humilde, con $10 de ganacia, a Aguirre y a Riga esta oferta les resultó poderosamente atractiva. Tomaron un taxi hasta un lugar en la paternal. Allí los cuatro se subieron a otro auto y al doblar la esquina un operativo policial estaba esperándolos. Los dos desconocidos que iban adelante se bajaron del auto a los tiros y desaparecieron. El auto chocó contra un árbol y la policía estuvo cerca de matarlos en el operativo. Aguirre y Riga no entendían nada. La policía les apuntó y los obligó a bajarse del auto. Al ver que Aguirre no era menor de edad, la policía se despachó con 15 minutos de entretenimiento pugilístico. Del auto salió un arsenal, hasta tumbadoras incluso. Aguirre lagrimeaba señalando que el no tenía nada que ver. El comisario tomó carrera y le atestó un puntapié en la boca, partiéndosela. Los medios llegaron al instante y levantaron velozmente la noticia. La policía había tenido otro exitoso operativo. Ambos dos fueron acusados de ser los delincuentes dueños de todo aquel armamento. Los dos desconocidos, por cierto ni falta hace aclararlo, eran policías. En otro lugar de la ciudad, en otro tiempo cercano, a Cechetto, un pibe que limpiaba los vidrios de los autos en Venezuela y 9 de Julio, otro desconocido le ofreció un trabajito por $50, pero le dijo que iban a necesitar a alguien más, que busque a un conocido. Lo fueron a buscar a Fermín Cabral, amigo de Cechetto. Cabral es pobre. No habla bien y en sus expresiones faciales se puede observar que la vida lo ha golpeado duro. En aquel momento los $50 se dibujaron como oro en sus ojos y fueron los tres hasta un lugar donde subieron a un auto. Casi como un calco del operativo anterior, el desconocido se alejó en un momento de ellos y fue entonces cuando la policía los abordó, los tiró contra el piso y comenzó con su brillante operativo. Lo increíble es que ni Cechetto ni Cabral sabían manejar. La mentira de la policía era insostenible. Sin embargo los kilos y kilos de marihuana encontrados en el auto y los pasamontañas, handys y revólveres fueron más que suficiente para que comisarios y subcomisarios se llenaran la boca frente a cámara tuvieran enfrente jactándose de su eficacia. A Aguirre este bastardeo le costó 1 año y 4 meses de cárcel. Cuando salió había perdido su laburo, entre otras cosas más importantes, como su dignidad. Cuando finalmente encontró uno, donde estuvo a prueba, la empresa tuvo que dejarlo de lado por su antecedente en prisión, incluso aún cuando estaba sobreseído de la causa y tenía un juicio contra el Estado. Hoy está desempleado, y su cara no evita el rencor y el dolor, todo entremezclado en una mirada perdida, que termina siempre buscando el suelo. “La palabra confiar ya no tiene ningún sentido para mí” dice. A Riga estar en prisión le costó tratamiento neuropsiquiátrico. “Cuando me para un Policía, empiezo a temblar” agrega Aguirre, entre avergonzado y ultrajado. A Cabral le costó otro año y tantos meses en prisión. Los ojos están rojos y no ocultan lágrimas. Se come palabras y no puede aún entender por qué le hicieron esto. Su impotencia es ahora la mía. Es un tipo que vive prácticamente en la indigencia y los recuerdos de lo que debe haber pasado en prisión hacen que sus ojos se llenen de venas que llegan hasta el iris y su expresión se vuelva más desesperante que nunca. “Yo sólo tuve que defenderme ahí adentro” y los labios se mueven evitando el llanto desconsolado, sin pronunciar palabra alguna. Cechetto murió en prisión. Y a los hijos de puta de la Policía el Juez Urso los sobreseyó sin siquiera tomarle indagatoria. Hay 165 casos como estos. “Si arreglás con al narco, con el chorro, con este, con aquel… con todos… no podés arreglar con todos, a algunos tenés que agarrar” señalaba un policía. Y para eso son funcionales estas personas, y los medios que levantan la noticia como reguero de pólvora, ocultando estos oscuros y nefastos móviles. El corazón se me debilitó. Fermín Cabral hizo que mi tristeza se mezclase con bronca hasta un punto impensado. Desde este lado, las ganas de prender fuego algo, de darle una trompada al policía de bigotes que hablaba en aquel operativo, de darle un abrazo a Fermín y de llorar con él. Ojalá las paguen hijos de puta, ojalá.
(*) Referido a lo expuesto en el capítulo de hoy de Fiscales, Canal 13.
Comentario:
¡Terrible!
Después de esperar una semana me perdí el capítulo de fiscales. Pero la verdad es que si lo hubiera visto, me hubiese dejado mas indignada que los maltratos de la madre hija de puta de ayer, en mujeres asesinas.
¿Cómo puede haber tanta gente hija de puta?
Saludos, Roma.
Después de esperar una semana me perdí el capítulo de fiscales. Pero la verdad es que si lo hubiera visto, me hubiese dejado mas indignada que los maltratos de la madre hija de puta de ayer, en mujeres asesinas.
¿Cómo puede haber tanta gente hija de puta?
Saludos, Roma.





