Uno de 80 por favor, y una platea preferencial en el Super Pullman, gracias
Vengo pensando en otra cosa. Pero algo pasa. Me saco los auriculares porque no alcanzo a entender la situación. De pronto, en el 63, un policía aparece diciéndole a cuatro personas, que casualmente estaban sentadas a mi derecha, que se tienen que bajar del colectivo. Trato de ponerme a tiro para comprender qué pasa. Los miro bien y me siguen pareciendo lo mismo que cuando subí y me fui a sentar al fondo, en el único asiento que dejaron libre; estos pibes se quedaron en otra década. Rockeros ellos, de unos 28 años aproximados, muy influenciados por Skid Row y Mötley Crue evidentemente, con pantalones chupinados, remeras negras gastadas, una de ellas de Deep Purple, camperitas de jean, otras de cuero, mucho pelo, aritos, un par de guitarras y por sobre todas las cosas, mucho olor a alcohol. Son los cuatro del mundo de Wayne. Sentados delante de nosotros una señora, de unos 70 años, con sus hijas, ambas dos de unos 40 años. Perfil Belgranero, chetas, anteojos negros con adornos tipo diamantes, jeans ajustados con cinturones que cuelgan cosas con brillitos. Nos subimos juntos en la parada de Cabildo y Juramento y ya estas mujeres no me habían gustado. Abusándose de esto de que su madre era una señora grande, una de ellas se hizo paso en la cola para pasar primera sin otro fin que el de asegurarse un asiento, dado que quedaban pocos y éramos unos cuántos en la cola. Me molestó un poco porque hay cierta prepotencia en esto de “es una señora mayor, por favor, déjennos pasar”. A mi entender, algo hicieron que pareció ser muy grave y que ocasionó que la mujer detuviera el colectivo e hiciera subir a un policía. No hinchés las pelotas, si no hicimos nada, es esta señora que relaja porque sí, porque tiene ganas de relajar. Uno de ellos estaba tan borracho que no se podía mantener en pie. El policía insistía. Bájense. No, nos vamos a bajar, estamos llegando tarde. Que nos devuelvan la plata del pasaje. A todo esto una de las cuarentonas seguía agitando la batuta. Ella fue la que inició todo y la que iba a mantener su voz en alto en toda la escena teatral. Porque vos, sos una maleducado, no estás más que golpeando los asientos, gritando, cantando, esto es una falta de respeto, y encima estás tomando, mirá, callate la boca y bajá, tus derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás. Ehhhhh, ¿qué relajás vos? ¿Qué te pasa? Por favor, bájense del colectivo, ya viene un patrullero, van a ir todos presos. Pero ¿qué? El colectivo ya estaba parado hacía 5 minutos y en estas situaciones el resto de los pasajeros empieza a tomar protagonismo cuando siente que la demora los afecta a ellos también. Si tanto te molestan bajate vos y tomate un taxi, le dice una mujer de más allá. Vos no podés hacer bajar a nadie, tus derechos no son más respetables que los de él, le dice otra pareja de más allá. Ahora es una pareja de más acá la que vuelve a decir algo y de reojo una monja mira como la cuarentona sigue haciéndose la ofendida y levanta la voz haciendo callar a todo el mundo. Ellos aplauden y golpean el techo del colectivo cuando ven que la gente se opone a la actitud de estas mujeres. Solo se suman al trío de intolerantes otra vieja de dos asientos más adelante, qué, casualmente, tienen el mismo corte de pelo y hasta casi el mismo color de saquito. Están cortadas con la misma tijera. Uno de ellos, el más borracho atina a decir Bajémonos, sabés qué, bajémonos… Esto es así, ¿sabés por qué? Porque como somos de Belgrano y tenemos conexión con los militares, nos creemos más que el resto. Las mujeres no dijeron nada, y no sé porque pienso que este comentario fue el más atinado que escuché en todo el show. Porque a esta altura esto era un show que yo presenciaba cual espectador privilegiado, sentado a escasos centímetros del eje de la situación. Me sonreía socarronamente, no lo podía creer. Tenía ganas de decir algo. Tenía ganas de reírme y aplaudir y decirle a la cheta que le agradecía por el papelón que estaba haciendo, que era muy divertido ver su carencia de inteligencia alguna, dado que de haber sido un poco ágil mentalmente hubiera evitado tal situación embarazosa y se hubiera bajado del colectivo en busca de un taxi. Obviamente los cuatro se habían ganado ya mi simpatía. Pero a fuerza de histeriqueo logró que el oficial los obligara a bajarse. Pero como los cuatro no estaban decididos a bajarse y evidentemente estaban algo ebrios, las frases tales como qué te pasa, qué mirás se sucedieron hasta que policía y banda se trenzaron en lucha. El de la gorra cobró más de la cuenta. El colectivero cerró la puerta con los cuatro abajo después de algunos forecejos y arrancó con el policía arriba. La gente no hacía más que mirar a las tres ridículas. Hasta la monja las prendió fuego vivas al mirarlas con cara de esto es lo que ustedes han logrado. El policía solo alcanzo a decir a los cuatro que se vayan a la concha de su madre. Abajo, uno de ellos gritaba no me duras nada, gil, nada. Arriba, los tres payasitos, con cara de vergüenza pero pensando seguramente en su interior que hicieron lo correcto, que nada es más válido que esto que acaban de hacer. Me gustaría saber sus nombres para escarcharlas de arriba abajo. Tres aparatos. Ahora, me surgió una duda, esta mina, ¿será la madre de Antonella?*
*Antonella es un aparato que encontré en un chat una noche enero y cuyo diálogo cargado de ideas de ultra-derecha se encuentra posteado el 31 de Enero bajo el título "De no creer".
Comentario:
jajaja! que espectaculo! increible las cosas que pasan en un colectivo.
por cierto relatas de maravillas, me lo imagine todo como una peli =D
besos
por cierto relatas de maravillas, me lo imagine todo como una peli =D
besos
Comentario:
era la jaula de las locas ese colectivo nacho, clah!
ahora bien, hubo festejo despues de hechados los pasajeros rebeldes?, jajaja
un abrazo
ahora bien, hubo festejo despues de hechados los pasajeros rebeldes?, jajaja
un abrazo





