logotipo

img_google
Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
Filoso

Ya no tengo dudas de que cuando lo hace lo hace conscientemente. Contarme de que se esta escribiendo con él, que los mails van y vuelven cada vez con mayor cercanía y dardos de mediana distancia. Los dardos también me tocan a mí. Que piensa en él, que lo admira, y sus ojos se pierden en el cielo. Vaya uno a saber cómo es él. A priori, el título de Profesor lo posiciona con mejores posibilidades. Otra dardo más, ahora lo siento más punzante. El mirarme a los ojos y decirme acá hay amor, el indicarme con sus palabras que se vislumbra un encuentro inminentemente. Y el dardo vuelto daga me da de lleno en el ventrículo derecho. Se me van las palabras. Ni ánimo de continuar la conversación. Miro primero a las baldosas y después un poco para adelante. Se me van las ideas, los tópicos a tocar. Mejor salir rápido al cruce, y no mirarla a los ojos. La vulnerabilidad está por cruzar la línea roja. Un chiste, sí, un chiste, algo, un comentario gracioso, que me saque del trance y me devuelva el espíritu. El frío juega de cómplice y ahora la escucho reír y siento como el calor vuelve al cuerpo. Plaza San Martín y yo volviendo a Belgrano con la excusa de que no hay nada allí que me lleve directo a casa. Estoy tan cerca de resultar un adorable caballero como de ser un patético paria. No me importa, con ella me siento bien, y no me interesa irme del centro hasta Belgrano para luego volver a casa -lejana- tan sólo para compartir algunos minutos más junto a ella. El vacío llega después, cuando ya no está allí, cuando me toca volver a casa. Mirar por la ventana y cerrar los ojos intentando dormir. Por favor, evite el adoquinado, el bamboleo me remueve la daga aquí dentro, sabe.
No