1 a 1
Vuelvo a entrar a una Iglesia. Esta vez, como el padrino de Constanza. Son exactamente las 17.00. Afuera, a unas 60 cuadras aproximadamente, River y Boca juegan otra vez. Acá estoy rodeado de 15 niños con sus respectivos padres, con sus respectivos padrinos, con sus respectivos familiares adoradores y fotógrafos circunstanciales. Me muero de ganas de saber cómo va. Me vibra el celular, lo miro de reojo. “41 MINUTOS. GOL DE RIVER. 1 a 0”. Excelente, pienso para mis adentros. La misa transcurre. Primero los aceites, después el agua, por último la vela. No me ha llegado nueva data. Algo me huele mal. Salimos de la Iglesia. Apenas pongo un pie afuera me vibra otra vez. Miro y leo. “PUTA MADRE” es todo lo que alcanza a decir. Puta madre, me repito en voz baja, seguro que perdimos. La aclaración del Dipa me llega unos minutos después, y el sabor a bronca llega más a la noche, cuando lo vuelvo a ver al mellizo amargándonos en un superclásico en Fútbol de Primera. La cabeza se me llena de preguntas. ¿Será posible que el muerto este siempre nos emboque? ¿Alguna vez Gallardo va a jugar bien contra Boca? ¿Cuánto habrá que esperar para que a Krupoviesa le den preventiva en Olmos sin permiso para salir? ¿El arquero de la selección va a salir a buscar la bocha igual que en el gol del tecla? ¿Macaya se fuma un porrito antes de hacer el comentario del clásico? ¿Tití Fernández fue siempre así de pelotudo o se potenció junto a Benedetto? Ay ay ay. Cuántas incógnitas, cuántas.





