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Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
Un poco en la gloria, un poco indignado

La jornada se presentaba prometedora. Y todo había sido tan rápido. Nada de prepararse meses esperando su llegada. No no. Esto fue noticia aquí, chequeo en sitio web oficial y hace 12 días me enteraba que Yann Tiersen tocaba este domingo en Buenos Aires con motivo del BAFICI. No obstante el tema de que se tratase de un evento con entrada libre y gratuita hacía que yo no estuviera del todo tranquilo. Prefiero gastar mi dinero pero asegurarme una butaca. El “vení y hacé la cola” no me cerraba ni en pedo. Así que con un alto grado de previsión -6 de la tarde- con mi novia estuvimos ahí. Y nos sentamos en el piso, como algunos de los ya otros limados que estaban esperando desde temprano por él. Imagínense que estar 4 horas sentados en el piso no es moco de pavo. Experimenté todo tipo de dolores. No encontraba la forma de sentarme. Llegué a preguntarme ¿por qué mierda no fui nunca a yoga? Se me dormían los pies. No sentía las piernas. No tenía espacio para estirarme. El tema ya me ponía de mal humor. En eso toca Vera Baxter, que no hizo más que aumentarlo. No sé qué onda esta banda pero me pareció horrible. Y a mi chica también. Ah, si alguien los conoce avísenle al guitarrista que cuando toca en vivo mire a la gente. Eso de tocar de espaldas… sencillamente no va. Y si la cantante en eso le afina un poco, mejor. Cuando terminan me decido ir al baño. Vuelvo y me encuentro a los sinvergüenzas de siempre parados, de pie en el medio de la gente sentada, volcándose como animales a la ocupación del centímetro cuadrado. No querido, así no es. O te venís 4 horas antes como hicimos todos o te la comés como un boludo parado a los costados. Se producen algunas tensiones y en eso empieza Tiersen. De aspecto desprolijo, con una remera que decía “Mickey Mouse se la come” aparece el francés. De entrada se ve que no va a ser el show para ir a escuchar al valse de Amelié. Están armados con dos guitarras (cabezales Orange), un bajo, bata y una tecladista. Salen con un rock a toda marcha. Cuando terminan se escucha que la gente canta “que se paren, que se paren”. Los que estábamos sentados no queríamos pararnos pero un par de pelotudos se paran y no nos queda otra. Apenas nos paramos sentimos una avalancha venirse hacia nosotros. La tome a mi novia de la cintura –previendo que tal vez con la confusión decida escaparse por allí- y nos acomodamos como pudimos. Acto seguido la banda hace un tema en el que la bata le da palo y palo y los idiotas de siempre –los mismos que en el recital de Kusturika hacían pogo como si se tratara de Die Toten Hosen- empiezan a empujar y a saltar. Cuando logro escaparme del tumulto, me hago camino hacia un costado, puteando por lo bajo, solidarizándome con las dos pendejas que salen delante mío también puteando por lo bajo y comentando cosas como “estos boludos no saben qué vienen a ver”. Me agarra la indignación. El músico que más admiro y tengo que soportar que estos pelotudos vengan a poguear. Me voy con mi chica al costado y me percato que lo proyectan en todas las paredes del Harrods y que los que se dieron cuenta, están sentados en sillones mirando estas proyecciones. Tendríamos que haber hecho esa, pienso. Mientras tanto la banda de Tiersen le da con un caño. ¿Esperaban Quimper 94? Tomá ¿Esperaban Rue de Cascades? Tomá. Suenan bien, eso sí. Pero uno esperaba alguna otra cosa. Algún coqueteo más con lo que todos queríamos escuchar. Se vislumbraron algunas melodías en el caos que planteaban las dos guitarras y el teclado, pero todo se iba hacia el rock. Ojo, el show de la puta madre, suenan genial y muestran actitud. Pero me fui con ganas de llegar a casa y poner play a L’absente. Ahí está el Tiersen que más me gusta.
 
¿Qué tal? ¿Eh?

No tenía ganas de ir al vía crucis, fui por mi chica y terminé llevando una cruz y mi novia la antorcha.
 
Limitado

Hay cosas que no entiendo.
Hay cosas de las que no me doy cuenta.
Hay cosas que no las sé hacer.
Hay cosas que no sabía que tenía que hacerlas.
Hay cosas que no sé decir.
Hay cosas que no sé cómo decir.
Hay cosas que no sabía que tenía que decir.
Hay cosas que hacen que por unos minutos vos te nubles.
Hay cosas que hacen que por unas horas yo no pueda dejar de pensar en eso.
Hay cosas que tienen toda la razón.
Hay cosas que no tienen lógica alguna.
Hay reproches.
Hay treguas.
Hay discusiones.
Hay reconciliaciones.
Hay peleas.
Hay olvido.

Hay momentos que estoy en mi lugar.
Hay momentos que no sé dónde estoy.
Hay momentos que no sé para dónde ir.
Hay momentos en los que me gustaría no estar.

Hay maneras de escribir y decir las cosas.
Hay maneras de leer y escuchar las cosas.

Hay incógnitas y certezas.
Hay miedos y seguridades.
Hay decisiones y dudas.
Hay inseguridades y planes.

Hay situaciones tensas.
Hay lágrimas.
Hay fragilidades.
Hay pasiones.
Hay insatisfacciones.

Hay días.
Hay noches.
Hay ganas.
Hay desmotivación.

Hay felicidad.
Hay tristeza.

Hay amor.
Hay dolor.

De todo eso hay. Y por eso llegamos hasta acá, con lo bueno y lo malo. Y a mí me cuesta encontrar los equilibrios.

Hoy no tengo ganas de nada, mucho menos de pelear y estar pensando de qué se tratará la próxima vez.

Hoy tengo ganas de pensar.