Crónica de una tarde soñada
Ricky me manda un mensaje el jueves. “El domingo el clásico en casa, ¿venís?”. Y ahí nomás le confirmo mi asistencia. Yo sé que Ricky es hincha de Boca pero no pasa nada, nos llevamos bien y además, a pesar de que sé que la repartija es desproporcionada, yo sumaba algún que otro hincha de River más al cotejo. Caigo a las 3 de la tarde y ya de entrada sé que no va a ser una tarde fácil. Me recibe él con una remera de Boca. Hay otro más con remera de Boca en el sillón. Veo a un compañero de laburo de Ricky y al viejo sentados en otro sillón frente a la tele. Los dos son de Boca. Me ubico en una esquina de un sillón de 3 plazas. Cae otro guacho más. Es de Boca. Lo escucho indicándole por celular el camino a un sexto invitado. También es de Boca. Caen dos más. ¿De qué cuadro son? De Boca. Hay una nueva seguidilla. Se juntan tres más. Miro los tres sillones llenos. Hay 4 personas por cada uno. Soy el único hincha de River. Hay 11 bosteros. Me resigno. Hoy me como la gastada del siglo. No deja de caer gente. El partido ya arrancó. Cae Jona. Jona es del rojo y Diego del cuervo. Son los únicos dos extranjeros. Cae otro hincha de River. En total hay 17 personas. Las restantes 13 son de Boca. Esto es lo más parecido a ir a la Bombonera. No tengo mucho pie para hablar, así que mejor me quedo callado. Son todas bardeadas contra River y contra Neri Cardozo, que parece que a los hinchas de Boca no le cae muy bien. Están muy tranquilos. El chueco acota “esto es 3 a 0 cómodo”. Me quedo en el molde. En el fondo pienso que vamos a perder como dice el chueco. De pronto Farías roba una bocha, le hacen foul y en el tiro libre, de rebote, la mete Higuaín de taco. Me paré sin pensarlo demasiado y pegué un grito fuerte de gol (el otro hincha de River en la sala festejó algo más medido). Me senté. Ni tiempo para escucharlos putear por lo bajo. Nos emboca Palacio. No pude ver el gol porque estaban todos de pie frente a la tele cuando tiró el amague frente a Nasuti. Se va el primer tiempo. Yo sé que están confiados en el fondo, que saben que esto es cuestión de tiempo, tarde o temprano llega al segundo. Pero también creo que antes del partido pensaban que del primer tiempo se iban ganando fácil al vestuario. Higuain se manda una jugada de otro planeta y yo que vuelvo a ponerme de pie y a ahogarles el grito una vez más. Es 2 a 1. Comentan cosas. De quién fue la culpa o no sé qué más. Boca se empieza a venir con todo. La tensión va in crescendo con el correr de los minutos. Y ni te cuento con el 3 a 1 de Farías. Saltan todas las puteadas cuando entra un tal Bertolo. Internamente yo sé que ganarle por dos goles a Boca faltando 15 minutos no es negocio, así que tampoco estoy tan relajado. Y River se empieza a perder goles. Ellos empiezan a bufar. Sé que no les debe gustar nada que yo esté ahí. Menos a Ricky, que sé que con él está todo bien. Alguno, tal vez, hasta me hubiera golpeado de no haber sido amigo del anfitrión. Termina el clásico. Una exultante sensación de regocijo me recorre el cuerpo. Algunos se van incluso antes de que pite el final. Igual no soy sobrador, no me va esa onda. Me callo la boca y lo disfruto internamente. Después de todo fue un partido netamente visitante para mí. Totalmente merecido este desahogo. Ahora no creo que para la próxima me inviten. Pero no importa, porque hoy estoy feliz.





