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Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
Es necesario saberlo

Cuando se ven cosas tales como estas uno cae en la verdad cuenta de lo bien que vive. Uno tiene la idea, vaga a veces, mucho más presente en otras, de que esto es así. Es cierto que no todos la tienen. Es cierto que muchos siquiera reparan en esto y creen que con sólo darles la espalda ya no existe, que se ha ido. Pero no, esta realidad no se ha ido a ninguna parte. Y no son cosas impensadas, pero sí inimaginadas en parte por el desconocimiento. Pero la pobreza misma, el nivel de desarraigo con el mundo que experimentan estas personas, la ignorancia de creer que hay otras realidades posibles. Ellos nacen, se crían, viven, sobretodo sobreviven y mueren -si tienen suerte, pronto- en la misma miseria, en la misma villa que ha visto nacer también a sus cinco o seis hermanos, y tal vez hasta a sus padres mismos. Con su vida gris, sus anhelos tapados hasta la coronilla por bolsas de basuras que deben escarbar de manera recurrente, de manera desesperada, en busca de algo, que ya no será más que un mero alivio del día a día oscuro en el que viven, sin capacidad alguna de planificar, imposible, claro, en un ámbito como este, en el que el agua del Río Reconquista esconde tal nivel de mercurio que hace la probabilidad de padecer cáncer de piel sea más alta que en cualquier otra parte; un ambito en el que el cordón de basura del CEAMSE deposita 190 toneladas de basura a escasas dos cuadras; donde se construyen casas sobre 6 metros de pilas y pilas de desechos y aguas servidas; donde los techos se vuelan y llueve a gritos; donde los pisos se inundan ocultando los pies descalzos de los chicos; donde los baños son baldes; donde la humedad hace que todos los niños que nazcan allí sufran asma; donde… donde… donde… Hay una carrera por las tardes, cuando tienen permiso de entrar al cordón de basura y revolver. Alguien da el ok y a la distancia empiezan a correr, hay desesperación, hasta jolgorio, algunos van en bicicleta. Es su oportunidad de salvar el día. Y comen lo que sea, y surgen brotes, y entonces el chico con la sangre que se derrama por la nariz. Las manos sucias, los dientes escasos, la imposibilidad toda, de pretender algo distinto. Ahí está él, con siete años y un imán en el pecho para diferenciar si lo que tiene delante es aluminio o no. Ahí está ella, con 33 años pero que parecen ser 50, hurgando por papel blanco. Ahí está ella, con 58 años, recordando con nostalgia cuando trabajaba limpiando por hora y volvía por las tardes a la villa con la plata y las bolsas del supermercado ya en la mano. Ahí se va él, de unos 20 años, con dos bolsas de varios kilos de papel, cartón, cobre… Se lo ve contento. Todos los días son productivos, señala, acá se caga de hambre el que quiere nomás… Y lo dice con un aire optimista que inevitablemente hace que una lágrima venga a visitarnos. Cuánta fuerza de voluntad, cuán bueno sería haciendo otros trabajos, algo que pueda proveerle una mirada distinta, algo que le permita descubrir que eso no es todo, que aún queda mucho por descubrir. Y más allá alguien comiendo algo que acaba de encontrar en una bolsa de basura mientras una rata enorme pasa a menos de un metro de sus pies. Y nosotros acá, escribiendo blogs y estas cosas. La puta madre.
 
Los más escuchados – Semanas del 16 al 28 de Abril

¿Puede que lo que más haya escuchado en la semana sea un cuento y no una canción? Sí, puede.

1.- | Torito | Audiolibro | Julio Cortázar |
2.- | Adiós | Ahí vamos | Gustavo Cerati |
3.- | Me quedo aquí | Ahí vamos | Gustavo Cerati|
4.- | Nadie duerme | Un camino, algún lugar | Me darás mil hijos |
5.- | Capítulo 7 - Rayuela | Audiolibro | Julio Cortázar |
 
Elecciones en Soledad

No estoy seguro. No estoy para nada seguro. Me han dado a entender que puedo elegir entre un show potable, un almuerzo en el barrio coreano, una entrada al cine, un paseo para dos, una renuncia o el vacío constante en el pecho. La decisión es difícil. Es tan poco probable que este fin de semana me encuentre junto a alguien que dudo entre una cosa o la otra. Me han hecho saber que podrían terminar conmigo sino me pronuncio de algún modo. En este caso, pero sólo en este caso, elijo la entrada al cine. El vacío en el pecho ya es constante. Y ahora encima que vos volvés sobre tus pasos y lo reconsiderás, no encuentro mi lugar en todo esto. No era necesario, ya me gustabas. Y otra vez con él, pucha.
 
¡Bubamaren!

Loco, vos íbas a la primaria conmigo, le digo, y me mira desconcertado, ¿cómo te llamás?, soy Nacho Di Palma, ¡No! y me da un abrazo al tiempo que surge una sonrisa en su cara. Loco, estás enorme le digo, y me dice, nah, estoy igual que siempre, dejate de joder si eras re flaquito y ahora tiene una espalda que es dos veces la mía y me pone cara de sí, pero hace tanto ya que ni quisiera acordarme. La situación no sería tan bizarra si esto no aconteciese un sábado a la una de la mañana en la puerta de El Teatro de Colegiales, y si él no fuera el patovica que dice “hasta acá chicos”. Lo ví y me pareció que era él pero se me fue la idea hasta que desde la puerta alguien le grita “Nico, fijate nomeacuerdoqué”. Ya está, si se llama Nico es él, y ahí volví sobre mis pasos para sacarme la duda. Entro al lugar pensando que es la primera vez que voy a un boliche siendo conocido del patovica. Adentro, la Bubamara estaba recién comenzando y yo necesitaba un poco de nafta para arrancar. En esa me le animo al unza-unza, un trago de albahaca, vodka y limón. Buenísimo. De a poco la cosa se íba poniendo. Mucho estudiante de cine, mucho asistente al BAFICI, mucho estudiante de teatro. Lleno de minas. Por lo general, de estatura más bien baja. Siempre tienen alguna prenda de color verde. Cada dos o tres una tiene rastas, y otra anteojos de marcos anchos. Hay camisas de flores, polleras sobre medias largas posiblemente de lana y mucha vincha ancha. Hay ánimo para bailar. En eso se abre el telón y aparece Me darás mil hijos. Cuán distinto a aquella oportunidad en el ND Ateneo, donde había butacas de por medio y uno sentía un poco atada sus ganas de moverse. Cuán parecido a la vez de Goran en el Personal Fest. Mucho baile, mucho coro, mucho salto. Ellos, una delicia, como siempre. Sobretodo Leonor. Después habría tiempo para degustar una fatay fría a las 6 de la mañana y emprender la vuelta en un 63 atestado de gente. Me siento cuando dobla en Nazca. Me duermo y me despierto unas cuadras después con un certero golpe de mi cabeza contra la manijita de la ventanilla. Que dolor madre mía. Y encima todavía falta una banda de viaje. Entonces me pongo a escuchar música. Ahora en mis oídos y también en mi cabeza, un camino, algún lugar.
 
¿Cómo es posible que hayan tantos hijos de puta? (*)

A Sergio Aguirre y a Riga, que vendían leyes en la puerta de Tribunales, un día dos desconocidos les ofrecieron plata para que los acompañaran a hacer bulto al comercio de alguien que supuestamente debía unos alquileres. A cambio de la ayuda recibirían $200. De perfil humilde, con $10 de ganacia, a Aguirre y a Riga esta oferta les resultó poderosamente atractiva. Tomaron un taxi hasta un lugar en la paternal. Allí los cuatro se subieron a otro auto y al doblar la esquina un operativo policial estaba esperándolos. Los dos desconocidos que iban adelante se bajaron del auto a los tiros y desaparecieron. El auto chocó contra un árbol y la policía estuvo cerca de matarlos en el operativo. Aguirre y Riga no entendían nada. La policía les apuntó y los obligó a bajarse del auto. Al ver que Aguirre no era menor de edad, la policía se despachó con 15 minutos de entretenimiento pugilístico. Del auto salió un arsenal, hasta tumbadoras incluso. Aguirre lagrimeaba señalando que el no tenía nada que ver. El comisario tomó carrera y le atestó un puntapié en la boca, partiéndosela. Los medios llegaron al instante y levantaron velozmente la noticia. La policía había tenido otro exitoso operativo. Ambos dos fueron acusados de ser los delincuentes dueños de todo aquel armamento. Los dos desconocidos, por cierto ni falta hace aclararlo, eran policías. En otro lugar de la ciudad, en otro tiempo cercano, a Cechetto, un pibe que limpiaba los vidrios de los autos en Venezuela y 9 de Julio, otro desconocido le ofreció un trabajito por $50, pero le dijo que iban a necesitar a alguien más, que busque a un conocido. Lo fueron a buscar a Fermín Cabral, amigo de Cechetto. Cabral es pobre. No habla bien y en sus expresiones faciales se puede observar que la vida lo ha golpeado duro. En aquel momento los $50 se dibujaron como oro en sus ojos y fueron los tres hasta un lugar donde subieron a un auto. Casi como un calco del operativo anterior, el desconocido se alejó en un momento de ellos y fue entonces cuando la policía los abordó, los tiró contra el piso y comenzó con su brillante operativo. Lo increíble es que ni Cechetto ni Cabral sabían manejar. La mentira de la policía era insostenible. Sin embargo los kilos y kilos de marihuana encontrados en el auto y los pasamontañas, handys y revólveres fueron más que suficiente para que comisarios y subcomisarios se llenaran la boca frente a cámara tuvieran enfrente jactándose de su eficacia. A Aguirre este bastardeo le costó 1 año y 4 meses de cárcel. Cuando salió había perdido su laburo, entre otras cosas más importantes, como su dignidad. Cuando finalmente encontró uno, donde estuvo a prueba, la empresa tuvo que dejarlo de lado por su antecedente en prisión, incluso aún cuando estaba sobreseído de la causa y tenía un juicio contra el Estado. Hoy está desempleado, y su cara no evita el rencor y el dolor, todo entremezclado en una mirada perdida, que termina siempre buscando el suelo. “La palabra confiar ya no tiene ningún sentido para mí” dice. A Riga estar en prisión le costó tratamiento neuropsiquiátrico. “Cuando me para un Policía, empiezo a temblar” agrega Aguirre, entre avergonzado y ultrajado. A Cabral le costó otro año y tantos meses en prisión. Los ojos están rojos y no ocultan lágrimas. Se come palabras y no puede aún entender por qué le hicieron esto. Su impotencia es ahora la mía. Es un tipo que vive prácticamente en la indigencia y los recuerdos de lo que debe haber pasado en prisión hacen que sus ojos se llenen de venas que llegan hasta el iris y su expresión se vuelva más desesperante que nunca. “Yo sólo tuve que defenderme ahí adentro” y los labios se mueven evitando el llanto desconsolado, sin pronunciar palabra alguna. Cechetto murió en prisión. Y a los hijos de puta de la Policía el Juez Urso los sobreseyó sin siquiera tomarle indagatoria. Hay 165 casos como estos. “Si arreglás con al narco, con el chorro, con este, con aquel… con todos… no podés arreglar con todos, a algunos tenés que agarrar” señalaba un policía. Y para eso son funcionales estas personas, y los medios que levantan la noticia como reguero de pólvora, ocultando estos oscuros y nefastos móviles. El corazón se me debilitó. Fermín Cabral hizo que mi tristeza se mezclase con bronca hasta un punto impensado. Desde este lado, las ganas de prender fuego algo, de darle una trompada al policía de bigotes que hablaba en aquel operativo, de darle un abrazo a Fermín y de llorar con él. Ojalá las paguen hijos de puta, ojalá.

(*) Referido a lo expuesto en el capítulo de hoy de Fiscales, Canal 13.
 
Y cómo encarar la semana

Porque cuando uno está motivado es fácil. Pero, ¿y cuando no?... ¿Cómo se hace?
 
Los más escuchados – Semana del 8 al 15 de Abril
8 disquerías. 8 eh. Contando las de las galerías tipo sucucho de Belgrano y otra no tan chiquitas pero sí especializadas de Palermo. Ninguno, pero ninguno de los panchos que me atendió siquiera conocía a Emilie Simon. ¿Cómo no quieren que desaparezcan las disquerías, si no tienen una mierda? A propósito, esta banda del ex guitarrista de Sevendust, va para adelante mal.

1.- | Brother | Twelve Year Silence | Dark New Day |
2.- | Pieces | Twelve Year Silence | Dark New Day |
3.- | Fleur de Saison | Végétal | Emilie Simon |
4.- | Enemy | Seasons | Sevendust |
5.- | Follow the Sun | Twelve Year Silence | Dark New Day |
 
Mejorando

¡Mucho mejor! Sí, definitivamente. Ya estamos pensando en el próximo partido y ese tipo de cosas que dicen los jugadores y el técnico cuando les fue para el carajo. Aire de fin de semana largo, la espera de esa noticia y un par de amigos para celebrar. Veo el progreso. Ya casi te sentás por tu cuenta. Cuánta paz me transmitiste cuando dijiste que vos mismo sentías las mejoras. Ojalá te hagas fuerte y en unos meses estés aquí de pie junto a mí. Te aprecio mucho querido, mucho.
 
F*ck

Hay momentos que uno desearía borrarlos de su cabeza. Este es uno de ellos.
C:\>DEL Castorera_8_de_abril.DAY |enter|
C:\>¿Está seguro que desea eliminar este registro?
C:\>Sí, completamente. |enter|
Delete, delete, delete, delete, delete, delete, delete, delete.
'No olvidar vaciar la Papelera de Reciclaje.
 
Los más escuchados – Semana del 1° al 7 de Abril

Este último disco, Végétal, algo así como el hallazgo del año, hasta ahora. Emilie Simon está llamada a no irse jamás de mi discografía obligatoria.



1.- | Fleur de Saison | Végétal | Emilie Simon |
2.- | Rose Hybride de Thé | Végetal | Emilie Simon |
3.- | The Voyage | Le Marche de L’Empereur | Emilie Simon |
4.- | Alicia | Végetal | Emilie Simon |
5.- | Baby Penguins | Le Marche de L’Empereur | Emilie Simon |

Mañana tocamos, y otra vez la ansiedad.
 
Uno de 80 por favor, y una platea preferencial en el Super Pullman, gracias

Vengo pensando en otra cosa. Pero algo pasa. Me saco los auriculares porque no alcanzo a entender la situación. De pronto, en el 63, un policía aparece diciéndole a cuatro personas, que casualmente estaban sentadas a mi derecha, que se tienen que bajar del colectivo. Trato de ponerme a tiro para comprender qué pasa. Los miro bien y me siguen pareciendo lo mismo que cuando subí y me fui a sentar al fondo, en el único asiento que dejaron libre; estos pibes se quedaron en otra década. Rockeros ellos, de unos 28 años aproximados, muy influenciados por Skid Row y Mötley Crue evidentemente, con pantalones chupinados, remeras negras gastadas, una de ellas de Deep Purple, camperitas de jean, otras de cuero, mucho pelo, aritos, un par de guitarras y por sobre todas las cosas, mucho olor a alcohol. Son los cuatro del mundo de Wayne. Sentados delante de nosotros una señora, de unos 70 años, con sus hijas, ambas dos de unos 40 años. Perfil Belgranero, chetas, anteojos negros con adornos tipo diamantes, jeans ajustados con cinturones que cuelgan cosas con brillitos. Nos subimos juntos en la parada de Cabildo y Juramento y ya estas mujeres no me habían gustado. Abusándose de esto de que su madre era una señora grande, una de ellas se hizo paso en la cola para pasar primera sin otro fin que el de asegurarse un asiento, dado que quedaban pocos y éramos unos cuántos en la cola. Me molestó un poco porque hay cierta prepotencia en esto de “es una señora mayor, por favor, déjennos pasar”. A mi entender, algo hicieron que pareció ser muy grave y que ocasionó que la mujer detuviera el colectivo e hiciera subir a un policía. No hinchés las pelotas, si no hicimos nada, es esta señora que relaja porque sí, porque tiene ganas de relajar. Uno de ellos estaba tan borracho que no se podía mantener en pie. El policía insistía. Bájense. No, nos vamos a bajar, estamos llegando tarde. Que nos devuelvan la plata del pasaje. A todo esto una de las cuarentonas seguía agitando la batuta. Ella fue la que inició todo y la que iba a mantener su voz en alto en toda la escena teatral. Porque vos, sos una maleducado, no estás más que golpeando los asientos, gritando, cantando, esto es una falta de respeto, y encima estás tomando, mirá, callate la boca y bajá, tus derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás. Ehhhhh, ¿qué relajás vos? ¿Qué te pasa? Por favor, bájense del colectivo, ya viene un patrullero, van a ir todos presos. Pero ¿qué? El colectivo ya estaba parado hacía 5 minutos y en estas situaciones el resto de los pasajeros empieza a tomar protagonismo cuando siente que la demora los afecta a ellos también. Si tanto te molestan bajate vos y tomate un taxi, le dice una mujer de más allá. Vos no podés hacer bajar a nadie, tus derechos no son más respetables que los de él, le dice otra pareja de más allá. Ahora es una pareja de más acá la que vuelve a decir algo y de reojo una monja mira como la cuarentona sigue haciéndose la ofendida y levanta la voz haciendo callar a todo el mundo. Ellos aplauden y golpean el techo del colectivo cuando ven que la gente se opone a la actitud de estas mujeres. Solo se suman al trío de intolerantes otra vieja de dos asientos más adelante, qué, casualmente, tienen el mismo corte de pelo y hasta casi el mismo color de saquito. Están cortadas con la misma tijera. Uno de ellos, el más borracho atina a decir Bajémonos, sabés qué, bajémonos… Esto es así, ¿sabés por qué? Porque como somos de Belgrano y tenemos conexión con los militares, nos creemos más que el resto. Las mujeres no dijeron nada, y no sé porque pienso que este comentario fue el más atinado que escuché en todo el show. Porque a esta altura esto era un show que yo presenciaba cual espectador privilegiado, sentado a escasos centímetros del eje de la situación. Me sonreía socarronamente, no lo podía creer. Tenía ganas de decir algo. Tenía ganas de reírme y aplaudir y decirle a la cheta que le agradecía por el papelón que estaba haciendo, que era muy divertido ver su carencia de inteligencia alguna, dado que de haber sido un poco ágil mentalmente hubiera evitado tal situación embarazosa y se hubiera bajado del colectivo en busca de un taxi. Obviamente los cuatro se habían ganado ya mi simpatía. Pero a fuerza de histeriqueo logró que el oficial los obligara a bajarse. Pero como los cuatro no estaban decididos a bajarse y evidentemente estaban algo ebrios, las frases tales como qué te pasa, qué mirás se sucedieron hasta que policía y banda se trenzaron en lucha. El de la gorra cobró más de la cuenta. El colectivero cerró la puerta con los cuatro abajo después de algunos forecejos y arrancó con el policía arriba. La gente no hacía más que mirar a las tres ridículas. Hasta la monja las prendió fuego vivas al mirarlas con cara de esto es lo que ustedes han logrado. El policía solo alcanzo a decir a los cuatro que se vayan a la concha de su madre. Abajo, uno de ellos gritaba no me duras nada, gil, nada. Arriba, los tres payasitos, con cara de vergüenza pero pensando seguramente en su interior que hicieron lo correcto, que nada es más válido que esto que acaban de hacer. Me gustaría saber sus nombres para escarcharlas de arriba abajo. Tres aparatos. Ahora, me surgió una duda, esta mina, ¿será la madre de Antonella?*

*Antonella es un aparato que encontré en un chat una noche enero y cuyo diálogo cargado de ideas de ultra-derecha se encuentra posteado el 31 de Enero bajo el título "De no creer".