Despedida
Se arrastró hacia el borde de la cama donde estaba la pasajera 54, silencioso, sorprendido aún por las horas de sexo desenfrenado de las que todavía no había podido recuperarse.
Ella dormía, o se hacía la dormida, evidentemente satisfecha a medias, puesto que pedía mucho más de lo que el pobre muchacho, (pese a llegar a un límite que ni sabía que existía y sobrepasarlo con creces), le había dado.
En el cuarto reinaba el más absoluto silencio, y envolvía a los futuros ex-amantes un olor a sudor y a semen; a besos, mordiscos y arañazos; a gritos, gruñidos; a jadeos y gemidos.
"Conserva por siempre jamás este olor, muchacho" -se dijo- "puesto que con ella no lo vas a volver a emanar; puede que por la más que probable enfermedad que vayas a coger por no tomar precauciones, puede que porque no has estado a su altura ni un segundo; puede que porque sea lo mejor que haya terminado así"
Aspiró fuertemente con los ojos cerrados, conservando siquiera ese recuerdo, mientras un halo grisáceo, en el que todos los fantasmas aparecen al tiempo, paralizaba ese instante mágico, sin terminar de dar por concluída la noche y saludar el día. Ese tono mortecino que recordaba a vida y muerte, a duendes y hadas, a principio y fin de todo.
Volvió a besarla suavemente en el cuello y, al girarse ella y mirarlo con esos ojos verdes, pensó que merecía la pena un último esfuerzo.
Saludaron al día entrelazados. Mordiendo. Gruñendo. Arañando. Jadeando. Sudando......
Ella dormía, o se hacía la dormida, evidentemente satisfecha a medias, puesto que pedía mucho más de lo que el pobre muchacho, (pese a llegar a un límite que ni sabía que existía y sobrepasarlo con creces), le había dado.
En el cuarto reinaba el más absoluto silencio, y envolvía a los futuros ex-amantes un olor a sudor y a semen; a besos, mordiscos y arañazos; a gritos, gruñidos; a jadeos y gemidos.
"Conserva por siempre jamás este olor, muchacho" -se dijo- "puesto que con ella no lo vas a volver a emanar; puede que por la más que probable enfermedad que vayas a coger por no tomar precauciones, puede que porque no has estado a su altura ni un segundo; puede que porque sea lo mejor que haya terminado así"
Aspiró fuertemente con los ojos cerrados, conservando siquiera ese recuerdo, mientras un halo grisáceo, en el que todos los fantasmas aparecen al tiempo, paralizaba ese instante mágico, sin terminar de dar por concluída la noche y saludar el día. Ese tono mortecino que recordaba a vida y muerte, a duendes y hadas, a principio y fin de todo.
Volvió a besarla suavemente en el cuello y, al girarse ella y mirarlo con esos ojos verdes, pensó que merecía la pena un último esfuerzo.
Saludaron al día entrelazados. Mordiendo. Gruñendo. Arañando. Jadeando. Sudando......





