El Hombre del Gas
- Pero... ¡¡¡no me digas que está ahí el hombre del gas!!!(*) ¡¡Le voy a dar una hostia que lo voy a Aviar!! -Takker comenzó a avanzar hacia el hombre que, vestido completamente de naranja, pelirrojo y pecoso, tenía el carruaje aparcado enfrente de la taberna a la cual se dirigía a charlar con los compañeros de barra.
- Calma, calma... envaina la daga, loco, que no es cuestión me montar una escabechina en plena calle y a la luz del día - El Capitán, más sereno, aunque cabreado, tenía un tono de "no me hagas mucho caso" en la voz.
- Es que le tengo muchas ganas, Capitán
- Y yo, pero vamos a tratar de solucionarlo por la vía razonable y si no, te ayudo a despellejarlo como el perro que es.
Juntos, se encaminaron al hombre al que ya asediaban varios vecinos para solicitarle nuevas cargas de gas, saludando con sorna uno y con retintín el otro
- "Buenas, socio"
El Tanner, como le apodaban, levantó la cabeza y la sonrisa se le borró del rostro. La última vez que pasó con su velero por el lobo solitario, fueron dos veces a solicitarle carga, bajando al pequeño balandro, y pagándolo por adelantado, y el muy cerdo se fue sin darles su gas. Quedando muy mosqueados. Tanner sabía que lo había hecho mal, y lo veía en los rostros de aquellos que le saludaban conteniéndose.
Takker se contuvo, "déjame hablar a mí", fueron las palabras del capitán. Y miró, hosco, como éste hablaba.
- Si te cogemos el carro, una botella llena y nos lo llevamos al barco, y te traemos de vuelta la vacía, ¿cómo lo ves?.
- Uis, de maravilla, claro está... serán 12 monedas de plata y 35 de cobre.
- Y la mano de obra gratis, ¿no?, claro, que viendo lo que pasó la última vez, casi mejor que no te diga nada, porque todavía estamos esperando la botella, que se la robamos a tu cuñada, y de eso hace un mes, desgraciado. El joven Timonel no pudo contenerse y le soltó, si no un guantazo físico, uno verbal, con parte de su rabia dentro
Tanner miró al Capitán, con una mezcla de cabreo, otra de resignación y una más de petición de ayuda en los ojos. Desgraciadamente, la mirada de este era firme y clara, así que optó por poner la botella en el carro, recoger el dinero y atender a otro cliente antes de meterse en el bar y tomarse, como siempre, unas cuantas jarras de vino. Total, el trabajo venía a él.. para qué esforzarse.
El del butano me tiene frito... yo no sé por qué cambiaron al otro, pero joer, como reza el dicho "Otros vendrán que bueno me harán"
- Calma, calma... envaina la daga, loco, que no es cuestión me montar una escabechina en plena calle y a la luz del día - El Capitán, más sereno, aunque cabreado, tenía un tono de "no me hagas mucho caso" en la voz.
- Es que le tengo muchas ganas, Capitán
- Y yo, pero vamos a tratar de solucionarlo por la vía razonable y si no, te ayudo a despellejarlo como el perro que es.
Juntos, se encaminaron al hombre al que ya asediaban varios vecinos para solicitarle nuevas cargas de gas, saludando con sorna uno y con retintín el otro
- "Buenas, socio"
El Tanner, como le apodaban, levantó la cabeza y la sonrisa se le borró del rostro. La última vez que pasó con su velero por el lobo solitario, fueron dos veces a solicitarle carga, bajando al pequeño balandro, y pagándolo por adelantado, y el muy cerdo se fue sin darles su gas. Quedando muy mosqueados. Tanner sabía que lo había hecho mal, y lo veía en los rostros de aquellos que le saludaban conteniéndose.
Takker se contuvo, "déjame hablar a mí", fueron las palabras del capitán. Y miró, hosco, como éste hablaba.
- Si te cogemos el carro, una botella llena y nos lo llevamos al barco, y te traemos de vuelta la vacía, ¿cómo lo ves?.
- Uis, de maravilla, claro está... serán 12 monedas de plata y 35 de cobre.
- Y la mano de obra gratis, ¿no?, claro, que viendo lo que pasó la última vez, casi mejor que no te diga nada, porque todavía estamos esperando la botella, que se la robamos a tu cuñada, y de eso hace un mes, desgraciado. El joven Timonel no pudo contenerse y le soltó, si no un guantazo físico, uno verbal, con parte de su rabia dentro
Tanner miró al Capitán, con una mezcla de cabreo, otra de resignación y una más de petición de ayuda en los ojos. Desgraciadamente, la mirada de este era firme y clara, así que optó por poner la botella en el carro, recoger el dinero y atender a otro cliente antes de meterse en el bar y tomarse, como siempre, unas cuantas jarras de vino. Total, el trabajo venía a él.. para qué esforzarse.
El del butano me tiene frito... yo no sé por qué cambiaron al otro, pero joer, como reza el dicho "Otros vendrán que bueno me harán"
Comentario:
No me extraña... bueno, paciencia... y ya sabes... sé tú más listo.
Bezitoz
Bezitoz





