La Banda
Miro por la escotilla de estribor, desde la cocina, donde ayudo por un módico salario que me permite costearme caprichos y viajes, y allí está el primero: Paquito Más, que siempre dice lo mismo "va, una rapidita que me voy" y luego se toma 15 más y se queda hasta la hora de cierre.
Poco a poco van llegando el resto. El Raúl, con su voz cascada a lo El Padrino, que se bebe siete verdes antes de que me dé tiempo a apuntar sus consumiciones; El Chapero, que se bebe quinientas entre descanso y descanso del trabajo (Chapero=Chapaor, el que chapa las paredes... es decir, el albañil que me está haciendo la reforma del local); El Güevo, que viene de cuando en cuando, como El Mané, y se toman una o dos rapiditas y se van a sus respectivos quehaceres; El Tramusso, que va por libre y paga por libre; El Rizos, que se acerca a saludar, El Pali, el del kiosko, amigo de todos... ültimamente se acerca también un rato Paco el de las Persianas, o Ramonet (al que yo, inexplicablemente, siempre llamo Pablo) El Fonta, que está, junto con el Chapero, haciendo una obra en la casa de "PacoPersianas". De vez en cuando se junta también con semejante bandarria El Hermanísimo. Y cuando puede (trabaja como un esclavo pese a llevar traje y corbata), se deja caer El Patas.
Completan la cuadrilla El Hippie, que no viene mucho (no es que sea gorrón, es que no se gasta un céntimo más del necesario, y las cervezas son un sobrecoste para su estrictísima política de gastos e ingresos), y El Conejo, que hoy se ha bebido, el sólo, una botella de Martini Rojo y se ha ido tan alegremente diciendo "apúntamela, que ya te la pago". Y El Pepo, que desde que se hizo autónomo viene sobre las 16.15 y se toma una y le obligamos a tomarse tres más pagando solo la segunda.
Ellos son alegres, divertidos, frescos. El que menos, tiene un serio problema con el consumo de porros, y cuando se lo digo, responde "si, nunca tengo lo suficiente". El que más, está enganchado a la coca (sobre El Jaba, recién salido de la cárcel, hablaré en otra ocasión, es un asunto que me produce lástima e indignación a un tiempo) y cuando va mascao es insoportable. Bromean constantemente sobre todo y sobre todos, incluidos ellos mismos. Raúl y el Chapero tienen mi edad, y ya arrastran una separación (ellas se cansaron, o encontraron a otro, según su versión) y un hijo al que les cuesta dios y ayuda ver y mantener, amén de discusiones con las ex y disgustos por no tener nunca liquidez para darle caprichos al chiquillo. Paquito Más tuvo una novia a la que le pagó la operación de las tetas y luego ésta le dejo hecho una mierda. Después, volvió a darle a la coca con más fuerza que nunca. El resto, son separados, solteros que buscan entre muchas faldas el cariño que no les quiere proporcionar una sola y, los que tienen suerte (3 ó 4) casados con hijos que discuten constantemente con la mujer, según cuentan.
Cuando no estoy de servicio me junto con ellos y me tomo una o dos, (no quiero ponerme ciego, normalmente entro por las tardes) y un día le dí una calada a un canuto; otros lo hago yo de lo mío y se lo paso a ellos sin fumar, porque, o no tienen quien les pase, o dinero para comprar. En esos casos, me rio muchísimo con ellos, y ellos conmigo, aunque el centro de atención de sus bromas sea yo mismo y éstas sean muy pesadas.
Cuando estoy de servicio, tengo un principio inalterable. Jamás bebo alcohol, ni fumo petas (de la coca ni hablemos, no la he probado jamás y no quiero empezar, he visto demasiados hechos polvo como para ello) y, cosas de la vida, esas mismas bromas se me hacen pesadas y de mal gusto. "desde ese lado de la barra se ve todo de otra forma ¿¿eh??" me ha dicho hoy el Raúl.
El Chapero es albañil. Raúl y Paquito Más son camareros. El Pali y el Rizos regentan sendos kioskos y, aunque sean competencia el uno del otro, son tan buena gente que incluso se ayudan y se pasan aquello que le sobra a uno y le falta al otro (mi colección de libros de "Episodios Nacionales" tiene algunos ejemplares obtenidos mediante ese trueque). Ramonet, que todo el mundo dice que habla como un tal Luisma, de una serie de televisión, es Fontanero. El Tramusso pone suelos y el Pepo paredes. El Hippie instala aires acondicionados. Paco El Persianas, persianas para los locales. El Hermanísimo es comercial. El Güevo, que todavía me quiere pegar una paliza de una vez que casi nos enzarzamos, y de la cual conozco por referencias, puesto que no recuerdo esa borrachera en concreto, ya me saluda cuatro años después y, al igual que el Mané, no sé en qué diantres trabaja. El Conejo lleva tres años de baja y de juicios, por un corte que tuvo en un tendón de la mano, para que le reconozcan una pensión que va para largo. Para sobrevivir, trabaja a ratos para familiares y conocidos pintando casas, ayudando al resto de los curritos o echando una mano a su novia, que trabaja en un restaurante.
Todos ellos son gente de pie, gente que trabaja mucho y cobra poco para sus gastos (vale, sus vicios son caros y excesivos), gente como yo o como cualquiera de nosotros, con sus virtudes y sus defectos, gente a la que se aprecia y se invita de buen grado a una, a dos o a siete cervezas si hace falta. Gente que siempre está al pie del cañón, que busca una oportunidad para salir de la miseria en que se han sumido, voluntariamente o por la fuerza.
Esta Banda se junta porque la vida les ha puesto en una tesitura u otra de dificil solución (no le llega para pagar la pensión a su chiquilla, o si le llega, no pueden ir a recogerla y llevársela de compras; se encuentran sólos y/o decepcionados, les han "pillado" unos mierdas en unos pagos y van ahogados) se junta, digo, en el único lugar donde pueden, sin ningún tipo de rubor, ponerse hasta el culo de cervezas con algunos que son como ellos, que encuentran dentro de una botella la alegría que les niega su trabajo, sus amores, su vida, y que lo cuentan, a ellos o a mí, en la barra, con tristeza, cansancio o, cuando las cosas van bien, con alegría. Con muchísima alegría.
Y en ese momento de alegría, normalmente cuando cobran o tienen un poco de dinero de más, es cuando pagan la ronda del resto. Y cuando les digo "ande vas, loco, que son 27 euros" sueltan uno de 50 y dicen: "y además, me das un cupón, a ver si hay suerte, coño". Y los demás le miran con admiración y respeto, calculando cuando cobrarán (otro mes que se retrasa el pago del patrón que se ha gastado 3 millones en la reforma de su cuarto de baño, y esto es verídico), o tirando una o dos monedas a la tragaperras, a ver si "está en el ciclo" y les da otros 20 (fíjate que poco piden, los pobrecillos) para pagar la siguiente ronda.
Por afiliación, por compañerismo, por solidaridad con la situación del que lo está pasando mal, se apoyan y respetan, pese a las bromas pesadas, los unos a los otros.
El otro día me llamó Raúl. Me había traído unos zumos de muestras para el local que voy a abrir, para ver si me gustaban o no. Quedamos en que bajaba, recogía la nueva colección de libros del kiosko (los cuentos de calleja, son auténticos, una verdadera joya), y me tomaba un café con él y charlábamos un rato.
Cuando llegué, estaba media tropa allí, bebiendo. Me pedí el café y saludé a todos por su nombre, uno a uno. Bebían y bebían. Unos se iban a un concierto. Otros a casa de uno a cambiar el grifo de la ducha, que se les había estropeado y no podía ducharse (45 mortadelos, la broma del grifito, para una necesidad básica), otros a descansar porque al día siguiente tenían que trabajar.
Yo asistía sin decir mucho a las conversaciones, a las ilusiones de los que se iban al concierto "con dos chavalillas" A la desesperación del del grifo, "joer, este mes, entre el pago del chiquillo, que no he cobrao, el seguro de la casa y hacienda me joden vivo, y encima el puto grifo, 45 euros el más barato, anda ponme otra, moza, que buena que estás". Al hastío del que madrugaba (creo que era el Hippie) que nos contó cuatro veces su planing de 10 horas diarias durante los próximos 3 días para poder adelantar faena y cogerse una tarde libre y, en general, a la vida de cada uno.
En un momento dado, estaban todos silenciosos, taciturnos. Pensativos. Y Raúl, que es un irónico de la vida, dijo "joer, normal que bebamos tanto, si vamos todos que no tenemos ni donde caernos muertos, por lo menos nos emborrachamos y hasta el día siguiente somos felices".
Y me hizo pensar en cómo luchamos cada uno por nuestros sueños, por nuestra vida y la de la gente que apreciamos, contra todo y contra todos. Esperando que toque ese puto cupón, que esa mierda de máquina que nos quita medio sueldo esté de ciclo, que el cabrón del jefe pague los sueldos en lugar de reformarse ese cuarto de baño que, encima, riete, está embozado... tres millones para que esté embozado, que los de la luz cobren el recibo de la ex a la ex, y no los dos al marido, que no tiene ni para pagar el suyo. Que salga ya el puñetero juicio y le reconozcan la Invalidez Permanente Para la Profesión Habitual. O que no la reconozcan ya de una vez, pero que salga una sentencia, que mientras no haya no puedo buscar trabajar por problemas legales.
Que la siguiente ronda la pague el del bar.
Y pensé que, joder, que ójala que les sonría la vida un poco a todos y cada uno de ellos. Que dejen la mierda de la droga de lado y puedan ser felices, que encuentren a una chica, aunque sea una amiga, que les haga olvidar el trago amargo que se reproduce con cada cerveza, con cada gin-tonic, con cada martini; qué ójala no me vea yo como ellos, y si me veo, tenga un grupo que me apoye, me escuche y, de vez en cuando, me paguen una cuando no tenga pasta.
Y pensando en ello, me despedí muy cordialmente y pagué mi café..... con 10 Euros. Sin decir nada. Esa tarde fueron, por lo menos, dos rondas más felices hasta el día siguiente.
Poco a poco van llegando el resto. El Raúl, con su voz cascada a lo El Padrino, que se bebe siete verdes antes de que me dé tiempo a apuntar sus consumiciones; El Chapero, que se bebe quinientas entre descanso y descanso del trabajo (Chapero=Chapaor, el que chapa las paredes... es decir, el albañil que me está haciendo la reforma del local); El Güevo, que viene de cuando en cuando, como El Mané, y se toman una o dos rapiditas y se van a sus respectivos quehaceres; El Tramusso, que va por libre y paga por libre; El Rizos, que se acerca a saludar, El Pali, el del kiosko, amigo de todos... ültimamente se acerca también un rato Paco el de las Persianas, o Ramonet (al que yo, inexplicablemente, siempre llamo Pablo) El Fonta, que está, junto con el Chapero, haciendo una obra en la casa de "PacoPersianas". De vez en cuando se junta también con semejante bandarria El Hermanísimo. Y cuando puede (trabaja como un esclavo pese a llevar traje y corbata), se deja caer El Patas.
Completan la cuadrilla El Hippie, que no viene mucho (no es que sea gorrón, es que no se gasta un céntimo más del necesario, y las cervezas son un sobrecoste para su estrictísima política de gastos e ingresos), y El Conejo, que hoy se ha bebido, el sólo, una botella de Martini Rojo y se ha ido tan alegremente diciendo "apúntamela, que ya te la pago". Y El Pepo, que desde que se hizo autónomo viene sobre las 16.15 y se toma una y le obligamos a tomarse tres más pagando solo la segunda.
Ellos son alegres, divertidos, frescos. El que menos, tiene un serio problema con el consumo de porros, y cuando se lo digo, responde "si, nunca tengo lo suficiente". El que más, está enganchado a la coca (sobre El Jaba, recién salido de la cárcel, hablaré en otra ocasión, es un asunto que me produce lástima e indignación a un tiempo) y cuando va mascao es insoportable. Bromean constantemente sobre todo y sobre todos, incluidos ellos mismos. Raúl y el Chapero tienen mi edad, y ya arrastran una separación (ellas se cansaron, o encontraron a otro, según su versión) y un hijo al que les cuesta dios y ayuda ver y mantener, amén de discusiones con las ex y disgustos por no tener nunca liquidez para darle caprichos al chiquillo. Paquito Más tuvo una novia a la que le pagó la operación de las tetas y luego ésta le dejo hecho una mierda. Después, volvió a darle a la coca con más fuerza que nunca. El resto, son separados, solteros que buscan entre muchas faldas el cariño que no les quiere proporcionar una sola y, los que tienen suerte (3 ó 4) casados con hijos que discuten constantemente con la mujer, según cuentan.
Cuando no estoy de servicio me junto con ellos y me tomo una o dos, (no quiero ponerme ciego, normalmente entro por las tardes) y un día le dí una calada a un canuto; otros lo hago yo de lo mío y se lo paso a ellos sin fumar, porque, o no tienen quien les pase, o dinero para comprar. En esos casos, me rio muchísimo con ellos, y ellos conmigo, aunque el centro de atención de sus bromas sea yo mismo y éstas sean muy pesadas.
Cuando estoy de servicio, tengo un principio inalterable. Jamás bebo alcohol, ni fumo petas (de la coca ni hablemos, no la he probado jamás y no quiero empezar, he visto demasiados hechos polvo como para ello) y, cosas de la vida, esas mismas bromas se me hacen pesadas y de mal gusto. "desde ese lado de la barra se ve todo de otra forma ¿¿eh??" me ha dicho hoy el Raúl.
El Chapero es albañil. Raúl y Paquito Más son camareros. El Pali y el Rizos regentan sendos kioskos y, aunque sean competencia el uno del otro, son tan buena gente que incluso se ayudan y se pasan aquello que le sobra a uno y le falta al otro (mi colección de libros de "Episodios Nacionales" tiene algunos ejemplares obtenidos mediante ese trueque). Ramonet, que todo el mundo dice que habla como un tal Luisma, de una serie de televisión, es Fontanero. El Tramusso pone suelos y el Pepo paredes. El Hippie instala aires acondicionados. Paco El Persianas, persianas para los locales. El Hermanísimo es comercial. El Güevo, que todavía me quiere pegar una paliza de una vez que casi nos enzarzamos, y de la cual conozco por referencias, puesto que no recuerdo esa borrachera en concreto, ya me saluda cuatro años después y, al igual que el Mané, no sé en qué diantres trabaja. El Conejo lleva tres años de baja y de juicios, por un corte que tuvo en un tendón de la mano, para que le reconozcan una pensión que va para largo. Para sobrevivir, trabaja a ratos para familiares y conocidos pintando casas, ayudando al resto de los curritos o echando una mano a su novia, que trabaja en un restaurante.
Todos ellos son gente de pie, gente que trabaja mucho y cobra poco para sus gastos (vale, sus vicios son caros y excesivos), gente como yo o como cualquiera de nosotros, con sus virtudes y sus defectos, gente a la que se aprecia y se invita de buen grado a una, a dos o a siete cervezas si hace falta. Gente que siempre está al pie del cañón, que busca una oportunidad para salir de la miseria en que se han sumido, voluntariamente o por la fuerza.
Esta Banda se junta porque la vida les ha puesto en una tesitura u otra de dificil solución (no le llega para pagar la pensión a su chiquilla, o si le llega, no pueden ir a recogerla y llevársela de compras; se encuentran sólos y/o decepcionados, les han "pillado" unos mierdas en unos pagos y van ahogados) se junta, digo, en el único lugar donde pueden, sin ningún tipo de rubor, ponerse hasta el culo de cervezas con algunos que son como ellos, que encuentran dentro de una botella la alegría que les niega su trabajo, sus amores, su vida, y que lo cuentan, a ellos o a mí, en la barra, con tristeza, cansancio o, cuando las cosas van bien, con alegría. Con muchísima alegría.
Y en ese momento de alegría, normalmente cuando cobran o tienen un poco de dinero de más, es cuando pagan la ronda del resto. Y cuando les digo "ande vas, loco, que son 27 euros" sueltan uno de 50 y dicen: "y además, me das un cupón, a ver si hay suerte, coño". Y los demás le miran con admiración y respeto, calculando cuando cobrarán (otro mes que se retrasa el pago del patrón que se ha gastado 3 millones en la reforma de su cuarto de baño, y esto es verídico), o tirando una o dos monedas a la tragaperras, a ver si "está en el ciclo" y les da otros 20 (fíjate que poco piden, los pobrecillos) para pagar la siguiente ronda.
Por afiliación, por compañerismo, por solidaridad con la situación del que lo está pasando mal, se apoyan y respetan, pese a las bromas pesadas, los unos a los otros.
El otro día me llamó Raúl. Me había traído unos zumos de muestras para el local que voy a abrir, para ver si me gustaban o no. Quedamos en que bajaba, recogía la nueva colección de libros del kiosko (los cuentos de calleja, son auténticos, una verdadera joya), y me tomaba un café con él y charlábamos un rato.
Cuando llegué, estaba media tropa allí, bebiendo. Me pedí el café y saludé a todos por su nombre, uno a uno. Bebían y bebían. Unos se iban a un concierto. Otros a casa de uno a cambiar el grifo de la ducha, que se les había estropeado y no podía ducharse (45 mortadelos, la broma del grifito, para una necesidad básica), otros a descansar porque al día siguiente tenían que trabajar.
Yo asistía sin decir mucho a las conversaciones, a las ilusiones de los que se iban al concierto "con dos chavalillas" A la desesperación del del grifo, "joer, este mes, entre el pago del chiquillo, que no he cobrao, el seguro de la casa y hacienda me joden vivo, y encima el puto grifo, 45 euros el más barato, anda ponme otra, moza, que buena que estás". Al hastío del que madrugaba (creo que era el Hippie) que nos contó cuatro veces su planing de 10 horas diarias durante los próximos 3 días para poder adelantar faena y cogerse una tarde libre y, en general, a la vida de cada uno.
En un momento dado, estaban todos silenciosos, taciturnos. Pensativos. Y Raúl, que es un irónico de la vida, dijo "joer, normal que bebamos tanto, si vamos todos que no tenemos ni donde caernos muertos, por lo menos nos emborrachamos y hasta el día siguiente somos felices".
Y me hizo pensar en cómo luchamos cada uno por nuestros sueños, por nuestra vida y la de la gente que apreciamos, contra todo y contra todos. Esperando que toque ese puto cupón, que esa mierda de máquina que nos quita medio sueldo esté de ciclo, que el cabrón del jefe pague los sueldos en lugar de reformarse ese cuarto de baño que, encima, riete, está embozado... tres millones para que esté embozado, que los de la luz cobren el recibo de la ex a la ex, y no los dos al marido, que no tiene ni para pagar el suyo. Que salga ya el puñetero juicio y le reconozcan la Invalidez Permanente Para la Profesión Habitual. O que no la reconozcan ya de una vez, pero que salga una sentencia, que mientras no haya no puedo buscar trabajar por problemas legales.
Que la siguiente ronda la pague el del bar.
Y pensé que, joder, que ójala que les sonría la vida un poco a todos y cada uno de ellos. Que dejen la mierda de la droga de lado y puedan ser felices, que encuentren a una chica, aunque sea una amiga, que les haga olvidar el trago amargo que se reproduce con cada cerveza, con cada gin-tonic, con cada martini; qué ójala no me vea yo como ellos, y si me veo, tenga un grupo que me apoye, me escuche y, de vez en cuando, me paguen una cuando no tenga pasta.
Y pensando en ello, me despedí muy cordialmente y pagué mi café..... con 10 Euros. Sin decir nada. Esa tarde fueron, por lo menos, dos rondas más felices hasta el día siguiente.
Comentario:
jajaja menuda banda...
menos mal que te tienen a tí y a la cerveza, si no ¿qué sería de sus desdichadas vidas? jajaja
bueno, la rubia siempre está ahí, pero tú eres una alegría, son afortunados...
menos mal que te tienen a tí y a la cerveza, si no ¿qué sería de sus desdichadas vidas? jajaja
bueno, la rubia siempre está ahí, pero tú eres una alegría, son afortunados...
Comentario:
Hoooooolaaaaaaaa!!!!!
Vaya cantidad de nombres, con lo mala que soy yo para acordarme de ninguno.
Me cuesta ponerme al día con los blogs, sobre todo cuando estoy un finde sin poderlos mirar. Y me da rabia perderme cosas "importantes", joo. Pero bueno, todo sea por trabajar, no? (anda, que quién me iba a decir a mí que diría esto alguna vez xD).
Veo que sigues teniendo insomnio alguna que otra vez. Eso ya te pasaba antes, no? yo desde que empecé a currar he dormido como un angelito cada noche. A ver si sigo así. Aunque me da a mí que las causas de tu insomnio no te las podría resolver ninguna palabra, quizá alguna personita por ahí...
Un besín!! se os echa de menos, ehh!
Vaya cantidad de nombres, con lo mala que soy yo para acordarme de ninguno.
Me cuesta ponerme al día con los blogs, sobre todo cuando estoy un finde sin poderlos mirar. Y me da rabia perderme cosas "importantes", joo. Pero bueno, todo sea por trabajar, no? (anda, que quién me iba a decir a mí que diría esto alguna vez xD).
Veo que sigues teniendo insomnio alguna que otra vez. Eso ya te pasaba antes, no? yo desde que empecé a currar he dormido como un angelito cada noche. A ver si sigo así. Aunque me da a mí que las causas de tu insomnio no te las podría resolver ninguna palabra, quizá alguna personita por ahí...
Un besín!! se os echa de menos, ehh!





