El Caballero del Jubón Amarillo
En ocasiones trato de decir cosas, y no se me ocurre nada. A veces trato de decir que lo que sé.. pero no encuentro las palabras..... Menos mal que hay alguien que, en su momento, lo dijo por mí. En las Págs. 73 y 74 del libro citado en el título.
Yo no tengo un Jubón Amarillo. Sólo un montón de palabras, ideas y pensamientos que, en ocasiones, quizás, tal vez, depende, no sé expresar como me gustaría....
Esa noche estaba vivo, y era lo único que contaba. Tenía ojos para ver, boca para besar. dientes para morder. Ninguno de los muchos hideputas que cruzaron por sus existencia, turcos, herejes, alguaciles, matachines, [innombrables], había logrado robarle ese momento. Seguía respirando pese a que muchos intentaron estorbárselo. Y ahora, para confirmarlo, una mano de ella le acaricaba suave la piel, deteníendose en cada vieja cicatriz. "Mi vida" Repetía. Sin duda don Francisco de Quevedo habría sacado buen partido a todo eso, plasmándolo en catorce perfectos endecasílabos. El Capitán Alatriste, sin embargo, se limitó a sonreír para sus adentros. Era bueno estar vivo, al menos un rato más, en un mundo donde nadie regalaba nada; donde todo se pagaba antes, durante o después. Así que algo habré pagado, pensó. Ignoro cuánto y cuándo, pero sin duda lo hice, si ahora la vida me concede este premio. Si merezco, aunque sea por unas pocas noches, que una mujer así me mire como ella me mra.
Yo no tengo un Jubón Amarillo. Sólo un montón de palabras, ideas y pensamientos que, en ocasiones, quizás, tal vez, depende, no sé expresar como me gustaría....
Esa noche estaba vivo, y era lo único que contaba. Tenía ojos para ver, boca para besar. dientes para morder. Ninguno de los muchos hideputas que cruzaron por sus existencia, turcos, herejes, alguaciles, matachines, [innombrables], había logrado robarle ese momento. Seguía respirando pese a que muchos intentaron estorbárselo. Y ahora, para confirmarlo, una mano de ella le acaricaba suave la piel, deteníendose en cada vieja cicatriz. "Mi vida" Repetía. Sin duda don Francisco de Quevedo habría sacado buen partido a todo eso, plasmándolo en catorce perfectos endecasílabos. El Capitán Alatriste, sin embargo, se limitó a sonreír para sus adentros. Era bueno estar vivo, al menos un rato más, en un mundo donde nadie regalaba nada; donde todo se pagaba antes, durante o después. Así que algo habré pagado, pensó. Ignoro cuánto y cuándo, pero sin duda lo hice, si ahora la vida me concede este premio. Si merezco, aunque sea por unas pocas noches, que una mujer así me mire como ella me mra.
Comentario:
si es así, seguro te serán concedidos muchos más, porque mereces todo lo bueno que te pueda ocurrir
p.d.: te debo una dedicatoria (...y ya se cual es) ;)
p.d.: te debo una dedicatoria (...y ya se cual es) ;)





