Mujeres con Carácter
Y por fin, las mujeres. Las Grumonas mayor y menor. Dos chicas de armas tomar. Dos volcanes en erupción que estallan con cualquier temblor del suelo.
La mayor siempre dice que tenemos la sangre envenenada. La menor me ha llamado Judas cada vez que la he fallado. Y han sido muchas. Y lo siento de veras. Son coquetas, pardiez, muy coquetas, y presumidas, como todas las mujeres. Hace tiempo tenían un conflico generacional terrible. No se soportaban la una a la otra, pero como he dicho, son puro carácter, tienen la mecha corta y estallan enseguida.
Cuando eligieron y compraron su nuevo cuarto (duermen en literas en la misma habitación, así como nosotros 4 dormíamos en literas en otra), empezaron a conocerse y a respetarse, la mayor se dio cuenta de que la pequeña no era ya una niña, y la niña que no lo era se dio cuenta de que la mayor no era una madre. Se hicieron amigas. Menos mal. Por fin. Y claro, ahora se van juntas a comprar ropita y se tiran dos tardes para comprarse unos pantalones y probarse media docena en cada tienda, con sueters y bolsos y cinturones a juego.
La última vez que fui, la pequeña ya se hablaba con el cuarto Grumón. 4 años sin dirigirse la palabra más que para decirse "teléfono, es para tí". Y todo por una puñetera broma mal entendida y un orgullo y una rareza singular... si, va a ser que tenemos la sangre envenenada.
Pregunté a la mayor que cómo lo habían arreglado. Y me dijo que no lo sabía, que un día se levantó y ya se hablaban, y que flipaba. Otro secreto más, otro mutismo que me encanta. Luego me dijo la mayor que la dejara en paz, que estaba de resaca y que no la marease. Luego le pegó un grito mi madre, y se tiraron 40 minutos gritándose. Y yo me reía. Hacía que no veía eso.... me entró nostalgia.
La grumona pequeña siente pasión, como toda su generación, por los ordenadores, los videojuegos la playstation e internet. Traté de hacerle sentir el mismo amor que siento yo por los libros, y... bueno, conseguí que se aficcionara a los cómics. Siempre me dice que cuando le llevo más. Y se está sacando el carnet de conducir. Un día me llamó muy indignada.... "eres un judas, que hoy me examinaba del teórico y ni me has llamado para ver que tal ni nada"... y me volví a reir.
La mayor vino unos días a Valencia, y se ha tirado dos años diciendo que se podía freír un huevo en la encimera de la cocina. Es muy puntillosa para eso. También se ha sacado el carnet de conducir, pero ahora no tiene dinero para el coche y me llamó, textualmente, "para pediros una ayudita con su nuevo y futuro coche". Cuando le expliqué te no teníamos un clavel, dijo... "bueno, hasta luego, que tengo que seguir llamando. A ver si tu tio Vicente se estira". De esto hace unos tres meses y no he vuelto a hablar por teléfono con ella.
Legendarios arranques de gritos y gruñidos e insultos se me vienen a la memoria con la mayor, que me ponía. Nos ponía, firmes a todos cuando entraba en casa, acallando risas, murmullos y conversaciones hasta ver qué carácter tenía. Y legendarias risas que nos hemos pegado con ella, pardiez, cuando, ya fuera del hogar familiar, empecé a echarlos de menos a todos y supe apreciarlos desde fuera.
De la menor, hay dos detalles que me han marcado. Uno me lo llevaré a la tumba, supongo. No tengo los huevos necesarios para arreglarlos. El otro, pardiez, no.
Siendo su padrino designado entre todos por ser el responsable (menudo, yo el más responsable, aparecí totalmente borracho a la comunión/bautizo, eran fiestas y no había aparecido a dormir), no tuve dinero para comprarle el medallón que siempre quise que tuviera, ni arrestos para pedir el dinero prestado. Maldito orgullo. Maldito hermetismo. Pero eso lo llevo grabado, a fuego. Y maldito sea cien veces si no le compro una cadena o medallón que le guste, por caro que sea, como regalo de comunión. No se lo prometí a ella. Me lo prometí a mí mismo.
El otro detalle es el vergonzoso, el que me acuerdo y tiemblo.
Un día, hace muchísimas primaveras, le dí un Señor Bofetón.
Estaba yo calentito, no sé por qué. Y me respondió mal. Y le dí. Sonó ¡¡¡¡PLAAAAAAAAAS!!!! muy fuerte. Y a ella le empezaron a temblar los labios, y no dijo nada, ni lloró, ni gritó. Sólo me miró, ojos llenos de dolor. No físico, (eso un hermano lo sabe), sino de sorpresa por mi reacción.Y yo me arrepentí en el momento. Más tarde (ella era una chiquilla y yo apenas un crío) el que lloré fui yo. Y ¿sabéis? jamás le he pedido perdón por aquello. Ni en las dos semanas que andaba yo jodido (ella se olvidó, cosas de niños), ni más adelante. Y eso que soy su prefe, como siempre me ha dicho. No he tenido huevos, y no sé si los tendré ahora que ella es ya una mujer y tiene sus novios y sus preocupaciones y sus cuitas.
El detalle de la mayor, el que recuerdo con más cariño, son unas palabras que me dedicó, diciendo que se sentía orgullosa de que fuera como soy, y que tuviera las narices de enfrentarme a la vida sólo, una y otra vez, en un sitio y en otro, sin más compañía que mis libros... le respondí con una chanza, incómodo por la confidencia que no me esperaba, y me dijo, textualmente.... "ains, hermano, si es que no voy a hacer carrera contigo"
¿Sabéis? Cuando me fui de casa, mi hermana mayor tenía 18, y la menor tenía 13. Ha llovido mucho desde entonces, pero para ciertas cosas, mi corazón.. mis raíces, siguen ahí, en ese momento, con todos juntos en el hogar. Y cuando me preguntan que edad tienen mis hermanas... bueno, suelo responder que las grumonas tienen 18 y 13 respectivamente.
La mayor siempre dice que tenemos la sangre envenenada. La menor me ha llamado Judas cada vez que la he fallado. Y han sido muchas. Y lo siento de veras. Son coquetas, pardiez, muy coquetas, y presumidas, como todas las mujeres. Hace tiempo tenían un conflico generacional terrible. No se soportaban la una a la otra, pero como he dicho, son puro carácter, tienen la mecha corta y estallan enseguida.
Cuando eligieron y compraron su nuevo cuarto (duermen en literas en la misma habitación, así como nosotros 4 dormíamos en literas en otra), empezaron a conocerse y a respetarse, la mayor se dio cuenta de que la pequeña no era ya una niña, y la niña que no lo era se dio cuenta de que la mayor no era una madre. Se hicieron amigas. Menos mal. Por fin. Y claro, ahora se van juntas a comprar ropita y se tiran dos tardes para comprarse unos pantalones y probarse media docena en cada tienda, con sueters y bolsos y cinturones a juego.
La última vez que fui, la pequeña ya se hablaba con el cuarto Grumón. 4 años sin dirigirse la palabra más que para decirse "teléfono, es para tí". Y todo por una puñetera broma mal entendida y un orgullo y una rareza singular... si, va a ser que tenemos la sangre envenenada.
Pregunté a la mayor que cómo lo habían arreglado. Y me dijo que no lo sabía, que un día se levantó y ya se hablaban, y que flipaba. Otro secreto más, otro mutismo que me encanta. Luego me dijo la mayor que la dejara en paz, que estaba de resaca y que no la marease. Luego le pegó un grito mi madre, y se tiraron 40 minutos gritándose. Y yo me reía. Hacía que no veía eso.... me entró nostalgia.
La grumona pequeña siente pasión, como toda su generación, por los ordenadores, los videojuegos la playstation e internet. Traté de hacerle sentir el mismo amor que siento yo por los libros, y... bueno, conseguí que se aficcionara a los cómics. Siempre me dice que cuando le llevo más. Y se está sacando el carnet de conducir. Un día me llamó muy indignada.... "eres un judas, que hoy me examinaba del teórico y ni me has llamado para ver que tal ni nada"... y me volví a reir.
La mayor vino unos días a Valencia, y se ha tirado dos años diciendo que se podía freír un huevo en la encimera de la cocina. Es muy puntillosa para eso. También se ha sacado el carnet de conducir, pero ahora no tiene dinero para el coche y me llamó, textualmente, "para pediros una ayudita con su nuevo y futuro coche". Cuando le expliqué te no teníamos un clavel, dijo... "bueno, hasta luego, que tengo que seguir llamando. A ver si tu tio Vicente se estira". De esto hace unos tres meses y no he vuelto a hablar por teléfono con ella.
Legendarios arranques de gritos y gruñidos e insultos se me vienen a la memoria con la mayor, que me ponía. Nos ponía, firmes a todos cuando entraba en casa, acallando risas, murmullos y conversaciones hasta ver qué carácter tenía. Y legendarias risas que nos hemos pegado con ella, pardiez, cuando, ya fuera del hogar familiar, empecé a echarlos de menos a todos y supe apreciarlos desde fuera.
De la menor, hay dos detalles que me han marcado. Uno me lo llevaré a la tumba, supongo. No tengo los huevos necesarios para arreglarlos. El otro, pardiez, no.
Siendo su padrino designado entre todos por ser el responsable (menudo, yo el más responsable, aparecí totalmente borracho a la comunión/bautizo, eran fiestas y no había aparecido a dormir), no tuve dinero para comprarle el medallón que siempre quise que tuviera, ni arrestos para pedir el dinero prestado. Maldito orgullo. Maldito hermetismo. Pero eso lo llevo grabado, a fuego. Y maldito sea cien veces si no le compro una cadena o medallón que le guste, por caro que sea, como regalo de comunión. No se lo prometí a ella. Me lo prometí a mí mismo.
El otro detalle es el vergonzoso, el que me acuerdo y tiemblo.
Un día, hace muchísimas primaveras, le dí un Señor Bofetón.
Estaba yo calentito, no sé por qué. Y me respondió mal. Y le dí. Sonó ¡¡¡¡PLAAAAAAAAAS!!!! muy fuerte. Y a ella le empezaron a temblar los labios, y no dijo nada, ni lloró, ni gritó. Sólo me miró, ojos llenos de dolor. No físico, (eso un hermano lo sabe), sino de sorpresa por mi reacción.Y yo me arrepentí en el momento. Más tarde (ella era una chiquilla y yo apenas un crío) el que lloré fui yo. Y ¿sabéis? jamás le he pedido perdón por aquello. Ni en las dos semanas que andaba yo jodido (ella se olvidó, cosas de niños), ni más adelante. Y eso que soy su prefe, como siempre me ha dicho. No he tenido huevos, y no sé si los tendré ahora que ella es ya una mujer y tiene sus novios y sus preocupaciones y sus cuitas.
El detalle de la mayor, el que recuerdo con más cariño, son unas palabras que me dedicó, diciendo que se sentía orgullosa de que fuera como soy, y que tuviera las narices de enfrentarme a la vida sólo, una y otra vez, en un sitio y en otro, sin más compañía que mis libros... le respondí con una chanza, incómodo por la confidencia que no me esperaba, y me dijo, textualmente.... "ains, hermano, si es que no voy a hacer carrera contigo"
¿Sabéis? Cuando me fui de casa, mi hermana mayor tenía 18, y la menor tenía 13. Ha llovido mucho desde entonces, pero para ciertas cosas, mi corazón.. mis raíces, siguen ahí, en ese momento, con todos juntos en el hogar. Y cuando me preguntan que edad tienen mis hermanas... bueno, suelo responder que las grumonas tienen 18 y 13 respectivamente.





