No era el hombre más valiente, ni el más piadoso...pero era un hombre honesto (*)
Cansado, hastiado, demacrado... canas, ojeras y arrugas le cruzan el rostro. Nubes le cruzan el pensamiento. Sólo queda un dolor en el alma, por haber sido fiel a sus principios. Justo por encima del alma, donde quiera que esté, donde la carne se junta con el hueso, se podía ver un pequeño tatuaje, una C envuelta en un pólígono exacto. Su marca. Su sello. Y un número 00004. Todavía no sabe que significa ese número. Pero aunque el tatuaje se borró hace tiempo por los efectos del mar y del viento y de mil batallas ganadas y diez mil perdidas, quedan las heridas, las cicatrices, los rotos en cuerpo y alma. Pero también queda la entrega, la sangre corriendo por las venas, el dolor en los músculos que principia que todavía hay músculos. Y vida. y con esa vida, hay esperanza bombeando con cada latido, hay un sentirse a gusto con uno mismo, satisfacción con el deber cumplido. Rabia contenida por cómo se desarrollan los actos de cada una de sus vidas, rabia que sale de lo más hondo y se convierte en una fé ciega hacia la lucha, la entrega. La causa.
El negro abrigo hasta los pies se agita con un viento que se arremolina a su alrededor, levantando espumas de polvo y suciedad en el duro suelo. Su pantalón, roto por mil sitios, denota las huellas claras de un prolongado y satisfactorio uso, al igual que sus botas, sucias, agujereadas, desgastadas por años de caminos y de aventuras. Con cada vuelta del Céfiro, el abrigo se abre, dejando ver una camiseta clara, con un extraño tribal en el centro de la misma. Otra firma, otro símbolo, que se cierra en el pequeño cologante céltico que en su cuello pende y que simboliza el sol, la fuerza, la reencarnación infinita.
Mirada.... unos ojos marrones verdosos miran al infinito sin pestañear. No es una mirada triste, no es una mirada de odio, no es una mirada alegre. Es comprensiva y melancólica al tiempo, es una mirada de tiempo y recuerdos, del qué soy y en qué me he convertido, de aceptación, de reconocimiento hacia uno mismo. Un pequeño brillo en las pupilas indica determinación, resolución. Puede que se equivoque en sus actos, en sus palabras, pero si se da cuenta pedirá perdón. Y aprenderá. Porque son sus equivocaciones, y sus aciertos, y los de nadie más.
Despacio, levanta un pie, seguido del otro. La lluvia ha dejado de empapar su cabello largo, y un tímido rayo de sol ilumina tenuemente el lado izquierdo de su cara, dejando en semipenumbra el otro. Hasta que, finalmente, paso a paso y en plena sintonía con el sol, los dos desaparecen sin hacer ruido por un horizonte nuboso, a través de la fina neblina que, un brillo en los ojos, y otro en el cielo, ha sido vencida durante un instante.
El Ave Fénix ha renacido de sus cenizas. Se pregunta qué hace realmente aquí de nuevo, qué sentido tiene otra vez la misma lucha, la misma gente, pero aún así, lucha por que está tatuado en sus principios. En sus genes. En su historia.
Es su sino quemarse en hogueras para volver a renacer. Duele, pero se aprende.
título escogido y modificado de "El Capitan Alatriste", de D. Arturo Pérez-Reverte, primero de la saga titulada "Las Aventuras del Capitán Alatriste"
El negro abrigo hasta los pies se agita con un viento que se arremolina a su alrededor, levantando espumas de polvo y suciedad en el duro suelo. Su pantalón, roto por mil sitios, denota las huellas claras de un prolongado y satisfactorio uso, al igual que sus botas, sucias, agujereadas, desgastadas por años de caminos y de aventuras. Con cada vuelta del Céfiro, el abrigo se abre, dejando ver una camiseta clara, con un extraño tribal en el centro de la misma. Otra firma, otro símbolo, que se cierra en el pequeño cologante céltico que en su cuello pende y que simboliza el sol, la fuerza, la reencarnación infinita.
Mirada.... unos ojos marrones verdosos miran al infinito sin pestañear. No es una mirada triste, no es una mirada de odio, no es una mirada alegre. Es comprensiva y melancólica al tiempo, es una mirada de tiempo y recuerdos, del qué soy y en qué me he convertido, de aceptación, de reconocimiento hacia uno mismo. Un pequeño brillo en las pupilas indica determinación, resolución. Puede que se equivoque en sus actos, en sus palabras, pero si se da cuenta pedirá perdón. Y aprenderá. Porque son sus equivocaciones, y sus aciertos, y los de nadie más.
Despacio, levanta un pie, seguido del otro. La lluvia ha dejado de empapar su cabello largo, y un tímido rayo de sol ilumina tenuemente el lado izquierdo de su cara, dejando en semipenumbra el otro. Hasta que, finalmente, paso a paso y en plena sintonía con el sol, los dos desaparecen sin hacer ruido por un horizonte nuboso, a través de la fina neblina que, un brillo en los ojos, y otro en el cielo, ha sido vencida durante un instante.
El Ave Fénix ha renacido de sus cenizas. Se pregunta qué hace realmente aquí de nuevo, qué sentido tiene otra vez la misma lucha, la misma gente, pero aún así, lucha por que está tatuado en sus principios. En sus genes. En su historia.
Es su sino quemarse en hogueras para volver a renacer. Duele, pero se aprende.
título escogido y modificado de "El Capitan Alatriste", de D. Arturo Pérez-Reverte, primero de la saga titulada "Las Aventuras del Capitán Alatriste"
Comentario:
Bezitoz
Comentario:
Te dejo un besín por si no te puedo dar más en una temporada... que mañana ya empiezan con las obras en la cocina y no sé si dejaremos el ordenador guardado en algún sitio, o sólo tapado para que no le entre polvo, o qué sé yo... pero amos, que seguro que encuentro la manera de conectarme a menudo :)
Muacks
Muacks





