Cuando la locura se torna normalidad recuperada
Locos. Siempre están ahí, aunque a veces intentemos no verlos, no oírlos, ni siquiera presentirlos. ¿Pero quienes son los locos?. Hoy viajaba en el metro y junto a mí se encontraba una mujer mayor, con el cabello recogido en un laborioso peinado y dos bolsas en la mano. Mientras esperaba su parada cantaba, con una voz cuidada y dulce, melodías que parecía encontrar en un misterioso librito viejo y manoseado. Los viajeros la observaban de reojo, quizás con miedo de encontrarse en el camino de su mirada, porque si me ve tal vez se ponga a hablar conmigo, ¡Esa loca!, piensan. Ella hace tiempo que nos vio a todos, sabe que es el centro de nuestras miradas, pero no deja de cantar. Quizás piense que está en un esplendido teatro, ante un público respetuoso que admira su hermosa voz. O quizás los locos seamos nosotros, nosotros viajeros grises que tenemos miedo de mirarnos, que esperamos el destino sin disfrutar del camino, callados, con los ojos clavados en el suelo, para que nadie se acerque a nuestra intimidad. La mujer que canta sonríe. La mujer que llaman loca es feliz. Nosotros tan solo queremos que acabe este viaje.
Comentario:
Poder mirar, con paz, sin miedo , los ojos de cualquiera. No miradas retadoras, miradas abiertas que hacen cómplices de los desconocidos porque no tengo miedo a la contaminación, deseo la contaminación con todas mis fuerzas.






