A saco paco
El fin de semana pasado me dediqué a ser una buena madre y una excelente ex esposa. Sabiendo que mi ex marido cumplía años, tenía a su novia lejos (mucho mejor para mí porque no la puedo ni ver), e iba a pasarlo solo, le invité a comer el domingo en casa, junto con una amiga de su país y de su misma ciudad que había estado compartiendo piso con él estos últimos tres meses (para cabreo de su novia), ya regresaba y quería despedirse de mí. Mis hijos encantados, claro, dijeron que por fin me iba a tomar la molestia de cocinar algo decente y que nos volveríamos a sentar en la mesa, dejando de comer comida pre-fabricada pre-cocinada mal sentados en el sofá. Así que me dediqué a “mis comiditas”.

El viernes, pero, un mensaje de P, el que está enriqueciendo a su compañía de telefonía móvil, y a la vez hace que yo haga lo mismo con la mía.
P: El lunes estoy ahí.
Silencio por respuesta.
P: ¿Trabajas por la tarde?
BdG: Si.
P: ¿Y en la hora de comer?
BdG: Sólo tengo una hora libre, y además tendría que desplazarme.
P: Da tiempo para todo. ¿Por la tarde, podrías estar a las 6? o si no, a las 5 y a las 6 fuera.
BdG: Yo no tengo ganas de ir con prisas. Tú siempre vas así, y no me interesa.
P: Llámale pasión.
BdG: Yo le llamo a saco paco.
Como siempre, los mensajes se fueron sucediendo.
BdG: Déjalo, luego resulta que lo acabas anulando y no vienes.
P: ¿Y si estoy?. Anda dime.
Será de tanto darle a la tecla que mi móvil no funciona demasiado bien, así que se me apaga y yo ni me doy cuenta. Mejor. Cuando lo encendí de nuevo el sábado por la mañana, había dos o tres mensajes más y dos llamadas perdidas. Estaban hechas de madrugada. Será que el chico no duerme.
Cuando conocí a P va a hacer ahora ya dos años, conectamos muy bien. Hablábamos por el Messenger, por teléfono y, ¿cómo no? vía sms, que viene siendo lo que más le gusta. Yo le había conocido a través de unas fotos suyas, que ahora él dice que son antiguas, y yo me decanto más por lo de que no es él. Apenas se le veía la cara, pero sí el cuerpo, y aunque no tenía nada de especial, aparte de tener un piercing allí donde más duele, a mí me gustó.
Después de muchas conversaciones, una vez decidimos encontrarnos a medio camino de nuestras respectivas ciudades. La noche anterior me lo anuló alegando que tenía trabajo, habían venido unos clientes a los que tenía que atender. Yo le creí (es la posición más fácil: creérselo todo), al fin y al cabo, ¿qué más me daba?. Si era cierto, bien, si no, también.
Después me alegré de que así hubiera sido pues me dijo que igualmente sólo hubiera estado unas horas. ¿Unas horas?, no me hago yo más de 500 km por unas horas. Ya se ha visto que no soy una romántica, y tampoco es que esperara una declaración de amor, pero una cena, unas copas... como mínimo. Pero él no, él lo que quería era ir a saco paco, aquí te pillo aquí te mato. Y eso es lo que le dije, que realmente para eso ya tenía un vibrador que me hacía las mismas funciones, y sin tener que moverme de casa.
A pesar de ello seguíamos hablando. Una noche me llamó de madrugada. Yo había quedado con un amigo en Zaragoza, y pensaba coger el tren por la mañana. La llamada me despertó, descolgué adormilada.
- Coge el coche y vete a Zaragoza, yo también salgo ahora.
- ¿A Zaragoza? –balbucée- no puedo.
- ¿Y por qué no puedes?.
- Pues porque mañana ya he quedado.
- Pues desqueda.
- Sí, claro, cuando a ti te vaya bien.
- Bueno, ¿y dónde has quedado?.
- En Zaragoza.
- ¿Cómo que en Zaragoza?.
Parecía un diálogo de besugos.
Lo que estaba claro es que no pensaba quedar con él, al menos no esa noche.
Así, continuando nuestras conversaciones a través de los tres medios que he dicho antes, pasó un año. Fue en Enero, más o menos, cuando me llamó una tarde. Eso ya lo conté en De rebajas (segunda oferta). Esa noche se presentó en casa, fue visto y no visto, ni siquiera un maldito beso. Sí, eso, que fue a saco paco. Desde ese momento decidí pasar de él.
Sus sms se hicieron cada vez más seguidos, pero yo no contestaba ni a la mitad de ellos, y si lo hacía era para darle negativas. Cuando me llamaba por teléfono, la cosa cambiaba, porque me dejaba envolver por la dulzura de su voz, aunque debo reconocer que tal vez era lo único que tenía dulce. Una vez colgaba, yo volvía a mi dureza anterior.
Así llegó Agosto, y fue cuando empezó a camelarme con sus sms y sus llamadas, hasta aquella noche en la que mi móvil no dejó de sonar con incesantes mensajes. Me decía que le diera una oportunidad para resarcir lo que había sucedido aquella noche, que partiéramos de cero. Quería que me acercara hasta Alicante donde él había ido por una comida familiar. Me negué. Más tarde me sugirió Castellón, a lo que tampoco acepté. Me dejé convencer para llegar hasta Tarragona. La historia ya la sabéis. Nos encontramos en un cruce de carreteras, bajamos de los respectivos autos, y me dio un fugaz beso en los labios.
- ¿Eso es lo que querías? –me dijo en clara referencia a los reclamos que le había hecho de la noche que estuvo en mi casa.
Durante todo el viaje me había estado acribillando con la idea de que buscara un hotel. En pleno mes de Agosto la cosa supongo que no estaba fácil. Digo supongo, porque, afortunadamente, no lo hice. Una vez nos adentramos caminando bosque adentro, me salió con que había empezado a salir con una chica y tenia “remordis”.
Aquel día, sin embargo, hablamos bastante, al menos la media hora que duró nuestro encuentro. Al contrario de la vez que estuvo en casa, lo miré con otros ojos. Me pareció un chico inteligente, a la vez que muy simpático y divertido. Es cierto que tenía unos kilos de más, pero ese día eso no me importaba nada.
- Muchas tapitas.... –le dije.
- ¡Qué cabrona eres! –él rió.
Cuando volvimos a subirnos a nuestros respectivos coches, el me abrazó, ni besos ni nada, sólo un abrazo.
- Si algún día paso por tu ciudad me gustará verte, aunque sea para tomarnos unos vinos –dijo.
Lo vi marcharse y me quedó una triste sensación.
Yo lo di por finiquitado, pero ahora parece ser que esa relación hizo aguas, así que sigue bombardeándome con sus interminables sms.
Lunes a las 6.30 de la madrugada. Un timbre. Alargo la mano, aunque no sé si es la puerta, el despertador, el teléfono fijo, el móvil… Miro la hora, sí, efectivamente, las 6.30. Definitivamente, este chico no duerme.
P: Voy para ahí. ¿Entonces….?
Una vez más me convence.
BdG: Podría intentar arreglar algo al mediodía.
P: Supongo que me llevarán a comer. Podría luego.
¿Cómoooo?, ¿ya empezamos con los cambios?. No contesto.
P: ¿Te apetece? ¿cómo te gustaría?.
Apagué el móvil. Hombre, que son las 6.30 de la mañana, aún me queda una hora y media para dormir y no me apetece entrar en la línea de los veintitantos mensajes para hablar de dónde, cuándo y, principalmente, cómo.
Después de la comida volvieron a repetirse los mensajes: ”¿a las cinco?” (…) “ponte enferma…” (…) “en una hora estoy libre” (…) “venga, vamos, que me apetece mucho”.
A ver, ¿por qué tengo que tomarme yo tantas molestias cuando él ha tenido oportunidades que no ha sabido aprovechar?. Sobre todo cuando estuvo todo un fin de semana en mi ciudad, y pasó un rato, para conocerme, dice; mucho no me conoció pues realmente fue a saco paco. Fue visto y no visto, porque ahora que lo pienso… después de dos años no sé ni como se llama, yo siempre le llamo P debido al piercing que llevaba en las fotos que yo tenía de él.
Alrededor de las cinco le mando yo un mensaje:
BdG: ¿Dónde estás ahora?.
A las siete me contesta:
P: Estoy en Madrid ya. No me digas que al final podías. Mira que yo he insistido.
En fin... sin palabras.

El viernes, pero, un mensaje de P, el que está enriqueciendo a su compañía de telefonía móvil, y a la vez hace que yo haga lo mismo con la mía.
P: El lunes estoy ahí.
Silencio por respuesta.
P: ¿Trabajas por la tarde?
BdG: Si.
P: ¿Y en la hora de comer?
BdG: Sólo tengo una hora libre, y además tendría que desplazarme.
P: Da tiempo para todo. ¿Por la tarde, podrías estar a las 6? o si no, a las 5 y a las 6 fuera.
BdG: Yo no tengo ganas de ir con prisas. Tú siempre vas así, y no me interesa.
P: Llámale pasión.
BdG: Yo le llamo a saco paco.
Como siempre, los mensajes se fueron sucediendo.
BdG: Déjalo, luego resulta que lo acabas anulando y no vienes.
P: ¿Y si estoy?. Anda dime.
Será de tanto darle a la tecla que mi móvil no funciona demasiado bien, así que se me apaga y yo ni me doy cuenta. Mejor. Cuando lo encendí de nuevo el sábado por la mañana, había dos o tres mensajes más y dos llamadas perdidas. Estaban hechas de madrugada. Será que el chico no duerme.
Cuando conocí a P va a hacer ahora ya dos años, conectamos muy bien. Hablábamos por el Messenger, por teléfono y, ¿cómo no? vía sms, que viene siendo lo que más le gusta. Yo le había conocido a través de unas fotos suyas, que ahora él dice que son antiguas, y yo me decanto más por lo de que no es él. Apenas se le veía la cara, pero sí el cuerpo, y aunque no tenía nada de especial, aparte de tener un piercing allí donde más duele, a mí me gustó.
Después de muchas conversaciones, una vez decidimos encontrarnos a medio camino de nuestras respectivas ciudades. La noche anterior me lo anuló alegando que tenía trabajo, habían venido unos clientes a los que tenía que atender. Yo le creí (es la posición más fácil: creérselo todo), al fin y al cabo, ¿qué más me daba?. Si era cierto, bien, si no, también.
Después me alegré de que así hubiera sido pues me dijo que igualmente sólo hubiera estado unas horas. ¿Unas horas?, no me hago yo más de 500 km por unas horas. Ya se ha visto que no soy una romántica, y tampoco es que esperara una declaración de amor, pero una cena, unas copas... como mínimo. Pero él no, él lo que quería era ir a saco paco, aquí te pillo aquí te mato. Y eso es lo que le dije, que realmente para eso ya tenía un vibrador que me hacía las mismas funciones, y sin tener que moverme de casa.
A pesar de ello seguíamos hablando. Una noche me llamó de madrugada. Yo había quedado con un amigo en Zaragoza, y pensaba coger el tren por la mañana. La llamada me despertó, descolgué adormilada.
- Coge el coche y vete a Zaragoza, yo también salgo ahora.
- ¿A Zaragoza? –balbucée- no puedo.
- ¿Y por qué no puedes?.
- Pues porque mañana ya he quedado.
- Pues desqueda.
- Sí, claro, cuando a ti te vaya bien.
- Bueno, ¿y dónde has quedado?.
- En Zaragoza.
- ¿Cómo que en Zaragoza?.
Parecía un diálogo de besugos.
Lo que estaba claro es que no pensaba quedar con él, al menos no esa noche.
Así, continuando nuestras conversaciones a través de los tres medios que he dicho antes, pasó un año. Fue en Enero, más o menos, cuando me llamó una tarde. Eso ya lo conté en De rebajas (segunda oferta). Esa noche se presentó en casa, fue visto y no visto, ni siquiera un maldito beso. Sí, eso, que fue a saco paco. Desde ese momento decidí pasar de él.
Sus sms se hicieron cada vez más seguidos, pero yo no contestaba ni a la mitad de ellos, y si lo hacía era para darle negativas. Cuando me llamaba por teléfono, la cosa cambiaba, porque me dejaba envolver por la dulzura de su voz, aunque debo reconocer que tal vez era lo único que tenía dulce. Una vez colgaba, yo volvía a mi dureza anterior.
Así llegó Agosto, y fue cuando empezó a camelarme con sus sms y sus llamadas, hasta aquella noche en la que mi móvil no dejó de sonar con incesantes mensajes. Me decía que le diera una oportunidad para resarcir lo que había sucedido aquella noche, que partiéramos de cero. Quería que me acercara hasta Alicante donde él había ido por una comida familiar. Me negué. Más tarde me sugirió Castellón, a lo que tampoco acepté. Me dejé convencer para llegar hasta Tarragona. La historia ya la sabéis. Nos encontramos en un cruce de carreteras, bajamos de los respectivos autos, y me dio un fugaz beso en los labios.
- ¿Eso es lo que querías? –me dijo en clara referencia a los reclamos que le había hecho de la noche que estuvo en mi casa.
Durante todo el viaje me había estado acribillando con la idea de que buscara un hotel. En pleno mes de Agosto la cosa supongo que no estaba fácil. Digo supongo, porque, afortunadamente, no lo hice. Una vez nos adentramos caminando bosque adentro, me salió con que había empezado a salir con una chica y tenia “remordis”.
Aquel día, sin embargo, hablamos bastante, al menos la media hora que duró nuestro encuentro. Al contrario de la vez que estuvo en casa, lo miré con otros ojos. Me pareció un chico inteligente, a la vez que muy simpático y divertido. Es cierto que tenía unos kilos de más, pero ese día eso no me importaba nada.
- Muchas tapitas.... –le dije.
- ¡Qué cabrona eres! –él rió.
Cuando volvimos a subirnos a nuestros respectivos coches, el me abrazó, ni besos ni nada, sólo un abrazo.
- Si algún día paso por tu ciudad me gustará verte, aunque sea para tomarnos unos vinos –dijo.
Lo vi marcharse y me quedó una triste sensación.
Yo lo di por finiquitado, pero ahora parece ser que esa relación hizo aguas, así que sigue bombardeándome con sus interminables sms.
Lunes a las 6.30 de la madrugada. Un timbre. Alargo la mano, aunque no sé si es la puerta, el despertador, el teléfono fijo, el móvil… Miro la hora, sí, efectivamente, las 6.30. Definitivamente, este chico no duerme.
P: Voy para ahí. ¿Entonces….?
Una vez más me convence.
BdG: Podría intentar arreglar algo al mediodía.
P: Supongo que me llevarán a comer. Podría luego.
¿Cómoooo?, ¿ya empezamos con los cambios?. No contesto.
P: ¿Te apetece? ¿cómo te gustaría?.
Apagué el móvil. Hombre, que son las 6.30 de la mañana, aún me queda una hora y media para dormir y no me apetece entrar en la línea de los veintitantos mensajes para hablar de dónde, cuándo y, principalmente, cómo.
Después de la comida volvieron a repetirse los mensajes: ”¿a las cinco?” (…) “ponte enferma…” (…) “en una hora estoy libre” (…) “venga, vamos, que me apetece mucho”.
A ver, ¿por qué tengo que tomarme yo tantas molestias cuando él ha tenido oportunidades que no ha sabido aprovechar?. Sobre todo cuando estuvo todo un fin de semana en mi ciudad, y pasó un rato, para conocerme, dice; mucho no me conoció pues realmente fue a saco paco. Fue visto y no visto, porque ahora que lo pienso… después de dos años no sé ni como se llama, yo siempre le llamo P debido al piercing que llevaba en las fotos que yo tenía de él.
Alrededor de las cinco le mando yo un mensaje:
BdG: ¿Dónde estás ahora?.
A las siete me contesta:
P: Estoy en Madrid ya. No me digas que al final podías. Mira que yo he insistido.
En fin... sin palabras.
Comentario:
Ay jo... vaya con el pesadito.Encima caro, pq con tanto mensaje ya habrán sacado un modelo de móvil con vuestros nombres no?
Saludos desde el Inframundo.
Saludos desde el Inframundo.
Comentario:
jo, mucha suerte en tus avatares
un beso
un beso
Comentario:
Vaya capacidad de aguante...No creo que nadie se merezca soportar a un plasta así, eso sí que es una pena capital. En fin, posiblemente este nota siga intentando erodar tu resistencia. Aunque sé que te defiendes bien...
Comentario:
yo pasaría de él, me parece un chulo.. Yo he tenido varios así, y ya he pasado pq estaba hasta las narices. beoss
Comentario:
¿Seguro que no se ha escapado de un sainete?
Por dios, cuidate de estos mamonazos, hoy ya no me he resistido...
Por dios, cuidate de estos mamonazos, hoy ya no me he resistido...
Comentario:
Ay dios!!! pero cuantos tipos asi hay??? porque yo me he encontrado unos cuantos, y doy por sentado que no son los mismos que los tuyos, claro que si este es de Madrid... y el mundo es un pañuelo (lleno de mocos...) este es un moco , fijo, jajaja.
1beso
1beso
Comentario:
Madre mÃa. A éso se le llama pasión, por tÃ.
¿Qué tendrás para haberle vuelto tan loco?
En fin, está visto que quien la sigue la consigue.
Saludos desde la Fortaleza
¿Qué tendrás para haberle vuelto tan loco?
En fin, está visto que quien la sigue la consigue.
Saludos desde la Fortaleza
Comentario:
Que le dennnnnnn!!! Dios mío qué hombre más plasta!!! Cuanto más dices de él peor me cae... no te merece!
Comentario:
uy uy uy...ya me has dado qué pensar...
¿me estaré equivocando?
Un besazo!
¿me estaré equivocando?
Un besazo!





