¡Al ladrón!
El jueves pasado robaron de mi oficina, más exactamente, en mi despacho, y ya por aquello de precisar más, en mi cajón.
Mi jefa tenía que salir de viaje ayer sábado, y el jueves, después de que yo regresara de comer, B me entregó un sobre con un recibo.
- Aquí tienes 2.000, se lo das a tu jefa y que lo firme.
Yo lo cogí, y directamente lo puse en mi cajón, por no dejarlo por encima de la mesa allí pululando, aunque por la tarde apenas trabaja nadie.
Había sido un día movido, pues corrían rumores de que la iban a despedir, a mi jefa, claro, y tampoco se sabía si habría viaje o no (bueno, si la despedían estaba claro que no). La Subdirectora y yo nos quedamos en el despacho para esperar noticias. Cuando ella llegó, se acomodó en el sofá que hay frente a mi mesa, y donde ya estaba sentada la Subdirectora.
- Bueno, no hay viaje –fue lo primero que dijo.
Nos quedamos en silencio y nadie se atrevía a decir nada hasta que sonó el teléfono. Era una llamada para ella para saber si eran ciertos los rumores que ya empezaban a correr respecto a su despido. Ella la atendió, y cuando se volvió a sentar tenía los ojos humedecidos.
- Es que me queda tanto por hacer...
Entonces estalló en llanto, la Subdirectora la acompañó en las lágrimas, y yo me sentía fatal, porque aunque no era la jefa ideal, ahora me sabía mal esa situación, y más que hubiera sido de un día para otro, ya que el día anterior todo eran bromas sobre el viaje que las dos tenían que hacer.
Al poco rato llegaron un par de personas más que también se sentaron en el sofá, aquello parecía más un velatorio que nada, todos con su Kleenex en la mano. Yo, mientras tanto, anulé el viaje con la Agencia, y dejé un correo a la persona que tenía que ponerse en contacto con los miembros de la Embajada que la tenían que recibir en el país. Pedí para salir antes y me fui a casa, sabiendo que el día siguiente aún sería más movido. Para nada volví a acordarme del dinero que estaba en mi cajón. Nunca cierro el cajón de mi mesa pues no guardo nada de valor en él, así que apagué el ordenador y me marché.
Al día siguiente igual, la mañana fue desastrosa, todo eran reuniones para acabar de perfilar las “últimas voluntades”, llamadas de gente interesada en saber si era cierto, incluso hubo un par preguntándose por mi futuro, ya que un nuevo Director podía venir con secretaria acoplada, aunque por el momento no era mi mayor preocupación. El cajón no lo abrí en toda la mañana, ni B me lo reclamó para nada, aunque supiera que el viaje había sido anulado. Fue cuando fui a coger un lápiz que lo ví allí dentro: el recibo con su sobre. Lo cogí y se lo iba a alcanzar a la Subdirectora que en ese momento pasaba por mi despacho, y cuando estaba diciendo:
- Toma, devuelve esto antes de que se pierda...
Noté que el sobre no pesaba nada, lo puse a contraluz y.... ¡estaba vacío!. Me puse lívida de golpe.
- Nos han robado los 2.000 dólares.
- Será una broma.
- No, no es una broma, nos han robado los 2.000 dólares.
Yo quería morirme, ¿cómo podía haber sido tan descuidada?, claro que con todo el movimiento de la tarde anterior, ¿quién había pensado en ese sobre?.
Ella corrió hacia B.
- Han robado los dólares.
- ¿Qué dólares? –dijo ella olvidándose también.
- Los que eran para gastos del viaje.
- Eran euros.
Por un momento pensé que esa podía ser mi coartada, yo era la última persona que los había visto “con vida”, aunque realmente ni lo había abierto, y desde el primer momento estuve hablando de dólares cuando, en realidad, eran euros lo que había dentro. A parte de lo mal que me sentía por haber dejado tanto dinero en un cajón, me preocupaba que alguien pensara que podía haber sido yo quien lo hubiera cogido.
Llamaron a la Policía. Nos dijeron que teníamos que ir a la comisaría a presentar la denuncia. B y yo nos metimos en un taxi, y le indicamos la dirección. A los pocos minutos le sonó el móvil.
- Cambio de planes, hay que ir a otra comisaría, pues ha sido un robo sin forcejeo.
El taxista dio media vuelta y se metió por el túnel, cuando volvió a sonar el móvil.
- Nos dicen que regresemos, la Policía vendrá al despacho.
- Volvamos a donde nos ha recogido –le dije al taxista.
- ¿No os estarán persiguiendo, verdad? –dijo sorprendido-, porque una vez me pasó algo parecido y es que al hombre le perseguía la Policía.
- No, jaja, nosotras, somos las que íbamos a la Policía.
- ¿No será una cámara oculta? –dijo ya preocupado.
Cuando ya se quedó más tranquilo nos dejó en la puerta añadiendo: Otro día podemos repetirlo, pero nos podemos parar a desayunar. ¡Vaya, encima, ligábamos!. Corrimos al despacho y enseguida llegaron dos Policías.
- Si no ha habido forcejeo no se puede hacer nada –dijeron.
- Hombre, el clip del sobre ha sido tocado para sacar el dinero y dejarlo todo igual, allí debe haber huellas, aparte de las de B y las mías.
- Veis muchas películas, aquí la científica no vendrá, aunque hayan sido 2.000 euros, o incluso si hubieran sido más.
- Así no nos vais a traer a Grishom ni a Warrick? –soltó B.
- Habría que cotejar las huellas con todo el personal, y eso no es posible. Tendréis que ir a presentar la denuncia en la comisaría.
¿Otra vez?, B y yo nos miramos.
- Y os advertimos que hay una media de dos horas de espera.
Otra vez otro taxi.
- Ya no son 2.000 euros perdidos, son 2.020 dijo B.
- Sí, con tanto paseo, y un viernes por la tarde (mi única tarde libre)...
Al llegar allí, lo mismo: que debíamos esperar. Les avisamos que los Policías nos habían dicho que se adelantaban a nosotros para informar de que nos colaran, pero allí no había llegado nadie.
- Tendréis que esperar 2 horas.
¿Cómo era posible?, no había casi nadie en la sala de espera. ¿Cómo se tenía que esperar tanto tiempo para presentar una simple denuncia?. Ya nos íbamos, para regresar el lunes, cuando entraron los dos Policías.
- A esas las dejáis pasar ahora.
¿Esas?.
Nos sentamos delante de una Policía. El texto de la denuncia era: “Se ha sustraido la cantidad de 2.000 euros de un sobre (yo me hubiera llevado el sobre, más cómodo, ¿no? eso no lo decía) que estaba en un cajón. Se desconoce al autor de los hechos”.
Antes de imprimir este texto, pulso el clic del mousse unas 50 veces y pasó como 10 pantallas. Cuando se levantó a recogerlo, B y yo nos miramos, y riendo, al unísono, dijimos:
- ¡Claro que se tarda tanto en presentar una denuncia!.
Cuando llegué a casa me encontré al técnico que venía a repararme la secadora. Después de casi media hora me dijo que no tenía más remedio que cambiar una pieza que me iba a costar 200 euros.
- Déjelo, ya me lo pensaré (¡pero si yo no tengo ni un duro!).
Aún así tuve que pagarle el desplazamiento y el tiempo que perdió. Le dí 30 euros de los 90 que tenía reservados para el dentista de mi hijo.
Pensando en cómo podría hacer para reunir de nuevo esos 30, me fui hasta casa, lamentando que, encima, tuviera que resultar sospechosa.
Mi jefa tenía que salir de viaje ayer sábado, y el jueves, después de que yo regresara de comer, B me entregó un sobre con un recibo.- Aquí tienes 2.000, se lo das a tu jefa y que lo firme.
Yo lo cogí, y directamente lo puse en mi cajón, por no dejarlo por encima de la mesa allí pululando, aunque por la tarde apenas trabaja nadie.
Había sido un día movido, pues corrían rumores de que la iban a despedir, a mi jefa, claro, y tampoco se sabía si habría viaje o no (bueno, si la despedían estaba claro que no). La Subdirectora y yo nos quedamos en el despacho para esperar noticias. Cuando ella llegó, se acomodó en el sofá que hay frente a mi mesa, y donde ya estaba sentada la Subdirectora.
- Bueno, no hay viaje –fue lo primero que dijo.
Nos quedamos en silencio y nadie se atrevía a decir nada hasta que sonó el teléfono. Era una llamada para ella para saber si eran ciertos los rumores que ya empezaban a correr respecto a su despido. Ella la atendió, y cuando se volvió a sentar tenía los ojos humedecidos.
- Es que me queda tanto por hacer...
Entonces estalló en llanto, la Subdirectora la acompañó en las lágrimas, y yo me sentía fatal, porque aunque no era la jefa ideal, ahora me sabía mal esa situación, y más que hubiera sido de un día para otro, ya que el día anterior todo eran bromas sobre el viaje que las dos tenían que hacer.
Al poco rato llegaron un par de personas más que también se sentaron en el sofá, aquello parecía más un velatorio que nada, todos con su Kleenex en la mano. Yo, mientras tanto, anulé el viaje con la Agencia, y dejé un correo a la persona que tenía que ponerse en contacto con los miembros de la Embajada que la tenían que recibir en el país. Pedí para salir antes y me fui a casa, sabiendo que el día siguiente aún sería más movido. Para nada volví a acordarme del dinero que estaba en mi cajón. Nunca cierro el cajón de mi mesa pues no guardo nada de valor en él, así que apagué el ordenador y me marché.
Al día siguiente igual, la mañana fue desastrosa, todo eran reuniones para acabar de perfilar las “últimas voluntades”, llamadas de gente interesada en saber si era cierto, incluso hubo un par preguntándose por mi futuro, ya que un nuevo Director podía venir con secretaria acoplada, aunque por el momento no era mi mayor preocupación. El cajón no lo abrí en toda la mañana, ni B me lo reclamó para nada, aunque supiera que el viaje había sido anulado. Fue cuando fui a coger un lápiz que lo ví allí dentro: el recibo con su sobre. Lo cogí y se lo iba a alcanzar a la Subdirectora que en ese momento pasaba por mi despacho, y cuando estaba diciendo:
- Toma, devuelve esto antes de que se pierda...
Noté que el sobre no pesaba nada, lo puse a contraluz y.... ¡estaba vacío!. Me puse lívida de golpe.
- Nos han robado los 2.000 dólares.
- Será una broma.
- No, no es una broma, nos han robado los 2.000 dólares.
Yo quería morirme, ¿cómo podía haber sido tan descuidada?, claro que con todo el movimiento de la tarde anterior, ¿quién había pensado en ese sobre?.
Ella corrió hacia B.
- Han robado los dólares.
- ¿Qué dólares? –dijo ella olvidándose también.
- Los que eran para gastos del viaje.
- Eran euros.
Por un momento pensé que esa podía ser mi coartada, yo era la última persona que los había visto “con vida”, aunque realmente ni lo había abierto, y desde el primer momento estuve hablando de dólares cuando, en realidad, eran euros lo que había dentro. A parte de lo mal que me sentía por haber dejado tanto dinero en un cajón, me preocupaba que alguien pensara que podía haber sido yo quien lo hubiera cogido.
Llamaron a la Policía. Nos dijeron que teníamos que ir a la comisaría a presentar la denuncia. B y yo nos metimos en un taxi, y le indicamos la dirección. A los pocos minutos le sonó el móvil.
- Cambio de planes, hay que ir a otra comisaría, pues ha sido un robo sin forcejeo.
El taxista dio media vuelta y se metió por el túnel, cuando volvió a sonar el móvil.
- Nos dicen que regresemos, la Policía vendrá al despacho.
- Volvamos a donde nos ha recogido –le dije al taxista.
- ¿No os estarán persiguiendo, verdad? –dijo sorprendido-, porque una vez me pasó algo parecido y es que al hombre le perseguía la Policía.
- No, jaja, nosotras, somos las que íbamos a la Policía.
- ¿No será una cámara oculta? –dijo ya preocupado.
Cuando ya se quedó más tranquilo nos dejó en la puerta añadiendo: Otro día podemos repetirlo, pero nos podemos parar a desayunar. ¡Vaya, encima, ligábamos!. Corrimos al despacho y enseguida llegaron dos Policías.
- Si no ha habido forcejeo no se puede hacer nada –dijeron.
- Hombre, el clip del sobre ha sido tocado para sacar el dinero y dejarlo todo igual, allí debe haber huellas, aparte de las de B y las mías.
- Veis muchas películas, aquí la científica no vendrá, aunque hayan sido 2.000 euros, o incluso si hubieran sido más.
- Así no nos vais a traer a Grishom ni a Warrick? –soltó B.
- Habría que cotejar las huellas con todo el personal, y eso no es posible. Tendréis que ir a presentar la denuncia en la comisaría.
¿Otra vez?, B y yo nos miramos.
- Y os advertimos que hay una media de dos horas de espera.
Otra vez otro taxi.
- Ya no son 2.000 euros perdidos, son 2.020 dijo B.
- Sí, con tanto paseo, y un viernes por la tarde (mi única tarde libre)...
Al llegar allí, lo mismo: que debíamos esperar. Les avisamos que los Policías nos habían dicho que se adelantaban a nosotros para informar de que nos colaran, pero allí no había llegado nadie.
- Tendréis que esperar 2 horas.
¿Cómo era posible?, no había casi nadie en la sala de espera. ¿Cómo se tenía que esperar tanto tiempo para presentar una simple denuncia?. Ya nos íbamos, para regresar el lunes, cuando entraron los dos Policías.
- A esas las dejáis pasar ahora.
¿Esas?.
Nos sentamos delante de una Policía. El texto de la denuncia era: “Se ha sustraido la cantidad de 2.000 euros de un sobre (yo me hubiera llevado el sobre, más cómodo, ¿no? eso no lo decía) que estaba en un cajón. Se desconoce al autor de los hechos”.
Antes de imprimir este texto, pulso el clic del mousse unas 50 veces y pasó como 10 pantallas. Cuando se levantó a recogerlo, B y yo nos miramos, y riendo, al unísono, dijimos:
- ¡Claro que se tarda tanto en presentar una denuncia!.
Cuando llegué a casa me encontré al técnico que venía a repararme la secadora. Después de casi media hora me dijo que no tenía más remedio que cambiar una pieza que me iba a costar 200 euros.
- Déjelo, ya me lo pensaré (¡pero si yo no tengo ni un duro!).
Aún así tuve que pagarle el desplazamiento y el tiempo que perdió. Le dí 30 euros de los 90 que tenía reservados para el dentista de mi hijo.
Pensando en cómo podría hacer para reunir de nuevo esos 30, me fui hasta casa, lamentando que, encima, tuviera que resultar sospechosa.
Comentario:
Si al menos hubieras sido tú tendrías para la secadora y para el dentista de tu hijo. Q mala suerte!!!
Saludos desde el Inframundo.
Saludos desde el Inframundo.
Comentario:
y q pasó?? se ha solucionado?? has tenido problemas?? me dejas con un montón de intriga.. suerte.. besos
Comentario:
brrrr
Comentario:
Muy bueno el truco de decir dólares en vez de euros. Cuando quedamos ?, quiero mi 25% del botín o me chivo.
Comentario:
Yo tampoco he sido...
Besos
Besos
Comentario:
Joder, qué aventurita!!!!
El deinero es muy gfoloso hija, que vamos a hacerle, pero hay gente que se pasa de rosca un poco.
El deinero es muy gfoloso hija, que vamos a hacerle, pero hay gente que se pasa de rosca un poco.
Comentario:
En mi oficina también robaron hace años y pase por el mismo calvario de denuncias pero acompañada por todo el edificio, puesto que los cacos se habían descolgado con cuerdas desde la terraza y se pasearon por todas las oficinas. Fue verdaderamente molesto sobre todo porque para llevarse 3.000 pesetas pusieron el despacho patas arriba.
Besos
Besos
Comentario:
Pio, pio que yo no he sido!!
:-P
2000besos
:-P
2000besos
Comentario:
Ayyy...las sufridoras secretarias!!! Nada más terminar de leerte he cerrado con llaves mi primer cajón donde tengo el dinero en efectivo de las gestiones que he de ir haciendo en mi oficina, te confieso que yo tampoco lo cierro, confío en la gente que trabaja conmigo, pero mira...me ha entrado el "yuyu" en el cuerpo y he pensado que tal vez el post de hoy, sea una advertencia. Besos robados!!!
Comentario:
A mi me pasó algo similar en mi empleo hace dos meses... era menos dinero, y aún así nos interrogaron minusiosamente a los empleados presentes. Para mi desgracia mi jefe andaba de vacaciones y yo estaba encargada de mi área, pero gracias a Dios todo salió bien, porque la verdad nunca dejó de acompañarme. Todo saldrá bien, ya verás!
Muas.
Muas.
Comentario:
Qué mal... 2000€ son más que dólares... qué horror!
Y pobre tu jefa, ¿no?
Besos
Y pobre tu jefa, ¿no?
Besos
Comentario:
¡Vaya susto debiste pasar!, yo me hubiera muerto al descubrirlo. Espero que no tenga malas consecuencias para tí y todo se solucione lo mejor posible.
Besos
Besos





