El baboso

Su aspecto me parecía repugnante. Siempre repeinado, sus dientes oscurecidos por el tabaco, su ropa del año de la Maricastaña (encima presumía de que gastaba poco en ropa, jooo, ¡no tenía que jurarlo!), y encima olía a meado de gato –y de eso yo sé un rato– aunque luego resultó ser su colonia.
El típico que cuando ibas un poco mona, con falda y demás, te hacía entrar en el despacho para “dictarte”; sólo le venía la inspiración del dictado en esos días. Una vez, se me queda mirando y me suelta:
- Cuando veo a alguna con el pelo rojo como tú, luego le veo el “otro” pelo, y me decepciono ...
Y yo que me le quedo mirando arqueando la ceja, y pensando: ¿y cuándo vas a ver tu “otro” pelo si no es el de tu mujer?, desgraciaooo !!!.
Cuando se marchó del trabajo, se hizo una cena de despedida. Él me esperaba en la puerta con un ramo de rosas -¡qué bochorno para mí!- luego se sentó a mi lado y no dejaba de meter su mano sobre mi pierna. Lo malo es que nunca hacía nada exagerado como para que yo pudiera llamarle la atención. Se acercó a mi oído y me susurró:
- Ahora que no voy a ser tu jefe, si no quieres algo conmigo tendrás que decírmelo a la cara.
- Pues mira, creo yo que va a ser que no.
El indeciso

Ya he hablado de él en otro post. Se puede decir que no era mi tipo, y si me fijé en él fue por el morbo que me daba que el se hubiera fijado en mí.
Vivía fuera de mi ciudad, así que cuando tenía que quedarse a algún acto por la noche, se quedaba en un hotel cerca de la oficina. Una noche tenía una reunión muy importante que terminaba con una cena.
- Me pasaré a tomar el café (a solas) –le dije en broma.
- A ver si es verdad (y nos sacamos esa espinita que ya más que espinita parece una estaca).
A la hora que me pareció más oportuna, le mandé un sms: “¿Y ese café?”.
No recibí respuesta. Más adelante supe que aún estaba en la reunión con el Ministro. Ya me imagino su cara al ver que le vibraba el móvil en medio de la reunión y leer mi mensaje.
Nunca tuvimos nada más que besitos, arrumacos y un poco mete-mano en el despacho, pero cuando era la hora de la verdad, siempre se echaba atrás. Creo que su imaginación volaba más que su determinación.
Cuando marché de allí se me preparó una cena de despedida. El y yo nos sentamos algo separados, pero mi amiga, que es como una arpía (de las que a mí me gustan) me decía que no hacia otra cosa que mirar. Al salir, nosotras nos fuimos a la discoteca y él se fue directamente al hotel. Al poco rato, un mensaje en el móvil: “¿Y ese café?”.
El engreído

Antipático, cretino, egoísta, ególatra, falso, fatuo, interesado, mentiroso, petulante, presumido, presuntuoso, vanidoso .... y encima FEO y MAL HECHO !!!!!!!!.
La loba con piel de cordero
Ahora tengo a una mujer como jefa, así me ahorro los problemillas anteriores –por suerte, porque encima no me gusta, jeje-. Pero.... ¡qué malas pueden ser algunas mujeres!, ésta es de las que piensa que “EL JEFE SIEMPRE TIENE RAZÓN”, en este caso, “LA JEFA”. Parece una pava, superpava, pero a la que te das la vuelta, te ha destripado hasta el fondo sin dejarte una víscera dentro.
En fin, que la vida de la secretaria es muuuuuuuuuy dura. Ya lo decía Mocedades en mi juventud: “Secretaria, secretariaaaaaa, la que siempre sufre y callaaaaa....” jaja.
Hay de todo, como en Botica.
Saludos desde el Inframundo.
Besitos.

Un besote de secre a secre!!!!
kisses!
Lo dicho, espero que en los siguientes posts nos digas que hay un tío bueno en la oficina ;)
Besos y espero que encuentres a mejores jefes porque... ¡vaya tela!





