Recuerdos de un amor

Dicen que tener un perro ayuda a vivir de forma más relajada; el hecho de preocuparse del cuidado de un perro, pasear con él, y acariciarlo, ayuda a relajarse. Tanto, que es posible que el ritmo cardíaco descienda, baje la presión arterial y se reduzca la sensación de estrés. También me dijeron que me sería fácil encontrar novio; siempre hay chicos con perro que se detienen ante una chica con perro. Y sí, parece que fue verdad, pues acabé casándome con el veterinario.
Betty era un encanto, todo el mundo quedaba prendado de ella, y ella que lo sabía, se te quedaba mirando con sus grandes ojos negros igual que hace el gato de Shrek. Mi madre nunca quiso tener perro, así que tuve que esperar a independizarme para poder tener uno. Todos los domingos iba a comer a su casa, y el primer día que aparecí con Betty caminando detrás de mí, con su cuerpo regordete y sus pelos al aire, quedó también enamorada de ella. Cuando íbamos en el coche, sacaba la cabeza por la ventanilla, con su melena al viento –la llamábamos Betty surfista– y le encantaba que la miraran desde los otros coches mientras ella iba altanera apoyada en el cristal.
Fue celosa de mi relación con su veterinario, y cada vez que nos sentábamos en el sofá y él se acercaba a besarme, ella saltaba entre nosotros dos y nos iba mirando como diciendo “¿y a mí?, ¿nadie me hace caso?”.
Cariñosamente la llamábamos “tontilla”, pero no de tonta no tenía un pelo (y de pelos tenía muchos). Una vez se cayó del sofá torciéndose la pata, así que tuvo mimos y cuidados durante un buen tiempo. Desde entonces, cuando la regañábamos por algo, nos miraba con cara de pena y empezaba a cojear por todo el salón.
Estaba siempre tan regordeta que tuvimos que ponerla a dieta para que pudiera pasar por la gatera que le habíamos instalado en la puerta del salón para que pudiera correr a sus anchas por el patio. En verano se tumbaba rozando su barriga sobre el suelo y las cuatro patas extendidas como si de una alfombra se tratara.
Ahora era todo piel y huesos, al acariciarla se te quedaban sus cabellos lacios entre los dedos, apenas veía y hacía bastante que no tenía un solo diente. Padecía de artritis y no podía subirse al sofá para dar y recibir caricias. Hace ya un tiempo que su veterinario y yo nos habíamos separado, pero aún cuando lo veía, lo recibía entre efusiones y saltitos.
Hoy ha aparecido muerta en el salón. Confieso que no me ha sorprendido demasiado pues últimamente la veía desganada –a ella que le encantaba hurgar entre la basura para comer cualquier cosa–, esta mañana apenas podía caminar y la he tenido que acompañar hasta su colchón. Los niños me han llamado a la oficina en cuanto han llegado del colegio, la llamaban y ella no levantaba su cabecita –ni que fuera con dificultad como hacía últimamente–. Su padre ha venido a recogerla, yo la había envuelto en una toalla, he notado su cuerpo rígido y pesado –tan leve esta mañana–; y al verlo cruzar la puerta con ella en brazos me han entrado unas irresistibles ganas de llorar. El ha susurrado: "Pobre Betty, ¡qué recuerdos!
Comentario:
Pobre Betty. Supongo q el hecho de q yo ahora venga a recordártelo no es plato de gusto, así q sólo dejaré esto.
Saludos desde el Inframundo.
Saludos desde el Inframundo.
Comentario:
A mi no me gustan los perros, pero oyendote hablar de tu Betty me imagino cuanto se llega a quererlos y la compañia que hacen, lo siento...
kisses!
kisses!
Comentario:
Como dice una de mis canciones favoritas de Bebe..."el aire se respira, huele a tierra mojada, mi perro duerme a mi pies, el cuida de mi hogar, el tiempo se para aquí...". Toda mi vida he querio perro y como tú no puede hasta independizarme, ahora son parte de mi vida y sabes?? antepongo su compañía muchas veces a la de las personas. Todo mi ánimo aunque sé que en este momento...sólo sientes su vacío. Un beso lleno de comprensión!
Comentario:
La quietud sujetó con recia mano
al pobre perro inquieto,
y para siempre
fiel se acostó en su madre
piadosa tierra.
Sus ojos mansos
no clavará en los míos
con la tristeza de faltarle el habla;
no lamerá mi mano
ni en mi regazo su cabeza fina
reposará.
Y ahora ¿en qué sueñas?
¿ Dónde se fue tu espíritu bestia,
y encima de los cielos
te pasees brincando al lado mío?
¡ El otro mundo !
¡ Otro... otro y no éste !
Un mundo sin el perro,
sin las montañas blandas,
sin los serenos ríos
a que flanqueen los serenos árboles,
sin pájaros ni flores,
sin perros, sin caballos,
sin bueyes que aran...
¡ El otro mundo !
¡ Mundo de los espíritus !
Pero ¿ allí no tendremos
en torno de nuestra alma
las almas de las cosas de que vive,
el alma de los campos,
las almas de las rocas,
las almas de los árboles y ríos,
las de las bestias ?
Allá, en el otro mundo,
tu alma, pobre perro,
¿no habrá de recostar en mi regazo
espiritual su espiritual cabeza ?
La lengua de tu alma, pobre amigo,
¿ no lamerá la mano de mi alma ?
¡ El otro mundo... !
¡ Otro... y no éste !
Oh, ya no volverás, mi pobre perro,
a sumergir tus ojos
en los ojos que fueron tu mandato;
ve, la tierra arranca
de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria.
Pero él, tu triste amo,
¿ te tendrá en la otra vida ?
¡ El otro mundo... !
¡ El otro mundo es el del puro espíritu !
¡ Del espíritu puro !
¡ Oh terrible pureza,
inanidad, vacío !
¿ No volveré a encontrarte, manso amigo ?
¿ Serás allí un recuerdo,
recuerdo puro ?
Y este recuerdo.
¿ no correrá a mis ojos ?
¿ No saltará blandiendo en alegría,
ehhiesto el rabo ?
¿ No lamerá la mano de mi espíritu ?
¿ No mirará a mis ojos ?
Ese recuerdo,
¿ no serás tú, tú mismo,
dueño de ti, viviendo vida eterna ?
Tus sueños, ¿qué se hicieron ?
¿ Qué la piedad con que leal seguiste
de mi voz el mandato ?
Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;
a Dios en mí soñaste;
mis ojos fueron para ti ventana
del otro mundo.
Si supieras, mi perro,
qué triste está tu dios porque te has muerto.
¡ También tu dios se morirá algún día !
Moriste con tus ojos
en mis ojos clavados,
tal vez buscando en estos el misterio
que te envolvía.
Y tus pupilas tristes
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
‘¿ A dónde vamos, mi amo ?
¿ A dónde vamos ?’
El vivir con el hombre, pobre bestia,
te ha dado acaso un anhelar oscuro
que el lobo no conoce;
tal vez cuando acostabas la cabeza
en mi regazo
¡ vagamente soñabas en ser hombre
después de muerto !
¡ Ser hombre, pobre bestia !
Mira, mi pobre amigo,
mi fiel creyente;
al ver morir tus ojos que me miran,
al ver cristalizarse tu mirada,
antes fluida,
yo también te pregunto: ‘¿ A dónde vamos ?’
¡ Ser hombre, pobre perro !
¡ Mira, tu hermano,
es ese otro pobre perro,
junto a la tumba de su dios tendido,
aullando a los cielos,
llama a la muerte !
Tú has muerto en mansedumbre,
tú con dulzura,
entregándote a mí en la suprema
sumisión de la vida;
pero él, el que gime
junto a la tumba de su dios, de su amo
ni morir sabe.
Tú al morir presentías vagamente
vivir en mi memoria,
no morirte del todo,
pero tu pobre hermano
se ve ya muerto en vida,
se ve perdido
y aúlla al cielo suplicando muerte.
Descansa en paz, mi pobre compañero,
descansa en paz; más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.
Los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos,
que les miró a los ojos,
y al mirarlos así les preguntaba:
‘¿ A dónde vamos ?’
al pobre perro inquieto,
y para siempre
fiel se acostó en su madre
piadosa tierra.
Sus ojos mansos
no clavará en los míos
con la tristeza de faltarle el habla;
no lamerá mi mano
ni en mi regazo su cabeza fina
reposará.
Y ahora ¿en qué sueñas?
¿ Dónde se fue tu espíritu bestia,
y encima de los cielos
te pasees brincando al lado mío?
¡ El otro mundo !
¡ Otro... otro y no éste !
Un mundo sin el perro,
sin las montañas blandas,
sin los serenos ríos
a que flanqueen los serenos árboles,
sin pájaros ni flores,
sin perros, sin caballos,
sin bueyes que aran...
¡ El otro mundo !
¡ Mundo de los espíritus !
Pero ¿ allí no tendremos
en torno de nuestra alma
las almas de las cosas de que vive,
el alma de los campos,
las almas de las rocas,
las almas de los árboles y ríos,
las de las bestias ?
Allá, en el otro mundo,
tu alma, pobre perro,
¿no habrá de recostar en mi regazo
espiritual su espiritual cabeza ?
La lengua de tu alma, pobre amigo,
¿ no lamerá la mano de mi alma ?
¡ El otro mundo... !
¡ Otro... y no éste !
Oh, ya no volverás, mi pobre perro,
a sumergir tus ojos
en los ojos que fueron tu mandato;
ve, la tierra arranca
de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria.
Pero él, tu triste amo,
¿ te tendrá en la otra vida ?
¡ El otro mundo... !
¡ El otro mundo es el del puro espíritu !
¡ Del espíritu puro !
¡ Oh terrible pureza,
inanidad, vacío !
¿ No volveré a encontrarte, manso amigo ?
¿ Serás allí un recuerdo,
recuerdo puro ?
Y este recuerdo.
¿ no correrá a mis ojos ?
¿ No saltará blandiendo en alegría,
ehhiesto el rabo ?
¿ No lamerá la mano de mi espíritu ?
¿ No mirará a mis ojos ?
Ese recuerdo,
¿ no serás tú, tú mismo,
dueño de ti, viviendo vida eterna ?
Tus sueños, ¿qué se hicieron ?
¿ Qué la piedad con que leal seguiste
de mi voz el mandato ?
Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;
a Dios en mí soñaste;
mis ojos fueron para ti ventana
del otro mundo.
Si supieras, mi perro,
qué triste está tu dios porque te has muerto.
¡ También tu dios se morirá algún día !
Moriste con tus ojos
en mis ojos clavados,
tal vez buscando en estos el misterio
que te envolvía.
Y tus pupilas tristes
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
‘¿ A dónde vamos, mi amo ?
¿ A dónde vamos ?’
El vivir con el hombre, pobre bestia,
te ha dado acaso un anhelar oscuro
que el lobo no conoce;
tal vez cuando acostabas la cabeza
en mi regazo
¡ vagamente soñabas en ser hombre
después de muerto !
¡ Ser hombre, pobre bestia !
Mira, mi pobre amigo,
mi fiel creyente;
al ver morir tus ojos que me miran,
al ver cristalizarse tu mirada,
antes fluida,
yo también te pregunto: ‘¿ A dónde vamos ?’
¡ Ser hombre, pobre perro !
¡ Mira, tu hermano,
es ese otro pobre perro,
junto a la tumba de su dios tendido,
aullando a los cielos,
llama a la muerte !
Tú has muerto en mansedumbre,
tú con dulzura,
entregándote a mí en la suprema
sumisión de la vida;
pero él, el que gime
junto a la tumba de su dios, de su amo
ni morir sabe.
Tú al morir presentías vagamente
vivir en mi memoria,
no morirte del todo,
pero tu pobre hermano
se ve ya muerto en vida,
se ve perdido
y aúlla al cielo suplicando muerte.
Descansa en paz, mi pobre compañero,
descansa en paz; más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.
Los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos,
que les miró a los ojos,
y al mirarlos así les preguntaba:
‘¿ A dónde vamos ?’
Comentario:
Lo siento mucho.. yo tengo dos perros y una anda pachucha y sé q se pasa muy mal.. Solo puedo darte ánimos y besos
Comentario:
Poco se puede decir para levantar el ánimo en este momento, pero ten la certeza y el consuelo de que ahora está en un lugar mejor.
A nosotros nos han traido hoy sus cenizas y esta semana le diremos el último adios, pero recordandole con cariño, pues fueron muchos los momentos buenos que compartimos.
Un beso y un abrazo enorme, lo siento de corazón.
A nosotros nos han traido hoy sus cenizas y esta semana le diremos el último adios, pero recordandole con cariño, pues fueron muchos los momentos buenos que compartimos.
Un beso y un abrazo enorme, lo siento de corazón.





