Fiona a las 7.30 h versus Fiona a las 23.00 h.
Son las 7.30 de la mañana. Ha sonado el despertador. Evidentemente tengo sueño, pero no me queda más remedio que levantarme. Hago el recorrido diario: enciendo la luz del cuarto de los niños, bajo a abrir la puerta para que el perro salga, me persiguen los cuatro gatos pidiéndome comida, vuelvo a subir, me meto en el baño y me miro en el espejo.A esas horas de la mañana me veo bien. El pelo revuelto (pero en realidad lo llevo así todo el día), no se me ven las bolsas de los ojos (desde que me hice la micropigmentación mis ojos tienen mejor aspecto), mi piel se ve lisa, sin imperfecciones. Llevo la camiseta y la ropa interior y miro mi estómago. Se ve liso, no me veo gorda; me doy la vuelta, y aunque tengo un culo considerable, creo que se ve bastante bien. Me siento con energía y ánimo para empezar la maratón de lo que va a ser el día. Soy como la Fiona del principio de Shrek.
A partir de ahí es como si me dieran el pistoletazo de salida. Limpieza de dientes, ducha, vestirme, ver como andan los niños, dar de comer a los gatos, la pastilla diaria del perro y su comida especial para perros con problemas de corazón, recoger los platos de la cena, preparar los desayunos, llamar mil veces a los niños para que bajen a desayunar, prepararles las mochilas, acompañarlos hasta la puerta, coger el casco, la moto y salir disparada hacia el trabajo.
Entro en la oficina, el teléfono ya está sonando, la mesa llena de papeles, mil cosas por hacer, sigue sonando el teléfono, que a veces más que una secretaria de dirección parezco el teléfono de la esperanza. Uff, se me ha pasado la hora del desayuno, me cojo una pasta de la máquina (que aunque voy a buscar los palitos integrales, acabo saliendo con el bizcocho de chocolate). Mas teléfono, más papeles, más faxes…. Es la hora de comer, tengo una hora, pero en media hora estoy de vuelta en la oficina, y más de lo mismo.
Es la hora, salgo corriendo. De camino paso por el supermercado, voy apresurada entre los pasillos viendo como la gente se detiene con parsimonia ante los productos, yo tengo prisa, voy cogiendo y metiéndolo en la cesta, no sea que después no pueda cargar con todo. Otra vez he cogido demasiado, casi no puedo con las bolsas hasta casa. Llego, abro la puerta, me salen los perros, los gatos, los niños. Lo dejo todo y les digo que tengo que volver a salir, tengo que ir al hospital (tengo un familiar a quien debo dar la cena). Les digo a los niños que regreso en cuanto termine. Cojo el coche, 20 km hasta el hospital, llego allí, intento parecer tranquila y relajada, pero la verdad es que por la cabeza no dejan de pasarme las mil cosas que aun tengo por hacer). Traen la cena, se la doy lo más buenamente que sé y le digo que debo irme pues los niños se han quedado solos en casa.
Vuelta a coger el coche. 20 km más. Llego a casa, abro la puerta, de nuevo los perros, los gatos, los niños. Tienen hambre, me pongo a hacer la cena, ya ni pienso en todo lo que tendría que hacer, lo dejaré para mañana. Vacío las mochilas, toallas, el kimono de judo, el chándal de gimnasia, todo para lavar. Consigo que los niños se metan en la cama, recojo los platos, los juguetes, pongo un poco la casa más o menos en orden mientras intento no pisar a perros y gatos que se me cruzan entre las piernas. Apago las luces, subo por enésima vez las escaleras, aunque seguro que no será la última vez esta noche...
Son las 11.00 de la noche. Me empiezan a apretar los vaqueros y decido cambiarlos por pantalones elásticos de deporte. Me miro al espejo. Se me marca la ropa interior y más parezco el hombre michelín que nada. Mi pelo también aparece alborotado, pero aplastado por el casco y sucio. Me miro el estómago, lo tengo hinchado, si me pongo de perfil me aparece una barriguita como la que tenía cuando estaba embarazada de tres meses. Acerco mi cara al espejo, empiezan a salirme granitos (del estrés, imagino), si los toco, se me hinchan y enrojecen, debajo de los ojos hay una sombra oscura…. Creo que estoy convirtiéndome en Fiona cuando anochece. Todas las noches me convierto en Fiona y lo único que me apetece es meterme en la cama otra vez, a ver si cuando amanece vuelvo a ser la Fiona que andaba buscando a su príncipe azul.
Comentario:
Bueno, creo q eso, más o menos nos pasa a todos al levantarnos.
Tenemos buena cara pero el estrés del día (quitando por mi parte lo de los hijos y los 20 km) nos hace volver a la cama con ganas de despertar tan relajados como siempre.
La pena es q, a veces, los días son tan repetitivos.
Saludos desde el Inframundo.
Tenemos buena cara pero el estrés del día (quitando por mi parte lo de los hijos y los 20 km) nos hace volver a la cama con ganas de despertar tan relajados como siempre.
La pena es q, a veces, los días son tan repetitivos.
Saludos desde el Inframundo.
Comentario:
Comentario:
Jamia con ese trajín lo milagroso sería tener buena pinta por la noche y ya me parece un milagro que si quiera la tengas por la mañana!!
kisses
kisses
Comentario:
Uffff... Me he estresado una cosa mala leyéndote. Y yo a veces me quejo de estres aunque vivo sólo y sólo tengo al peque en casa de vez en cuando. Te admiro, lo digo muy en serio. Porque me imagino todo eso como si lo estuviera viendo.
Y sacas tiempo para escribir y leer... sacas tiempo para tí de donde no lo hay.
Joder. A partir de ahora voy a pensarmelo dos veces antes de quejarme (a mí mismo, al menos no tiene que soportarme nadie).
En fín. Un besillo Fiona.
Y sacas tiempo para escribir y leer... sacas tiempo para tí de donde no lo hay.
Joder. A partir de ahora voy a pensarmelo dos veces antes de quejarme (a mí mismo, al menos no tiene que soportarme nadie).
En fín. Un besillo Fiona.
Comentario:
gracias por tu visita a mi blog y tus comentarios, me ha encantado el tuyo, pasaré por aquí... Me ha encantado tu historia, mil días me siento así.... Ahora me siento algo mejor, al menos voy tomando decisiones y remo contra la corriente.. así q bueno ya veremos.. besos