logotipo

img_google
Crónicas de desamor


Uno siempre duerme solo. Todo lo más, uno se duerme y se despierta en compañía
Acerca de

Soy Acuario y como tal, soy sincera, altruista, libre y activa. Intuitiva, fantasiosa, crítica, a veces divertida y agradable, siempre repleta de intereses y de ideas creativas. Simpatica, charlatana, aunque algo tímida, curiosa y moderna. Me gusta la cultura y viajar. Siempre estoy dispuesta a ayudar a los demás, lo que hace meterme en más de un lio. Defecto, uno entre demasiados: soy exageradamente libre.

Mi hombre ideal debe ser inteligente, tolerante, divertido, sincero y, básicamente, amigo.

Y siento adoración por los gatos, aunque creo que ya se nota.

Geo Visitors Map
 
Las vueltas que da la vida
Hace 17 años mi corazón aún no era de hielo. No estaba cubierto por una coraza y, a pesar de algunos desengaños amorosos y una separación, aún albergaba esperanzas e ilusiones.

La primera vez que me habló yo estaba sentada ante el ordenador. El vino por detrás y me pidió un libro. Me sobresalté pues no le había oído llegar, y me volví sorprendida con cara de espanto. Au abrió sus grandes ojos verdes y riendo dijo:
- Sabía que era feo, pero no creí ser el hombre elefante...
Yo reí y sentí una inquietud que hacía tiempo que no sentía. Me levanté nerviosa y busqué su libro.
- ¿Te has recuperado del susto? –dijo mordiéndose los labios con una sonrisa maliciosa.
A partir de entonces ya no tuve descanso. No entendía lo que me sucedía, pero nada dentro de mí era igual. Sensaciones olvidadas resurgían de repente. Me sentía confusa y frágil en una cornisa con las puntas de los pies a punto de saltar. Estaba obsesionada y no dejaba de sorprenderme el hecho de sentirme así. En todo momento recordaba su sonrisa, sus labios, aquellos ojos. No sabía muy bien, intentando ser coherente, el porqué sentía esa sensación, porqué me importaba tanto ver su Vespa roja en la puerta de la oficina...

La segunda vez nos encontramos en la fotocopiadora, y después de hablar algunas frases inconexas por mi parte, acabo diciéndome:
- No seas así, supongo que pronto encontraremos a alguien que nos quiera –dijo con aquella enorme sonrisa- yo no he perdido aún la esperanza.

La tercera vez me invitaba a salir.

Tiempo después, si me preguntaran de él hubiera dicho que era fantástico-maravilloso, que me sentía feliz, que era divertido, encantador, fascinante... Hubiera dicho que aunque me dolía tener este sentimiento, estaba enamorada. Tenerlo a él era lo mejor que podía pasarme. He leído que un síntoma de enamoramiento es la cristalización: atribuirle a la persona amada un conjunto de cosas buenas y positivas, que muchas veces no coinciden con la realidad.

Yo dejé de ser yo, me volví un poco boba, y con esa aparente felicidad producida por el auto-engaño. Como decía Ortega y Gasset: el enamoramiento es una especie de imbecilidad transitoria. Pero la felicidad, aunque engañosa, nunca dura, así que al cabo de unos meses empezaron los problemas. Quise dejarlo porque sabía que él no me quería. Para mi sorpresa, se negó a dejar nuestra relación.

- No quiero perderte, no lo entiendo –repetía–. No entiendo que dos personas que están bien juntas y que se lo pasan tan bien como nosotros, que tenemos tantas cosas en común, desaprovechen esta oportunidad.
- Yo para ti siempre soy la última cosa –le dije.
- Las cosas queridas siempre se dejan para el final.

Estaba agotada, me agotaba totalmente. Me agotaban sus actos, sus palabras, sus frases tan estudiadas para repetir en momentos como aquellos. Me agotaba su indiferencia aparente ante los demás respecto a mi. Me agotaban sus continuos cambios de carácter, su continuo cambio de ideas. Me agotaban sus circunstancias, que no tenía ninguna intención de superar, sino al contrario, recrearse en ellas.

Aquella noche no tenía un motivo concreto para llorar, pero no podía parar de hacerlo. Era una situación absurda y sin sentido. Lloraba y no sabía porqué.

Yo le decía que no nos viéramos mas, y él no hacía más que repetir que eso no podía ser, que no podía prescindir de mi.
- Ya sé porque lloras –bromeaba– lloras de emoción al oírme decir esto. Te debes estar preguntando “¿qué tengo yo que mi amistad procuras?”, pues lo tienes todo y te quiero toda. Sé que soy incapaz de darte lo que tu quieres, pero tendríamos que seguir juntos, quizá algún día llegara a ser.

Pero lo que sí llegó un día fue el abandono. El abandono por su parte, había conocido a otra chica. Ese día lloré todo lo acumulado en ese tiempo. Lloré por el tiempo pasado y creo que gasté mis lágrimas para el futuro. Siempre pensé que él me dejaría, y había llegado el momento. Eso sucedía en el año 1988-1989.

***

Año 2007.

Estoy en mi nuevo trabajo. Sólo hace 20 días que he empezado. Suena el teléfono.
- Buenos días, soy Au, pedí una entrevista con el Sr. XW y aun no me han dicho nada.
- Querrás decir con el Sr. YW –corrijo.
- No, con el Sr. XW.
- Pero es que estás llamando al despacho de YW.
- Uy, perdón, creo que tengo mal el número.
Ya iba a colgar cuando añado.
- ¿Me has dicho que eres Au?.
- Sí –responde tímidamente.
- Soy Bone, Boneca do Gelo.
- ¿Quéeee? –se oye una expresión realmente de sorpresa- ¿cómo has llegado hasta aquí?, ¡qué suerte tengo!.
Supongo que inconscientemente he esbozado una gran sonrisa.
- Me vas perfecta, porque quiero pedirte un favor, ya que también quiero una entrevista con tu jefe.
Yo callo pero me sonrío a mí misma.
- Sí, ya sé que me dirás que sólo te quiero para pedirte favores –ríe estruendosamente-. ¿Qué es de tu vida?, ¿cómo te va todo?, ¿cómo has llegado a trabajar aquí?.... Te llamaré y hablaremos.
Colgué sin poder dejar de sonreir.

¿Cómo debe ser ahora?, ¿qué aspecto debe tener?. Es mayorcito ya, bueno como yo, jaja, pero mayorcito para mí. Lo busco en Internet. Tiene que ser "alguien" para solicitar entrevista con quienes la solicita. Aparecen un montón de libros escritos por él, Dr. en Harvard, dice. Incluso aparece alguna foto suya. Sus increíbles ojos verdes se encuentran escondidos detrás de unas gruesas gafas, pero conserva su pelo negro, y sobre todo... su magnífica sonrisa.

Aún conservo en mi habitación la foto que él me hizo hace 17 años.



 
Demasiado estrés social
¡Qué trajín!.

Toda la semana corriendo, que si gimnasio (estoy sorprendida, desde que me he apuntado no he faltado un solo día), que si los malditos disfraces de bolsa de basura (año tras año la msma historia), que si comprarle uno al niño mayor (que por suerte o por desgracia ya no se lo hace en el colegio), que si la presentación del libro de mi amiga… Y después fin de semana con overbooking.

Recibo una llamada de P8. Nuestra común amiga S ha publicado un nuevo libro, y nos invita a la presentación, por separado, por supuesto. P8 me llama diciendo si vamos juntos. Lo recojo en una esquina, está atractivo, ha adelgazado siete kilos desde la última vez que le ví hace más de dos meses. Sube al coche, me roza los labios con los suyos.

Por el camino hablamos de mis cosas, me pregunta por mi nuevo cambio de trabajo. Aparcamos. Alguien corre detrás nuestro, ¡P8, P8…!.. Nos volvemos y veo a una chica sonriente que se pone a su lado, se besan en la mejilla, pero yo intuyo que es la chica en cuestión. El nos presenta.

Llegamos al acto, y él me dice que le reserve sitio a su lado. Se sienta junto a mí, y ella corre tras él, sentándose también a su lado. El acto va transcurriendo.
- Ya tenemos tema de que hablar en alguna cena –me dice al oido.
Le sonrío.
- Por qué quedaremos un día para cenar, ¿no? –añade.
Asiento con la cabeza, pero pensando que no sé cuando podría ser eso, mi agenda está a tope.

La gente aplaude, todo el mundo ha hecho sus parlamentos sobre el libro y me pregunta si le llevo de regreso. Le digo que sí, y salimos pasándome su brazo por mi hombro. El la saluda con la mano, y yo veo claramente que sólo es una estratagema de él hacia ella. Una vez en el coche le pregunto por la historia que tenía que contarme, y sí, efectivamente, se trataba de esa chica. Me tiene casi una hora contándome sus penas y lo ilusionado que estaba con ella. Se lo dije claro: no sabe elegir. Como dice S, todas le quieren como amigo, pero ninguna como pareja estable.

Jueves noche. Estoy conectada cuando Fk, que lleva más de un mes sin ni siquiera hablarme desde que me dijera que no teníamos futuro juntos, me saluda. Después de mi sorpresa inicial, me dice si quiero salir con él sábado por la noche.
- Estoy ocupada.
- ¿Con un chico?.
- Sí.
- Vaya, ¿no puedes anularlo?.
Hombre, después de todo este tiempo y sin haber dado señales de vida, ¿qué esperaba?.
- ¿Yo fui el último? –se atreve a preguntar.
Inocente, inocente.
- No.
- Tú sí fuiste la última para mí.
Mala suerte.
- ¿Quién era?, ¿dónde lo has conocido?, ¿qué edad tiene? … -insiste
- ¿A qué viene tanta curiosidad ahora?, tú me dejaste plantada.
- Tenía trabajo. Dime al menos que edad tiene.
- Igual que tú.
- Pero yo soy mejor, ¿no?.
¡Por favor! Quizá la edad tengáis la misma, pero tu ingenuidad no tiene precio.
- ¿Quieres que quedemos el viernes por la noche? -añade.
- No sé, ya veremos.
Estuve pensando. Me había gustado, es cierto, pero ahora… Hace unos días hubiera dado cualquier cosa porque pasara lo que estaba pasando en ese momento, y ahora que lo tenía… ya no me apetecía.

Viernes tarde. Sms de Fk.
- ¿Qué haces esta noche? ¿quieres que pase a partir de las 12?.
Yo que pensaba que nunca más volvería aparecer su nombre en mi móvil.
- No, mejor que lo hablemos otro día.
- Es que yo quiero verte.
Anda, ¿ahora sí? Nuestros 18 años de diferencia siguen ahí, ¿qué ha cambiado?. Y claro, como en el fondo tenía ganas de verlo, o al menos eso creía, le dejé que viniera.

Bueno, marchó a las cinco de la mañana. No hace falta decir qué pasó, pero tampoco que para mí ya no fue lo mismo.

Hablamos luego por msn.
- Muy bien el viernes –dijo
- ¿Es una pregunta o una afirmación? –le respondí yo.
- Una pregunta.
Mooooooooooooooooookkkkk! Respuesta incorrecta.

Sábado por la mañana. Quedé con C. Quería que le acompañara a comprar una jaula para su conejo. Pasa por mi casa. ¡Vaya ojos verdes que tiene!. Sólo damos una vuelta en coche, pues la tienda estaba cerrada, quedamos para el próximo sábado. Ya se verá.

A todo esto, múltiples mensajes de P. No sé porque todos los viernes es la misma historia. Como dijo alguien: P de pesado.

Sábado tarde/noche. Salida con Se-L. Tarde de masajito. Después vamos a cenar fuera. El resto… ya se prevé.

Lo dicho, ¡vaya trajín!, ¡cualquiera regresa descansada el lunes al trabajo!.
 
Aunque ya pasó...
Hoy es el día de los enamorados... cantaban en una película en blanco y negro sobre el día de San Valentín. Entonces, está claro, que ese no es mi día.

Después de más de un año deambulando de aquí y allá, encontrando chicos majos, sí, sino... ¿de qué?, “los chicos del calendario que les llamé”, no hace demasiado dije que, por ahora, me iba a dedicar única y exclusivamente a tres nuevos amigos. Bueno, única y exclusivamente tampoco, porque si aparecen los otros tres Buscando al hombre perfecto..., pues... tampoco me importa quedar con ellos, pero sin agobios.

Eso de que me dedicaría a tres, lo dije en Tres eran tres. Pero a Jr lo eliminé en el primer round, así que tuve que sacar a Se-L del banquillo; por cierto, mucha mejor elección, más inteligente, más comunicativo, más atractivo, con más mundo, más inquieto...

Pero... que nadie se lleve a engaños. Se-L no es mi príncipe. Sí, es agradable, simpático, inteligente, individualista, tolerante, joven (18 años menos), incluso atractivo, sí, ya sé que todo esto ya lo he dicho y me repito, pero... pero no siento ningún tipo de cosquilleo especial, no es enamoramiento. Para nada. Me gusta salir con él, ir al cine, cenar, conversar, dormir... incluso tener sexo (ahora que ya lo tenemos). No siento las mariposas en el estómago de las que a veces hemos hablado, y puedo quedar con otras personas sin ningún síntoma de culpabilidad ni remordimiento. No siento que le engañe, pues desde el principio lo hemos dejado claro. El es libre, y aunque joven, ha vivido cuatro años fuera del país, y no deja de viajar de un lado a otro, no creo que esté hecho tampoco para una relación de pareja.

Pero también dije que me gustaría salir con E. Pues lo sigo diciendo, aunque desde que nos conocemos, digo conocernos por ordenador, porque en real.... ya hemos anulado la cita cuatro veces, la mayoría de las ocasiones por sus viajes de trabajo. E es 17 años menor que yo, lo encuentro inteligente, muy divertido y simpático, y de momento me parece muy-muy mono. Aunque conociéndome y conociendo lo que viene siendo la mayoría de “relaciones” que tengo, si me interesa mínimamente, va a desaparecer de mi vida en menos de lo que canta un gallo.

La semana pasada le mandé un sms preguntándole si había desistido de conocerme después de tantas anulaciones. Me contestó enseguida:
E: ¿Desistido?, ni hablar. Ahora estoy de viaje, pero cuando regrese quiero conocerte. Dime, ¿sí o sí?.

Pues sí, claro que sí. Esta espera lo hace aún más interesante.

También dije que estaba interesada en Cs. ¡Hombre!, por fin uno al que sólo sobrepaso en tres años. Pero... hablando el otro día empezó a hacer números: “si sales dos fines de semana al mes, son 24 fines de semana, si siempre sales acompañada, son 24 chicos en tu vida por año...”.

Que no se confunda, 24 salidas nocturnas no implican 24 chicos nuevos, como mucho podrían ser 24 polvos, pero si descontamos las noches con Se-L..., y las que me quedo en casa tranquilamente... digo yo que van a ser bastantes menos.

Luego se disculpó diciendo que no entendía porque había actuado así, pero... el subconsciente a veces nos descubre antes de tiempo. Y a veces me vienen ganas de decir, como diría Se-L: ¿Sabes contar?, pues conmigo no cuentes. Pero no, de momento aún me pica la curiosidad. Mal asunto.

Y para terminar esta pequeña relación de amigos-amantes (habidos y por haber) hablaré un poco de Marcos. Es cierto, tuvimos una muy bonita relación, movida más por el deseo y el conocimiento de nuevos mundos que por otra cosa, aunque también reconozco que por él sentí más que de cualquiera de los demás que he ido nombrando a lo largo de estas páginas.

Marcos y yo hemos terminado definitivamente, después de muchos “ahora sí, ahora no”, “ahora quiero, ahora no quiero”, una semi-relación que ha durado más de tres años, una semi-relación separada por 10.000 km y muchas diferencias sociales y culturales.

No hace mucho decidimos romper del todo este lazo que nos unía y que cada vez estaba más suelto. Después de una semana llamó por teléfono para que me conectara.

Lo hice. Primero: ataque. Me echó en cara que no me dignara a conectarme. Segundo: me dice que está con cargo de conciencia. “¿Por qué?” pregunto. Porque ayer estuve con una mujer. ¡¡¡Acabáramos!!!.

No me pareció a mi aquello una confesión de cargo de conciencia sino un “para que veas que no te necesito para nada”. Siempre he supuesto que él tenía sus cosas, al igual que yo las mías, y nunca hemos hablado de ello para nada. Ahora me llama por teléfono para que me conecte porque necesita contarme algo, y ese algo es eso.
- ¿Y por qué tienes cargo de conciencia?.
- Porque es la madre de mi amigo.
- Ahhhh, sí, eso es más peludo.
- Iba mareado (su manera de decir que iba borracho como una cuba).
- Ya.
- De repente la vi reflejada en ti (será más bien que me viste reflejada en ella, diría yo).
- Está bien, pero no le veo ningún problema en ello.
- Sí que hay uno, que me siento bien (otra vez destacándome que no me necesita para nada).
- Me alegro, eso es lo más importante, y si no te importa, ahora tengo cosas que hacer –dije dándome cuenta de que era un crío pensando que estaba hablando con una cría de su barrio.
- ¿Vas a dejarme? –murmuró.

Sí, voy a dejarle, de hecho hacía meses que le había dejado, hacía meses que mi corazón no sentía nada de lo que sintió alguna vez por él, hacía meses que había visto que lo que alguna vez nos unió (todo lo que nos diferenciaba) era lo que ahora nos separaba, un abismo mayor que los 10.000 km de distancia que teníamos entre los dos. Supongo que él alguna vez me quiso, supongo también que más que yo a él, pero ya no queda nada.

Ahora ha regresado, con el rabo entre las piernas –nunca mejor dicho- pero no hay nada que hacer ya.

Así que, de momento, el día de los enamorados sigue sin estar hecho para mí, pero cuando creen el día de los que no saben lo que quieren, entonces seré su representante ideal.


 
Bien, todo bien. ¿O no tanto?

Me trajo flores. Cinco rosas rojas.

Durante la semana me había mandando un correo:



Para: BdG
De: Se-L
Fecha: 6/2/2007
Asunto: Hola sexy

Hola Bone
(...)
Como siempre muchas gracias por un fin de semana tan agradable, estuve muy a gusto, dos tríos seguidos, esto no tiene precio.

Además, con la tontería aun no te he hecho un masajito...si es que soy muy tímido yo....
(...)



Bueeeeeeeno. Si se trataba de timidez, la cosa cambiaba.

Cuando nos conectamos. Hablamos.
- No sabía que eras tímido.
- ¿A ti que te parece?.
- No sé si esto del no-masajito era por timidez.
- ¿Por qué tendría que ser entonces? –preguntó sorprendido.
- Porque no te gustaba.
- Ni de broma, guapísima.

Le invité al teatro el sábado. Hacía mucho que no iba, y teniendo en cuenta que otra cosa no habría...

Nos habíamos quedado en que trajo cinco rosas rojas. Abrí la puerta, allí estaba, se había cortado el pelo, y llevaba el ramo en la mano. ¿Cuánto tiempo hacía que nadie me regalaba flores?. Me dio un beso en la mejilla y pasó. Pusimos las flores en un jarrón y salimos hacia el teatro.

El Teatro, bien. Volvimos a casa. Preparé pizza. La Pizza, bien. Cenamos en el sofá, hablamos pasándome el brazo por encima del hombro. Winnie a mi lado, el la acariciaba, Winnie encantada con su visita.

Decidimos acostarnos y subimos hacia el cuarto. El pasó al baño y yo me quité la ropa y me metí en la cama. El se acercó, se desnudó y se tumbó a mi lado. Iba yo a apagar la luz cuando.... se acerca.... y ¡me besa!... uno, dos, tres besos...

- ¿Quieres el masajito? –murmura- incluso he traido crema.

Me tumbé boca abajo mientras él extendía la crema por mi espalda. Bajó la sábana hasta entrever el triángulo del tanga. Y empezó un masaje como nunca me habían dado.
- Deberías poner esto en tu ficha personal de contactos, tendrías un éxito... reí.
Winnie miraba atenta torciendo su cabeza hacia un lado.

Como era de prever, el masaje no terminó ahí, y como algún que otro comentarista había apuntado, si no le aviso, no se detiene en toda la noche.
- Estoy cansada y tengo sueño –tuve que decirle.

Parece ser que demasiada energía acumulada y demasiados meses de meditación y abstinencia se habían destapado de golpe. Pero... el masaje y lo demás... bien, muy bien. Por fin dormimos, aunque a la mañana siguiente, después de haber dormido toda la noche abrazado a mí, empezó el nuevo round. Empezó a hablar de volver a quedar la próxima semana -cuatro semanas seguidas ya- (a todo esto los niños con su padre, porque así lo había querido, el padre, digo) y empezó a sonarme a formalidad, a costumbre. Una luz roja se encendió sobre mi cabeza. Él y yo lo habíamos hablado, nada de compromisos, nada de explicaciones... pero... cuatro fines de semana seguidos me empieza a parecer algo así como una relación... Le empiezo a ver las orejas al lobo, y no sé si eso es lo que quiero.

Ya en el sofá habíamos hablado.
- Desde que te has separado, ¿nunca te has enamorado de ninguno con los que te has visto?.
- Nunca. Alguno me ha “tocado” un poco más, quizá Fk, pero como siempre, el que más me gusta, me deja. Pero, vaya, que nadie me ha encontrado llorando por las esquinas.

Me gustó aclararlo, aunque a veces, la gente no escucha lo que no quiere oír.

Al salir me besó en los labios, una, dos, tres veces...

¿Dije que me trajo cinco rosas rojas?.
 
Y van dos...
Se-L acaba de irse de casa. Se repitió lo de la semana anterior.

Cuando dije que era raro-raro, no me refería a que no hubiera caído rendido a mis pies. Me refería a que lo había conocido en una página de sexo, aunque nunca hubiéramos hablado de ello directamente. Me refería a que nos conocemos desde hace bastantes meses, y en el tiempo que ha estado viajando, me ha ido dejando mensajes donde, aparte de contarme cómo estaba yendo todo, me recordaba que teníamos un “masajito” pendiente. Me refería a que dormimos juntos en la misma cama, sólo separados por Winnie, y no se movió de su esquina. Es posible, cómo ha apuntado alguien, que tuviera sueño ya a las 6.30 de la madrugada, pero al día siguiente todo seguía igual. Nos llevamos casi 18 años, así que tampoco sería tan extraño que no le gustara lo suficiente.

Durante esta semana hemos hablado y me ha dicho que le gustaba más en real que por cam. “Eres muy bonita, cara a cara” había dicho, “estás muy guapa al natural”, repetía. Le dije que había creído que no le gustaba lo suficiente, a lo cual se sorprendió mucho, preguntándome el porqué y yo no me atrevía a decírselo, e insistió para volver a quedar este fin de semana.

Ayer pasó por casa, estuvimos charlando un rato y luego nos fuimos a cenar fuera. Saliendo nos fuimos al cine, y después para casa. Eran las 3.30 cuando seguíamos en el mismo sofá de la semana anterior, charlando como dos marujones. Esta vez ya me lo tomé con más calma, así que en cuanto me empezó a entrar el sueño le dije: “¿Qué te parece si nos vamos a dormir ya?.

Llegamos a la habitación, se repite la escena de la semana anterior, sólo que con un poco más de prisa, ya que yo no tenía ninguna expectativa. El sujetador, muy moderno, que en lugar de abrocharse en el centro de la espalda, se abrocha en un lateral, se me resiste. “Tendrás que ayudarme” le digo. “Y luego somos nosotros los que tenemos problemas para sacarlos”, se ríe. Nos metemos en la cama, Winnie, en el centro, y .... a dormir.

Me levanto al poco rato, voy en tanga y me da vergüenza que me mire, corro al lavabo.

Cuando despierto está pegado a mí, su mano pasa por mi cintura.
- Ummm.... te queda muy bien el tanga.
- ¿Cuándo me has visto?.
- Ha sido una aparición, pero que me ha encantado –ríe-. Hasta he tenido un sueño erótico pensando en ti y que, naturalmente, no te voy a contar.

Seguimos en la cama, hablamos, reímos, Winnie entre nosotros, el me acaricia el brazo y apoya su barbilla en mi hombro. Pasan de las dos del mediodía.
- ¿Y si pedimos al restaurante que nos traigan la comida y la comemos en la cama? –dice.
Llamo pero no contestan, por lo que decidimos levantarnos.

Pienso que sigo yendo en tanga y recuerdo sus palabras. Me levanto rápido a coger mi pantalón.
- Lo dicho... ya quisieran algunas de treinta que les sentara así el tanga...
Me he sonrojado, me he vestido rápida y hemos salido.

Hemos estado comiendo fuera y luego hemos regresado a casa. El mismo sofá, nos tomamos el café, hablamos de que podemos volver a vernos el próximo fin de semana. Ni me roza, ni me besa...

Se despide, un beso en cada mejilla. Le cierro la puerta. No estoy acostumbrada a eso, pero una sonrisa aparece en mi cara. ¿Habrá muchos así?.