Antes del artículo quisiera introducir una breve nota: Hace al menos diez días que tenía preparado este para publicarlo en la fecha adecuada, pero una indisposición me ha tenido esos días ingresado en el hospital. Ya hace tres días que estoy en casa y de momento bastante recuperado. Se trató de una insuficiencia cardiaca debida, quizás, a unos esfuerzos y a un corazón debilitado por un infarto de ya hace veinte años. Espero que no se repita y procuraré cuidarme más. Así pues ya ven que no se trataba de una desaparición, sino de una pausa obligada por el incidente. Sin más les dejo con el artículo en cuestión:
Queridos amigos, permitanme que en esta ocasión, que no es la primera, me salga del guión de este diario y me dedique a hablar de otro tema.
Y es que se trata de un tema importante: hace ya dos años que inicie este diario, ¡Como pasa el tiempo!
Naturalmente cuando lo empecé lo hice con vocación de que durara mucho tiempo, pero a la vista de cómo ha ido este segundo año dudaba de que continuara y es que llevo una temporada donde se han juntado épocas de mucho trabajo con otras de problemas y de desánimo moral. Todo eso generaba largas temporadas de silencio y grandes espacios temporales entre artículos.
También afectaban a mis visitas a sus diarios, les ruego que me perdonen, pues ya he recibido el castigo al perderme muchos de sus interesantes entradas. Hay ocasiones en que les visitado, pero no he dejado, por falta de tiempo, un comentario.
También en ese camino hemos visto la pérdida de muchos buenos amigos, que por algún motivo, han dejado sus diarios. La lista empieza a ser larga y espero que no aumente más. A todos ellos un sentido recuerdo y el deseo de que vuelvan pronto. Aunque hayan dejado de escribir yo los sigo visitando durante algún tiempo, pues pienso que a lo mejor atraviesan una mala racha como yo y esa espera a veces tiene la recompensa del regreso del interfecto como me ocurrió hace un par de días con la buena amiga Tastavins, pero pasado algún tiempo sin constatar su retorno los envío a mi limbo particular de amigos desaparecidos después de un breve responso.
En fin, no quiero prometerles, pues ya lo he hecho en varias ocasiones y no lo he cumplido, que voy a ser más regular, no quiero hacerlo porque estoy viendo que muchas veces no puedo cumplir esos compromisos. Así pues cuenten conmigo y con mi deseo de no abandonar este diario que me ha permitido conocerles y que ustedes me conozcan.
A los que se pasan por aquí sin dejar comentarios, sé que los hay por el contador de visitas, anímense a escribir algunas palabras y saber de su paso por este diario.
Visiten también el diario de recetas que, curiosamente, recibe muchas visitas (Más de 6000), pero casi nadie deja comentarios, ¿Tan malo es que solo pasan?
Aprovecho la ocasión para hacer un poco de promoción del diario,
Una lectura crítica, de mi amigo Lucien.
Antes de la despedida agradecerles sus críticas a mis dos últimos relatos. El último estaba escrito con la intención de crear una atmósfera de lástima por el protagonista para, al final, descubrir que no la merecía y así ver que, por activa o por pasiva, los hechos engañan. No estaba muy trabajado, pues lo hice en una mañana. Espero continuar teniendo ideas para escribir alguno más. Tengo en cartera un cuento muy infantil que escribí para una persona cuando murió su perro, no se si lo publicaré porque es muy almibarado y apto solo para niños o personas muy sentimentales con los animales.
Ya por último declarar inaugurado este tercer año, espero contar con ustedes nuevamente y les convido a un refrigerio virtual “en acabando esta carta”, como decía el Tenorio.
¡Ah! Me olvidaba, vigilen su vocabulario.