Termoludismo
Se me apareció este engendro en una página de publicidad sobre Andorra en El Periódico de hace unos cuantos días. Enseguida pensé, ¿mande?
Como dije en el comentario de Don Lázaro Carreter (Perdone usted, pues parece que le molestaba mucho lo de Don) decía que él encontraba mucho material en los locutores deportivos y de televisión, así como en otros predios. Yo los encuentro en el campo de la mercadotecnia (han visto que hábil recurso para no decir “marketing”), en el de los economistas y en el lenguaje de los técnicos y científicos en general.
Los expertos en mercadotecnia se las pintan solos para crear palabros que atraigan, que irradien luz propia para atraer a la gente y venderles lo que quieren.
Después de rumiarlo y leer el suelto llegué a la conclusión que se estaba hablando de un centro lúdico donde había aguas termales. El razonamiento del inventor del palabro supongo que fue simple, tenemos un centro donde la gente puede disfrutar con juegos de agua, piscinas, etc., es decir un centro lúdico (del latín
ludus juego) y donde también se hacen tratamientos con aguas termales y de belleza.
Pero claro eso de llamarlo centro lúdico y balneario era muy largo y se invento ese termino. El sitio, yo he estado en él y no digo el
nombre para no hacer propaganda, no tiene nada de balneario, allí no vi manantiales de aguas termales y lo que si había eran grandes piscinas con diferentes ambientes y juegos. Además, hacían tratamientos de belleza y de relajamiento.
Pero
termoludismo suena tan bien, parece más moderno que no balneario y más completo y serio que solo centro lúdico. Y me pregunto ¿los que sean muy aficionados a ir a ese centro acabarán siendo termoludópatas?
Apoptosis. Vaya palabro.
Dedicado a
Pilimindrina y
BogatoSiempre me ha gustado leer, desde muy jovencito he leído muchos libros y de todo tipo. Básicamente lo que más he leído es novela. Y es que leo para distraerme, pero eso no quita que mientras te distraes, vas aprendiendo cosas. Gracias a eso tengo una cultura general digamos que amplia, sin ánimo de chulería.
Así como recientemente,
Leodegundia, nos ofreció una lista de los libros que más le han gustado, yo no lo podría hacer con la sencillez y la elegancia que ella lo hizo. Yo hablaría más de autores, por ejemplo Sándor Márai, John Irving, Elias Canetti y muchos otros. Algún día hablaré de ello, pues siempre encuentro palabras y palabros inspiradores.
Cuando en un libro encuentro una palabra o una frase que me interesa la marco, como ya expliqué, y busco su significado.
Uno de los temas que más libros he leído es la ciencia-ficción o lo que, también, se ha llamado ficción especulativa. Pero ciencia ficción de la llamada dura, es decir, con un componente científico sólido. No esas novelitas que no son más que la traslación de una novela del oeste al espacio exterior.
Autores como Asimov, Clarke, Anderson y muchos otros son mis favoritos. Uno de ellos es Greg Bear. De este último he leído recientemente una novela llamada “La radio de Darwin”. Es una novela muy interesante que plantea un futuro de la humanidad que pasa por un cambio genético. Está muy documentada científicamente y habla mucho de biología molecular, incluyendo virus, retrovirus y otros elementos relacionados con la genética.
Ahí encontré dos conceptos muy interesantes, pero de momento solo hablaré de uno. El otro, “percepción del quórum”, lo dejo para otro día.
El concepto a que se refiere el título, apoptosis, es realmente un palabro donde los haya.
Trataré de explicar brevemente y sin entrar en detalles técnico (pido perdón a Pilimindrina, pero no soy biólogo) que quiere decir este termino.
Gran parte de las células que componen nuestro cuerpo tienen un ciclo de vida determinado y una vez cumplido la célula muere y es eliminada del organismo. Es el caso de los glóbulos rojos, una vez transcurrido su ciclo vital, son eliminados por el bazo. Es decir, parece como si las células llevasen incorporada una memoria que les dijera cuando han de morir. Por eso a veces se le llama “muerte celular programada” o “suicidio celular” (por eso te lo dedico, Bogato).
La palabra viene del griego y se compone del prefijo apo=de y ptosis que viene a ser como cayendo. De todas formas estoy en proceso de aclarar estos extremos.
En fin, por decirlo de forma llana, las células tienen programada su vida y cuando la han cumplido se producen una serie de reacciones que las llevan a la muerte y posterior eliminación. Un caso típico de apoptosis es el final del endometrio en las mujeres.
Existe un proceso que también lleva a la muerte de las células, pero es ese caso es por causas externas, es la necrosis.
No quiero extender más, pues ya he dicho que no soy técnico en la materia, aquellos que quieran profundizar pueden buscar en Internet, yo he encontrado una página interesante sobre el tema y que contiene bastante información, es
http://apored.rediris.es
¿A quien seguimos?
Más o menos todos imitamos a alguien, normalmente a alguien que nos parece digno de ser seguido. Es difícil ser original.
Viene esto a cuento para explicar el porqué del diario que estoy haciendo.
Ya hace tiempo leía en un periódico unos artículos que llevaban por titulo “El dardo en la palabra” y su autor era Fernando Lázaro Carreter. Este señor fue, desgraciadamente murió hace poco, director y académico de la Real Academia de la Lengua Española, escribió sobre muchos temas relacionados con la lengua, monografías sobre filología, crítica literaria y otras cosillas.
En estos artículos trataba, con una fina ironía en muchos casos, de cómo el castellano se va empobreciendo por el mal uso y por la incorporación, a veces innecesaria, de vocablos extranjeros.
En cada artículo se trataba una palabra o una expresión que el autor había encontrado en diferentes medios, radio, televisión, prensa, documentos oficiales, etc.
Siempre llevaba una libreta donde apuntaba estos hallazgos curiosos. Yo, desde hace algún tiempo, siempre tengo al lado del libro que estoy leyendo un paquetito de esos señalizadores que se pegan y despegan. De esa forma marco las páginas donde encuentro alguna palabra o frase que luego, con calma y detenimiento sin tener que interrumpir la lectura, pueda indagar su significado.
Yo lo seguía con deleite porque no tenían desperdicio, demostraban un conocimiento de la lengua, sus usos, sus orígenes que denotaban un profundo estudio de la misma así como un gran amor por ella.
Al cabo de un tiempo dejaron de aparecer en ese periódico, más tarde me enteré que los seguía escribiendo en otros y que finalmente, para deleite de sus seguidores, fueron editados en dos libros. El primero se llamo igual que los artículos, “El dardo en la palabra”. Fue editado por Galaxia Gutemberg y creo que actualmente existe una edición en rústica, o se dice bolsillo. Este tomo recoge sus artículos desde el año 1975 al 1993.
Posteriormente apareció un segundo tomo llamado “El nuevo dardo en la palabra” con los escritos de los años 1999 a 2002.
A partir de entonces he procurado seguir su ejemplo y tratar de utilizar el idioma en su forma más correcta, pero que, como él decía, no significa estar cerrado a nuevas palabras cuando son necesarias o a cambios de sentido por el uso corriente.
Su bestia negra eran los cronistas deportivos de la radio, con ellos y sus expresiones componía artículos que, a veces, te hacían reír y veías que ciertamente eran unos destrozadores del lenguaje con sus ganas de hacer florituras. Los errores cometidos eran garrafales.
Les seguían, a corta distancia, los técnicos y especialistas de cualquier ciencia o disciplina con sus jergas salpicadas de extranjerismos y eufemismos. No se quedaban atrás los documentos oficiales donde encontraba perlas del tamaño de un puño.
De ahí pues mi afán de querer continuar su estela, pero mi bagaje lingüístico no llega a la altura de la suela del zapato del Sr. Lázaro Carreter. Así pues haré lo que pueda y trataré de informar a mi público, si lo hubiera o hubiese, de aquellas palabras que voy encontrando y que merecen que sean puestas en su lugar después de haber sido palizadas por tanto lingüista de pacotilla.
No me culpen de plagio aquellos que han leído los libros citados si por casualidad alguna vez hablo de una palabra de la que él ya hablara. Son coincidencias debidas a que, por más que se expliquen, la gente sigue destrozando palabras.
Todo esto ha servido para dar a conocer el ejemplo que sigo al dedicarme a este diario, pero, Dios me libre, no tratar de imitar, sino seguir, la labor de este gran hombre defensor de las palabras.
También, en ocasiones, hablaré de palabras que voy encontrando y que, siendo correctas, no son conocidas, como apoptosis.
Ajusticiar. ¿Un lapsus mental?
Después de varios días sin escribir nada, cosa que seguro me hará perder los pocos lectores que tenía, si es que tenía alguno (bueno una tenía), vuelvo al diario.
La tardanza ha sido debido a que encontré una palabra con la cual quería comenzar, pero me costaba mucho hacerlo pues suponía que generaría polémica, pero es un tema que revuelve mis tripas cerebrales.
La palabra, que es la del título, se me apareció en un sitio que acostumbra a estar llena de “palabros”, la televisión. En realidad es la segunda fuente después de la inagotable mina que es la radio.
En el telenoticias informaron hace unos días, que, en Argentina, habían derogado las ignominiosas leyes de perdón y de obediencia debida que permitieron que muchos militares, policías y otros elementos, no fueran juzgados por los horribles crímenes que cometieron durante los años de la dictadura en ese país.
La locutora decía “gracias a estas medidas podrán ser ajusticiados más de 1000 militares….”
Quizás la locutora no sabía que ajusticiar es ejecutar la condena de muerte que ha recibido un reo. Quizás ya había hecho ella justicia y aplicado la pena, como en aquellas películas del oeste donde se oía: “tendrá un juicio justo y luego lo ahorcaremos”. Quizás la locutora utilizó el término en el sentido de que podrían ser llevados ante la justicia.
Pero lo cierto es que el término en sí se utiliza para el hecho de ejecutar la pena de muerte y por eso se dice que un reo fue ajusticiado.
Ya era hora que en Argentina se decidieran a hacer pagar a los responsables de los excesos cometidos, de las torturas, de los desaparecidos. Los militares argentinos fueron de los primeros en utilizar el termino “neutralizar” para ocultar lo que en realidad era la eliminación pura y dura del “enemigo”. Ya hablaremos, otro día, de esos eufemismos que constituyen, en parte, lo que se ha venido en llamar “lenguaje políticamente correcto”.
Aquí, en España, tenemos un juez, más estrella mediática que otra cosa, que con especial interés se ha dedicado a perseguir a esos asesinos. Naturalmente hablo del juez Garzón, que se atrevió a intentar juzgar a Pinochet y que, posteriormente juzgo a otros. Y me parece loable su actitud, pero….
En este momento ustedes se preguntarán porqué he tenido tantos problemas para hablar de ello. Pues porqué muy próximo a nosotros tenemos un país donde hubo una guerra civil donde se cometieron muchos excesos durante la misma guerra por ambos bandos, pero donde se cometieron muchos más al finalizar la misma y durante muchos años después, donde hubo una caravana de la muerte (seguramente copiada por Pinochet), que se dedicó a recorrer todo el país eliminando aquellos que eran o podrían ser enemigos o por simple sospechas o, peor aún, para eliminar rivales o resolver rencillas, donde se suprimieron casi todas las libertades y donde, después de cuarenta años de una dictadura de las más duras, se llegó a una transición vergonzante y vergonzosa, donde, implícitamente, se formularon unas leyes de perdón y olvido. Una transición que perdonó a muchos asesinos, torturadores y represores. Que no permitió que se investigaran esos delitos y que aún hace unos cuatros años, durante el período en que gobernaba un partido cuyos fundadores venían de ese régimen, no permitió que los familiares de aquellas victimas pudieran buscar y recuperar los restos de esos familiares asesinados por sus ideas y que superan, con creces, los desaparecidos por las dictaduras chilena y argentina juntas.
El argumento que se utilizó es que no se debían remover historias antiguas y los que más defendieron esa hipótesis fueron los ejecutores de esas muertes.
Ese país, ya lo han reconocido ustedes, es el nuestro, España.
Finalmente ese juez estrella mediática ha reconocido después de algunas críticas venidas de Sudamérica, que quizás debiera hacerse algo.
Después de muchas luchas se han reconocido derechos elementales a los que lucharon por la legalidad vigente en esa guerra, que por más que quieran disfrazarla de “cruzada” no fue más que un golpe de estado de unos militares acostumbrados a unos métodos represivos que aprendieron en África y pulieron aquí y que permitieron que los nazis experimentaran sus tácticas bélicas que después aplicaron en otros sitios.
Por todo esto me ha costado escribir este artículo, porque mi idea al crear este diario no era meterme en política ni en reivindicaciones políticas, sino de hablar de palabras, pero, ¿es posible ser tan aséptico?, ¿podemos, o debemos, eliminar sentimientos por mor de la objetividad?, no podemos.
Espero no recaer en ello, pero como dije al principio, esta pasividad revuelve mis tripas cerebrales, si es que se me permite expresión tan pintoresca.
La primera en la frente. Episodio III (y último)
Bien, una vez aclarado el tema de la bitácora pasemos a rematar el tema.
Solo queda por decir que términos usaremos, parece que las opiniones (una de momento) se decantan por explorador, yo también, por tanto uno solucionado.
También opinan que navegar es lo mejor, a falta de otra cosa también me parece bien, todo y que recorrer no me desagrada.
Queda por último como llamamos al log, me proponen cuaderno, podría ser.
Para mí creo que lo que hacemos no es un log, ni un cuaderno de bitácora, sino, simplemente un diario.
No se me asusten, estamos acostumbrados a que un diario sea uno de aquellos libros, con su candadito y todo, que llevaban las jovencitas en la época romántica o un dietario, unas memorias o alguna otra cosa.
Por su nombre parecería que se trata de un libro, cuaderno, lo que sea, donde vamos escribiendo, día a día, cosas que nos ocurren. Pienso que es eso y algo más. Para mí esa descripción sería más bien un dietario. Un diario sería un libro, cuaderno o lo que sea, donde se van recogiendo sucesos, pensamientos, críticas, opiniones, de todo un poco. Que no necesariamente debe ser día a día, a lo mejor un día no tenemos nada que explicar, otro tenemos mucho, etc.
Podemos encontrar diversos ejemplos en la literatura castellana, pero, para mí, el más paradigmático sería el ejemplo de Andrés Trapiello. Supe de su existencia a través de unos artículos que aparecían en el suplemento dominical de un periódico de los que leo. Después supe que había recibido varios premios y que escribía poesía, novela, artículos y libros de este genero, digamos “diarístico”.
Él llama a esa obra “una novela en marcha” y lleva como título genérico “Salón de los pasos perdidos”. Lleva publicados creo que doce, uno por año y cada uno lleva su título propio, siendo el primero “El gato encerrado”.
Los empecé a leer y me gustan mucho, de momento he leído siete. Se ajustan a mi definición de diario. En esos libros Trapiello habla de cosas que le pasan, de su familia, pero no es una autobiografía. Habla de otras personas, vecinos, autores, pero no son unas memorias.
Hace reflexiones, explica cosas, pero no es un ensayo.
Para quien le interese los seis primeros están editados en edición de bolsillo por Destino y son económicos, el resto salió y sale en Pre-Textos y son un poco caros. También, bajo el título genérico de “Desvanes”, existen recopilaciones de sus artículos.
Lo recomiendo y aviso que, con frecuencia, hablaré de libros y sus autores, pues, a veces, sacó los ejemplos de ahí. No obstante la gran fuente de horrores gramaticales los encuentras en periódicos, televisión y sobre todo radio.
¿Os gusta lo de diario?
La primera en la frente. Episodio II
Así pues quedamos en que hacíamos armarios para barcos. Vaya chasco. Además por no caer en un anglicismo caemos en un galicismo.
Pero no desesperemos, si acabamos de leer la definición de bitácora en el DRAE veremos que hace referencia a…Aguja de - , Cuaderno de –
Nos vamos a la entrada de cuaderno y encontramos: “~ de bitácora. M. Mar. Libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación.”
Hete aquí la misma definición que log, por tanto un log es, en castellano, un cuaderno de bitácora. Pero supongo que el ingenioso traductor (tradutore, traditore- que dicen los italianos) sería alguien del departamento de marketing que o bien pensó que cuaderno de bitácora era muy largo, o, lo que es peor, no se asesoró sobre el significado.
Por cierto que como verán en los comentarios recibidos a mi anterior “crónica”, mi amiga (permíteme que te llame así) Leodegundia dio en el clavo con lo de cuaderno de bitácora. Lo único que puedo añadirle es que realmente se llama así porque se guardaba en la bitácora, pero no es un libro auxiliar, es el Libro. Realmente sería lo que ella llama diario de navegación, pero los marinos, que son muy suyos, lo llaman cuaderno de bitácora.
Ya puestos, ¿por qué tanta referencia marítima al hablar de Internet? Si siempre hablamos de la red ¿por qué navegar en la red? ¿Por qué no decir “recorrer la red”? ¿Quizás todo viene de que uno de los primeros programas para entrar en Internet era el “Navigator”? ¿Quizás asimilamos la inmensidad de la red con la inmensidad del océano? Aún seguimos diciendo navegador del programa para entrar en Internet y recorrerla, o hay quien dice explorador en referencia al "Explorer" de MS.
Si navegamos, exploramos o recorremos la red veremos que en inglés, su lengua materna, no existen tantas referencias marinas. Lo que llamamos explorador, navegador, etc., para ellos es el browser: Palabreja esta que viene del verbo To browse que, agárresen a la silla, quiere decir “ramonear, repelar, tascar, herbajear”, o sea lo que hacen los rumiantes en el campo, pero que en sentido coloquial moderno se utiliza para hojear, así pues se trata, si nos permitimos la licencia, de un hojeador. Más razonable, ¿no?
Más adelante quisiera hablar del problema del lenguaje técnico y de la dificultad de su adaptación al castellano.
En la próxima crónica acabaré con el tema de las bitácoras o blogs.
Se aceptan palabras para llamar al explorador, navegador, hojeador o como sea.
La primera en la frente. Episodio I (con el permiso del Sr. Lucas)
¿Por qué “la primera en la frente”? No lo se. Muchas veces utilizamos ciertas frases hechas sin saber el origen de las mismas y, a veces, también, dándole un sentido diferente al que tienen.
Esta expresión yo la he oído y así la utilizo, en el sentido de que estas hablando de un tema, por ejemplo, el mal uso de las palabras y para hablar de ello recurres a un log o, como se dice, una “bitácora” y, de golpe, sale el primer ejemplo o el primer error y dices, o te dicen, “la primera en la frente”.
Otro ejemplo, “fulanito está en una cena con sus amigos en casa suya, les dice que él no permite que sus hijos lleguen tarde y entonces, son ya las doce de la noche, llega su hijo mayor y uno de sus amigos dice: “la primera en la frente”.
No se si me he explicado bien, pero espero que entiendan el sentido. Supongo, solo especulo, que el origen de la frase viene de la señal de la cruz, recuerdan: “Por la señal de la cruz, etc., etc.”, que en el colegio o en catequesis nos explicaban que eran tres cruces, “la primera en la frente”. Es posible.
Pero no es de esta frase de lo que quiero hablar, sino de lo que decía al principio, quiero hablar de palabras mal usadas y recurro a una “bitácora” para hacerlo.
He leído que los Weblogs aparecieron allá por el año 1997 y lo hicieron a modo de complemento de otras páginas, como periódicos digitales, etc. Servían para expresar opiniones o comentarios respecto a algo dicho y que no se podía decir oficialmente. (Desgraciadamente aún hay gente que los utiliza para eso, al no ser un periódico oficial, se permiten expresar acontecimientos o hechos sin, cosa obligatoria en los periódicos, contrastar las fuentes.)
Posteriormente pasaron a dominio público y la gente empezó a crear Weblogs, con el tiempo se abrevio el nombre a blog. El termino viene del inglés “log” que según la definición de los diccionarios es: “Cuaderno donde el Capitán de un barco anota los cambios de rumbo y velocidad que se realizan a lo largo de una travesía, por extensión se utiliza en los aviones.”
Es decir, primitivamente venían a cumplir la función de lo que ahora son las llamadas “cajas negras”. Algunos capitanes, como el del Titanic, añadían algún comentario sobre el transcurso de la travesía, pero eso era algo extraoficial, lo que si estaban obligados era a anotar todos los cambios de rumbo o velocidad.
Algún asesino de las palabras pensó:
— ¿Por qué tenemos que estar siempre utilizando términos ingleses si aquí tenemos palabras para decirlo? —
Dicho y hecho,
—lo llamaremos “bitácora”—
Perfecto, estamos salvando al castellano de la perfidia de los anglicismos.
Vayamos al DRAE (Recuerdan: Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española): “Bitácora: (Del Fr. Bitacle, por Habitacle) Especie de armario, fijo a la cubierta e inmediato al timón, en que se pone la aguja de marear.”
Pues si señores, lo nuestro es hacer armarios.
Continuará.