PRESUPUESTOS 2006: UN PACTO PARA ESTABILIZAR LA VIDA INSTITUCIONAL VASCA
Un partido político no es un fin en sí mismo, sino un medio de transformación social de acuerdo con una ideología, es un instrumento al servicio de la sociedad. Hoy, la sociedad vasca, quiere que nos instalemos en un nuevo tiempo político fundamentado en el pacto y en el acuerdo transversal, y los Socialistas, recogiendo esa demanda social, hemos alcanzado un acuerdo con el PNV y con el Gobierno Vasco para mejorar los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma Vasca para 2006.
Como introducción al razonamiento que nos ha llevado a dar el sí a las cuentas públicas, es conveniente aclarar tres cuestiones. En primer lugar, hemos pactado partidas valoradas en casi 250 millones de euros que mejoran el Presupuesto, un acuerdo político que se circunscribe exclusivamente a los Presupuestos para el año 2006 y, que por supuesto, no persigue ni pactos de legislatura ni entrar en el Gobierno Vasco. A los Socialistas nos preocupa la situación de Euskadi, nos interesan sus ciudadanos y sus problemas reales y, por tanto, hemos hecho un acuerdo en base a ese principio, no en clave de poder (que nadie se ponga nervioso).
En segundo lugar, los Socialistas vascos compartimos con Josu Jon Imaz que el pacto ayuda a ir tejiendo “redes de complicidad y confianza mutuas” y que eso es bueno para el nuevo escenario que se avecina. El pacto firmadao da fe de ello: “Los Grupos Parlamentarios que sostienen al Gobierno y el PSE-EE actuarán de manera conjunta en las iniciativas parlamentarias que tengan por objeto afianzar el presente acuerdo así como frente a las iniciativas de otros grupos que vayan dirigidas a obstaculizarlo o contrariarlo”. Pero tiempo tendremos de ver si esta idea toma cuerpo en los próximos meses.
Y en tercer lugar, aunque huelga decirlo, el pacto se sustenta en lo acordado, no en lo que no hemos acordado. No hemos pactado las partidas que querían financiar Udalbide o Udalbiltza. Hemos votado en contra de ambas iniciativas planteadas por el tripartito vasco y por EHAK, respectivamente. Y tampoco hemos pactado la partida de ayuda a los familiares de presos; el Grupo Socialista ha defendido una enmienda que plantea la supresión de esa partida y, por tanto, ha votado en contra de esa ayuda. Además, por si después de 126 años defendiendo las libertades alguien sigue dudando de nuestros principios en ese sentido, en el pacto presupuestario ha quedado plasmado que “El Gobierno Vasco se compromete a dar cobertura financiera durante el ejercicio 2006, en lo que, competencial e institucionalmente, le corresponda, a los acuerdos adoptados en el seno de la Ponencia permanente de víctimas del Parlamento Vasco”.
Entrando en la motivación del pacto, llevamos demasiados años de inestabilidad presupuestaria, que no es sino la muestra más clara de la inestabilidad política y de la falta de consensos básicos que hemos vivido en Euskadi en los últimos años. Y este hecho ha arrojado un resultado claro: somos la Comunidad Autónoma de España que menor inversión pública realiza a través de sus Presupuestos Generales con relación a nuestro PIB.
Además, esta situación, a la vista de la opinión de la ciudadanía, afecta a la credibilidad de nuestras instituciones: hacemos leyes para que los ciudadanos paguen impuestos y, sin embargo, no somos capaces de hacerlas para devolverles los impuestos que pagan, en forma de nuevas políticas para solucionar sus problemas reales.
Los Socialistas nos presentamos a las pasadas elecciones vascas con un programa que defendía el diálogo y entendimiento para acabar con el terrorismo y consolidar la paz y la libertad; que apostaba por acuerdos entre diferentes para asentar la convivencia, desarrollar nuestro autogobierno y construir el futuro entre todos y para todos; y que propugnaba por el diálogo y la búsqueda de acuerdos para la construcción social de Euskadi. Y eso es lo que estamos haciendo, cumplir nuestro contrato con la sociedad vasca. Sociedad que, con su voto en las urnas, primó a quienes proponíamos acabar con las trincheras y los desencuentros, y que castigó a quienes defendían políticas radicales de imposición y partidistas, que fragmentaban y dividían a la sociedad vasca.
Por eso, tras las elecciones y una vez constituido el Parlamento Vasco, los Socialistas hemos adquirido un compromiso claro con Euskadi y sus ciudadanos: somos una oposición útil, responsable y constructiva, y no por ello menos contundente. Porque como oposición, además hacer seguimiento y crítica de la labor del Gobierno, además de plantear alternativas y soluciones a todos y cada uno de los problemas de la ciudadanía, debemos saber definir espacios para el consenso en aquellos asuntos que afectan de manera fundamental al futuro y al desarrollo de la sociedad. En democracia, el papel de la oposición no debe limitarse al acoso y derribo del gobierno de turno. Así pues, hoy más que nunca, somos el primer partido de la oposición y la alternativa real al Gobierno tripartito.
Los Socialistas vascos queremos contribuir a poner las bases para recuperar el peso relativo de Euskadi en España y en Europa. Queremos tranquilizar la vida institucional y enderezar el rumbo de la política vasca. Queremos transmitir confianza a los principales sectores socioeconómicos. Queremos corregir los desequilibrios dentro de nuestra Comunidad y queremos dar un giro a la política social de Euskadi. Todo esto solo es posible desde el diálogo y el acuerdo entre diferentes, y esa ha sido nuestra mayor fuente de inspiración para firmar el pacto con el PNV y el Gobierno Vasco. Esta es y será nuestra forma de hacer la política.
Óscar Rodríguez Vaz
Como introducción al razonamiento que nos ha llevado a dar el sí a las cuentas públicas, es conveniente aclarar tres cuestiones. En primer lugar, hemos pactado partidas valoradas en casi 250 millones de euros que mejoran el Presupuesto, un acuerdo político que se circunscribe exclusivamente a los Presupuestos para el año 2006 y, que por supuesto, no persigue ni pactos de legislatura ni entrar en el Gobierno Vasco. A los Socialistas nos preocupa la situación de Euskadi, nos interesan sus ciudadanos y sus problemas reales y, por tanto, hemos hecho un acuerdo en base a ese principio, no en clave de poder (que nadie se ponga nervioso).
En segundo lugar, los Socialistas vascos compartimos con Josu Jon Imaz que el pacto ayuda a ir tejiendo “redes de complicidad y confianza mutuas” y que eso es bueno para el nuevo escenario que se avecina. El pacto firmadao da fe de ello: “Los Grupos Parlamentarios que sostienen al Gobierno y el PSE-EE actuarán de manera conjunta en las iniciativas parlamentarias que tengan por objeto afianzar el presente acuerdo así como frente a las iniciativas de otros grupos que vayan dirigidas a obstaculizarlo o contrariarlo”. Pero tiempo tendremos de ver si esta idea toma cuerpo en los próximos meses.
Y en tercer lugar, aunque huelga decirlo, el pacto se sustenta en lo acordado, no en lo que no hemos acordado. No hemos pactado las partidas que querían financiar Udalbide o Udalbiltza. Hemos votado en contra de ambas iniciativas planteadas por el tripartito vasco y por EHAK, respectivamente. Y tampoco hemos pactado la partida de ayuda a los familiares de presos; el Grupo Socialista ha defendido una enmienda que plantea la supresión de esa partida y, por tanto, ha votado en contra de esa ayuda. Además, por si después de 126 años defendiendo las libertades alguien sigue dudando de nuestros principios en ese sentido, en el pacto presupuestario ha quedado plasmado que “El Gobierno Vasco se compromete a dar cobertura financiera durante el ejercicio 2006, en lo que, competencial e institucionalmente, le corresponda, a los acuerdos adoptados en el seno de la Ponencia permanente de víctimas del Parlamento Vasco”.
Entrando en la motivación del pacto, llevamos demasiados años de inestabilidad presupuestaria, que no es sino la muestra más clara de la inestabilidad política y de la falta de consensos básicos que hemos vivido en Euskadi en los últimos años. Y este hecho ha arrojado un resultado claro: somos la Comunidad Autónoma de España que menor inversión pública realiza a través de sus Presupuestos Generales con relación a nuestro PIB.
Además, esta situación, a la vista de la opinión de la ciudadanía, afecta a la credibilidad de nuestras instituciones: hacemos leyes para que los ciudadanos paguen impuestos y, sin embargo, no somos capaces de hacerlas para devolverles los impuestos que pagan, en forma de nuevas políticas para solucionar sus problemas reales.
Los Socialistas nos presentamos a las pasadas elecciones vascas con un programa que defendía el diálogo y entendimiento para acabar con el terrorismo y consolidar la paz y la libertad; que apostaba por acuerdos entre diferentes para asentar la convivencia, desarrollar nuestro autogobierno y construir el futuro entre todos y para todos; y que propugnaba por el diálogo y la búsqueda de acuerdos para la construcción social de Euskadi. Y eso es lo que estamos haciendo, cumplir nuestro contrato con la sociedad vasca. Sociedad que, con su voto en las urnas, primó a quienes proponíamos acabar con las trincheras y los desencuentros, y que castigó a quienes defendían políticas radicales de imposición y partidistas, que fragmentaban y dividían a la sociedad vasca.
Por eso, tras las elecciones y una vez constituido el Parlamento Vasco, los Socialistas hemos adquirido un compromiso claro con Euskadi y sus ciudadanos: somos una oposición útil, responsable y constructiva, y no por ello menos contundente. Porque como oposición, además hacer seguimiento y crítica de la labor del Gobierno, además de plantear alternativas y soluciones a todos y cada uno de los problemas de la ciudadanía, debemos saber definir espacios para el consenso en aquellos asuntos que afectan de manera fundamental al futuro y al desarrollo de la sociedad. En democracia, el papel de la oposición no debe limitarse al acoso y derribo del gobierno de turno. Así pues, hoy más que nunca, somos el primer partido de la oposición y la alternativa real al Gobierno tripartito.
Los Socialistas vascos queremos contribuir a poner las bases para recuperar el peso relativo de Euskadi en España y en Europa. Queremos tranquilizar la vida institucional y enderezar el rumbo de la política vasca. Queremos transmitir confianza a los principales sectores socioeconómicos. Queremos corregir los desequilibrios dentro de nuestra Comunidad y queremos dar un giro a la política social de Euskadi. Todo esto solo es posible desde el diálogo y el acuerdo entre diferentes, y esa ha sido nuestra mayor fuente de inspiración para firmar el pacto con el PNV y el Gobierno Vasco. Esta es y será nuestra forma de hacer la política.
Óscar Rodríguez Vaz
UNA EUSKADI MEJOR ES POSIBLE
En el Parlamento Vasco estamos inmersos en el debate sobre la principal herramienta con la que cuenta un Gobierno para llevar adelante su política, los Presupuestos. Unos Presupuestos a los que los Socialistas vascos hemos presentado una enmienda de totalidad, fundamentalmente porque no compartimos ni los objetivos políticos, ni el proyecto de país, ni la política social que se reflejan en él. Por tanto, no estamos dispuestos a que puedan ser financiados con nuestro apoyo, si no existe una rectificación por parte del Gobierno.
Después de siete años de turbulencias presupuestarias, el Gobierno Vasco no ha aprovechado la ocasión para hacer un Presupuesto con la proyección hacia el futuro que Euskadi necesita; que pusiera las bases para recuperar nuestro peso relativo en el Estado y en Europa; que transmitiera confianza a los principales sectores socio-económicos; que tranquilizara la vida institucional vasca; que corrigiese los desequilibrios dentro de la Comunidad Autónoma, particularmente en materia de servicios sociales e infraestructuras; y que diera un giro a la política social de Euskadi.
Desgraciadamente, el Gobierno sigue centrando sus mensajes y acciones públicas en la superación del marco estatutario, en la identidad y en las esencias patrias, y como no, en la pacificación. No diremos los Socialistas que no son temas importantes, sobre todo el de la paz definitiva para Euskadi. Pero la pacificación, por suerte o por desgracia, no está en las manos de Ibarretxe en exclusiva y, por otra parte, las discusiones en torno a la identidad y la patria no solucionan nuestros problemas.
Pero el hecho es que, mientras seguimos discutiendo en torno a lo de siempre, hay una Euskadi con problemas reales. Hay una Euskadi pendiente que necesita de decisión y liderazgo para afrontar los problemas de sus ciudadanos. Los Socialistas no creemos que Euskadi vaya fatal, pero podría ir mejor. El primer y fundamental problema es que nuestra economía, nuestros índices de desarrollo y bienestar, ya no se diferencian tanto como hace tan sólo 10 ó 15 años respecto de los de otras regiones de España y Europa. Pero es que, además, tenemos otros serios y reales problemas: el precio de la vivienda, los índices de precariedad y temporalidad en el empleo, la siniestralidad laboral, el coste de los bienes y servicios, las más de 40.000 familias en el umbral de la pobreza, la tardía edad de emancipación y el alto número de jóvenes que deciden irse a otras lugares del Estado o de Europa a buscarse la vida.
Los Presupuestos son poco ambiciosos de cara a lograr los objetivos sociales y económicos de esta Euskadi real que los Socialistas describimos. En este sentido, observamos que los Presupuestos presentados por el Gobierno no corrigen los desequilibrios entre personas y territorios dentro de la Comunidad, particularmente, en materia de servicios sociales e infraestructuras; no apuestan por una política social más ambiciosa que consolide nuevos derechos sociales; el montante económico destinado a empleo crece por debajo del crecimiento global del presupuesto; las inversiones en sanidad no suben ni el IPC, con lo que los problemas reales de nuestro sistema sanitario seguirán desatendidos; se observa un escaso apoyo a los Ayuntamientos para hacer más eficaces las políticas de suelo y vivienda; no se apuesta claramente por recuperar nuestra escuela pública, las becas no crecen y la educación infantil, simplemente, no es de la incumbencia del Gobierno Vasco.
Los Socialistas hemos manifestado – y lo seguiremos haciendo hasta el último momento – nuestra voluntad de negociar estos Presupuestos, porque Euskadi necesita una inversión pública fuerte y coherente. Sin embargo, esta oferta no ha sido valorada en toda su dimensión, porque entendemos que el Lehendakari y su Gobierno se hayan en una encrucijada difícil de solventar: o siguen en la línea de los últimos 7 años – lo que hoy supondría pactar con EHAK –, o muestran un claro propósito de enmienda y deciden dar tranquilidad a la política en Euskadi – lo que supondría apoyarse en el PSE-EE –.
De momento, a la luz del Acuerdo de Coalición PNV-EA-EB y del proyecto de Presupuestos descrito, el Lehendakari y su Gobierno parecen haber optado por la continuidad, negándose a introducir la más mínima autocrítica con respecto a su trayectoria. El Gobierno parece querer persistir en lo que viene haciendo desde 1998, lo que, bajo nuestro punto de vista, no redundará en beneficio de la sociedad vasca.
Hace menos de un año se debatía y aprobaba en esta Cámara el dichoso plan Ibarretxe con los votos de Batasuna. La propuesta fue democráticamente debatida, y democráticamente rechazada por el Congreso de los Diputados. Después, denunciando un “portazo” del Congreso de los Diputados a Euskadi, defraudó a los ciudadanos, adelantando unas elecciones para tratar de seguir con su discurso victimista – sin importarle lo más mínimo las importantes leyes que estaban pendientes de su aprobación en el Parlamento Vasco –.
En Democracia, las cosas se debaten, se analizan y, finalmente, se deciden en el ámbito que corresponde. Por tanto, no sé si Ibarretxe sigue pensando que el Congreso le dio o no un portazo a su plan; pero, desde luego, en las elecciones autonómicas sí que se llevó más de 140.000 portazos, que son los votos que perdió su formación. La coalición nacionalista perdió respaldo popular, y los populares también. Sin embargo, un día sí y otro también, asistimos a las lecciones que ambos quieren dar a la única formación que incrementó su número de votos – en más de 90.000 – y su número de escaños – 5 más que en 2001 –.
Nuestra estrategia que, como ya se ha dicho, avalaron los ciudadanos vascos, se basaba en una frase que definía todo un proyecto: vivir juntos, para decidir juntos y, de esta forma, resolver los problemas juntos. Pues bien, en esas estamos, también en el debate de Presupuestos para la Comunidad. Por tanto, es el Gobierno quien tendrá que decidir si continúa en la línea de los últimos años, o si se suma a la voluntad ciudadana de juntarnos entre diferentes para resolver los problemas reales de Euskadi. Nosotros lo tenemos claro.
Óscar Rodríguez Vaz
Después de siete años de turbulencias presupuestarias, el Gobierno Vasco no ha aprovechado la ocasión para hacer un Presupuesto con la proyección hacia el futuro que Euskadi necesita; que pusiera las bases para recuperar nuestro peso relativo en el Estado y en Europa; que transmitiera confianza a los principales sectores socio-económicos; que tranquilizara la vida institucional vasca; que corrigiese los desequilibrios dentro de la Comunidad Autónoma, particularmente en materia de servicios sociales e infraestructuras; y que diera un giro a la política social de Euskadi.
Desgraciadamente, el Gobierno sigue centrando sus mensajes y acciones públicas en la superación del marco estatutario, en la identidad y en las esencias patrias, y como no, en la pacificación. No diremos los Socialistas que no son temas importantes, sobre todo el de la paz definitiva para Euskadi. Pero la pacificación, por suerte o por desgracia, no está en las manos de Ibarretxe en exclusiva y, por otra parte, las discusiones en torno a la identidad y la patria no solucionan nuestros problemas.
Pero el hecho es que, mientras seguimos discutiendo en torno a lo de siempre, hay una Euskadi con problemas reales. Hay una Euskadi pendiente que necesita de decisión y liderazgo para afrontar los problemas de sus ciudadanos. Los Socialistas no creemos que Euskadi vaya fatal, pero podría ir mejor. El primer y fundamental problema es que nuestra economía, nuestros índices de desarrollo y bienestar, ya no se diferencian tanto como hace tan sólo 10 ó 15 años respecto de los de otras regiones de España y Europa. Pero es que, además, tenemos otros serios y reales problemas: el precio de la vivienda, los índices de precariedad y temporalidad en el empleo, la siniestralidad laboral, el coste de los bienes y servicios, las más de 40.000 familias en el umbral de la pobreza, la tardía edad de emancipación y el alto número de jóvenes que deciden irse a otras lugares del Estado o de Europa a buscarse la vida.
Los Presupuestos son poco ambiciosos de cara a lograr los objetivos sociales y económicos de esta Euskadi real que los Socialistas describimos. En este sentido, observamos que los Presupuestos presentados por el Gobierno no corrigen los desequilibrios entre personas y territorios dentro de la Comunidad, particularmente, en materia de servicios sociales e infraestructuras; no apuestan por una política social más ambiciosa que consolide nuevos derechos sociales; el montante económico destinado a empleo crece por debajo del crecimiento global del presupuesto; las inversiones en sanidad no suben ni el IPC, con lo que los problemas reales de nuestro sistema sanitario seguirán desatendidos; se observa un escaso apoyo a los Ayuntamientos para hacer más eficaces las políticas de suelo y vivienda; no se apuesta claramente por recuperar nuestra escuela pública, las becas no crecen y la educación infantil, simplemente, no es de la incumbencia del Gobierno Vasco.
Los Socialistas hemos manifestado – y lo seguiremos haciendo hasta el último momento – nuestra voluntad de negociar estos Presupuestos, porque Euskadi necesita una inversión pública fuerte y coherente. Sin embargo, esta oferta no ha sido valorada en toda su dimensión, porque entendemos que el Lehendakari y su Gobierno se hayan en una encrucijada difícil de solventar: o siguen en la línea de los últimos 7 años – lo que hoy supondría pactar con EHAK –, o muestran un claro propósito de enmienda y deciden dar tranquilidad a la política en Euskadi – lo que supondría apoyarse en el PSE-EE –.
De momento, a la luz del Acuerdo de Coalición PNV-EA-EB y del proyecto de Presupuestos descrito, el Lehendakari y su Gobierno parecen haber optado por la continuidad, negándose a introducir la más mínima autocrítica con respecto a su trayectoria. El Gobierno parece querer persistir en lo que viene haciendo desde 1998, lo que, bajo nuestro punto de vista, no redundará en beneficio de la sociedad vasca.
Hace menos de un año se debatía y aprobaba en esta Cámara el dichoso plan Ibarretxe con los votos de Batasuna. La propuesta fue democráticamente debatida, y democráticamente rechazada por el Congreso de los Diputados. Después, denunciando un “portazo” del Congreso de los Diputados a Euskadi, defraudó a los ciudadanos, adelantando unas elecciones para tratar de seguir con su discurso victimista – sin importarle lo más mínimo las importantes leyes que estaban pendientes de su aprobación en el Parlamento Vasco –.
En Democracia, las cosas se debaten, se analizan y, finalmente, se deciden en el ámbito que corresponde. Por tanto, no sé si Ibarretxe sigue pensando que el Congreso le dio o no un portazo a su plan; pero, desde luego, en las elecciones autonómicas sí que se llevó más de 140.000 portazos, que son los votos que perdió su formación. La coalición nacionalista perdió respaldo popular, y los populares también. Sin embargo, un día sí y otro también, asistimos a las lecciones que ambos quieren dar a la única formación que incrementó su número de votos – en más de 90.000 – y su número de escaños – 5 más que en 2001 –.
Nuestra estrategia que, como ya se ha dicho, avalaron los ciudadanos vascos, se basaba en una frase que definía todo un proyecto: vivir juntos, para decidir juntos y, de esta forma, resolver los problemas juntos. Pues bien, en esas estamos, también en el debate de Presupuestos para la Comunidad. Por tanto, es el Gobierno quien tendrá que decidir si continúa en la línea de los últimos años, o si se suma a la voluntad ciudadana de juntarnos entre diferentes para resolver los problemas reales de Euskadi. Nosotros lo tenemos claro.
Óscar Rodríguez Vaz
PAZ, CONVIVENCIA Y EUSKADI REAL
El Socialismo vasco vivió su quinto Congreso en noviembre de 2005. Un Congreso que, como afirmó Patxi López en su discurso de gestión, no ha estado exento de “pasión y tensión”. Y esta es una cuestión previa que me gustaría señalar. Efectivamente, los Congresos de los Socialistas son tensos, porque vivimos la política con pasión y, por tanto, no siguen un guión predeterminado. A la luz de los resultados de las votaciones, ha podido dar la sensación de que todo iba a salir según lo previsto, pero podía no haber sido así, y no hubiera pasado absolutamente nada.
Porque a los Socialistas nos gusta analizar de forma colectiva y discutir acaloradamente, desde la diferencia y el respeto. Y es coherente con nuestro discurso porque, si creemos en la Democracia como sistema de organización de la sociedad, ¿cómo no íbamos a creer en ella para organizar la vida interna de nuestro Partido? Dejamos para otros los nombramientos digitales, las unanimidades artificiales y la expulsión de los discrepantes. Esa no es nuestra forma de entender la Democracia, porque eso simplemente no es Democracia.
Este quinto Congreso, además de un PSE-EE cohesionado, ha dado el espaldarazo casi unánime a un discurso político basado en tres ejes: paz, convivencia y Euskadi real.
Comienzo por el primero de los ejes. La paz, con libertad para todos, es el principal objetivo que los Socialistas hemos trasladado a la sociedad en su conjunto como un auténtico reto colectivo. Y aquí han de quedar claras dos cuestiones de vital importancia: la primera, que los Socialistas haremos todo lo que esté en nuestra mano para que ésta llegue; la segunda, que nuestro trabajo no arrojará un buen resultado si no conseguimos que sea un objetivo compartido por la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad vasca y española en su conjunto.
Con relación a la primera cuestión, no hemos podido ser más claros y contundentes: no vamos a pagar un precio político por la paz, pero la política puede ayudar a conseguirla. Desde el momento en el que tomó posesión y, fundamentalmente, a partir del primer debate sobre el estado de la nación, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha sido claro en la búsqueda de un escenario favorable para la consecución de la paz definitiva en Euskadi.
Es verdad que se han percibido momentos mejores y peores en esta materia, desde que se aprobó la resolución del Congreso de los Diputados. Pero lo cierto es que hoy, en términos generales, la sociedad tiene una sensación completamente distinta a la que podría tener hace tan sólo año y medio. Como afirmaba Javier Rojo, nuevo Secretario Político del PSE-EE, “queremos contagiar a la sociedad nuestra ilusión en que llegue la paz”, pero no estamos engañando a nadie. Porque dijimos que no íbamos a bajar la guardia en la lucha contra el terrorismo, y en torno a doscientas personas vinculadas al terrorismo han sido detenidas en el mandato de Rodríguez Zapatero.
Así pues, la acción del Gobierno está siendo diáfana: lucha sin cuartel contra ETA con todas las herramientas que nos da el Estado de Derecho, concienciación social contra el terrorismo y apertura de un escenario negociador con quienes decidan abandonar la extorsión, la amenaza y el asesinato.
Entrando en la segunda cuestión que señalaba con relación a la paz, de nada servirá toda la buena acción del Gobierno, si no conseguimos involucrar a la mayoría social en este noble objetivo. Porque más allá de que la sociedad vaya a reconocer el esfuerzo de los Socialistas por alcanzarla, la paz no llegará de forma definitiva si la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad no comparten el objetivo.
Creo sinceramente, que el Gobierno de España, el PSOE y el PSE-EE están persiguiendo la unidad de todos los partidos políticos, colectivos de víctimas y representantes diversos de la sociedad civil en esta materia. Pero también es cierto que los discursos y las acciones políticas de algunos sectores, no aventuran una resolución exenta de polémicas y con un riesgo añadido de división y crispación social a la cuestión de la pacificación.
En este sentido, creo que poco ayudan la precipitación de algunos dirigentes políticos vascos a la hora de lanzar a la opinión pública ideas que mezclan la paz con las relaciones entre los partidos políticos; que confunden el fin del terrorismo con la normalización política. Y considero que, si en Euskadi no tenemos todos claro que son dos cuestiones distintas, no vamos por el buen camino.
Pero tampoco ayuda la acción política que, tanto en Euskadi como en el resto de España, está llevando a cabo la derecha. No quiero dedicar demasiadas líneas a transcribir los discursos a los que estamos asistiendo en este sentido. Creo que lo que procede es pedir un esfuerzo de tranquilidad y racionalidad en todo aquello que se dice, pues lo peor que le podría pasar a este país – que no a ningún partido político – es que la sociedad comenzara a pensar que hay quienes no quieren que llegue la paz, porque se quedarían sin discurso político.
En definitiva, la paz llegará a Euskadi más pronto que tarde, y es tarea de todos hacer pedagogía en la sociedad para que sepa recibirla con los brazos abiertos, al tiempo que con cautela. Porque este no será un proceso que acabe ni en dos, ni en diez años.
El segundo de los ejes marcados por el quinto Congreso de los Socialistas vascos es la convivencia. Y no hay mejor forma de resumir tal objetivo, que como lo hicimos en las pasadas elecciones autonómicas: si vivimos juntos, juntos tenemos que decidir.
La sociedad vasca premió nuestro discurso el pasado 17 de abril, por tanto mal hubiéramos hecho renegando de nuestro discurso en el Congreso de los Socialistas. Como no estamos locos, los delegados asistentes al Congreso respaldamos con más un 95% la gestión de Patxi López. Y es que hay quien dice que la mejor estrategia, es la que se acierta; y, si hemos acertado, ¿por qué vamos a cambiar?
Por contra, hay quienes se empeñan en reclamar cambios al Socialismo. El nacionalismo gobernante vasco – en el que hay que incluir, por méritos propios, a la formación de Madrazo – afirma que el PSE-EE tiene que romper amarras con el PP, pues constituye un frente común con estos en contra de la libre decisión de los vascos. La derecha, por su parte, dice que el PSE-EE ha llevado a cabo un cambio de rumbo cobarde e irresponsable y que ha dejado de ser alternativa al nacionalismo.
Humildemente, considero que tanto unos como otros deberían comenzar a preocuparse por su discurso y por su acción política, en lugar de insultarnos un día sí y otro también. En primer lugar, porque que tanto el PNV como el PP no son rigurosos con la verdad, ya a nadie se le escapa que el PSE-EE no puede formar un frente con el PP contra el Gobierno, al tiempo que se rinde cobardemente ante este. Y, en segundo lugar, porque tanto unos como otros siguen anclados en el pasado, como prueba el premio que la sociedad vasca otorgó a ambos en la pasada contienda electoral: unos perdieron 140.000 votos y los otros perdieron 120.000.
Si queremos lograr la convivencia en Euskadi, sólo hay que tener en cuenta el pasado para no repetir los errores que todos cometimos, pero debemos mirar al futuro. Y para ello hace falta reconocer que la sociedad vasca es plural y diversa; que existen diferentes sentimientos de pertenencia; que contamos con un marco legal que ha hecho que dispongamos de las mayores cotas de autogobierno de nuestra Historia; y que este marco ha garantizado nuestra convivencia y progreso en los últimos 26 años, porque supuso un pacto entre vascos, entre los territorios vascos, y entre Euskadi y España.
Por eso los Socialistas defendemos el Estatuto de Gernika. Sin embargo, todavía hay quienes lo cuestionan todo, quienes dicen que el Estatuto fue un fraude y que no sirve ya a los intereses de la sociedad vasca. Y todavía hay quienes quieren que no se mueva nada – bien es cierto que son aquellos que siempre, en los últimos 26 años, se opusieron a todos los cambios sociales y políticos de trascendencia –.
Los Socialistas no queremos petrificar el Estatuto. Queremos actualizarlo y reformarlo entre todos, como poco, con el consenso logrado en su gestación. Una sociedad moderna, formada y exigente como la nuestra, sólo admitirá como válidos aquellos cambios que acordemos entre todos, ciñéndonos a la legislación vigente; ya no le sirven las soluciones que nos enfrenten y que nos dividan, y así lo expresaron el 17 de abril. Tenemos una sociedad plural y diversa, y es en esa clave en la que tendremos que plantear las soluciones de futuro, si queremos atajar de verdad los problemas reales de la ciudadanía.
Porque, entrando en el tercer eje fijado por los Socialistas en nuestro quinto Congreso, en Euskadi existen problemas reales. Problemas que no van a dejar de serlo por el hecho de que se siga, desde las instancias gubernamentales, insistiendo irresponsablemente en que estamos por encima de la media española y europea en todo lo habido y por haber.
El primer y fundamental problema es que Euskadi – nuestra economía, nuestros índices de desarrollo y bienestar – ha perdido peso relativo en España y en Europa . Y creo que de ahí, provienen el resto de problemas reales. Estamos a la cabeza del Estado en precio de la vivienda y en índices de precariedad y temporalidad en el empleo. Tenemos la cesta de la compra más cara de España y hay 40.000 familias en el umbral de la pobreza. Tenemos la edad de emancipación más tardía de España y, para colmo, cada vez son más los jóvenes que deciden irse a otras regiones del Estado o de Europa a buscarse la vida.
Mientras tanto, nuestro Gobierno no ve más problemas que la discusión en torno a lo de siempre. Y este hecho, probablemente explique la lejanía entre los ciudadanos vascos y la política; este hecho quizás justifique que la ciudadanía perciba que la política y los políticos somos el cuarto problema de Euskadi.
Los Socialistas queremos que la sociedad recupere la confianza en la política y, precisamente por eso, no nos vamos a quedar en la crítica, lo que no quiere decir que vayamos a obviarla. Seremos útiles y constructivos, y vamos a aportar soluciones. En este sentido, quiero señalar, en primer lugar, que nuestra utilidad en la política no quedará exclusivamente en el ámbito vasco, en consecuencia con lo que ya he expresado en este artículo: aislados de España no somos nada, juntos somos más fuertes y más competitivos. Así pues, la acción de los Socialistas ha sido determinante para zanjar un conflicto, el del Cupo, que llevaba mucho tiempo distorsionando las relaciones entre el Gobierno central y el Gobierno vasco. El Estado financiará también los gastos ocasionados por la catástrofe del Prestige y la ampliación del Ertzantza. Además, el Gobierno Socialista hará importantes inversiones para el desarrollo de Euskadi, como la “Y” ferroviaria o un Centro de Gran Ciencia, a través de los Presupuestos Generales del Estado. Y lo haremos en coherencia con la idea que siempre hemos expresado de que las Comunidades Autónomas también son Estado.
Y, en segundo lugar, volviendo a Euskadi, también dejamos claro en nuestro Congreso que estamos dispuestos a llegar a acuerdos con el Gobierno para resolver los problemas de la gente. Queremos un Presupuesto para Euskadi y trabajaremos para que se apruebe, después de siete años de inestabilidad política y presupuestaria. Y trabajaremos para alcanzar acuerdos en materia de empleo, vivienda y políticas sociales.
Concluyendo, estamos dispuestos a hacer que nuestros 18 parlamentarios sean útiles a la hora de solucionar los problemas de la Euskadi real. En el Parlamento Vasco seremos una oposición exigente, pero útil y constructiva. Porque queremos que Euskadi progrese y porque, que a nadie se le olvide, somos la alternativa al Gobierno de Ibarretxe, y esta es la mejor forma de que esta alternativa sea viable.
Ahora bien, el Gobierno habrá de decidir si lo quiere hacer todo esto con los Socialistas, o si lo quiere hacer con otros. Es tan legítimo hacerlo con unos como con otros, como incompatible es hacerlo con todos a la vez.
Óscar Rodríguez Vaz
Porque a los Socialistas nos gusta analizar de forma colectiva y discutir acaloradamente, desde la diferencia y el respeto. Y es coherente con nuestro discurso porque, si creemos en la Democracia como sistema de organización de la sociedad, ¿cómo no íbamos a creer en ella para organizar la vida interna de nuestro Partido? Dejamos para otros los nombramientos digitales, las unanimidades artificiales y la expulsión de los discrepantes. Esa no es nuestra forma de entender la Democracia, porque eso simplemente no es Democracia.
Este quinto Congreso, además de un PSE-EE cohesionado, ha dado el espaldarazo casi unánime a un discurso político basado en tres ejes: paz, convivencia y Euskadi real.
Comienzo por el primero de los ejes. La paz, con libertad para todos, es el principal objetivo que los Socialistas hemos trasladado a la sociedad en su conjunto como un auténtico reto colectivo. Y aquí han de quedar claras dos cuestiones de vital importancia: la primera, que los Socialistas haremos todo lo que esté en nuestra mano para que ésta llegue; la segunda, que nuestro trabajo no arrojará un buen resultado si no conseguimos que sea un objetivo compartido por la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad vasca y española en su conjunto.
Con relación a la primera cuestión, no hemos podido ser más claros y contundentes: no vamos a pagar un precio político por la paz, pero la política puede ayudar a conseguirla. Desde el momento en el que tomó posesión y, fundamentalmente, a partir del primer debate sobre el estado de la nación, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha sido claro en la búsqueda de un escenario favorable para la consecución de la paz definitiva en Euskadi.
Es verdad que se han percibido momentos mejores y peores en esta materia, desde que se aprobó la resolución del Congreso de los Diputados. Pero lo cierto es que hoy, en términos generales, la sociedad tiene una sensación completamente distinta a la que podría tener hace tan sólo año y medio. Como afirmaba Javier Rojo, nuevo Secretario Político del PSE-EE, “queremos contagiar a la sociedad nuestra ilusión en que llegue la paz”, pero no estamos engañando a nadie. Porque dijimos que no íbamos a bajar la guardia en la lucha contra el terrorismo, y en torno a doscientas personas vinculadas al terrorismo han sido detenidas en el mandato de Rodríguez Zapatero.
Así pues, la acción del Gobierno está siendo diáfana: lucha sin cuartel contra ETA con todas las herramientas que nos da el Estado de Derecho, concienciación social contra el terrorismo y apertura de un escenario negociador con quienes decidan abandonar la extorsión, la amenaza y el asesinato.
Entrando en la segunda cuestión que señalaba con relación a la paz, de nada servirá toda la buena acción del Gobierno, si no conseguimos involucrar a la mayoría social en este noble objetivo. Porque más allá de que la sociedad vaya a reconocer el esfuerzo de los Socialistas por alcanzarla, la paz no llegará de forma definitiva si la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad no comparten el objetivo.
Creo sinceramente, que el Gobierno de España, el PSOE y el PSE-EE están persiguiendo la unidad de todos los partidos políticos, colectivos de víctimas y representantes diversos de la sociedad civil en esta materia. Pero también es cierto que los discursos y las acciones políticas de algunos sectores, no aventuran una resolución exenta de polémicas y con un riesgo añadido de división y crispación social a la cuestión de la pacificación.
En este sentido, creo que poco ayudan la precipitación de algunos dirigentes políticos vascos a la hora de lanzar a la opinión pública ideas que mezclan la paz con las relaciones entre los partidos políticos; que confunden el fin del terrorismo con la normalización política. Y considero que, si en Euskadi no tenemos todos claro que son dos cuestiones distintas, no vamos por el buen camino.
Pero tampoco ayuda la acción política que, tanto en Euskadi como en el resto de España, está llevando a cabo la derecha. No quiero dedicar demasiadas líneas a transcribir los discursos a los que estamos asistiendo en este sentido. Creo que lo que procede es pedir un esfuerzo de tranquilidad y racionalidad en todo aquello que se dice, pues lo peor que le podría pasar a este país – que no a ningún partido político – es que la sociedad comenzara a pensar que hay quienes no quieren que llegue la paz, porque se quedarían sin discurso político.
En definitiva, la paz llegará a Euskadi más pronto que tarde, y es tarea de todos hacer pedagogía en la sociedad para que sepa recibirla con los brazos abiertos, al tiempo que con cautela. Porque este no será un proceso que acabe ni en dos, ni en diez años.
El segundo de los ejes marcados por el quinto Congreso de los Socialistas vascos es la convivencia. Y no hay mejor forma de resumir tal objetivo, que como lo hicimos en las pasadas elecciones autonómicas: si vivimos juntos, juntos tenemos que decidir.
La sociedad vasca premió nuestro discurso el pasado 17 de abril, por tanto mal hubiéramos hecho renegando de nuestro discurso en el Congreso de los Socialistas. Como no estamos locos, los delegados asistentes al Congreso respaldamos con más un 95% la gestión de Patxi López. Y es que hay quien dice que la mejor estrategia, es la que se acierta; y, si hemos acertado, ¿por qué vamos a cambiar?
Por contra, hay quienes se empeñan en reclamar cambios al Socialismo. El nacionalismo gobernante vasco – en el que hay que incluir, por méritos propios, a la formación de Madrazo – afirma que el PSE-EE tiene que romper amarras con el PP, pues constituye un frente común con estos en contra de la libre decisión de los vascos. La derecha, por su parte, dice que el PSE-EE ha llevado a cabo un cambio de rumbo cobarde e irresponsable y que ha dejado de ser alternativa al nacionalismo.
Humildemente, considero que tanto unos como otros deberían comenzar a preocuparse por su discurso y por su acción política, en lugar de insultarnos un día sí y otro también. En primer lugar, porque que tanto el PNV como el PP no son rigurosos con la verdad, ya a nadie se le escapa que el PSE-EE no puede formar un frente con el PP contra el Gobierno, al tiempo que se rinde cobardemente ante este. Y, en segundo lugar, porque tanto unos como otros siguen anclados en el pasado, como prueba el premio que la sociedad vasca otorgó a ambos en la pasada contienda electoral: unos perdieron 140.000 votos y los otros perdieron 120.000.
Si queremos lograr la convivencia en Euskadi, sólo hay que tener en cuenta el pasado para no repetir los errores que todos cometimos, pero debemos mirar al futuro. Y para ello hace falta reconocer que la sociedad vasca es plural y diversa; que existen diferentes sentimientos de pertenencia; que contamos con un marco legal que ha hecho que dispongamos de las mayores cotas de autogobierno de nuestra Historia; y que este marco ha garantizado nuestra convivencia y progreso en los últimos 26 años, porque supuso un pacto entre vascos, entre los territorios vascos, y entre Euskadi y España.
Por eso los Socialistas defendemos el Estatuto de Gernika. Sin embargo, todavía hay quienes lo cuestionan todo, quienes dicen que el Estatuto fue un fraude y que no sirve ya a los intereses de la sociedad vasca. Y todavía hay quienes quieren que no se mueva nada – bien es cierto que son aquellos que siempre, en los últimos 26 años, se opusieron a todos los cambios sociales y políticos de trascendencia –.
Los Socialistas no queremos petrificar el Estatuto. Queremos actualizarlo y reformarlo entre todos, como poco, con el consenso logrado en su gestación. Una sociedad moderna, formada y exigente como la nuestra, sólo admitirá como válidos aquellos cambios que acordemos entre todos, ciñéndonos a la legislación vigente; ya no le sirven las soluciones que nos enfrenten y que nos dividan, y así lo expresaron el 17 de abril. Tenemos una sociedad plural y diversa, y es en esa clave en la que tendremos que plantear las soluciones de futuro, si queremos atajar de verdad los problemas reales de la ciudadanía.
Porque, entrando en el tercer eje fijado por los Socialistas en nuestro quinto Congreso, en Euskadi existen problemas reales. Problemas que no van a dejar de serlo por el hecho de que se siga, desde las instancias gubernamentales, insistiendo irresponsablemente en que estamos por encima de la media española y europea en todo lo habido y por haber.
El primer y fundamental problema es que Euskadi – nuestra economía, nuestros índices de desarrollo y bienestar – ha perdido peso relativo en España y en Europa . Y creo que de ahí, provienen el resto de problemas reales. Estamos a la cabeza del Estado en precio de la vivienda y en índices de precariedad y temporalidad en el empleo. Tenemos la cesta de la compra más cara de España y hay 40.000 familias en el umbral de la pobreza. Tenemos la edad de emancipación más tardía de España y, para colmo, cada vez son más los jóvenes que deciden irse a otras regiones del Estado o de Europa a buscarse la vida.
Mientras tanto, nuestro Gobierno no ve más problemas que la discusión en torno a lo de siempre. Y este hecho, probablemente explique la lejanía entre los ciudadanos vascos y la política; este hecho quizás justifique que la ciudadanía perciba que la política y los políticos somos el cuarto problema de Euskadi.
Los Socialistas queremos que la sociedad recupere la confianza en la política y, precisamente por eso, no nos vamos a quedar en la crítica, lo que no quiere decir que vayamos a obviarla. Seremos útiles y constructivos, y vamos a aportar soluciones. En este sentido, quiero señalar, en primer lugar, que nuestra utilidad en la política no quedará exclusivamente en el ámbito vasco, en consecuencia con lo que ya he expresado en este artículo: aislados de España no somos nada, juntos somos más fuertes y más competitivos. Así pues, la acción de los Socialistas ha sido determinante para zanjar un conflicto, el del Cupo, que llevaba mucho tiempo distorsionando las relaciones entre el Gobierno central y el Gobierno vasco. El Estado financiará también los gastos ocasionados por la catástrofe del Prestige y la ampliación del Ertzantza. Además, el Gobierno Socialista hará importantes inversiones para el desarrollo de Euskadi, como la “Y” ferroviaria o un Centro de Gran Ciencia, a través de los Presupuestos Generales del Estado. Y lo haremos en coherencia con la idea que siempre hemos expresado de que las Comunidades Autónomas también son Estado.
Y, en segundo lugar, volviendo a Euskadi, también dejamos claro en nuestro Congreso que estamos dispuestos a llegar a acuerdos con el Gobierno para resolver los problemas de la gente. Queremos un Presupuesto para Euskadi y trabajaremos para que se apruebe, después de siete años de inestabilidad política y presupuestaria. Y trabajaremos para alcanzar acuerdos en materia de empleo, vivienda y políticas sociales.
Concluyendo, estamos dispuestos a hacer que nuestros 18 parlamentarios sean útiles a la hora de solucionar los problemas de la Euskadi real. En el Parlamento Vasco seremos una oposición exigente, pero útil y constructiva. Porque queremos que Euskadi progrese y porque, que a nadie se le olvide, somos la alternativa al Gobierno de Ibarretxe, y esta es la mejor forma de que esta alternativa sea viable.
Ahora bien, el Gobierno habrá de decidir si lo quiere hacer todo esto con los Socialistas, o si lo quiere hacer con otros. Es tan legítimo hacerlo con unos como con otros, como incompatible es hacerlo con todos a la vez.
Óscar Rodríguez Vaz


