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El camino de baldosines amarillos
Cuando llegue a Oz te lo diré.
Acerca de
En cada baldosa me paro, miro y veo.
Sindicación
 
CUÑAAAAAAAAAAAAAaaaaaaAaAAAAaAaAAaaA!!!
Yo tengo una cuñada, se llama D. La quiero un montón. Ella es la mujer del hermano de A, mi marido.
Al principio y como buenas cuñadas, nos odiábamos bastante por aquello de las envidias.

Tengo la suerte de vivir en un ático desde donde diviso el mar, el infinito y el más allá, vamos que es un ático buzzlightyeariano y para qué nos vamos a engañar, eso jode, máxime si ella vive en el primer piso de un antro metido en un callejón sin salida en un barrio periférico allá a lo lejos.
Pero bueno, ya hace mucho que se le pasó el rencor porque ahora ella vive en una casa preciosa y yo estoy muy feliz, bueno, con un poco de envidia porque ahora su casa es más bonita que la mía pero eso me lo curo confesándoselo y además gano puntos porque a D le gusta que yo le tenga un poquito de pelusa.

Hubo un dia, (cuando aún no sabíamos cómo decirnos que nos queríamos) en que, sometida mi pobre persona a tanta presión de culebrón, intenté arreglar con ella las cosas; habíamos coincidido a comer en casa de mi S.S. (mi Santa Suegra)

Yo: - D, he pensado que tal vez “chocamos” porque somos las dos muy parecidas…

Ella: -¿¿¿Pa-re-cidas??? JÁ JÁ JÁ.
(¿habeis visto en alguna película reirse a Frankenstein?, pues eso)
Eso quisieras Túh, parecerte a Mih.
(dijo tú, oséase yo, como si escupiese y dijo mí, oséase ella, como si estuviera disfrutando de placer).

Claro, yo me quedé así muy paradita porque soy muy sensible y sobre todo porque ya estaba hasta los santos cojones de que esta tia puñetera me estuviera tocando las narices dia tras dia de la misma manera que un niño de 12 meses de vida aporrea un delicado xilófono.

El tiempo fue curando heridas y cara a la galería somos unas cuñadas como otras cualquiera pero nosotras nos sentimos como hermanas, unidas como siamesas. Nos comemos los mocos juntas y todas las noches nos llamamos por teléfono como dos novios a cual más ilusionado.

Además D también es muy sensible. Yo al principio dudaba de que tuviera corazón pero una noche la tuvimos que llevar a las Urgencias de Sanitas porque se nos puso muy malita viendo a Isabel Gemio en su “Sorpresa, sorpresa”.

En plena postguerra de los Balcanes
había acudido al programa una pobre mujer croata que buscaba a su marido y del que no tenía notícias hacía demasiado tiempo. La Gemio le entregó como sorpresa a un hombre que un día fue apuesto esposo y que ahora estaba manco y tuerto; y mi cuñada que es muy aprensiva (y adicta a los médicos) lo de que fuera tuerto la dejó pegada al sillón en estado de shock, vamos, ver la cuenca del ojo vacía y caer en vahído fué uno.

Y D por aquí, y D por allá y D qué te pasa, y D ¡por favor!

-el ojo…, el ojo…., le falta el ojo… (decía con los suyos muy fijos en el vacío)

y nada, que D hiperventilando como una ballena varada y hala, si tienes ganas coge el coche y para Urgencias.
Cuando D le contó al doctor la razón de su crisis de ansiedad, el doctor que ya la conoce (y no precisamente porque D sea visitadora médica) nos dijo con esa calidad humana que caracteriza a todos los médicos que ya estaba hasta el capirote y tuvieramos la amabilidad de irnos a buscar tréboles de 4 hojas, al Himalaya a ser posible.

¡Me gustan tantas cosas de D que no pararía de contároslas!

Cuando hablamos por teléfono se entabla una auténtica lucha de titanes porque las dos queremos hablar una más que la otra y mientras ella habla no puedo quitarme de la cabeza su talla 36 pero yo que la conozco sé que está pensando en la cautivadora extensión de mis pestañas.
Es amor de cuñadas.

 
Comentario:
jajaja... si es que las familias son lo peor... ¡cuan equivocadoe staba Julian Munoz cuando grtiba a los 4 vientos eso de "dejen en paza a las familias... joder!"... ¡leña a las familias!
 
Comentario:
Grelinno: Te reconocí por tu dislexia. ;)
No puedo menos que ser irónica al hablar de ella, me ha atizado tanto sin comerlo ni beberlo que la ironía es la forma que tengo de desdramatizar. Finalmente, la quiero, siempre la quise y siempre la querré.
 
Comentario:
sin duda alguan estoy espeso..el tal inviatdo soy yo. Besos
 
Comentario:
acriño, de verdad, no sé si la falatd esueño me ha espesado más de lo habitual o tu fina ironía ya e stan fina que hasta me haces dudar pero por más que relleo tu post no sé si es tal cual lo cuentas o si he de leer entrelíneas para dibujar uan relación amor/odio a lo Perro del Hortelano, en toda regla... eso sí, la historia de la Gemio, el croata, el ojo y el servicio de urgencia sno tiene precio (y nena, dónd eesté un a´tico simpático que s equite toda cuanta vivienda unifamiliar haya). Besos
No