Tonelete dibuja a Badulake

Como no se pueden leer en la foto, copio aquí las palabras que tratan de abrazar tus formas:
si te digo que te quiero es porque quiero...
...disfrutarte sorbo a sorbo... paladear sin prisas cada gota
de tu licor y emborracharme de ti
para siempre
sin resaca
sin mañana por la mañana...
...y beberte entera por los poros de mi piel...
...y que me bebas...
Tonelete
(muacs)
Badulake, por Badulake
Hola, me llamo Badulake y aunque parezco un dibujo animado, soy un ser.Soy un ser porque existo, porque pienso, tengo sentimientos, escribo y hasta a veces pinto.
La gente piensa que soy guapa, pero éso es sólo por mi simpatía (bueno, y por mis medidas, claro).
Soy alguien alegre y divertido, capaz de ver el lado positivo de la vida y poner al mal tiempo buena cara.
Trabajo en la heladería "Fruits and colors", donde ejerzo de heladera-animadora. Es un oficio que inventé yo misma, del que estoy especialmente orgullosa.
Ahi es donde conocí a mi amigo Tonelete. Esperad un momento, ¿o es mi novio? No sé, tal vez sólo sea mi amigo con derecho a roce, como dicen ahora; o mi "amigüito" (palabra que define al integrante de una pareja, cuando ya es más que un amigo)... El caso es que hace poco que le conozco, y aunque la química fluye entre nosotros desde el primer día, todavía no nos hemos parado a definir nuestro estado. En serio, necesitamos una conversación al estilo:
"Badulake: Oye, Tonelete, ¿nosotros dos qué somos?
Tonelete: ¿Qué somos de qué?
Badulake: Que si somos novios ya, bobo.
Tonelete: Pues no sé, ¿las palabras "media naranja" no te sirven?
(....)"
El caso es que el hecho de poner nombre a nuestro tipo de relación, no nos corre ninguna prisa y esas cosas van quedando claras con el tiempo.
Lo que está claro es que ya conocen al bueno de Tonelete, ya que, como he podido comprobar, no perdió tiempo en presentarse. Bueno, también veo que les ha hablado de mí. ¡Y muy bien, por cierto!
La verdad es que yo estoy encantada.
Saludos de chica "nueva en la oficina" que se presenta a ustedes.
Badulake
Puente de Toledo
El otro día, paseando por Madrid, me acordé de que esta ciudad tiene río.

Esto, naturalmente, me tranquilizó mucho respecto a las enciclopedias, que siempre han afirmado que el río Manzanares pasa por Madrid, y que España limita al norte con Francia, y tantas otras cosas.
Efectivamente, Madrid tiene un río, y no es del todo invisible. Transcurre secreto, al borde de la M-30, mientras ese de alante, qué estará haciendo el muy capullo piiiii piiiii. Y claro, no se ve. Pero en unos pocos lugares, Madrid sí puede ser una ciudad con río.

El otro día, cruzando el Puente de Toledo (un puente muy bonito por cierto, ¡hay que ir al Puente de Toledo!), tuve que detenerme a mirar el río. Miraba y miraba y la gente pasaba alrededor como si estuvieran acostumbradas a considerar a Madrid como una ciudad con río (quizá fuera así, si eran de la zona) o como si siguieran adelante en su ciudad sin río, buscando el asfalto que les diera cobijo. Tampoco me fijé mucho: yo miraba y miraba el río. Y el agua pasaba, cruzaba la ciudad y sus alrededores, iba bajando con su carga de peces y contaminación hasta llegar al Jarama...

...luego el Tajo, y el agua seguía, haciendo más honda la herida que parte en dos el corazón de Toledo...

...más tranquila ya llegaba a Lisboa, donde contagiaba su lento fluir a los fados que se cantan en esa ciudad...

...y luego en el Atlántico se perdía entre las olas y las mareas, se dejaba llevar por las corrientes de aquí para allá, y mostraba su alegría en forma de espuma cuando volvía a encontrarse con la tierra, en una isla de una belleza extraña y violenta...



Llegaba a tu isla fogosa, a tu sonrisa que endulza todas las aristas, y tú mirabas ese mismo agua, ese agua que llegaba a tu mirada, que te llegaba con un mensaje secreto:
Que yo también quiero seguir ese camino.
Y nadar desde el puente de Toledo bajando por el Manzanares, hasta el Jarama, hasta el Tajo, hasta el Atlántico, y luego cruzar el mar, hacerme aliado de las corrientes y llegar a tu isla, a tu playa, y salir del agua y verte, justo un momento antes de desmayarme en tus brazos por el esfuerzo...
Tonelete

Esto, naturalmente, me tranquilizó mucho respecto a las enciclopedias, que siempre han afirmado que el río Manzanares pasa por Madrid, y que España limita al norte con Francia, y tantas otras cosas.
Efectivamente, Madrid tiene un río, y no es del todo invisible. Transcurre secreto, al borde de la M-30, mientras ese de alante, qué estará haciendo el muy capullo piiiii piiiii. Y claro, no se ve. Pero en unos pocos lugares, Madrid sí puede ser una ciudad con río.

El otro día, cruzando el Puente de Toledo (un puente muy bonito por cierto, ¡hay que ir al Puente de Toledo!), tuve que detenerme a mirar el río. Miraba y miraba y la gente pasaba alrededor como si estuvieran acostumbradas a considerar a Madrid como una ciudad con río (quizá fuera así, si eran de la zona) o como si siguieran adelante en su ciudad sin río, buscando el asfalto que les diera cobijo. Tampoco me fijé mucho: yo miraba y miraba el río. Y el agua pasaba, cruzaba la ciudad y sus alrededores, iba bajando con su carga de peces y contaminación hasta llegar al Jarama...

...luego el Tajo, y el agua seguía, haciendo más honda la herida que parte en dos el corazón de Toledo...

...más tranquila ya llegaba a Lisboa, donde contagiaba su lento fluir a los fados que se cantan en esa ciudad...

...y luego en el Atlántico se perdía entre las olas y las mareas, se dejaba llevar por las corrientes de aquí para allá, y mostraba su alegría en forma de espuma cuando volvía a encontrarse con la tierra, en una isla de una belleza extraña y violenta...



Llegaba a tu isla fogosa, a tu sonrisa que endulza todas las aristas, y tú mirabas ese mismo agua, ese agua que llegaba a tu mirada, que te llegaba con un mensaje secreto:
Que yo también quiero seguir ese camino.
Y nadar desde el puente de Toledo bajando por el Manzanares, hasta el Jarama, hasta el Tajo, hasta el Atlántico, y luego cruzar el mar, hacerme aliado de las corrientes y llegar a tu isla, a tu playa, y salir del agua y verte, justo un momento antes de desmayarme en tus brazos por el esfuerzo...
Tonelete
Badulake según Tonelete
Están ustedes de suerte. ¡Voy a presentarles a Badulake!
Badulake (Badu para los amigos) se dedica a repartir felicidad, ya que vende helados de muchos colores en una heladería (lugar idóneo, dicho sea de paso, para vender helados de muchos colores).
Allí la conocí. Iba a comprarme mi helado (de dos bolas, y por lo tanto de dos colores). Entré en la tienda y exclamé: ¡Gracias!, pues con cuarenta grados a la sombra uno se siente bastante agradecido al aire acondicionado (cuarenta grados centígrados, que si fueran Fahrenheit o Kelvin, otro gallo nos cantaría).
Ella me miró.
- Tengo helado, - dijo.
- ¿Mucho? – pregunté.
- Mire, - respondió, indicando con un gesto de la mano las tarrinas llenas de helado que se veían tras el cristal del mostrador.
- ¡Oh! – exclamé.
Se me había hecho la boca agua, y, como se dice vulgarmente, “la picha un lío”. El supuesto helado de fresa era verde, el de chocolate blanco... Todos los cartelitos que indicaban los sabores parecían mal puestos.
- ¿He de fiarme de los carteles o de los colores? – pregunté.
- Bueno, los carteles los coloco al azar.
- ¡Ah! Entonces...
- Bueno, el colorante también lo echo al azar... – y diciendo esto... ¡me sonrió!
(Creo que fue en este momento cuando el aire se volvió dulce, mi corazón se puso a latir como si tuviera que bombear sangre por toda la comarca, mi cerebro se subió a las nubes, y hasta bailé un poquito el hilo musical)
Por fin respondí:
- Pues quiero dos bolas. La azul y la amarilla. – (respectivamente, pistacho y turrón).
- ¡Marchando! – dijo.
Y me sirvió el helado:
- ¡Chof! la bola de abajo entra en el cucurucho y ¡chof! la otra bola cae encima y ¡chof! esta segunda bola se cae al suelo. ¡Aquí tiene!
Y me entregó el helado, con la bola que quedaba.
Cogí el helado, y rocé su mano.
(Creo que fue en este momento cuando me di cuenta de que Badulake era la mujer más hermosa del mundo, y que tenía la sonrisa más encantadora, y me puse rojo rojo)
¡Chof! Se me cayó la bola de helado.
La miré a los ojos (a Badulake, no a la bola, que no tenía ojos y estaba toda desparramada por el suelo).
- Usted es la mujer de mis sueños... – dije.
- Un euro señor, - dijo, y añadió: - Creo que usted también es el hombre de mis sueños, pero el helado me lo paga.
- ¿Me fía? – le dije, mientras rebuscaba entre las pelusillas de mi bolsillo.
- ¡Le fío! – contestó.
Y nos besamos...
Ya dije en otro lugar que mi señora esposa es una señora imaginaria. Efectivamente, hace tiempo que me casé (en un sueño) con la mujer de mis sueños. En realidad, cuando le dije a Badulake que era la mujer de mis sueños, se trataba de una forma de hablar, pues la mujer de mis sueños era una mujer soñada, y Badulake es real. Hubiera debido decir: Eres la realización de mi sueño, tantos años después. O bien: Sé que te quiero, pero no preguntes cómo. O simplemente: ¡Aleluya!
(Y aún me parece un sueño cuando estoy con Badulake, pero si la toco...)
(...si la toco...)
(...¡digamos que se vuelve deliciosamente carnal!)
Desde entonces, siempre busco estar cerca de Badulake. A veces voy a su tienda con un ramo de rosas. Sé que me dirá que el detalle resulta un poco cursi, pero ¡cómo se ríe cuando digo “no, si eran para mí”, y me las como, y me da un vaso de gaseosa para pasar las flores, y luego me besa, aún riendo!
A veces me encuentro con que ha cargado algo a mi cuenta en la pescadería, y meses más tarde Badulake me sorprende con un caramelo con sabor a manzana. ¿Cómo es capaz de convertir medio kilo de sardinas en un delicioso caramelo con sabor a manzana? No lo sé, pero lo mejor con Badulake es limitarse a aceptarla como ser mágico.
Badulake tiene dos brazos que abrazan, dos piernas perfectísimas que son como el título de una serie en la que salían Michael Landon y un señor de barbas, y un corazón descomunal. Tiene también una sonrisa que altera mi corazón tonelero. Es alegre y le gustar reír, lo hace muy a menudo... También llora de vez en cuando, porque la vida no es siempre juego e ilusión, y cuando llora, Tonelete la acompaña y las lágrimas de los dos echan carreras.
A Badulake le gustan los colores y las palabras. Juega con ellos, y sueña paraísos policromos.
Lo que más le gusta a Badulake es planear trastadas.
(Badulake y yo las armamos pardas... pero ya les iremos contando)
Badulake es:
Olor a algo recién hecho y apetitoso.
Sensación de vuelo.
Montaña rusa.
Calma después de la tormenta y viceversa.
Badulake, para Tonelete, es:
Un día de fiesta perpetuo.
¡Me gusta Badulake! Me gusta cuando mis ojos de tonel se encuentran con los suyos, que son ojos de ojo. Ojos sin aditivos, inmensos ojos que miran, a veces fríos y a menudo tiernos, y que hacen que el mundo tenga tamaño de juguete cuando Badulake los entorna para abrir de par en par su risa, esa risa hecha de vida, que no de tonel.
Tonelete
Allí la conocí. Iba a comprarme mi helado (de dos bolas, y por lo tanto de dos colores). Entré en la tienda y exclamé: ¡Gracias!, pues con cuarenta grados a la sombra uno se siente bastante agradecido al aire acondicionado (cuarenta grados centígrados, que si fueran Fahrenheit o Kelvin, otro gallo nos cantaría).
Ella me miró.
- Tengo helado, - dijo.
- ¿Mucho? – pregunté.
- Mire, - respondió, indicando con un gesto de la mano las tarrinas llenas de helado que se veían tras el cristal del mostrador.
- ¡Oh! – exclamé.
Se me había hecho la boca agua, y, como se dice vulgarmente, “la picha un lío”. El supuesto helado de fresa era verde, el de chocolate blanco... Todos los cartelitos que indicaban los sabores parecían mal puestos.
- ¿He de fiarme de los carteles o de los colores? – pregunté.
- Bueno, los carteles los coloco al azar.
- ¡Ah! Entonces...
- Bueno, el colorante también lo echo al azar... – y diciendo esto... ¡me sonrió!
(Creo que fue en este momento cuando el aire se volvió dulce, mi corazón se puso a latir como si tuviera que bombear sangre por toda la comarca, mi cerebro se subió a las nubes, y hasta bailé un poquito el hilo musical)
Por fin respondí:
- Pues quiero dos bolas. La azul y la amarilla. – (respectivamente, pistacho y turrón).
- ¡Marchando! – dijo.
Y me sirvió el helado:
- ¡Chof! la bola de abajo entra en el cucurucho y ¡chof! la otra bola cae encima y ¡chof! esta segunda bola se cae al suelo. ¡Aquí tiene!
Y me entregó el helado, con la bola que quedaba.
Cogí el helado, y rocé su mano.
(Creo que fue en este momento cuando me di cuenta de que Badulake era la mujer más hermosa del mundo, y que tenía la sonrisa más encantadora, y me puse rojo rojo)
¡Chof! Se me cayó la bola de helado.
La miré a los ojos (a Badulake, no a la bola, que no tenía ojos y estaba toda desparramada por el suelo).
- Usted es la mujer de mis sueños... – dije.
- Un euro señor, - dijo, y añadió: - Creo que usted también es el hombre de mis sueños, pero el helado me lo paga.
- ¿Me fía? – le dije, mientras rebuscaba entre las pelusillas de mi bolsillo.
- ¡Le fío! – contestó.
Y nos besamos...
Ya dije en otro lugar que mi señora esposa es una señora imaginaria. Efectivamente, hace tiempo que me casé (en un sueño) con la mujer de mis sueños. En realidad, cuando le dije a Badulake que era la mujer de mis sueños, se trataba de una forma de hablar, pues la mujer de mis sueños era una mujer soñada, y Badulake es real. Hubiera debido decir: Eres la realización de mi sueño, tantos años después. O bien: Sé que te quiero, pero no preguntes cómo. O simplemente: ¡Aleluya!
(Y aún me parece un sueño cuando estoy con Badulake, pero si la toco...)
(...si la toco...)
(...¡digamos que se vuelve deliciosamente carnal!)
Desde entonces, siempre busco estar cerca de Badulake. A veces voy a su tienda con un ramo de rosas. Sé que me dirá que el detalle resulta un poco cursi, pero ¡cómo se ríe cuando digo “no, si eran para mí”, y me las como, y me da un vaso de gaseosa para pasar las flores, y luego me besa, aún riendo!
A veces me encuentro con que ha cargado algo a mi cuenta en la pescadería, y meses más tarde Badulake me sorprende con un caramelo con sabor a manzana. ¿Cómo es capaz de convertir medio kilo de sardinas en un delicioso caramelo con sabor a manzana? No lo sé, pero lo mejor con Badulake es limitarse a aceptarla como ser mágico.
Badulake tiene dos brazos que abrazan, dos piernas perfectísimas que son como el título de una serie en la que salían Michael Landon y un señor de barbas, y un corazón descomunal. Tiene también una sonrisa que altera mi corazón tonelero. Es alegre y le gustar reír, lo hace muy a menudo... También llora de vez en cuando, porque la vida no es siempre juego e ilusión, y cuando llora, Tonelete la acompaña y las lágrimas de los dos echan carreras.
A Badulake le gustan los colores y las palabras. Juega con ellos, y sueña paraísos policromos.
Lo que más le gusta a Badulake es planear trastadas.
(Badulake y yo las armamos pardas... pero ya les iremos contando)
Badulake es:
Olor a algo recién hecho y apetitoso.
Sensación de vuelo.
Montaña rusa.
Calma después de la tormenta y viceversa.
Badulake, para Tonelete, es:
Un día de fiesta perpetuo.
¡Me gusta Badulake! Me gusta cuando mis ojos de tonel se encuentran con los suyos, que son ojos de ojo. Ojos sin aditivos, inmensos ojos que miran, a veces fríos y a menudo tiernos, y que hacen que el mundo tenga tamaño de juguete cuando Badulake los entorna para abrir de par en par su risa, esa risa hecha de vida, que no de tonel.
Tonelete
Tonelete dice hola

Hola a todos.
Me llamo Tonelete, y soy nuevo aquí. Quizá me instale una temporada, y deje de ser nuevo. O quizá me vaya a ser nuevo en otro lugar (acaso lejano, acaso invisible, acaso imposible). El mundo gira y gira como un loco, como un loco adorable, como un mundo loco y adorable, y como un dado. El azar lo es todo. El azar y las ganas, son las únicas cosas importantes. Puedo decir que tengo ganas de estar aquí, tengo ganas de no ser nuevo y que la gente diga, "anda, el Tonelete, míralo, ya está otra vez ahí". Pero el hombre propone, Dios dispone, y el Diablo tiene derecho a veto.
En cualquier caso, deseo que todos me conozcan, ya que ahora estoy aquí. Voy a hablaros de mí. Aviso que tengo mucha práctica en esto de describirme: es un ejercicio que he hecho muchas veces en el colegio, en el psicoanalista, y en la mili (Bueno, en la mili no) (Fui hombre-objeto) (Es decir, objeté) (En fin, fui objetor de dudosa conciencia). Tengo mucha práctica, pero no es fácil, porque cada vez es diferente. Cada vez que me pongo a describirme ¡zas! descubro que soy una persona distinta. Mis nombres han sido muchos. Pero ya no soy Sandokán, ni el Gato con Botas... Ahora soy Tonelete, para servirles.
Me llaman así porque tengo forma de tonel. Entiéndase, no es que mi forma sea igual a la de un tonel. Tengo patas, brazos, y cabeza que sobresalen. Soy como un tonel con extras.
Trabajo en el Ministerio de Afectos, donde ocupo el puesto de Tipo Majo. Quiero que me asciendan a Tipo Encantador. Por eso escribo: necesito que todos me quieran mucho.
Estoy casado con una mujer imaginaria. Tengo tres hijos: el primero es un gato, el segundo un ovillo de lana, y el tercero una idea perversa (una idea de gato). Se llevan muy bien, aunque el primero y el segundo tienden a quedarse enredados.
La música me llena los ojos de lágrimas, pero hace tiempo que aprendí a no sonarme los mocos hasta el final de la pieza.
Soy vuestro si me hacéis vuestro.
Y eso, que soy Tonelete. ¡Hola!
Tonelete
(dibujo de Badulake)





