¿Por qué?
¿Será verdad eso de que el destino de todos y cada uno de nosotros está escrito?
¿Existen las casualidades o acaso estamos predestinados a vivir lo que se nos ha designado por obra y gracia del espíritu santo?
¿Por qué las cosas tienen que ser así?
¿Por qué tengo que ver tantas injusticias desfilando felizmente por delante de mis narices?
¿Por qué vivimos tan ajenos al destino? ¿Al final de todo? ¿A la muerte?
¿Por qué cuando ocurre lo inevitable es cuando nos damos cuenta de lo infinitamente afortunados que somos, y mientras tanto nos empeñamos en pasar el resto del tiempo lamentándonos por tonterías sin sentido?
¿Es necesario que ocurran desgracias para que nos demos cuenta de tantas y tantas cosas?
No le tocaba todavía. Tenía todo por delante para vivirlo. Tenía un hogar por formar y transformar. Tenía una família que lo idolatraba. Unos padres que lo adoraban. Una mujer que lo amaba. Un pequeñajo que lo necesitaba. Y un capricho, un maldito capricho, que los destrozó. Cuentan que la despedida fue espectacular, sobretodo porque tenía la apariencia de estar plácidamente dormido y la multitud que acudió gritaba por él, le gritaban a él y le exigía que se levantara.
En mi cabeza no paran de repetirse las palabras que alguien pronunció cuando me dio la fatal noticia. Una y otra vez. Hasta que no estuve segura tuve el pensamiento de que se habían equivocado, de persona y de tragedia. No podía ser él. Pero efectivamente, fue él. Apenas lo conocía, pero sé que se va una genial persona. Por culpa de una imprudencia que ni siquiera él cometió. No es justo.
Si existe "alguien" más allá de los límites de la naturaleza me gustaría pedirle explicaciones. Me gustaría exigirle tantas cosas... No sé por qué se empeñan en decir que es justo y necesario, bueno y misericordioso, si luego nos enfrenta a dificultades como estas. Aunque supongo que nos enfrenta a ellas para que sepamos apreciar los demás lo afortunados que somos.
PD: No me paro a contar los días que me faltan, trato de no pensar...
¿Existen las casualidades o acaso estamos predestinados a vivir lo que se nos ha designado por obra y gracia del espíritu santo?
¿Por qué las cosas tienen que ser así?
¿Por qué tengo que ver tantas injusticias desfilando felizmente por delante de mis narices?
¿Por qué vivimos tan ajenos al destino? ¿Al final de todo? ¿A la muerte?
¿Por qué cuando ocurre lo inevitable es cuando nos damos cuenta de lo infinitamente afortunados que somos, y mientras tanto nos empeñamos en pasar el resto del tiempo lamentándonos por tonterías sin sentido?
¿Es necesario que ocurran desgracias para que nos demos cuenta de tantas y tantas cosas?
No le tocaba todavía. Tenía todo por delante para vivirlo. Tenía un hogar por formar y transformar. Tenía una família que lo idolatraba. Unos padres que lo adoraban. Una mujer que lo amaba. Un pequeñajo que lo necesitaba. Y un capricho, un maldito capricho, que los destrozó. Cuentan que la despedida fue espectacular, sobretodo porque tenía la apariencia de estar plácidamente dormido y la multitud que acudió gritaba por él, le gritaban a él y le exigía que se levantara.
En mi cabeza no paran de repetirse las palabras que alguien pronunció cuando me dio la fatal noticia. Una y otra vez. Hasta que no estuve segura tuve el pensamiento de que se habían equivocado, de persona y de tragedia. No podía ser él. Pero efectivamente, fue él. Apenas lo conocía, pero sé que se va una genial persona. Por culpa de una imprudencia que ni siquiera él cometió. No es justo.
Si existe "alguien" más allá de los límites de la naturaleza me gustaría pedirle explicaciones. Me gustaría exigirle tantas cosas... No sé por qué se empeñan en decir que es justo y necesario, bueno y misericordioso, si luego nos enfrenta a dificultades como estas. Aunque supongo que nos enfrenta a ellas para que sepamos apreciar los demás lo afortunados que somos.
PD: No me paro a contar los días que me faltan, trato de no pensar...
Fenómenos para-(a)normales
Alguien que me explique qué hace la individua que duerme habitualmente en mi mismo apartamento a la una de la madrugada dando vueltas por la habitación.
-C: ¿Qué pasa?
-S: (silencio y más vueltas) Joder, tanto bote inútil y no lo encuentro (mientras rebusca en la bolsa de los botes "algo")
-C: Eso mismo te he dicho yo en todas y cada una de las veces que te has comprado todos y cada uno de esos botes, pero ¿se puede saber qué buscas?
-S: Un tapón
-C: ¿Pa'?
-S: Pal culo
-C: (se mea de la risa de la situación tan surrealista total)
-S: (se dirige amenazadora al mueble de los cajones) Joder tía, que si no me van a acribillar, sé que me miran. Eh! Tú! Cabrón! (mientras mueve la mano intentando pegar a un ser invisible)
Ya está, pienso. Está sonámbula. Charming, no le contradigas, no le alteres que será peor. Pero qué va, estaba más despierta que yo. Se pone a abrir sus cajones (que es injusto, ella tiene más que yo, jo) y luego se pone a abrir los tres míos.
-C: Eh, ¿qué haces? Estás invadiendo mi intimidad, son mis cajones.
-S: Entiéndeme. Necesito un pitorro de estos (y señala al cacharro del enchufe, esos antimosquitos de killpaf)
-C: ¿Y no sería mucho mejor para todos que bajaras y se lo pidieras a tu señora madre? O, mejor aun, ¿no sería mejor que cerraras esta parte de la ventana que tú te empeñas en tener abierta y cuya mosquitera está rota?
-S: Ay, ay. Aquí hay uno. (Claro, el que guarda siempre tiene...)
-C: No jodas, ¿está lleno?
-S: Un poco, mira. Pero bueno, menos es nada. (Y comienza su versión de la canción del verano, el Amo a Laura en plan: Menos es naaadaaa... Imagínense la escena: Vestida con esa falda versátil larga y el bote de recambio del kilpaf, contoneándose al ritmo de su música... El resultado es obvio: Ataque automático de risa. Coloca el recambio y se acuesta, al tiempo que entra la señora guardiana)
-G: Menos voces que son las doce...
-C: Sí, en Canarias, porque aquí pasan de la una...
Plof, se cierra la puerta y a dormir. He aquí el sueño de una noche de verano de mi hermana: el bote del killpaf
Alguien que me explique por qué la gente tiene esa chulería innata y la barra de intentar colarse cuando estás en la cola del súper, después de haberle dejado pasar a un señor delante y haber hecho la buena obra del día. Pa' postre, alguien que me explique por qué cuando yo estoy trabajando intento ser amable con todo todo el mundo, y los/las cajeros/as del resto de los supermercados tienen tan poca sal y son tan antipáticos. ¿Acaso sólo son así conmigo? Joder...
Y lo más grave, alguien que me explique por qué coño pusieron el examen del miércoles tan "especial", de tal modo que cuando salimos estábamos bastante contentos la mayoría y a la hora de comparar resultados con las plantillas de corrección que nos dejó el profesor la nota más alta fue un 4'75 (y no era la mía, precisamente...). Ale, ya van dos pa' septiembre (aaarrrggg, gracias a dios [o al profesor responsable] me guardan el primer parcial [¡¡espero!!] y sólo tengo que examinarme del segundo, así que va una y media). Y aun me queda el del 4... (por cierto, alguien que me diga si todos los estudiantes universitarios tienen [tenemos] un examen el día 4 de julio, todos a la vez. Y que me diga también si saltando todos a la vez desplazaremos el planeta de su órbita y contribuiremos de ese modo a frenar el calentamiento global... ¡¡Adelantemos el día del salto mundial al 4!!).
PD: 11 días para ser libre...
-C: ¿Qué pasa?
-S: (silencio y más vueltas) Joder, tanto bote inútil y no lo encuentro (mientras rebusca en la bolsa de los botes "algo")
-C: Eso mismo te he dicho yo en todas y cada una de las veces que te has comprado todos y cada uno de esos botes, pero ¿se puede saber qué buscas?
-S: Un tapón
-C: ¿Pa'?
-S: Pal culo
-C: (se mea de la risa de la situación tan surrealista total)
-S: (se dirige amenazadora al mueble de los cajones) Joder tía, que si no me van a acribillar, sé que me miran. Eh! Tú! Cabrón! (mientras mueve la mano intentando pegar a un ser invisible)
Ya está, pienso. Está sonámbula. Charming, no le contradigas, no le alteres que será peor. Pero qué va, estaba más despierta que yo. Se pone a abrir sus cajones (que es injusto, ella tiene más que yo, jo) y luego se pone a abrir los tres míos.
-C: Eh, ¿qué haces? Estás invadiendo mi intimidad, son mis cajones.
-S: Entiéndeme. Necesito un pitorro de estos (y señala al cacharro del enchufe, esos antimosquitos de killpaf)
-C: ¿Y no sería mucho mejor para todos que bajaras y se lo pidieras a tu señora madre? O, mejor aun, ¿no sería mejor que cerraras esta parte de la ventana que tú te empeñas en tener abierta y cuya mosquitera está rota?
-S: Ay, ay. Aquí hay uno. (Claro, el que guarda siempre tiene...)
-C: No jodas, ¿está lleno?
-S: Un poco, mira. Pero bueno, menos es nada. (Y comienza su versión de la canción del verano, el Amo a Laura en plan: Menos es naaadaaa... Imagínense la escena: Vestida con esa falda versátil larga y el bote de recambio del kilpaf, contoneándose al ritmo de su música... El resultado es obvio: Ataque automático de risa. Coloca el recambio y se acuesta, al tiempo que entra la señora guardiana)
-G: Menos voces que son las doce...
-C: Sí, en Canarias, porque aquí pasan de la una...
Plof, se cierra la puerta y a dormir. He aquí el sueño de una noche de verano de mi hermana: el bote del killpaf
Alguien que me explique por qué la gente tiene esa chulería innata y la barra de intentar colarse cuando estás en la cola del súper, después de haberle dejado pasar a un señor delante y haber hecho la buena obra del día. Pa' postre, alguien que me explique por qué cuando yo estoy trabajando intento ser amable con todo todo el mundo, y los/las cajeros/as del resto de los supermercados tienen tan poca sal y son tan antipáticos. ¿Acaso sólo son así conmigo? Joder...
Y lo más grave, alguien que me explique por qué coño pusieron el examen del miércoles tan "especial", de tal modo que cuando salimos estábamos bastante contentos la mayoría y a la hora de comparar resultados con las plantillas de corrección que nos dejó el profesor la nota más alta fue un 4'75 (y no era la mía, precisamente...). Ale, ya van dos pa' septiembre (aaarrrggg, gracias a dios [o al profesor responsable] me guardan el primer parcial [¡¡espero!!] y sólo tengo que examinarme del segundo, así que va una y media). Y aun me queda el del 4... (por cierto, alguien que me diga si todos los estudiantes universitarios tienen [tenemos] un examen el día 4 de julio, todos a la vez. Y que me diga también si saltando todos a la vez desplazaremos el planeta de su órbita y contribuiremos de ese modo a frenar el calentamiento global... ¡¡Adelantemos el día del salto mundial al 4!!).
PD: 11 días para ser libre...
"Estudio", luego existo...
Aprovecho un breve pero intenso descanso en mis horas de estudio (jajajaja como suena eso de "horas de estudio") para dejar un mini post y decir que sigo viva.
Ayer mi hermana me puso cara de horror y escándalo cuando le confirmé que no había actualizado, así que como no quiero que se le ponga esa cara a nadie más (lo digo como si estuviera totalmente segura de que lo que escribo aquí le interesara a tolmundo [que es un amígo mío que se llama Pepe Tolmundo, "Eh, Tolmundo!"]) pues por lo menos confirmaré que los exámenes aun no han acabado conmigo (¡ni podrán!).
Hablando de exámenes, esta semana pasada tenía el kit completo: martes, miércoles y viernes, aunque obviaremos el del viernes porque he de decir que en mi vocabulario la palabra matemáticas remite automáticamente a la palabra septiembre. Y nada, el del miércoles aprobado (por cierto, que constaba de dos partes y en una de ellas he sido la que mayor nota ha sacado... perdón por mi chulería con tol poderío, pero es que no creo que se vuelva a repetir en los años que me quedan y tengo que difrutar de mi mini-momento-de-mini-gloria [joer parezco mini-yo con tanto mini]) y el del martes creo que también, aunque no quiero decir nada por si luego me encuentro con sorpresa.
Ya sólo me quedan dos, y he de decir que el del miércoles lo llevo como el cul..., que diga..., regular (Charming, qué coño regular, lo llevas mal, no te rayes). Esto... me dice mi yo interior que lo confiese: soy una gandulilla, y no he hecho casi ná este finde, así que no es de extrañar que lo lleve regu... mal. Pero es que no puedo evitar pasarme el finde con mis niños y claro, así no hay quien estudie ni haga ná.
Y nada más que contar por aquí. Regreso al siempre fascinante mundo de la ciencia a seguir intentando comprender tantas y tantas cosas...
Prometo (o, mejor dicho, amenazo con) volver pronto...
Suerte a los estudiantes y a los que no lo son... pos también, que nunca está de más un poquito de suerte!
PD: 16 días para ser libre...
Ayer mi hermana me puso cara de horror y escándalo cuando le confirmé que no había actualizado, así que como no quiero que se le ponga esa cara a nadie más (lo digo como si estuviera totalmente segura de que lo que escribo aquí le interesara a tolmundo [que es un amígo mío que se llama Pepe Tolmundo, "Eh, Tolmundo!"]) pues por lo menos confirmaré que los exámenes aun no han acabado conmigo (¡ni podrán!).
Hablando de exámenes, esta semana pasada tenía el kit completo: martes, miércoles y viernes, aunque obviaremos el del viernes porque he de decir que en mi vocabulario la palabra matemáticas remite automáticamente a la palabra septiembre. Y nada, el del miércoles aprobado (por cierto, que constaba de dos partes y en una de ellas he sido la que mayor nota ha sacado... perdón por mi chulería con tol poderío, pero es que no creo que se vuelva a repetir en los años que me quedan y tengo que difrutar de mi mini-momento-de-mini-gloria [joer parezco mini-yo con tanto mini]) y el del martes creo que también, aunque no quiero decir nada por si luego me encuentro con sorpresa.
Ya sólo me quedan dos, y he de decir que el del miércoles lo llevo como el cul..., que diga..., regular (Charming, qué coño regular, lo llevas mal, no te rayes). Esto... me dice mi yo interior que lo confiese: soy una gandulilla, y no he hecho casi ná este finde, así que no es de extrañar que lo lleve regu... mal. Pero es que no puedo evitar pasarme el finde con mis niños y claro, así no hay quien estudie ni haga ná.
Y nada más que contar por aquí. Regreso al siempre fascinante mundo de la ciencia a seguir intentando comprender tantas y tantas cosas...
Prometo (o, mejor dicho, amenazo con) volver pronto...
Suerte a los estudiantes y a los que no lo son... pos también, que nunca está de más un poquito de suerte!
PD: 16 días para ser libre...
Ahora ella sonríe...
Corría el mes de septiembre cuando una inocente y asustada chica pisaba el suelo de la Universidad. En realidad, llevaba un curso pisando suelo universitario, aunque con una sensación de claustrofobia agobiante. Ahora, por fin, se sentía libre en ese nuevo suelo, que significaba el comienzo de una nueva etapa en su vida.
Cualquiera que la hubiese visto en aquel momento inmediatamente habría pensado que era de otro planeta. Lucía una mirada que manifestaba el inmenso miedo que detrás de ella se escondía, y un único pensamiento rondaba su cabeza, las únicas palabras en las que lograba concentrarse: "Lejos, sola, Yo".
Efectivamente, tenía miedo. Miedo a lo desconocido: una nueva ciudad, un nuevo Campus, nueva gente, nueva casa... nueva vida. Pero al mismo tiempo sentía calma. Porque por esa vez estaba haciendo lo que quería, lo que sentía. Llevaba tiempo detrás de aquello y no pensaba desaprovechar nada.
Y llegó el día. Nueva clase, nuevos amigos. Con el paso de los días, se fue acostumbrando a aquello. Poco a poco fue haciendo amistades y haciéndose un hueco en el cual sentirse cómoda. Y lo consiguió. Consiguió dominar su vida. Consiguió, por fin, el descanso que tanto había anhelado durante unos meses que se le habían hecho eternos. Pero mientras lo conseguía no dejaba de sentirse rara. Se sentía acompañada pero a la vez infinitamente sola. Sabía que no lo estaba, pero así lo sentía. No podía evitar echar de menos su casa, sus raíces, su familia, todo. Recordaba lo diferente que era su vida hacía poquito tiempo y cómo en un abrir y cerrar de ojos había cambiado. Todo distinto y a la vez esperanzador.
Y terminó por adaptarse a esa ciudad, o mejor dicho, por adaptar esa ciudad a ella. Hizo suyas sus calles, sus aceras, sus semáforos. Sabía dónde estaba lo que necesitaba y cómo ir, sabía incluso el tiempo que tardaba en ponerse en verde el semáforo por el que pasaba todos los días. En definitiva, aprendió a vivir en un lugar distinto, y a convivir con gente extraña que no conocía. Aprendió...
Han pasado los meses y el curso se acaba. Y aquella chica asustada ahora no es más que un reflejo de aquellos días, un reflejo que poco a poco se va borrando. Ya no tiene miedo. Ya no se siente sola. Ya no llora cuando piensa en su casa como hizo muchas veces. O, bueno, quizá aun llore un poquito...
Ahora, casi todas las mañanas al despertar piensa en lo increible de la situación: despertar en una casa ajena y sola, pero habiendo sobrevivido todo este tiempo sin echar la toalla. Para ella, es increible. Cuando se prepara la comida piensa que, con total seguridad, su madre habrá preparado algo mil veces más rico que lo que vaya a comer ella, pero sonríe y piensa que quizá cuando regrese a casa le tenga guardado un poquito. Cuando hace la colada recuerda que su madre sabe perfectamente qué botón tocar, pero sonríe al pensar que la lavadora es una gran desconocida. Cuando se acuesta recuerda que no le ha dado las buenas noches a nadie de su casa, pero sonríe al pensar que cuando regrese se lo pasará en grande con ellos.
Por todo eso, ella, ahora, sonríe.
Sonríe también porque recuerda las veces que ha llorado sin necesidad, y se jura no volverlo a hacer, aunque sabe perfectamente que probablemente no tardará mucho en romper su juramento.
Sonríe porque sabe que le queda poco, cada vez menos, para volver a su lugar. Y después, ya se verá.
De momento, ella sonríe.
PD: 26 días para ser libre...
Cualquiera que la hubiese visto en aquel momento inmediatamente habría pensado que era de otro planeta. Lucía una mirada que manifestaba el inmenso miedo que detrás de ella se escondía, y un único pensamiento rondaba su cabeza, las únicas palabras en las que lograba concentrarse: "Lejos, sola, Yo".
Efectivamente, tenía miedo. Miedo a lo desconocido: una nueva ciudad, un nuevo Campus, nueva gente, nueva casa... nueva vida. Pero al mismo tiempo sentía calma. Porque por esa vez estaba haciendo lo que quería, lo que sentía. Llevaba tiempo detrás de aquello y no pensaba desaprovechar nada.
Y llegó el día. Nueva clase, nuevos amigos. Con el paso de los días, se fue acostumbrando a aquello. Poco a poco fue haciendo amistades y haciéndose un hueco en el cual sentirse cómoda. Y lo consiguió. Consiguió dominar su vida. Consiguió, por fin, el descanso que tanto había anhelado durante unos meses que se le habían hecho eternos. Pero mientras lo conseguía no dejaba de sentirse rara. Se sentía acompañada pero a la vez infinitamente sola. Sabía que no lo estaba, pero así lo sentía. No podía evitar echar de menos su casa, sus raíces, su familia, todo. Recordaba lo diferente que era su vida hacía poquito tiempo y cómo en un abrir y cerrar de ojos había cambiado. Todo distinto y a la vez esperanzador.
Y terminó por adaptarse a esa ciudad, o mejor dicho, por adaptar esa ciudad a ella. Hizo suyas sus calles, sus aceras, sus semáforos. Sabía dónde estaba lo que necesitaba y cómo ir, sabía incluso el tiempo que tardaba en ponerse en verde el semáforo por el que pasaba todos los días. En definitiva, aprendió a vivir en un lugar distinto, y a convivir con gente extraña que no conocía. Aprendió...
Han pasado los meses y el curso se acaba. Y aquella chica asustada ahora no es más que un reflejo de aquellos días, un reflejo que poco a poco se va borrando. Ya no tiene miedo. Ya no se siente sola. Ya no llora cuando piensa en su casa como hizo muchas veces. O, bueno, quizá aun llore un poquito...
Ahora, casi todas las mañanas al despertar piensa en lo increible de la situación: despertar en una casa ajena y sola, pero habiendo sobrevivido todo este tiempo sin echar la toalla. Para ella, es increible. Cuando se prepara la comida piensa que, con total seguridad, su madre habrá preparado algo mil veces más rico que lo que vaya a comer ella, pero sonríe y piensa que quizá cuando regrese a casa le tenga guardado un poquito. Cuando hace la colada recuerda que su madre sabe perfectamente qué botón tocar, pero sonríe al pensar que la lavadora es una gran desconocida. Cuando se acuesta recuerda que no le ha dado las buenas noches a nadie de su casa, pero sonríe al pensar que cuando regrese se lo pasará en grande con ellos.
Por todo eso, ella, ahora, sonríe.
Sonríe también porque recuerda las veces que ha llorado sin necesidad, y se jura no volverlo a hacer, aunque sabe perfectamente que probablemente no tardará mucho en romper su juramento.
Sonríe porque sabe que le queda poco, cada vez menos, para volver a su lugar. Y después, ya se verá.
De momento, ella sonríe.
PD: 26 días para ser libre...
De cómo ir de compras con tres mujeres...
... y no morir en el intento.
He perdido la cuenta. Ya no sé cuantos días hace que no escribo porque he perdido la noción del tiempo. Para que luego digan que estudiar no es malo…
Breve repaso general:
-Vivo por y para estudiar.
Bueno, miento un poquito. El sábado me fui al Carrefú con mis tíos a por una cantimplora para mi hermano y cargamos un montón de cosas. Se podría resumir en: De cómo ir de compras con tres mujeres y no morir en el intento.
Primera parada: animales y plantas.
Nada más entrar nos vamos a la sección de animales y plantas, y al lado están las piscinas y demás, a por un palo de esos de limpiar. Pues entre las plantas (están muy chuchurrías, mira qué lástima, pues esta quedaría bien a la entrada…) y los animales (leche pa’ los bebés, latas pa’ la madre de los bebés y pa’ la tía de los bebés y pa’l tío de los bebés; galletas pa’ los tíos caninos de los bebés…) mi tío comenzó a perder la paciencia (que si no se puede ir a comprar con las mujeres, que si mierda de animales, mierda de perros, mierda de gatos, ¡los voy a matar a todos!).
Segunda parada: Acampadas.
De los animales nos vamos a los discos (ahí mi hermana es líder en compras) y luego a la sección de acampada, a por la p… dichosa cantimplora. Miramos varias cosas y saldo una pequeña deuda que tenía con mi madre al comprarle un cacharro de esos de mantener congelado que le perdí. Bueno, eran dos por 1 euro (lo tengo barato oigaa) y cogí dos tamaños.
Siguiente parada: Vajillas y demás.
Aquí tía y sobrina (mi hermana) se vuelven locas (qué bonita, qué grande, qué barata…). Cargamos unos vasos.
La cuarta: al pan de molde.
Mi tía que dice que quiere el pan ese de la paz padilla. Le señalo el blanco fibras ese, y dice que no. Se coge otro y me acerco a los champúes del frontal de la sección de droguería. Veo que el Hidra-rizos está a mitad de precio la segunda unidad, pero qué hago yo con tanto champú, ¿montarme una peluquería? No lo cogí, porque aun me queda un bote en el piso y medio en mi casa (y es caro, aunque es bueno, pero es caro). En eso que estamos la mar de entretenidas mi sister y yo con los champúes y se nos acerca una chica con uniforme de Carrefú. “tomad, para que los probéis”. Le sonreímos, le damos las gracias y se va. Al ver lo que nos ha dado un mismo pensamiento ronda nuestras dos cabecitas puestas por un segundo en sincronización: Esta tía nos lo ha dado a propósito porque nos ha visto el culo que tenemos. Eran dos rebanadas del pan sin corteza de línea y un mini donuts light. Ea, pa’ que vayamos tomando nota (Sister, ya sabes, dieta, pan de línea, donuts light y Batuka). Mi tía que ve el pan y exclama: ¡este es!
La siguiente: Definitivamente droguería.
Me decido y me cojo el acondicionador Hidra-rizos y sister empieza a cargar. Su sección favorita. Decidimos volvernos sin pasar por los libros, muy a nuestro pesar. Volvemos a buscar al resto de la tropa y tía y sister se quedan con los tes.
Penúltima: Libros.
Pegamos otra vuelta con el carro y… tacháaan, los libros. Desde lejos se adivina el inconfundible color de la portada de El código… Paso de los de Dan Brown. Miro y remiro los títulos. Me los llevaría todos. Y de pronto uno me llama la atención. Se titula “El día de mañana. Incógnitas del futuro” o algo así, de Bruno Cardeñosa. Ale, pues ya tenemos entretenimiento. Sister se pilla otro y nos vamos pa’ la caja. Estando en la cola veo a una niña probándose unos zapatos y oooohhhh maravilla, las zapatillas de ganchillo que tanto anhelo. Ale, pues ya tenemos zapatillas nuevas.
Última parada: La caja.
Aquí cada cual se separa sus cosas y cada cual paga lo suyo. Mi tío no puede evitar un “Hermanos, hermanos… pero cada uno lo suyo, ¿eh?”
Llegamos a casa y pienso en escribir, pero me entra mal de conciencia y me pongo a estudiar.
Y estudiar es lo que seguiré haciendo ahora, a ver cuánto me cunde hasta la cena.
Por cierto, un apunte: ¿Acaso todo el mundo sabe que las flores de los cactus que venden son de mentira menos yo? ¿Acaso soy la tonta más tonta de todas las supertontas?
Ay, qué bonita es la inocencia... No la perdáis los que aun la teneis.
PD: 29 días para ser libre...
He perdido la cuenta. Ya no sé cuantos días hace que no escribo porque he perdido la noción del tiempo. Para que luego digan que estudiar no es malo…
Breve repaso general:
-Vivo por y para estudiar.
Bueno, miento un poquito. El sábado me fui al Carrefú con mis tíos a por una cantimplora para mi hermano y cargamos un montón de cosas. Se podría resumir en: De cómo ir de compras con tres mujeres y no morir en el intento.
Primera parada: animales y plantas.
Nada más entrar nos vamos a la sección de animales y plantas, y al lado están las piscinas y demás, a por un palo de esos de limpiar. Pues entre las plantas (están muy chuchurrías, mira qué lástima, pues esta quedaría bien a la entrada…) y los animales (leche pa’ los bebés, latas pa’ la madre de los bebés y pa’ la tía de los bebés y pa’l tío de los bebés; galletas pa’ los tíos caninos de los bebés…) mi tío comenzó a perder la paciencia (que si no se puede ir a comprar con las mujeres, que si mierda de animales, mierda de perros, mierda de gatos, ¡los voy a matar a todos!).
Segunda parada: Acampadas.
De los animales nos vamos a los discos (ahí mi hermana es líder en compras) y luego a la sección de acampada, a por la p… dichosa cantimplora. Miramos varias cosas y saldo una pequeña deuda que tenía con mi madre al comprarle un cacharro de esos de mantener congelado que le perdí. Bueno, eran dos por 1 euro (lo tengo barato oigaa) y cogí dos tamaños.
Siguiente parada: Vajillas y demás.
Aquí tía y sobrina (mi hermana) se vuelven locas (qué bonita, qué grande, qué barata…). Cargamos unos vasos.
La cuarta: al pan de molde.
Mi tía que dice que quiere el pan ese de la paz padilla. Le señalo el blanco fibras ese, y dice que no. Se coge otro y me acerco a los champúes del frontal de la sección de droguería. Veo que el Hidra-rizos está a mitad de precio la segunda unidad, pero qué hago yo con tanto champú, ¿montarme una peluquería? No lo cogí, porque aun me queda un bote en el piso y medio en mi casa (y es caro, aunque es bueno, pero es caro). En eso que estamos la mar de entretenidas mi sister y yo con los champúes y se nos acerca una chica con uniforme de Carrefú. “tomad, para que los probéis”. Le sonreímos, le damos las gracias y se va. Al ver lo que nos ha dado un mismo pensamiento ronda nuestras dos cabecitas puestas por un segundo en sincronización: Esta tía nos lo ha dado a propósito porque nos ha visto el culo que tenemos. Eran dos rebanadas del pan sin corteza de línea y un mini donuts light. Ea, pa’ que vayamos tomando nota (Sister, ya sabes, dieta, pan de línea, donuts light y Batuka). Mi tía que ve el pan y exclama: ¡este es!
La siguiente: Definitivamente droguería.
Me decido y me cojo el acondicionador Hidra-rizos y sister empieza a cargar. Su sección favorita. Decidimos volvernos sin pasar por los libros, muy a nuestro pesar. Volvemos a buscar al resto de la tropa y tía y sister se quedan con los tes.
Penúltima: Libros.
Pegamos otra vuelta con el carro y… tacháaan, los libros. Desde lejos se adivina el inconfundible color de la portada de El código… Paso de los de Dan Brown. Miro y remiro los títulos. Me los llevaría todos. Y de pronto uno me llama la atención. Se titula “El día de mañana. Incógnitas del futuro” o algo así, de Bruno Cardeñosa. Ale, pues ya tenemos entretenimiento. Sister se pilla otro y nos vamos pa’ la caja. Estando en la cola veo a una niña probándose unos zapatos y oooohhhh maravilla, las zapatillas de ganchillo que tanto anhelo. Ale, pues ya tenemos zapatillas nuevas.
Última parada: La caja.
Aquí cada cual se separa sus cosas y cada cual paga lo suyo. Mi tío no puede evitar un “Hermanos, hermanos… pero cada uno lo suyo, ¿eh?”
Llegamos a casa y pienso en escribir, pero me entra mal de conciencia y me pongo a estudiar.
Y estudiar es lo que seguiré haciendo ahora, a ver cuánto me cunde hasta la cena.
Por cierto, un apunte: ¿Acaso todo el mundo sabe que las flores de los cactus que venden son de mentira menos yo? ¿Acaso soy la tonta más tonta de todas las supertontas?
Ay, qué bonita es la inocencia... No la perdáis los que aun la teneis.
PD: 29 días para ser libre...





