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Diario de una universitaria en apuros
Mi vida en la universidad y fuera de ella
Acerca de
Charming es el apodo que me pusieron unas personas muy especiales en una época trascendental de mi vida; y acertaron con el apodo, que me define como persona. Porque yo intento ser "charming" con el mundo que me rodea...
Sindicación
 
El punto y la coma
Como cada domingo, me levanto muy temprano para el resto de los mortales; muy tarde para mí. Nueve menos cuarto y yo aun desayunando... no tengo vergüenza. Llego al súper, me pongo en mi caja, me cuento mi cambio y comienza el día con alegría (y con sueño). Pasan las horas y he aguantado como una campeona hasta casi las 12 sin comer nada. Hoy ha habido una cantidad increíble de gente, y claro luego la caja se ha notado que pesaba más de la cuenta (he batido mi propio récord de caja, y creo que he sido la que más ha hecho de las 6 cajas...). Un señor me culpa de no tener bien los precios y quiere que le devuelva el dinero... pofale. Todo el mundo me preguntaba la ubicación de algo dentro del súper, y yo mandándolos a la... jefa. Luego estoy cobrando a un señor y cuando me vuelvo tenía la cinta llena de botellas de alcohol, que suelen ser de cristal, todas apelotonadas y claro, con cada movimiento de la cinta se producía un temblor acojonante, y yo pensando: madre mía como se caiga una se van todas al suelo y nos intoxicamos todos por inhalación de gases etílicos... Al final le he pedido al buen hombre que sólo me diera una de cada, yo las multiplico en la máquina. Ahí que estoy yo venga a multiplicar por nueve, por cinco, por doce... y sin fijarme en el total. Pues cuando acaba el señor y miro la pantalla casi me da un chungo. ¡¡Cuánto número junto, pondió!! Más de 600€uros, ¡eso no lo había visto yo en mi vida! Y allá que me saca el tío el fajo de billetes de todo tipo, pero el más alto de 50, y me endiña los 600 y pico ñapos encima de la caja. Y yo venga contar y venga a hacer montoncitos de cien en cien y la cola llegaba ya por los congelados. Pero claro, si no lo cuento dos o tres veces no me fio de mí misma y es ahí donde puedo cagarla, con tanto billetaco junto. Al final sólo le tenía que devolver un euro y medio, y el hombre sale con su carro haciendo tilín tilín y yo pensando: majo, como te bebas to' eso tú solo te tiran una cerilla y explotas (¡boooom!). Y por último decir que aunque con tanto dinero en caja, no me han faltado más que 19 céntimos (y ha sido por el cabrón antes mencionado que me culpaba, que inicialmente ha hecho ahí un chanchullo y no me ha dado 10 céntimos que faltaban, pero no me lío más que es un rollo y no quiero recordarle la cara...). Estoy pensando que el domingo que viene tendré que hablar ya con los jefes porque me quiero largar, estamos en mayo, o sea, casi acabando el curso, y en junio tachán, exámenes; y yo quiero dormir por lo menos un par de domingos antes de que llegue ese "ansiado" momento... Además, qué coño, han sido dos meses de mi vida en los que no he tenido "domingo por la mañana", ni casi "domingo por la tarde" porque, he de decirlo, acabo hecha un trapo de estar toda la mañana de pie, luego me duele la espalda al día siguiente que no veas... Y mañana peor, porque me han enganchado en el súper de mi pueblo (no sé si comenté que ambos son de la misma familia...) y más de lo mismo (ya me lo dijo el demonio enano en mi hombro el otro día que me llamaron: Charming, no se puede ser tan buena, diles que no y que se jodan, que tampoco te pagan tanto...; mientras, el ángel al otro lado me decía: Charming, ¿qué te cuesta? Es sólo un día y puedes hacer feliz a mucha gente [esto de mucha gente significa a las otras cajeras que se pasarán el día por la planta de los pies junto a sus familias mientras yo pringo...]. Al final, el ángel tiró de mí lengua, que pronunció un leve "Sí" y al instante se arrepintió, pero ya era tarde...).
Luego llego a casa, como casi sin ganas y me pongo a ver la tele en el sofá, y claro, me he quedado sopa perdía. La gente se ha perdido y estamos solas mi hermana y yo. Me siento al PC cuando me he despertado sin hacer nada en concreto, y de pronto me ha dado por meterme en el juego de "Ángeles y demonios" a ver si aun me tienen guardadas las pantallas (sí, las tengo todas superadas aun, un puntazo que me dio un día recién leído el libro y me puse a jugar a la tontería esa...). Y al momento sale mi hermana:

H: Tía, no tenemos ni pa' hacernos un triste calimochazo...
C: Bueno, hay zumo de piña...
H: Sí pero yo el zumo de piña me lo meto por ahí... Tía! Podríamos empezar la botella de cacique que tengo arriba!
C: Cacique? Y vas a empezar la botella ahora? Y que llegue tu madre y nos vea pedo perdías... Andaya!
H (con una botellita en la mano): Es que no hay coca cola suficiente; si hubieran más me la pimplaría entera... (yo partiéndome. Coge dos vasos y les echa un culín de ron y los rellena hasta la mitad con cocacola) A ver si me he equivocao y he puesto jarabe... (lo prueba mientras me da el mío y se sienta en el sillón-relax-de-mi-madre [ese que te da masajes y que te deja peor de lo que estabas]). Bua tía, con esto no hay quien pille ni el punto ni la coma ni ná de ná...

Ahora me voy a ver qué hace, capaz que se lo está bebiendo to' ahí a pelo y esta noche quiere fiestaa jajaja. Ya veremos cómo acaba el día, y como empieza el 1 de mayo para los/as trabajadores/as como yo/misma. ¡¡Un beso y a comenzar mu bien la semana!!

PD: Sin novedades en el caso "Alumbramiento felino". El 5 ya es creciente, y si nacen para entonces serán mayormente machos (eso dice mi madre) aunque no sé yo si se rija la pobre gata por la luna o rompa aguas ya (está hecha una bola de pelo enorme...). En todo caso, seguiremos informando.
 
Un día pesadito... con recompensa
Son las nueve de la mañana. Sé que no llego ni a primera, ni a segunda, ni a tercera hora. Espero que a cuarta sí. Mi madre me lleva a la parada del autobús y a las nueve y veinticinco poco más o menos comienzo mi viaje. Nada más subir sé que el día se presenta pesado. Escucho el murmullo de la gente hablando, que no molesta siempre y cuando sea eso, murmullo. Pero no podía ser así, y pa’ fastidiarme el momento dos o tres asientos detrás comienza a cantar un desaprensivo con su voz desgarrada. Pienso que como vaya así todo el viaje antes de llegar le suelto un discurso acerca del respeto al prójimo. Y sigue cantando… A todo esto, Losantos de fondo criticando no se qué a PetaZeta y el gobierno. Genial combinación, pienso. No hay nada como escuchar la cantaleta política mientras detrás va un colgao sentenciando: muerte, destrucción, libertad… y más cosas que no alcancé a comprender porque el tío vocalizaba bien poco. Sí alcancé a escuchar algo así como “Vuela una paloma… y alrededor los buitres”. No sé quién lo canta pero desde luego este muchacho logró que no me guste antes incluso de conocer la canción.
El caso es que llegamos al pueblo siguiente y veo que se levanta. Iba con un amigo, ambos tocándose reiteradamente la nariz. Bieeeen, pienso. Antes de bajar, eso sí, dejó una frase para el recuerdo y la reflexión: “Tío, es la primera vez que canto en un autobús…”. Bien, majete. De aquí a Operación Triunfo... Sin comentarios.
El viaje hasta aquí transcurre normal, sin gran cosa que destacar. Tras una casi interminable hora y pico en ese trasto (siempre ponen una tartana de bus), llego a la capital y desciendo del bus la última, para evitar aglomeraciones. Me voy a la taquilla y cojo el billete del otro bus. Cuando salgo miro al andén y (¡oh, maravilla!), allí está. Lo agradezco porque el equipaje ya me estaba pesando un poco… Me pongo al lado de la puerta y llamo a una de mi clase (que me estaba llamando mientras sacaba el billete). Me dice que sólo han dado bioquímica, así que sólo perdí dos horas de clase, no es tanto. Pa´ física por lo menos llego seguro. Y arranca el autobús, y detrás de mí se sientan dos cotorras que se ponen a contarse su vida:

-Pues mi hija se fue ayer al IKEA ese y dice que habrían por lo menos ¡5000 personas!
-A mí me han dicho que allí vas y te compras lo que quieres y te lo montas tú, y que está todo barato. Me lo dijo la Loli.
-¿Has visto tú últimamente a la Loli?
-Sí, ayer la vi que iba a llevar al niño al médico. Yo no sé pa’ qué los lleva, si luego no les da las medicinas por no gastarse el dinero… Oye, ¿cuánto tarda este autobús?
-Po no lo sé porque entra al aeropuerto…

Así los cuarenta minutos de viaje. Por cierto, un inciso: vi cómo aterrizaba un avión súper cerca, ¡qué emoción! Yo que nunca me he subido en uno… Bueno, todo se andará. Cierro el inciso. Llegamos y bajo la primera, para evitar aglomeraciones. Voy con el bolso y la mochila andando hasta el piso (que afortunadamente queda cerca de la estación) y cuando voy a entrar a mi calle pasa un tío con una bicicleta que me hace una radiografía visual en un segundo.

-Ciclista: ¡¡Guapa ella!! ¡Preciosa! Aporjsnfirturdaju (no le entendí, o mejor dicho, no le presté atención)
-Charming, con cara de “peroquécoñolepasaaestetío”: Anda, chalao. Mira palante a ver si te vas a comer una farola.

Menos mal que ayer era martes, pero no trece. Llego al piso, dejo las cosas y me largo corriendo a clase. Paso primero por reprografía, y no está el tema de física. Joder. Llego a tiempo por lo menos de entrar a física.
Salimos y nos vamos a comer. Pido un bocadillo vegetal, no hay. Pos uno de tortilla; tampoco. Entonces ¿de qué hay? Ofú.
Luego teníamos cuatro horas de prácticas (aprender a sexar Drosophila Melanogaster, uff un rato interesante jaja). Entramos al laboratorio y el profesor, un poco bizco y con bastante pluma, lista de la clase en mano, pregunta por las “segregaciones”. Alguien dice algo de fluidos, pondió. Y ¿a quién le pregunta después? ¡Bingo! A Charming. Que quién era Mendel, jajaja. Contesto que un monje y dice: ¿budista? Ay, cachondo, qué chispa jodío.
Total que tras mirar un puñado de moscas con la lupa y deducir sus alelos nos mandan a casa. Guay porque puedo ir a comprar, que la nevera está pa’ que se estrelle un ratón. Ceno y al rato mi hermana me llama y me da la sorpresa del día: viene a verme. Así que aunque fuera algo tarde, conoció el piso y a dos de mis compañeras. ¡Qué ilu! jejeje
Después de todo, el día no estuvo tan mal (teniendo en cuenta que era el primero después de unas [cortas] vacaciones). Lo mejor, sobra decirlo, fue la visita de mi hermana al final (aunque nos habíamos visto por la mañana jaja).
Espero que la semana vaya por lo menos así de bien.
¡Besitos de colores!
PD: La reina de la casa (no servidora, la gata) sigue entera, pero por poco tiempo. El otro día palpándole la barriga le noté por lo menos tres (o cuatro jaja). ¡Qué ganas! Mañana que cambia la luna seguro…
 
Semanas Santas a mí...
Antes de comenzar las vacaciones estaba angustiada. Si la media de los controles de física no me daba aprobado o compensable, tendría que presentarme al parcial; y el parcial era el último día de clase, por la tarde. Su hubiese sido otro día no me habría sentado tan mal; pero precisamente ese día yo quería irme ya para mi pueblo. Así se lo comentaba a una compañera de clase:

N: Que… ¿te quieres ir a tu casa?
C: Zi
N: Que te vas a llevar el trono?
C: ¿El trono?
N: El paso.
C: ¿Qué paso?
N: ¿Nena tú sabes de qué va la Semana Santa o tú no sales de tu casa?

Me sentí estúpida por un momento. Evidentemente sí que me suena todo eso de los pasos y las cofradías y los capirotes y tal… Pero entre el trono y el paso en ese momento no tenía ni idea de qué me hablaba. Ahí me di cuenta de que soy un poco inculta en lo que a tradiciones religiosas se refiere; además, aquí no se vive la Semana Santa con tanta pasión y devoción como, por ejemplo, en Andalucía.

Pero vamos a ver, desde que intento ser persona, personita, proyecto de persona, sinceramente y hablando claro, paso de todo eso. Cada cual tiene sus creencias, y yo por supuesto las respeto. Y más viniendo de una familia que se agarra a un rosario en cuanto ve tronar (siempre digo que aquí hay sequía por su culpa…). Pero desde que sufrí una enorme pérdida, hace ya bastantes años, comencé a cuestionarme sobre muchas de las cosas que desde pequeña me han inculcado, y llegué a la conclusión de que si ese al que llaman Dios existe, y se llevó a esa persona cuando más falta nos hacía, es un egoísta de cojones. Y pido perdón si alguien se ofende, pero así lo siento realmente. Preferí desde ese momento pensar que tuvo que pasar así y hacer oídos sordos a quienes intentaban meterme en la cabeza que como esa persona era muy buena, “ese” la quería a su lado.

Por eso toda la pantomima de sacar santos a la calle, gastando cantidades impensables de dinero en cosas totalmente innecesarias y prescindibles mientras en otra parte del mundo la gente se muere de hambre, me parece algo increíble. Por supuesto, cada cual que haga lo que quiera y sienta; por eso mismo no acepto que se me critique por no ir a misa los domingos o porque en lugar de ir a las procesiones prefiera quedarme en casa en chándal y disfrutando de mi trocito de vida, y más ahora que lo tengo lejos durante toda la semana. En verdad, prefiero verle la cara a cualquiera de mis animales que vérsela al cura del Opus que han traído a mi pueblo.
Lo del gasto de dinero ya es historia aparte. Pero no sólo en Semana Santa, sino el resto del tiempo. Gente engañada, y gente que engaña, forman un equipo complejo y un círculo que parece que se agranda. Por experiencia sé que la desesperación desemboca en locura, y se pueden alcanzar límites insospechados. Sí que es cierto que la fe mueve montañas; pero montañas de dinero. Y parece increíble que en pleno siglo XXI sigan ocurriendo estas cosas, pero así es.

El caso es que yo de momento me quedo en mi posición. No aspiro a contradecir las creencias de nadie pero tampoco aspiro a comprenderlas. Para mí lo único que vale es lo que puedo ver, y nada de lo que me puedan enseñar en una iglesia lo puedo ver. Lo que sí puedo ver son las cestas repletas de moneditas cada vez que las pasan entre el público asistente. Vamos, supongo que las seguirán pasando, porque hace tela que no voy por culpa del cura nuevo; la última vez que fui, en un homenaje a una persona muy querida por el pueblo y que desapareció hace algún tiempo, se llevó toda la misa echándonos la bronca porque ese día la iglesia estaba llena de gente y el resto del tiempo sólo van los más habituales. No me fui de allí por respeto, pero qué coño, encima de que vamos se dedica a echarnos la bronca, quién se ha creído que es… Sólo queda ver cuánto más durará en el pueblo, porque después de ver cómo se negó a casar a una pareja por el simple hecho de que ya eran padres de una criatura… (¡oh pecado!) no creo que le queden muchísimos más años.

Por supuesto cada cual es libre de pensar lo que quiera, yo sólo doy mi opinión, modesta al fin y al cabo. Cada cual cree lo que quiere y explica el mundo como quiere. Yo misma, tan científica y atea, un día en clase de filosofía dije con toda mi tranquilidad que las explicaciones “lógicas” son igual de válidas que las “religiosas” según en qué ámbito las utilicemos aunque el profesor tratara de meternos en la cabeza cuánto costó el paso del mito al logos y el avance que eso suponía. Por eso mismo, ante todo, respeto por el prójimo, que no sé si es uno de los diez mandamientos, ha pasado mucho tiempo desde mi comunión y ya no los recuerdo… Y por eso mismo no me sienta bien que porque no practique (que no quiere decir que no conozca) las tradiciones religiosas me traten de inculta.

Para el caso concreto con el que he empezado el post, si ser culta supone conocer a todos los personajes televisivos y todas las chorradas que se dicen en tantas revistas “fashion” de moda, me quedo en el papel de inculta y me apunto también a ser ermitaña.
 
Y comienzan las vacaciones
Llevo días pensando en actualizar el blog, y un único pensamiento ronda mi cabeza: mi vida es muy aburrida. No me pasa nada interesante para contar y mi rutina se reduce a ir a clase, pensar qué hacer de comer, coger los libros y dormir; ir en bus o en coche cuando vuelvo a casa y trabajar en el súper. Y mi jornada laboral es muy aburrida; lo que cabe recalcar es que las dos encargadas son unas brujas y otra cosa más que no he dicho yo pero que sí que lo son (:P). Pero no me apetece hablar de las brujas, a las que se ve que he caído muy mal y que están empeñadas en que no esté contenta, pero que se jodan que les toca trabajar toda la Semana Santa (¡qué malhablada me vuelven!). Así que como ayer mismo empezaron mis vacaciones, voy a contar mi día de ayer.

Me levanto la última y desayuno con alegría y tostadas, galletas y cereales (toma energía). Vamos a hacer la compra y a la hora de comer recogemos a mi hermana (quien tenía planes de acampada con mi hermano). El día se tuerce y deciden sólo pasar la tarde en la montaña, y me invitan. Se apunta mi madre y allá vamos, la familia feliz, todos pa' la montaña. Por el camino varios apuntes: mi madre enganchada al mango (ese que hay encima de la ventana, que no sé como se llama) con desesperación; nosotros tres llorando de la risa y mi padre sin inmutarse. Sólo faltaban los perros.

Cuando llegamos nos vamos mi hermana y yo a la charca a ver los renacuajos y yo alucinaba de ver tanto bichejo en un charco de agua (qué maravilla). Una vez hecho el reconocimiento de turno, nos adentramos en el bosque, yo detrás de ella. Y llegamos a un punto en el que o saltábamos, o volvíamos para atrás (y ganas de volver no teníamos). Así que yo, con toda mi chulería, me acerco al borde y, agarrada a una rama de pino, le retransmito la situación: "Está escalonado. Te apoyas aquí y luego saltas con cuidado." Me aferro a la rama de pino y doy un paso adelante. De pronto me veo viajando a una velocidad vertiginosa (he muerto, pensé). Comprobé lo escalonado del terreno (o mejor dicho, mi trasero lo comprobó) cuando ya estaba al final de la cuesta y me descubrí agarrada a una rama de pino. Mi hermana, al verme pegar culazos cuesta abajo, comenzó a reírse de mí mientras juraba que ella se volvía para atrás. Al final la convenzo (o se convence sola) y me pasa el bolso mientras avanzaba despacito. Inspecciono el terreno desde abajo y llego a la conclusión de que es el mejor sitio para bajar, pero cuando fui a decirselo era tarde: estaba en posición de no retorno, agarrada al pino y de cuclillas gritando que se caía (era la mona chita pero con ropa y mucha menos habilidad). Yo empiezo a mearme de la risa y al final logra bajar ¡¡sin pegar ningún culazo!! Eso es que yo soy demasiado burra.

Volvemos a la casa. Leo un rato mientras ella se ríe de mami y de mí haciéndonos fotos desde lejos. Luego logramos que mi hermano nos suba en moto al monte, donde hay unas vistas increíbles y una cueva donde se escondió un fugitivo de no sé qué años. Allí le llama la naturaleza y me vuelvo a hacer con el bolso, del cual saco la cámara y me vengo de todas las fotos que nos hizo*.

Al final cuando bajamos mi padre estaba esperando pa' volver a casa (y de camino en el coche más de lo mismo). Yo llegué hecha polvo (y eso que hoy trabajaba) pero me lo pasé súper bien. ¡Buen comienzo de la Semana Santa!

Y tras esta chorradilla de post, me despido por ahora (a ver si de aquí a que vuelva a escribir me ha pasado algo interesante que contar... si no, empezaré con "El verano de mi vida"). ¡Espero que tengáis unas vacaciones súper agradables y que os lo paséis súper bien y os divirtáis un montón! ¡Besazos vacacionales!

PD: Espero que me hayáis hecho caso a la hora de deshojar las margaritas... Las gatas de momento no han traído inquilinos, pero hay una que está que parece que va a explotar. ¡¡Tengo ya ganas de verlos!! ¿Cuántos serán? ¿Cómo serán? ¡¡Ayy!! Por cierto, hay más conejos chiquitines hijos de la otra coneja. Uff! Temo que mi madre se mosquee y haga un arroz con conejo pronto...

*Como toque final del post estaría genial colgar un vídeo en el que una individua me persigue cual Yeti por el monte. El problema es que corro el riesgo de que dicha individua cuelgue uno (es muy capaz) en el que servidora hace el payaso bailando un fandangueo... ¡Así que otra vez será!
 
Me quiere, no me quiere, me quiere...
¡¡Y llegó la primavera!! Ya podemos deshojar margaritas.

Menuda noticia, diréis. Vale, voy con unos días de retraso, lo cual no quiere decir que me haya dado cuenta hoy de que es primavera. Se nota en todo. En el ánimo de la gente, en la calle, en la ventana por la mañana, cuando miras al jardín… Puede que a algunos les guste más que a otros este tiempo, pero a mí personalmente me encanta.

A ver, ¿no es genial ver cómo florecen las plantas en esta época, oír cómo cantan los pájaros, sentir la mezcla de aromas que envuelve todo, saborear los frutos de los que sólo podemos disponer en estos días, notar cómo el sol te da en la cara después de un tiempo escondido…? La primavera es una explosión de vida, de cosas nuevas y excitantes, o por lo menos lo es para mí.

Cierto es que como todo también tiene su parte menos agradable. Y ni las flores son tan bonitas cuando el polen nos provoca alergia, ni los pájaros cantan tan bonito cuando nos despiertan o responden a la madre naturaleza en los cristales de nuestros coches, ni los aromas o los frutos son ya exclusivos de esta época, ni mola quemarte bajo el sol por confiarte creyendo que “este sol no es tan fuerte”. Y por supuesto la explosión de vida no es tan agradable cuando un día tu gata te dice “Yujuu, ve preparando más sitio que vamos a ser cuatro o cinco más…” (4 ó 5 en el mejor de los casos).

Por otro lado, yo no sé qué tendrá la primavera que nos altera a todos… A unos más que a otros, pero nos altera igualmente a todos. Eso de levantarte una mañana y ver el sol que brilla con fuerza y ni una nube en el cielo a mí me llena de optimismo (aunque muchas veces se te joda el día a medida que avanza).

El otro día me daba cuenta de esto (que estamos todos alterados) simplemente dándome una vuelta por mi casa: aparte de que sus habitantes humanos también están un poquito… digamos… raros, las plantas están preciosísimas (y eso que ahora no tengo casi tiempo de hablarles y cantarles como solía hacer antes, claro que quizá eso de no cantarles hasta me lo agradezcan jeje); la rana de la balsa por fin ha salido al mundo exterior, y cada día más grande; las gallinas están inquietas porque el “jefe” tiene ganas de juerga; una de las gatas también está inquieta porque también tiene ganas de fiesta; una coneja nos ha regalado cuatro preciosuras preciosísimas que están para comérselos (en sentido figurado ¡eh!); por todos lados hay verde con muchos más colores (me embobo tanto que hasta me emociono con la primera amapola que veo); al atardecer se oyen los pájaros despedir al día, que ahora tiene una vida más larga…

Todas estas cosas me hacen sentirme rara. Me veo pequeña ante todo lo que despierta en primavera. Y quizá por eso me gusta, porque me recuerda mi lugar. Al fin y al cabo todos somos parte de la Tierra, pero ser parte de ella no significa ser diferentes al resto de seres que la forman. Ser parte de ella significa hacer todo lo posible porque permanezca como está, o mejor (en el fondo mi vena ecologista tira de mí).

¡Un beso de color, olor, textura, sonido y sabor a primavera!

PD: Tranquilos que cuando las gatas traigan descendencia se les tratará con amor como a todos los seres que habitan mi casa. Si a fin de cuentas ellos viven mejor que nosotros. Si alguien tiene dudas sobre qué ser en su próxima vida, que se pida ser animal (asequible, no se vale ballena o koala) y vivir en mi casa. No se arrepentirá, garantizado. Y por cierto, cuando deshojéis la margarita procurad que os salga "Sí", la margarita de al lado os lo agradecerá.