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VUELTA DE TUERCA.
Ya lo dijo uno que sabía mucho: dejemos lo justo en las manos menos apropiadas: la justicia.

No, señor juez, no confío en usted; ni siquiera en los que tiene detrás. Se le ha otorgado demasiado poder, y con el tiempo se acomoda, se rasca los cojones y comete errores. Tengo un ambivalente sentimiento de esperanza y frustración ante las sentencias, resoluciones, vistas previas, órdenes de alejamiento y demás jerga. Me recito a mí mismo mantras y engullo píldoras de sabiduría que con frecuencia me llenan ¡Qué digo, me llenan! Busco, anhelante, con ardiente sed de consuelo para el alma y júbilo para el ánimo.

Entre vigilias de alcohol y bilis amarga, acudo en busca de inspiración y de animosa exaltación a la sabiduría de todos los tiempos en busca de estímulo para, no sólo atravesar mejor o peor este triste y lacrimógeno valle, sino gozar dichoso de la vida como si de un lujurioso cuerpo de puta en celo se tratara, y nada más cerrar el libro de Paulo Coelho, el cómic de Spiderman o la última revista de private, vuelvo a tropezar una y otra vez con los mismos torpes afanes, frustrantes rutinas y ridículas complicaciones de cada jodido día.

Vuelven a morir personas; mujeres a manos de sus parejas. El sistema vuelve a fallar una vez más con notable y estrepitosa incompetencia. Es una contundente y monolítica realidad. Todas las llamadas a la búsqueda de algo que me haga creer en la justicia se estrellan una y otra vez como espumeante y fútil marejada, y al menor contacto con el agua, la estatua de la balanza y los ojos tapados desaparece como si fuera de barro.

Cierto es que muchas personas tienen sus días contados a manos de sus parejas. Es verdaderamente inquietante. Amor y odio parece ser que va ligado, y muchas relaciones, por no decir todas, tienen fecha de caducidad. Bien es verdad que debo poner un poquito de esfuerzo por propia parte. Pero una vez más las denuncias se repiten sin causar efecto. Los jueces consienten.

El panorama es descorazonador, me desengaña, me despeja como agua fría en la cara y me ofrece una visión clara como diciendo: pero, coño, si esto lo he sabido yo siempre en mi más profundo y recóndito interior. Estoy harto de verlo ¿A qué complicarse la vida y perder tanto tiempo en lamentaciones, recuentos de fracasos y lametones de heridas, ya que, encima, no llego a lamerme cosas más interesantes?

Es difícil afrontar la vida cuando además de que ésta te da de hostias, también te las da la persona con la que vives, y por otro lado, los que llevan toga consienten y van coleccionando denuncias. La vida ya no es maravillosa, ni es ilusionante. Se convierte en una despiadada y retorcida aventura de indefensión hasta acabar en sangre.

Pero nada. Me fumo un porro y bebo del mismo vaso una y otra vez. Leo las noticias de la suciedad (sociedad). Los titulares negros en hoja blanca. No es fácil ni frecuente; en ese momento recuerdo las advertencias, consejos y avisos de los que superaron a su agresor/a: lo más sensato y práctico es echarle dos cojones, o mejor dicho, dos ovarios, sin mover un músculo de la cara. Desalojar airosamente todos los capítulos y rutinas pasadas como el que ladea la espalda para dejar caer ese “inservible exceso de equipaje para la vida”. El miedo está tan pegado a la piel que cuesta desprenderse de él.

Así pues, cuando vuelvo -y siempre vuelvo- de mi embriaguez a la puta y cruel realidad que sufren los maltratados/as, revivo mi dichosa incredulidad, mi enorme escepticismo para con aquellos que imparten desde lo más alto del estrado.

Ni puedo evitar un cierto desdén rencoroso como el de quien se siente estafado -en el mejor de los casos, para echar balones fuera- o torpemente inútil -en el más grave, por asumir la responsabilidad- para aplicarse de una vez y con éxito los sabios avisos de serenidad, conciencia, meditación, supresión del yo, supresión del ello, supresión del super-ego, y no sé qué pollas más, porque lo que me jode es que no encuentro algo que me haga creer en la justicia, pero si puede impartirse, va a resultar que yo soy incapaz de creer en ella, o que algo se me escapa y que no voy a encontrar quien me la enseñe.

He aquí, pues, señor Juez, la agonía que me lleva a desistir y abdicar de tanta desdicha y sinrazón. Yo hubiera querido creer en usted y de paso, darme un último atracón de placeres sensuales y otras mierdas, incluyendo un último viaje con visitas a etapas significativas de mi historia personal.

Banquetazo de lujo en restaurante chulo a diez mil el cubierto y polvo no va más con una bella dama que guíe mis pasos en un baile, como Al Pacino en "Esencia de Mujer", pero tengo la cuenta de la Caja de Ahorros en números rojos desde mediados de enero. Además,estoy con Doménica; ella no me maltrata, así que creo que voy a aprovechar, porque, a dos vasos más que me casque, casco.

Y no creo en usted, juez cabrón infame de las pelotas.
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Comentario:
Bueno si, una mujer medo muerta a palos, y un simple orden de alejamiento, que no es más que el preludio de una inevitable muerte.

Al enemigo, si no lo matas lo fotaleces, es precisamente eso lo que creo que hacen esas órdenes de alejamento: fortalecer al enemigo, e incubar en su cerebro el deseo de venganza, tanto que en la próxima vez, la mata.

Como dice la letra de Morgoth.

Un beso

 
Comentario:
Estoy totalmente deacuerdo...

Es triste, pero cuando vas a denunciar te dicen "si no hay sangre no puedo hacer nada"... joder...

así va la cosa, cada vez son más las mujeres muertas a manos de sus parejas...

Un beso y feliz finde... no pienses mucho...
 
Comentario:
La primera canción que compusimos con el grupo la titulamos 'Orden de alejamiento' y habla precisamente de la incompetencia de la justicia para evitar las muertes por maltrato.

El estribillo dice así:

C G F
Orden de alejamiento,
yo me río por dentro,
si él la quiere matar,
quién lo detendrá??!!
No