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TERAPIA EXTREMA
Te puede gustar o no, pero no te dará lo mismo.
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MÚSICAS QUE MERECEN LA PENA.
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NO SE DICE BODORRIO, SE DICE BODA.
Tú, lamedora de escrotos y glandes palpitantes de deseo, y tú, torpe comecoños antaño de cuerpo de gimnasio y ahora de barriga adiposa, ya sé por qué en lugar de decir bodas decís bodorrios.

Lo supe de repente, mientras me relajaba escuchando un grupo de 4 músicos llamado Municipal Waste. Practican un hardcore endiabladamente rápido, recordándome por momentos a los Youth of today más viscerales y en otros a los D.R. I. de sus mejores tiempos.

Se conocieron, se enamoraron y optaron por iniciar una vida en común. Llegado el momento que ellos creyeron oportuno decidieron casarse y llegó la boda. Los dos enamorados elucubraron muchos planes y anhelos entorno al enlace; cómo llamarían a sus futuros hijos, las invitaciones, la ropa que vestirían los familiares...

A los 4 años y con un hijo se dieron cuenta de que no se aguantaban el uno al otro. Los detonantes de la debacle nupcial no fueron otros que el hecho de que el hombre se dejaba el tubo de la pasta de dientes destapado y el muy marrano meaba fuera de la taza quedándose tan tranquilo mientras que la mujer hacia tambalear la economía del hogar en comprar fruslerías y cosas inútiles como ella.

Los dos sufrieron un fuerte y doloroso desengaño. Las expectativas de vida que volcaron sobre el matrimonio se resquebrajaron y todo resultó, ahora se daban cuenta, una quimera.

La separación y la anulación del divorcio fue traumática. El antes enamoramiento y amor que se profesaban dio paso a un sinfín de actuaciones chabacanas y barrio-bajeras, preñadas de insultos y descalificaciones nacidas de las entrañas.

Es por eso por lo que juran que nunca volverán a casarse, y por ese motivo a las bodas -las suyas y la de los demás- las llaman con expresión despectiva en sus caras, bodorrios.

Y está bien, que contra gustos no hay nada escrito, salvo que si a estos dos les salpicó la mierda, que piensen que no a todos salpica. Probablemente la boda -o bodorrio, como ellos dirían- de la lamedora y del comecoños, no hubiera sido de mi agrado en caso de haber asistido, en cambio, sus funerales sí.

Los funerales me gustan más. Tiene más carga emotiva, más teatralidad.
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RETÓRICA DE LA DESCOMPOSICIÓN.
Desde el primer llanto, el tiempo es lo único que se nos ofrece gratis.

Sabedores todos de su enorme importancia y de que es limitado, antes de exhalar nuestro último aliento cabría tomar, como mínimo, una resolución. Desde el principio de los tiempos y hasta el día de hoy, la mayoría, acatando la programación de sus genes y obedeciendo a los siempre sabios y a veces incomprendidos caprichos de la naturaleza, se ponen a tener hijos. La especie se perpetúa.

Entorno a esta certeza absoluta -esperma y óvulo- han devenido hasta nuestro tiempo actual, evolucionando, transformando y mutando tres instituciones imperecederas: iglesia, tradición y familia.

De esta trinidad primigenia se deriva a grandes rasgos todo lo demás: civilización, sociedad, normas, leyes, esclavitud, economía, estafa inmobiliaria y sexo blindado.

Así es, la gente se aparea, copulan y nace más gente que a su vez follarán con más gente. La sociedad obedece a la iglesia y nos han hecho creer que la infidelidad, en todas y cada una de las culturas occidentales está mal y es feota, y como que es una creencia instaurada en nuestra manejable personalidad, se convierte en un acto moral.

Lo social y cristianamente correcto sería que si tienes familia, que tengas hijos y no cometas adulterio, pero hoy en día la gente se casa menos, tienen un hijo o ninguno y las mujeres que son infieles saben mucho. No permiten que se las tosa, quieren tener orgasmos y estar bien folladas, que las lleven a esquiar y que las invites a cenar a restaurantes caros.

Los hombres adúlteros se contentan con que su mujer cuide de los críos y se quede con cara de imbécil viendo la telenovela, y que la amante le haga buenas comidas de polla y se trague el semen.

Otras familias están jodidas y des-estructuradas por bajezas tales como que los padres sodomizan a sus vástagos y una vez han acabado de darles por el orto se ponen a fumar "base" en papel de plata.

Familia y matrimonio han fracasado porque ha fracasado el sistema inculcado e instaurado. Falsas creencias y falsos dioses, sociedad de doble moral, gelatina y mierda seca, por lo tanto, tengo que cagarme gustoso en la iglesia y su puta madre esquinada.

La tradición tan sólo está concebida para mantener los lucrativos negocios de los que manejan los hilos. Nos hacen generar gasto y aplacarnos las nóminas, ya sea semana santa, navidad, corridas de toros, el día de la madre, del padre, del libro, de los enamorados, de la biblia en verso y del copón bendito.

No puede ser de otra manera, tal y como está montado e inculcado, así ha de ser. Porque en un mundo de enfermos que se creen sanos, parece ser que es preferible la injusticia al desorden, pero me siento sano y me contenta ver entre tanta cacota y hedores que hay familias no rotas, que hay gente con una sola moral, de ésas que no se notan ni se exhiben, pero están ahí.

Que existen personas sin venda en los ojos, aquellos que como a mí, nos hicieron creer que reyes, papas y presidentes son humanos de conducta intachable, y que como yo, nunca lo creyeron. Que hay padres y madres que aman a sus hijos, que no les inculcan sus creencias, los dejan evolucionar. Por eso, yo soy antidogmático, irreverente, irredento, iconoclasta y sufro de virulentos ataques de nihilismo.

Atento y con los ojos bien abiertos, manifiesto mi mortalidad, y pese a que hay luces a menudo vencen las sombras, cuando éstas vencen, otra vez me acuerdo de que la nuestra es una raza egoísta y mezquina por naturaleza y que al final del día cuando nos vamos a dormir y estamos solos con nuestros pensamientos, éstos no son más que gritos sin voz que se evaporan desoídos en la nada.

y de que no somos mejor que un montón de heces secándose al sol.
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EL SUEÑO.
Otro mes y otro artículo. Otra vez escribiendo desde las apestosas cloacas de una sociedad jodida, desigual y en decadencia. Es tardísimo, de madrugada. En la nevera no hay una sola cerveza, los antes porros ahora son colillas agonizantes muriendo en un cenicero.

No sé si será bueno o malo, pero jamás recuerdo lo que sueño, o quizás no quiero aceptar, ni consciente ni subconscientemente que tengo la materia gris alarmantemente castigada por los excesos. Pero esta vez sí que recuerdo lo que soñé, y ni la ingestión masiva de alcohol y el fumeteo vehemente de leños lo han podido impedir.

Así que me incorporo con lentitud sintiendo un escalofrío y abandonando en el colchón la apaciguadora calidez del contorneado y siempre apetecible cuerpo de Doménica Cazarnosa.

Delante del ordenador, en la otra habitación y con la puerta abierta me la quedo mirando con ojos legañosos. Respira con total lasitud, uniforme, con una cadencia que atrapa la mirada de quien la contempla: brazos lacios, boca ligeramente entreabierta; su espalda es un delicado lienzo donde dibujar con mis dedos cautivadoras pinturas que su belleza me inspira.

Ahora ya, totalmente despierto y la cabeza despejada, mientras echo lacónicos vistazos al reconfortante descanso de Doménica, y antes de que desaparezca de mi cabeza, he aquí el sueño.

Me encuentro en lo alto de un volcán, de alguna forma y sin saber cómo, sé que permanece inactivo, sumido en un letargo más perenne que las neuronas de Karmele Marchante, por lo cual no hay peligro de quedar reducido a cenizas.

Miro a la oscura e insondable interioridad del cráter y me asaetean 800 ojos desde una profundidad estremecedora.

400 miradas de enojo que no parpadean.

Hay un silencio absoluto, poderoso, ubicuo.

Aparto mi visión sin emoción alguna para dejarla caer sobre una llanura rocosa inmensa. Allí donde la vista me alcanza, la extensión desaparece en una espesa niebla de altura abrumadora.

Veo que se acerca algo, un parpadeo después ése algo es alguien y pese a la aturdidora distancia que nos separa lo tengo delante de mí en menos de lo que Kiko Matamoros tarda en meterse dos rayas de speed (debe ser que en los sueños las distancias son relativas).

-¿Qué miras hay dentro chaval? ¿Hay algo?
-¿Qué crees que puede haber dentro de un volcán?
-Supongo que nada, entonces tú por qué miras, dímelo, quiero saberlo.
-No te voy a decir por qué miro en el volcán ni lo que hay. No te importa, y si lo quieres saber, míralo tú mismo.
-Miraré si me da la gana, pero ahora mismo me dices lo que hay y por qué miras tú o…
-¿O qué?
-O la vamos a tener, joder.
-Tranquilo hombre, ven, acércate, te vas a enterar de lo que hay.

De repente, como un disparo en la sien –y aún en el sueño- comprendo lo que hago en tan singular paraje. Llegué primero al volcán, y empujé impetuoso a toda la gentuza curiosa de lo ajeno que como molestas e insufribles hemorroides se acercaron a meter su miserable hocico con actitud verbal intimidatoria y violenta –puta manía- donde no eran requeridos.

Vuelvo a asomarme a la profundidad del volcán para mirar dentro y me encuentro con 401 miradas inquisitivas clavándome su enojo.

Las 401 miradas de personas despreciables que para saciar su empalagosa curiosidad enarbolaron contra mí sus malas maneras y sus fútiles amenazas. A ver si la gente es capaz de vaciar el serrín de su tarro para meterse dentro que para enterarse de algo hay que saber elegir el momento adecuado y no comportarse como un tosco y burdo matón de burdel.

Me despierto sonriendo. Tengo el sueño muy vívido en mi mente. Quiero que quede reflejado en mi blog, y mientras me levanto despeinado como si me hubiera atravesado un rayo de oreja a oreja y me dejo absorber por la adictiva visión de Doménica durmiendo el sueño de las bellas pienso…

¡Putos cotillas de mierda ojalá no salgáis!

Otro mes, otro artículo...