Los niños y el transporte
Parece inevitable la perpetuación de la especie y así los humanos se dan a la coyunda, los de filosofía complementarista con alegría balsámica. Los de la otra orilla los contemplamos a veces con estupor, sobre todo por las mañanas en las grandes urbes.
Además parece que el instinto reproductor obtura el seso y el entendimiento y hace pasear a la prole a kilómetros de distancia para que sean educados.
Ahí aparece el problema.
Está comprobado que los embotellamientos en un 20% se debe al transporte escolar colectivo, autobuses como si fuera una final de copa entre le Betis y el Celta, y coches.
A estos últimos, pilotados por seres esporados y gametófilos, no se les aplica el código de la circulación. Hacen lo que les pasa por el níspero. Si han de pitar, colapsar una calle, aparcar en cuádruple fila delante mismo de la entrada del colegio, y su dueños insultar, vejar, lo hacen sin rebozo alguno. Una hez de energúmenos paternales se meten en semejantes líos y nos levantan los nervios a los eunucos voluntarios por dos razones: la más clara es que la escuela de al lado no funciona, como no funciona la Escuela pública. La Escuela pública es un desastre y está llena de moritos y panchitos(eso lo dicen los padres claro), porque se la ha abandonado desde la izquierda y desde la derecha.
La segunda es el prurito. El futuro arquitecto o médico o abogado o ingeniero no puede ir al colegio de la esquina, caminando. Ha de ir en una ruta de autocar o en coche, chuparse un atasco y los insultos que vengan. Estos niños no pueden ir a una escuela cualquiera.
Si no hubiera escuelas cualquiera y la gente se tomara en serio a sí misma dejarían de irritarnos, colapsar Madrid y otras urbes, reventar el metro y los autobuses con carteras mochilas, pinturas, batas, babis y abrigos, y saldríamos ganando todos. Pero a lo mejor y por desgracia ese país no sería España.
¡Que estamos hartos coño!
Además parece que el instinto reproductor obtura el seso y el entendimiento y hace pasear a la prole a kilómetros de distancia para que sean educados.
Ahí aparece el problema.
Está comprobado que los embotellamientos en un 20% se debe al transporte escolar colectivo, autobuses como si fuera una final de copa entre le Betis y el Celta, y coches.
A estos últimos, pilotados por seres esporados y gametófilos, no se les aplica el código de la circulación. Hacen lo que les pasa por el níspero. Si han de pitar, colapsar una calle, aparcar en cuádruple fila delante mismo de la entrada del colegio, y su dueños insultar, vejar, lo hacen sin rebozo alguno. Una hez de energúmenos paternales se meten en semejantes líos y nos levantan los nervios a los eunucos voluntarios por dos razones: la más clara es que la escuela de al lado no funciona, como no funciona la Escuela pública. La Escuela pública es un desastre y está llena de moritos y panchitos(eso lo dicen los padres claro), porque se la ha abandonado desde la izquierda y desde la derecha.
La segunda es el prurito. El futuro arquitecto o médico o abogado o ingeniero no puede ir al colegio de la esquina, caminando. Ha de ir en una ruta de autocar o en coche, chuparse un atasco y los insultos que vengan. Estos niños no pueden ir a una escuela cualquiera.
Si no hubiera escuelas cualquiera y la gente se tomara en serio a sí misma dejarían de irritarnos, colapsar Madrid y otras urbes, reventar el metro y los autobuses con carteras mochilas, pinturas, batas, babis y abrigos, y saldríamos ganando todos. Pero a lo mejor y por desgracia ese país no sería España.
¡Que estamos hartos coño!
Comentario:
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¡¡Ay!! amigo Amfortas... Si no nos conociéramos te tomaría por un pedófobo. Pero tienes toda la razón en ese fondo que camuflas tras la forma: el hombre ya no es el homo sapiens que fue, sino el más cronodespilfarrador animal que la faz de la Tierra pisa.
¡Salud!
¡Salud!