Es increíble pero cierto, regresé, después de muchos intentos de negociación con mi padre, cuando estaba a punto de tirar la toalla me preguntó el novio de mi hermana si podía meter mano él (al ordenadooooor), le dije que sí y me lo arregló.. ¡GRATIS! (No, si has llegado por lo de gratis has hecho el viaje en vano, aquí no regalamos nada que no sea algo de lectura insulsa :P) Así que aquí me tenéis de vuelta pero no sé con qué frecuencia me seguiré pasando por aquí, no sé siquiera con qué frecuencia me pasaré por vuestros mundos. He decidido que voy a ser egoísta, voy a pensar en mí, en lo que me apetece en cada momento, sé que al principio me costará porque tener pocos comentarios no es un feedback (o como se llame) positivo, vamos, que me baja la moral hasta los pies o más abajo.
Pero hoy me apetece hablar de ayer y tengo que saciar a mi nueva yo (¿o debería decir verdadera yo?) egoísta. Ayer quedé, como muchos (casi todos) domingos, para tomarme un café donde el café es lo de menos, lo importante es la conversación. Y ahí fue donde me sobrevino el problema, una de esas conversaciones, bastante realista y acertada, tocando los puntos más clave, me dejó tocadilla y como no tenía ganas de irme a mi casa aunque tuviese que terminar un trabajo me fui a dar una vuelta con el coche. Aquí el espacio es limitado así que en 20 minutos ya había terminado y seguía con esa sensación incómoda que se queda cuando alguien consigue captarte tan bien que es capaz de ponerte tus defectos ante ti pero no te da la forma de solucionarlos. Llevo muchos años siendo consciente de esos defectos, pero en la mayoría de los casos siempre había algo a qué echarle la culpa para no tenerla yo: al Destino, a la otra parte, a las circunstancias... pero yo nunca era la única culpable.
Empecé a arrepentirme de millones de cosas que había dejado por hacer en tantas ocasiones, y una frase, con las muchísimas voces que me la han dicho hasta ahora, resonaba en mi cabeza: “Quien no arriesga no gana” y esa otra que sólo me repito yo “ya es demasiado tarde” ¿para qué? Para todo lo que dejé sin hacer. No sé lo que busco pero sé lo que quiero y no sé como conseguirlo.
Estaba llegando a casa, empecé a dar vueltas para buscar sitio y en la radio empezaba ese programa que no me gusta, ese en el que ponen música poco conocida y algo alternativa pero como me quedaba poco en el coche no cambié de emisora. Y los últimos acordes de una canción dicen: i was born without you (nací sin ti). Una idea empezó a nacer en mi cabeza ¿quién estaba a mi lado cuando nací? ¿Quién hubiese sido totalmente imprescindible para que yo naciese? Sí, mi madre, es la única persona que me hacía realmente falta para el momento de mi nacimiento. Entonces ¿por qué nos empeñamos en volvernos tan dependientes, en buscar a otra persona que nos acompañe en el camino como si fuésemos seres incompletos, es que una persona sola no es una persona? No soy la primera que trata el tema por estos lares, ya
alguien habló de esto (fue corto pero dio para mucho eh?) Lo que ocurre es que siento que yo tengo esa necesidad, quiero pareja y sé que precipitar las cosas no me va a llevar a nada bueno pero estoy harta de tantos “pudo haber sido y no fue”. Pero esta vez me he propuesto ver mi soltería de otro modo, verme como una chica dinámica e independiente que no necesita del cariño de un hombre en concreto, que disfruta al máximo del presente con sus amigos...
O lo que es lo mismo: me he propuesto mentirme a mí misma otra vez e intentar creerme a ver si así se hace realidad.