Cuando sus almas, quedaron selladas...
¡La vida a su lado había sido tan maravillosa!…cualquier riesgo corrido con él, había merecido la pena. La vida de druida, de él y la de adoradora de una gran y poderosa diosa, de ella, les habían obligado a llevar una vida de intimidad casi casi en la penumbra y a escondidas. Pero todo había merecido la pena. Cada riesgo de haber sido puestos en evidencia si en algún momento eran sorprendidos juntos, había conseguido ser valorado y recompensado aquel 26 de Junio.
Aún recordaba la vez en que él le había pedido que uniesen sus vidas y saliese con él… ¡estaba tan nervioso, que no consiguió articular palabra hasta horas después de decidirse a dar ese paso! de eso hacia ya 1 año, 9 meses y 15 días. Y 15 días hacían juntos, cuando el 23 de ese mismo mes, cuando él la acompañaba a ella a su humilde morada, tan en silencio y en penumbra como siempre, la detuvo en mitad del camino, y la miró fija y profundamente a los ojos hasta que consiguió que, entre la incertidumbre parada para ella y su mirada ilusionada, lograse esbozar una amplia y cómplice sonrisa. Y con ello, le había dado ya, lo que él estaba buscando.
Después de un aparente largo silencio, y de que ella no preguntase el porqué de la repentina parada, su amado le devolvió la mirada y le dijo que la quería.
Le tapo los labios entre abiertos, dispuestos a interrumpirle, con su dedo índice y ella obedeció pacientemente.
Le dijo que la amaba desde que la había visto por primera vez, acompañada de su diosa y sus otras adoradoras. Le dijo que para él su diosa ERA ELLA, que abarcaba todos los rincones de su corazón, y llenaba todos los vacíos de su alma. Que desde la primera vez que hablo con ella, deseo que jamás el viento se llevara esas palabras, esa voz… Que cuando la estrechó entre sus brazos por vez primera, y la sintió tan cerca, ansió que jamás fueran interrumpidos. Que por primera vez, cuando sus cuerpos bailaron juntos bajo un manto de estrellas en una noche de Luna llena, supo y comprendió que sus corazones se habían acompasado latiendo al unísono, para no tener que diferenciarse entre el principio de ella, y el final de él, y anheló que ese sentimiento, nunca pudiera ser corroído, que la eternidad pasara entre ellos, como el viento entre los árboles…
No pudo evitar soltar alguna lágrima indeseada al escuchar cómo le abría su corazón de manera tan inesperada y sobre todo, con ese fulgor inexplicable en sus ojos.
Se arrodilló ante ella y le cogió de la mano. La notó sorprendida y temblorosa, y por unos instantes se hubiera arriesgado a jurar que había sentido el vuelco de su corazón, cuando se arrodilló ante ella y con ese brillo en sus ojos, le dirigió la mirada.
Le confesó que quizá no fuera príncipe para rodearla de riquezas, o romano para llenarla de victorias y orgullo, pero que como celta que era, y como su amante y fiel servidor a su musa, a SU DIOSA, le podría dar algo que ninguno de los susodichos antes, lograrían superar, aún si le ofreciesen años: su amor, su alma y una eternidad juntos.
Ella, con los ojos inundados en lágrimas, y una eterna y feliz sonrisa tallada en sus labios, le levantó del suelo, y le dijo que ¡sí, que se casaría con él!... y nada más oír las palabras de su amada, la colmó de besos y abrazos, elevándola por los aires y saltando de alegría y emoción.
Se agarraron de las manos y comenzaron a caminar, riendo y saltando sin razones, sin darse cuenta de que, de alguna manera, ya habían comenzado a caminar por un nuevo sendero, donde compartirían sus pasos entre malezas y grandezas.

Aún recordaba la vez en que él le había pedido que uniesen sus vidas y saliese con él… ¡estaba tan nervioso, que no consiguió articular palabra hasta horas después de decidirse a dar ese paso! de eso hacia ya 1 año, 9 meses y 15 días. Y 15 días hacían juntos, cuando el 23 de ese mismo mes, cuando él la acompañaba a ella a su humilde morada, tan en silencio y en penumbra como siempre, la detuvo en mitad del camino, y la miró fija y profundamente a los ojos hasta que consiguió que, entre la incertidumbre parada para ella y su mirada ilusionada, lograse esbozar una amplia y cómplice sonrisa. Y con ello, le había dado ya, lo que él estaba buscando.
Después de un aparente largo silencio, y de que ella no preguntase el porqué de la repentina parada, su amado le devolvió la mirada y le dijo que la quería.
Le tapo los labios entre abiertos, dispuestos a interrumpirle, con su dedo índice y ella obedeció pacientemente.
Le dijo que la amaba desde que la había visto por primera vez, acompañada de su diosa y sus otras adoradoras. Le dijo que para él su diosa ERA ELLA, que abarcaba todos los rincones de su corazón, y llenaba todos los vacíos de su alma. Que desde la primera vez que hablo con ella, deseo que jamás el viento se llevara esas palabras, esa voz… Que cuando la estrechó entre sus brazos por vez primera, y la sintió tan cerca, ansió que jamás fueran interrumpidos. Que por primera vez, cuando sus cuerpos bailaron juntos bajo un manto de estrellas en una noche de Luna llena, supo y comprendió que sus corazones se habían acompasado latiendo al unísono, para no tener que diferenciarse entre el principio de ella, y el final de él, y anheló que ese sentimiento, nunca pudiera ser corroído, que la eternidad pasara entre ellos, como el viento entre los árboles…
No pudo evitar soltar alguna lágrima indeseada al escuchar cómo le abría su corazón de manera tan inesperada y sobre todo, con ese fulgor inexplicable en sus ojos.
Se arrodilló ante ella y le cogió de la mano. La notó sorprendida y temblorosa, y por unos instantes se hubiera arriesgado a jurar que había sentido el vuelco de su corazón, cuando se arrodilló ante ella y con ese brillo en sus ojos, le dirigió la mirada.
Le confesó que quizá no fuera príncipe para rodearla de riquezas, o romano para llenarla de victorias y orgullo, pero que como celta que era, y como su amante y fiel servidor a su musa, a SU DIOSA, le podría dar algo que ninguno de los susodichos antes, lograrían superar, aún si le ofreciesen años: su amor, su alma y una eternidad juntos.
Ella, con los ojos inundados en lágrimas, y una eterna y feliz sonrisa tallada en sus labios, le levantó del suelo, y le dijo que ¡sí, que se casaría con él!... y nada más oír las palabras de su amada, la colmó de besos y abrazos, elevándola por los aires y saltando de alegría y emoción.
Se agarraron de las manos y comenzaron a caminar, riendo y saltando sin razones, sin darse cuenta de que, de alguna manera, ya habían comenzado a caminar por un nuevo sendero, donde compartirían sus pasos entre malezas y grandezas.

Comentario:
Muy bonito el texto...ains...no se ha que me recordara :P
Aunque en el camino tngais dificultades..pues es un camino muy largo,recuerda que lo importante es que vayais de la mano.
Aunque en el camino tngais dificultades..pues es un camino muy largo,recuerda que lo importante es que vayais de la mano.
Comentario:
Gracias por el comentario que dejaste en mi blog.
He estado leyendo lo que escribes y también me ha gustado mucho, así que ten por seguro que estaré pendiente de tus palabras.
Saludos!
He estado leyendo lo que escribes y también me ha gustado mucho, así que ten por seguro que estaré pendiente de tus palabras.
Saludos!






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