La cara oculta de la Luna...
Lo que algunos conocen como Némesis...
Acerca de
mi... Cuando los vientos soplen tan fuertemente como les sea posible, y los árboles sean capaces de bailar a su compás sin autodestruirse... Cuando las tormentas tiñan de furia y rencor permanentemente, un cielo azul de oscuro aspecto... Cuando la lluvia incesante se canse de golpear cada ente con sus acuosos cuerpos, para unirse a ellos en una fugaz explosion... Cuando la nieve tiña del color enrojecido de la sangre... Cuando la Luna sea más foco que el Sol...Cuando el Sol deje de proporcionar calor... Cuando las estrellas apaguen la luz de su mirada hacia el Universo...Y la Tierra sea contaminada... Mi presencia se hará latente ante ti. Preguntame entonces, lo que gustes. Made in Gallaecia
Sindicación
 
Por eso no se entienden los pequeños y los mayores...
KURT COBAIN Y FRANCES BEAN

Todo empezó un buen día en el que Filomena se puso a pensar mucho y, cavilando, cavilando, se le iba poniendo la cara de sabia y entonces se dijo: "El lenguaje que se han inventado los mayores me aburre y me fastidia. Ellos pusieron un nombre a todo y se quedaron muy tranquilos. Y ahora nos hacen aprender nombres y más nombres como si fuéramos papagayos: el libro es un libro, la silla es una silla, y ¡hala!, así todo lo demás. Ya estoy cansada de repetir siempre lo mismo y quiero inventar un nuevo lenguaje para que todo sea más divertido. Seguro que entonces no me aburriré.
Y, sí, sí, un día que estaba en la clase de matemáticas quiso probar el invento, y cuando el maestro le preguntó: "Dime, Filomena, ¿cuántas son diez más doce?", Filomena, de forma muy extraña y sin pensarlo dos veces, le soltó:
- Culo y cola.
(Al número "veintidós" ahora se le llamaría "culo y cola".)
Los niños de su clase se retorcían de risa, tanto les había gustado la salida de Filomena. Pero el maestro se puso hecho una fiera.
- Filomena -le gritó-, ¿por qué has contestado eso de "culo y cola"? ¿Por qué?
Filomena, con cara inocente, explicó:
- Pues porque he estirado la cabeza de los camellos.
("Estirar" quería decir "cambiar", "cabeza" quería decir "nombre" y "camello" quería decir "número"...)
Aquel mismo día escribió un texto de tema libre que escandalizó al maestro: "Ayer al anochecer abrí la ventana de mi mejilla y penetró una silla de todos los colores que le costaba un poco volar. Tenía un ala medio rota, pobrecita, y la puse dentro de una bañera llena de algodón".
("Mejilla" quería decir "habitación"; "silla" quería decir "mariposa", y "bañera" quería decir "caja".)
Cuando el maestro pudo reaccionar, le dijo con voz quebrada:
-Pero niña, ¿qué barbaridades escribes?
Filomena, alzando los hombros, dijo:
- He incendiado esta calle lo mejor que he podido.
El maestro, horrorizado por lo que acababa de oír, ignorando que "incendiar" quería decir "escribir" y "calle" quería decir "texto", salió disparado del aula.
Entretanto, en la clase, los compañeros de Filomena le pedías que les explicase el invento. Aquel dia todos salieron de la escuela como un tropel apretado alrededor de Filomena.
Cuando se despidieron en la plaza de la Vela, la niña alzó los brazos y dijo:
- ¡Hasta luna, narices!
("Luna" quería decir "mañana" y "narices" queria decir "amigos".)
Cuando Filomena llegó a casa, dijo a su madre:
- ¡Hola, carpeta! Tengo mucha hambre. ¿Qué podría cantar?
Su madre la miró de reojo tres o cuatro veces, y no sabía qué responder.
- Y lápiz, ¿no ha llegado todavía?
- ¿Qué lápiz y qué historias son ésas, nena?...
Pero el juego de "¡Filomena, Filomena!" se fue extendiendo como la pólvora entre los niños y las niñas de la ciudad.
Al final, todos los niños hablaban un lenguaje diferente al de los adultos.
De ahí viene que, en aquella ciudad, los pequeños y los mayores no se entiendan nada.

Miquel Obiols
"¡Ay, Filomena, Filomena!"


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