Una de médicos
Uno de los problemas de la sanidad pública española es que se dan muchas cosas por supuestas. La falta de información sobre cualquier procedimiento es abrumadora y su consecuencia más habitual es que tengamos que hacer las cosas dos y hasta tres veces.
Hace una semana fui a una revisión de la alergia. Llevo vacunándome, con mediano éxito, cada mes durante un año. La alergóloga me preguntó si seguía con síntomas, le dije que sí y me aconsejó que siguiera vacunándome. Le faltó decirme "hala, pa' casa". Me dio un papelico para continuar el tratamiento y una cita para el año que viene. Me dijo que seguramente ni siquiera me tendrían que autorizar el tratamiento, que en la farmacia me lo suministrarían.
Cuando me vacuno, siempre pregunto si me quedan suficientes dosis (porque el tratamiento hay que pedirlo con un mes de antelación, por aquello de que tienen que prepararlo especialmente, o eso dicen). Llevaba un par de meses sin preguntar, lo justo para que, alarmada, la enfermera que me vacunó esta vez me dijo que no me quedaba nada para el mes que viene, que tenía que pedirlo muy rápido porque en agosto los laboratorios no trabajan. Qué sorpresa.
Así que me voy a la farmacia y, obviamente, me dicen que Inspección Sanitaria (que a mí me suena como la CIA, por lo menos) me tiene que autorizar la vacuna. Entiendo que haya tratamientos que se pidan como excusa para traficar con ellos, como la morfina o los fármacos para seropositivos, pero... ¿a alguien se le ocurre traficar con una vacuna de alergia común?
Al día siguiente a las 8.30 de la mañana me voy a Inspección Sanitaria, para no pillar cola, y me encuentro con que no abren hasta las 9. Así que media hora de espera en el coche, dando cabezadas sobre el volante. Otra media hora de espera (porque a la gente le debe gustar esperar en sitios con la puerta cerrada), presenciando discusiones entre pacientes e "inspectores" hasta que, al llegar a la mesa donde me tienen que sellar la receta, me dicen que "ese papelote grande que tengo" no es una receta sino un "informe para el laboratorio" y que "sin receta yo no puedo hacer nada".
Me voy al consultorio médico y me dicen que para que me firmen una receta tengo que pedir cita al médico de cabecera, porque aunque lleve un informe médico completísimo hecho por un especialista tiene que ser un médico el que lo recete. Pido cita para ese mismo día, porque así me da tiempo de volver a coger el coche, ir a Inspección, volver al centro, aparcar y encargar la vacuna a la farmacia. Me dan cita para el día siguiente a media mañana. Uf, con las prisas que me metió la de la vacuna cualquiera se espera...
De modo que me voy de compras para hacer hora hasta que termine la consulta del médico y colarme vilmente. Espero pacientemente a las 13.30 y, en cuanto veo un hueco aprovechando la ausencia de una señora, me cuelo en la consulta y suplico a mi médico que me firme una receta. Se ríe de mí (y, con él, los residentes estos tan graciosos que tienen y que miran todo con tanta atención) y me la firma.
Mierda (perdón), son las 13.55: no me da tiempo a volver a Inspección. Tendrá que ser otro día.
Esta mañana, contra todo pronóstico, consigo la Autorización, así en mayúscula (con lo que me ha costado conseguirla). Ya que he perdido tanto tiempo podía pedir más y empezar a traficar con ellas y, al menos, sacaría algo de beneficio, porque lo que es la vacuna en sí no tiene mucha utilidad (salvo ayudarme a superar mi miedo a las agujas).
Y aquí estoy, haciendo hora para suplicar a la farmacéutica que suplique al laboratorio que se dé prisa para que el mes que viene yo pueda tener mi próxima dosis. Qué yonqui suena todo esto...
Hace una semana fui a una revisión de la alergia. Llevo vacunándome, con mediano éxito, cada mes durante un año. La alergóloga me preguntó si seguía con síntomas, le dije que sí y me aconsejó que siguiera vacunándome. Le faltó decirme "hala, pa' casa". Me dio un papelico para continuar el tratamiento y una cita para el año que viene. Me dijo que seguramente ni siquiera me tendrían que autorizar el tratamiento, que en la farmacia me lo suministrarían.
Cuando me vacuno, siempre pregunto si me quedan suficientes dosis (porque el tratamiento hay que pedirlo con un mes de antelación, por aquello de que tienen que prepararlo especialmente, o eso dicen). Llevaba un par de meses sin preguntar, lo justo para que, alarmada, la enfermera que me vacunó esta vez me dijo que no me quedaba nada para el mes que viene, que tenía que pedirlo muy rápido porque en agosto los laboratorios no trabajan. Qué sorpresa.
Así que me voy a la farmacia y, obviamente, me dicen que Inspección Sanitaria (que a mí me suena como la CIA, por lo menos) me tiene que autorizar la vacuna. Entiendo que haya tratamientos que se pidan como excusa para traficar con ellos, como la morfina o los fármacos para seropositivos, pero... ¿a alguien se le ocurre traficar con una vacuna de alergia común?
Al día siguiente a las 8.30 de la mañana me voy a Inspección Sanitaria, para no pillar cola, y me encuentro con que no abren hasta las 9. Así que media hora de espera en el coche, dando cabezadas sobre el volante. Otra media hora de espera (porque a la gente le debe gustar esperar en sitios con la puerta cerrada), presenciando discusiones entre pacientes e "inspectores" hasta que, al llegar a la mesa donde me tienen que sellar la receta, me dicen que "ese papelote grande que tengo" no es una receta sino un "informe para el laboratorio" y que "sin receta yo no puedo hacer nada".
Me voy al consultorio médico y me dicen que para que me firmen una receta tengo que pedir cita al médico de cabecera, porque aunque lleve un informe médico completísimo hecho por un especialista tiene que ser un médico el que lo recete. Pido cita para ese mismo día, porque así me da tiempo de volver a coger el coche, ir a Inspección, volver al centro, aparcar y encargar la vacuna a la farmacia. Me dan cita para el día siguiente a media mañana. Uf, con las prisas que me metió la de la vacuna cualquiera se espera...
De modo que me voy de compras para hacer hora hasta que termine la consulta del médico y colarme vilmente. Espero pacientemente a las 13.30 y, en cuanto veo un hueco aprovechando la ausencia de una señora, me cuelo en la consulta y suplico a mi médico que me firme una receta. Se ríe de mí (y, con él, los residentes estos tan graciosos que tienen y que miran todo con tanta atención) y me la firma.
Mierda (perdón), son las 13.55: no me da tiempo a volver a Inspección. Tendrá que ser otro día.
Esta mañana, contra todo pronóstico, consigo la Autorización, así en mayúscula (con lo que me ha costado conseguirla). Ya que he perdido tanto tiempo podía pedir más y empezar a traficar con ellas y, al menos, sacaría algo de beneficio, porque lo que es la vacuna en sí no tiene mucha utilidad (salvo ayudarme a superar mi miedo a las agujas).
Y aquí estoy, haciendo hora para suplicar a la farmacéutica que suplique al laboratorio que se dé prisa para que el mes que viene yo pueda tener mi próxima dosis. Qué yonqui suena todo esto...
Comentario:
Voy a ver si me pongo al día con tu blog. Y te reías tú de mí cuando contaba mis cosas con la burocracia de la universidad y de Hacienda. Anda, que los de sanidad no se quedan atrás. Menos mal que al final conseguiste lo que querías. Y El Patio tiene razón, búscate un farmacéutico de esos que te dicen "bueno, pues tráeme la receta mañana, no pasa nada".
Comentario:
Muy yonki, muy yonki... pero la necesidad es la necesidad, y una alergia no es algo que deba tomarse a la ligera (bueno, hay casos y casos, como siempre).
Comentario:
Jajajajaja, muy bien explicado el proceso burocrático y de atención "personalizada" al usuario... pero en otra ocasión, búscate un farmaceútico más enrollado. El farmaceútico enrrollao te hace el favor de pedir la vacuna con lo descrito en el informe del especialista y después, relajadamente, vas al médico a que te haga la receta que llevas a inspección adjuntando informe de alergólogo para terminar en la farmacia... Pero es cierto, es como correr los cien metros vallas. Pero si te sirve de consuelo, en EEUU no solo tendrías que pagar la vacuna sin ninguna financiación por parte de este sistema sanitario del que tanto nos quejamos, sino a una enfermera particular que te la administrase y no tendrías una sala de urgencias y personal acreditado a tu disposoción por si, en la media hora después de la administración, te da una reacción alérgica. Ya ves, son los pros y los contras de un sistema de salud que pretende coberturas al cien por cien.





