Milagro azul
El fútbol, como la vida, es maravilloso y es injusto y a veces no se entiende un término sin el otro. Quizá la emoción y la admiración que nos hace sentir es lo que lo hace tan grande. Cuando consiguen ponerte los pelos de punta y retorcerte el estómago estás viendo fútbol de verdad.
El Getafe se ha quedado al borde del milagro y ha dejado sin coronar su hazaña épica. Después de la decepción queda un espacio para el orgullo y para el reconocimiento de que ha sido superior al rival en todos los aspectos. Pero a veces ser el mejor no basta.
Pese a todo, ha conseguido algo más grande que si hubiera entrado en semifinales de UEFA: ha logrado aunar las emociones de toda España durante unos minutos eternos y, con ello, hacerse un hueco en el corazón de la multitud. El Getafe se está convirtiendo en grande, pero el camino hacia la grandeza está lleno de obstáculos. Ya vendrán más semifinales, llegarán más copas, pero el recuerdo de lo imposible permanece. Es la entrada en la historia por la puerta grande. Y algún día le llegará lo que merece.
La afición azulona tiene motivos para celebrar esta derrota como si fuera una victoria, porque ha conseguido sacar lo mejor y lo peor que todos tenemos dentro, le ha dado la vuelta a nuestros intestinos y ha hecho que todos los corazones palpiten a la vez. Eso no tiene precio. Y no lo digo por consuelo, sino por convicción. El Geta es grande y lo será más aún pero siempre, siempre, será nuestro Geta (y lo dice una que es madridista).
Ahora más que nunca, ¡Vamos azules, vamos Getafe, vamos contigo!
*María, espero tu crónica de ambiente.
El Getafe se ha quedado al borde del milagro y ha dejado sin coronar su hazaña épica. Después de la decepción queda un espacio para el orgullo y para el reconocimiento de que ha sido superior al rival en todos los aspectos. Pero a veces ser el mejor no basta.
Pese a todo, ha conseguido algo más grande que si hubiera entrado en semifinales de UEFA: ha logrado aunar las emociones de toda España durante unos minutos eternos y, con ello, hacerse un hueco en el corazón de la multitud. El Getafe se está convirtiendo en grande, pero el camino hacia la grandeza está lleno de obstáculos. Ya vendrán más semifinales, llegarán más copas, pero el recuerdo de lo imposible permanece. Es la entrada en la historia por la puerta grande. Y algún día le llegará lo que merece.
La afición azulona tiene motivos para celebrar esta derrota como si fuera una victoria, porque ha conseguido sacar lo mejor y lo peor que todos tenemos dentro, le ha dado la vuelta a nuestros intestinos y ha hecho que todos los corazones palpiten a la vez. Eso no tiene precio. Y no lo digo por consuelo, sino por convicción. El Geta es grande y lo será más aún pero siempre, siempre, será nuestro Geta (y lo dice una que es madridista).
Ahora más que nunca, ¡Vamos azules, vamos Getafe, vamos contigo!
*María, espero tu crónica de ambiente.
Comentario:
Ahí va mi crónica de ambiente, que a lo mejor va a ser un poco larga.
A mediodía, gente que iba o venía de trabajar ya portaba su bufanda del Geta. Las primeras banderas empezaban a salir a los balcones. Incluso la cafetería de la Uni tenía una tras la barra.
En los aledaños del estadio, borrachos de los dos equipos, mucha emoción y puestos de pipas y chubasqueos. Ya en las puertas, una cola inmensa para entrar.
La imagen de entrar al Coliseo y verlo lleno era increible. El ambiente era magnífico.
Lo que más me gusto de todos nosotros, la afición, fue que en los momentos adversos, es decir, tras cualquier gol, nos callábamos diez segundos y volvíamos a animar.
En la primera prórroga parecía hecho, pero las manos de mantequilla del Pato (aunque tuvo alguna parada alucinante) jorobaron la historia. Pero, Pato, el pobre, no tiene toda la culpa. El que se la tiene que llevar toda es ese árbitro comprado que echó a De la Red en el minuto 8, perdonó muchas faltas que eran tarjetas a los alemanes y o echó al stronzo di merda de Luca Toni. Ese que dejó tirado en el suelo a Pato doliéndose de un ojo, que metió un cabezazo a otro jugador (no me acuerdo cula era) en el suelo, que protestaba por todo, que chuleaba al portero y que, al final, nos mandó callar cuando marcó. Chulo!
Pero la afición no nos callamos, sino que una parte acudimos a la cibelina. Aunque para algunos era una excusa para salir en la tele, emborracharse el jueves y hacer el payaso, otros estábamos para apoyar al equipo. Este encuentro valió, una vez más, al cacique-alcalde para darse un baño de multitudes. Lo que nunca saldrá en los medios (y menos en TVE y la Ser, que fueron dos de las entrevistas) es que los jóvenes le pedíamos pisos. Pedro Castro, en dos momentos, mostró que no siente los colores: delante de las cámaras, se rodeaba de jóvenes. Pero cuando hablaba con prensa escrita o cerraba entrevistas con los periodistas, en dos ocasiones le colocó un muchacho la bufanda alrededor del cuello. En dos ocasiones se la quitó. Y eso no aparecerá en ningún medio.
A pesar de la derrota, el Getafe ya será para siempre el EuroGeta. Aquel equipo pequeño que pasó de segunda B a jugar cuartos de UEFA y la final de la Copa del Rey dos años consecutivos en pocos años (Yo aún me acuerdo cuando jugaba en tercero, y mira que soy joven). Aquel equipo al que los grandes quitan los mejores jugadores y los entrenadores pero que es capaz de plantarle cara a los feos de Khan y Rivéry sin tenerles miedo. Aquel que ganó al Madrid y empató con el Barça. El EuroGeta, mi Geta.
A mediodía, gente que iba o venía de trabajar ya portaba su bufanda del Geta. Las primeras banderas empezaban a salir a los balcones. Incluso la cafetería de la Uni tenía una tras la barra.
En los aledaños del estadio, borrachos de los dos equipos, mucha emoción y puestos de pipas y chubasqueos. Ya en las puertas, una cola inmensa para entrar.
La imagen de entrar al Coliseo y verlo lleno era increible. El ambiente era magnífico.
Lo que más me gusto de todos nosotros, la afición, fue que en los momentos adversos, es decir, tras cualquier gol, nos callábamos diez segundos y volvíamos a animar.
En la primera prórroga parecía hecho, pero las manos de mantequilla del Pato (aunque tuvo alguna parada alucinante) jorobaron la historia. Pero, Pato, el pobre, no tiene toda la culpa. El que se la tiene que llevar toda es ese árbitro comprado que echó a De la Red en el minuto 8, perdonó muchas faltas que eran tarjetas a los alemanes y o echó al stronzo di merda de Luca Toni. Ese que dejó tirado en el suelo a Pato doliéndose de un ojo, que metió un cabezazo a otro jugador (no me acuerdo cula era) en el suelo, que protestaba por todo, que chuleaba al portero y que, al final, nos mandó callar cuando marcó. Chulo!
Pero la afición no nos callamos, sino que una parte acudimos a la cibelina. Aunque para algunos era una excusa para salir en la tele, emborracharse el jueves y hacer el payaso, otros estábamos para apoyar al equipo. Este encuentro valió, una vez más, al cacique-alcalde para darse un baño de multitudes. Lo que nunca saldrá en los medios (y menos en TVE y la Ser, que fueron dos de las entrevistas) es que los jóvenes le pedíamos pisos. Pedro Castro, en dos momentos, mostró que no siente los colores: delante de las cámaras, se rodeaba de jóvenes. Pero cuando hablaba con prensa escrita o cerraba entrevistas con los periodistas, en dos ocasiones le colocó un muchacho la bufanda alrededor del cuello. En dos ocasiones se la quitó. Y eso no aparecerá en ningún medio.
A pesar de la derrota, el Getafe ya será para siempre el EuroGeta. Aquel equipo pequeño que pasó de segunda B a jugar cuartos de UEFA y la final de la Copa del Rey dos años consecutivos en pocos años (Yo aún me acuerdo cuando jugaba en tercero, y mira que soy joven). Aquel equipo al que los grandes quitan los mejores jugadores y los entrenadores pero que es capaz de plantarle cara a los feos de Khan y Rivéry sin tenerles miedo. Aquel que ganó al Madrid y empató con el Barça. El EuroGeta, mi Geta.





