Mis disculpas
El domingo de Ramos, después de trabajar, salí con una amiga a cenar en una hamburguesería. La excusa para tan suculenta cena era ponernos al día de nuestras vidas. Estuvimos charlando hasta las doce de la noche en el portal de mi casa, como siempre que se quieren alargar las conversaciones pero las horas no lo permiten. Por dentro, me sentía raramente feliz, felicidad fruto de la mezcla de una perspectiva de unos días libres por delante y una extraña desazón interior no se sabe muy bien por qué.
Enfermé el lunes santo. Conseguí meterme en la cama a las siete y media de la tarde y dormí casi de un tirón hasta el día siguiente. La fiebre me duró hasta el martes. Tiritando aún y sin noción del espacio ni del tiempo me fui al pueblo, a casa de mi novio, con la única perspectiva de dormitar en el sofá, ver películas, jugar a la playstation y curarme. Llenamos la nevera y hasta el jueves por la mañana nos dedicamos a toda esta serie de actividades.
El jueves trabajé. Llegué descansada, pero mi salud no daba para más. Volví a marcharme al pueblo. Vi la procesión bajo un aire helado y volvimos a meternos el sofá hasta el sábado por la mañana. La mayor actividad de esta Semana Santa ha sido tomar café con mis padres, mis tíos y unos amigos durante una hora aproximadamente. Guau.
Al volver a casa, deseando reencontrarme con la actualidad del mundo y sumergirme en algunos blogs, me encontré sin internet. Y, por supuesto, sin nadie en el departamento técnico de Ya.com que pudiera solucionarlo. Terminé un libro (El médico, Noah Gordon, 1986) y empecé otro (El Mundo, Juan José Millás, 2007). Siesta. Ducha. Trabajar.
Hasta esta mañana no ha vuelto esa extraña magia que es internet y ahora que puedo actualizar sólo se me ocurre ofreceros el anodino retrato de mis días perros, sosos y enfermos. Lejos quedan aquellas semanas-santas de no aparecer por casa salvo para comer bacalao, tortilla, ensaladilla, natillas, arroz con leche, torrijas y orejas de fraile, de reencontrarse con los amigos, de bailar y beber hasta reventar, de perseguir procesiones, de... yo qué sé, casi se me ha olvidado. Menos mal que quedan muchas por delante. Espero perder la costumbre de resfriarme siempre el primer día de fiestas.
De momento, ahora me queda por delante una semana casi entera de trabajo. Mis disculpas por no tener una vida más interesante.
Enfermé el lunes santo. Conseguí meterme en la cama a las siete y media de la tarde y dormí casi de un tirón hasta el día siguiente. La fiebre me duró hasta el martes. Tiritando aún y sin noción del espacio ni del tiempo me fui al pueblo, a casa de mi novio, con la única perspectiva de dormitar en el sofá, ver películas, jugar a la playstation y curarme. Llenamos la nevera y hasta el jueves por la mañana nos dedicamos a toda esta serie de actividades.
El jueves trabajé. Llegué descansada, pero mi salud no daba para más. Volví a marcharme al pueblo. Vi la procesión bajo un aire helado y volvimos a meternos el sofá hasta el sábado por la mañana. La mayor actividad de esta Semana Santa ha sido tomar café con mis padres, mis tíos y unos amigos durante una hora aproximadamente. Guau.
Al volver a casa, deseando reencontrarme con la actualidad del mundo y sumergirme en algunos blogs, me encontré sin internet. Y, por supuesto, sin nadie en el departamento técnico de Ya.com que pudiera solucionarlo. Terminé un libro (El médico, Noah Gordon, 1986) y empecé otro (El Mundo, Juan José Millás, 2007). Siesta. Ducha. Trabajar.
Hasta esta mañana no ha vuelto esa extraña magia que es internet y ahora que puedo actualizar sólo se me ocurre ofreceros el anodino retrato de mis días perros, sosos y enfermos. Lejos quedan aquellas semanas-santas de no aparecer por casa salvo para comer bacalao, tortilla, ensaladilla, natillas, arroz con leche, torrijas y orejas de fraile, de reencontrarse con los amigos, de bailar y beber hasta reventar, de perseguir procesiones, de... yo qué sé, casi se me ha olvidado. Menos mal que quedan muchas por delante. Espero perder la costumbre de resfriarme siempre el primer día de fiestas.
De momento, ahora me queda por delante una semana casi entera de trabajo. Mis disculpas por no tener una vida más interesante.
Comentario:
En 7 días comenzamos la Semana Santa 2009, espero que te la pases mejor que en 2008. un saludo
Comentario:
Quisiera ser como Azorín, o como los poetas chinos, dice José Luis García Martín, y ser capaz de escribir páginas y páginas sobre las cosas que pasan cuando no pasan nada. Ahí está el reto, en saber escribir, no en saber vivir. O en saber escribir lo vivido. Aunque sea una fiebre pascual. bss
Comentario:
¿Tu semana santa te parece aburrida? Deberías pasarte por mi blog y leer los tres últimos post para hacerte una idea de lo sumamente aburrida que ha sido la mía. Apenas he tenido contacto con el mundo exterior. Sólo he visto a mis amigos un día y se trajeron a una que me cae mal, así que aguanté dos horas.
Tú piensa que siempre habrá alguien más pringado que tú. Y que ese alguien posiblemente sea yo.
un saludillo
Tú piensa que siempre habrá alguien más pringado que tú. Y que ese alguien posiblemente sea yo.
un saludillo





