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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
La ambición se llama "Damages"
Aquellos que todavía están debatiendo si la televisión es buena o mala, un debate que debería relegarse ya a tiempos prehistóricos, o si es capaz de ofrecernos obras maestras de la misma calidad que las cinematográficas deberían ver Damages.

Destaca antes que nada por su estructura temporal. Como bien dicen en espoiler, nunca los flashforward se utilizaron con tanta maestría. Damages juega con el espectador, dirigiendo su mirada en todo momento por los recovecos de la historia, dejándole entrar sólo hasta donde los guionistas quieren, frustrando una y otra vez las expectativas, alentando una y otra vez la ansiedad de saber más. La fotografía es inmejorable. Los fragmentos de tiempo se distinguen por una estética diferente: mientras que el pasado tiene un ligero tinte azulado oscuro, como de elegante cine noir, el presente-pasado se empapa de un amarillo que nos conduce a la inseguridad de la realidad.

La serie cuenta con sólo 13 episodios, lo que le permite elaborar al máximo su estructura temporal y desarrollar múltiples tramas que al final no sólo quedan resueltas satisfactoriamente sino que dejan flecos aparte que el espectador puede interpretar como quiera. La trama principal versa sobre la investigación y resolución de un caso de estafa accionarial, contada desde el punto de vista de los abogados acusadores, de los defensores y del multimillonario implicado. Al mismo tiempo vemos a una joven abogada que entra a trabajar en el bufete y se enfrenta la disyuntiva de elegir entre su vida personal y la profesional.

Y Damages es mucho más. Es una filosofía sobre la naturaleza humana. Habla de ambición, de manipulación, de mentiras, de engaños, de riesgos, de amor, de confianza, de celos, de envidias, de pasado, de presente, de futuro, de violencia, de límites... y todo ello con la magnífica Glen Close al frente.

No sería tan perfecta sin Glen Close en el papel protagonista. Un personaje visto hasta la saciedad en el cine y la literatura al que esta mujer da un diferente matiz. Sus susurros han de temerse tanto como su rabia, su decisión se convierte la mayoría de las veces en frialdad, su lado humano parece oscurecerse cada vez más... El referente que he tenido en mente durante el visionado de la serie ha sido, y perdonadme que tome como referente una película que no pasará a la historia del cine, la Miranda Priestly interpretada por Meryl Streep en El diablo viste de Prada (David Frankel, 2006). Del resto del reparto me quedo con el admirable Ray Fiske (Zeljko Ivanek), el fiel Tom Shayes (Tate Donovan) y el atractivo y desorientado Gregory Malina (Peter Facinelly). Sin olvidar a Rose Byrne en el papel de Ellen Parsons, estupenda en la piel de una joven decidida e indecisa, fuerte y débil, cuidadosa y arriesgada y, por último, desengañada.

Damages es imprescindible (y mejor en versión original). Es una de las grandes series de los últimos años, que resulta no sólo atractiva y adictiva sino que además tiene mucho que decir a nivel narrativo y de recepción. Por fin se da un paso más en las series de abogados.
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