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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
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Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
La bandera boca abajo
Cuando el sargento Hank Deerfield (Tommy Lee Jones) inicia la búsqueda de su hijo, un soldado desaparecido tras volver de Irak, encuentra a un extranjero izando una bandera boca abajo. Se acerca a él y le dice que poner una bandera al revés constituye una señal de socorro, significa que necesitamos ayuda de los demás para salvarnos porque nosotros solos no podemos. Al final de En el valle de Elah (Paul Haggis, 2007) será él mismo quien cuelgue la bandera al revés.

Es en estas escenas donde se recoge todo el sentido de la película. Una gran labor de síntesis por parte del director para una historia intimista, lenta y contenida, que dice sin decir y que podría decir más. Después del espectacular montaje de Crash (2004), sorprende este nuevo filme de Paul Haggis por su linealidad en la narración y su concentración en una sola trama. Estas son sus virtudes y también sus defectos.

No comprendo la labor de casting. James Franco pronuncia dos frases, Susan Sarandon tiene escenas importantes en una trama que peca de simplista y el papel de Charlize Theron, aunque estupendo por su parte, podría haber sido interpretado por cualquier otra actriz. Supongo que han tirado la casa por la ventana con el casting para llamar la atención sobre la película, para que la gente vaya a verla y no se quede como un filme más dentro de la tendencia autocrítica que vive el cine estadounidense en los últimos años. El punto fuerte es, indudablemente, Tommy Lee Jones, perfecto en el personaje de un padre contenido, obcecado, confuso y, sobre todo, constante en la investigación del asesinato de su hijo. Su personaje está perfectamente caracterizado, apenas habla pero su peso es esencial, de tal modo que todo gira en torno a él.

Respecto a la(s) trama(s), Paul Haggis vacila, supongo que a propósito, entre aunar el thriller de investigación con una elevada dosis de crítica a las actuaciones del ejército norteamericano en Irak y ofrecer un retrato intimista del dolor de las personas implicadas. En mi opinión, la película debería centrarse más y así eliminar las escenas en las que una madre muestra el dolor por la pérdida de su hijo (algo que ya hemos visto en innumerables ocasiones y que no aporta nada al filme en general), utilizando ese tiempo para desarrollar una trama de la investigación, reforzar la crítica, jugar aún más con el tópico de buenos y malos, desmontar mitos, alimentar sospechas, mostrar las irregularidades consentidas... En definitiva, Paul Haggis tenía que haber puesto más carne en el asador y no haberse quedado a medio camino pero, en este caso, no sería su película.

Frente a estas inconsistencias, buscadas o no, hay aspectos que me parecen admirablemente bien trabajados. Primero (atención: SPOILERS) me encanta que no hayan caído en la tentación de vestir al soldado Deerfield con una manta de heroicidad sólo por el hecho de ser asesinado y mostrar, de una manera tan sutil y tan eficaz, que se trataba sólo de un chico solo, inseguro, aterrado, que cometía las mismas locuras y atrocidades que el resto de sus compañeros. Esto es una prueba del valor y de la libertad de la que puede hacer gala el cine en algunos momentos y se merece una felicitación por ello. También están muy logrados los interrogatorios a sus compañeros, especialmente la última confesión, donde los personajes (guiando los sentimientos del espectador) pasan de la rabia a la impotencia y a la incredulidad, esto es, ¿cómo puede pasar esto en un país como este?. Alabo al formidable West Chatham como soldado Penning.

Vayan a verla, al cine o en casa. Conforta explorar el dolor, la rabia, la impotencia, la inseguridad, los miedos, la certeza, la ambición... la locura... y llegar a la catarsis con una bandera bocabajo y una sonrisa de medio lado.
No