Belleza y pasión
Entre una masa de cuerpos sudorosos, de humo y molestas luces, al ritmo de una música cualquiera, había un pequeño hueco a través del cual se atisbaba un trocito de universo. Joven él, joven ella, atractivos y excitados, bailaban juntos, pegados, adheridos, fundidos, como si no hubiera nadie alrededor.
Las manos de él en la cadera de ella, bajando y subiendo por su espalda, acariciándola con lentitud y con avaricia; las manos de ella en su cuello, revolviendo su pelo en una mezcla de ternura y pasión y tocando sus labios con la yema de los dedos. Sus bocas se unían casi con desesperación y, sin embargo, el tiempo parecía detenerse; se saboreaban impacientes, pero con todo el tiempo del mundo, investigando cada recodo, sin violencia, sin prisas, pero con premura.
Era la belleza del momento detenido, la belleza de la pasión observada. Seguro que no se conocían desde hacía mucho, seguro que querían observarse, atraparse, enlazarse uno al otro. Sus cuerpos ansiaban conocerse, recorrerse, pero se detenían de vez en cuando: ella le miraba a los ojos, él enredaba sus manos en sus rizos, ella perfilaba sus labios con las uñas, reteniendo aquella visión, aquella sensación de infinitud en los dedos. Se miraban mientras bailaban y se devoraban con la mirada, un segundo después se comían enteros, se lamían, se mordían...
Y vuelta a empezar en un baile que parecía no acabar nunca. Sus caderas juntas, su piel vibrante, sus piernas engarzadas... y vuelta a las miradas, a los besos tiernos.. y luego la pasión y luego la explosión de sabores y texturas... y vuelta al baile, a las manos que bajan por la espalda, a las caricias en el cuello... y así, así, así...
Es curioso observar lo que se desea en una pareja desconocida...
Las manos de él en la cadera de ella, bajando y subiendo por su espalda, acariciándola con lentitud y con avaricia; las manos de ella en su cuello, revolviendo su pelo en una mezcla de ternura y pasión y tocando sus labios con la yema de los dedos. Sus bocas se unían casi con desesperación y, sin embargo, el tiempo parecía detenerse; se saboreaban impacientes, pero con todo el tiempo del mundo, investigando cada recodo, sin violencia, sin prisas, pero con premura.
Era la belleza del momento detenido, la belleza de la pasión observada. Seguro que no se conocían desde hacía mucho, seguro que querían observarse, atraparse, enlazarse uno al otro. Sus cuerpos ansiaban conocerse, recorrerse, pero se detenían de vez en cuando: ella le miraba a los ojos, él enredaba sus manos en sus rizos, ella perfilaba sus labios con las uñas, reteniendo aquella visión, aquella sensación de infinitud en los dedos. Se miraban mientras bailaban y se devoraban con la mirada, un segundo después se comían enteros, se lamían, se mordían...
Y vuelta a empezar en un baile que parecía no acabar nunca. Sus caderas juntas, su piel vibrante, sus piernas engarzadas... y vuelta a las miradas, a los besos tiernos.. y luego la pasión y luego la explosión de sabores y texturas... y vuelta al baile, a las manos que bajan por la espalda, a las caricias en el cuello... y así, así, así...
Es curioso observar lo que se desea en una pareja desconocida...





