Navidad iluminada
Dice el llamado espíritu navideño que la Navidad es para pasarla en familia y con la gente que te importa. Y es que para disfrutar de la vida a veces no hace falta más que un buen café, una buena compañía y unas calles plagadas de luces.
A las siete y media de la tarde una amiga y yo cogimos el cercanías rumbo a Madrid centro, dispuestas a empaparnos del espíritu de las fiestas. Como manda la tradición (abandonada el año pasado) nos disponíamos a visitar Cortylandia y a comernos una trufa de chocolate en Sol.
Desde Atocha hemos subido a Sol por el Paseo de Recoletos, decorado con unas luces que dejan mucho que desear. La primera parada ha sido la FNAC, visita indiscutible siempre que voy al centro. Y es que FNAC es para mí el templo del placer. Como dice una amiga, si fuera millonaria me compraría todos los libros y después compraría el edificio para tenerlos ordenados.
En busca de Blanco hemos recorrido todas las calles adyacentes, con la suerte de que hemos topado con todas las tiendas de ropa menos la que buscábamos. Eso, unido a nuestra desorientación natural, ha hecho que pateemos Gran Vía arriba, Gran Vía abajo hasta encontrarnos en una calle desconocida que nos ha hecho replantear el rumbo.
Y por fin, el premio final. Cambiamos la tradicional trufa de chocolate por un café del Starbucks (que debe tener droga porque no puedo vivir sin él) y una magdalena gigante de chocolate (de nombre impronunciable). Tanto mi amiga como yo coincidimos en que Starbucks es una de las grandes aportaciones de Estados Unidos al resto del mundo. Tras unas cuantas fotitos con las calles iluminadas, ponemos rumbo a Cortylandia.
La mayoría de la gente que estaba frente a Cortylandia eran adultos que llevaban a los niños para disimular que realmente es a ellos a los que le encantan los muñequitos giratorios y las canciones estridentes y que fingían frío para permitirse algún que otro bailecito. Tiger (muy ligón) nos esperaba para hacernos las fotos de rigor. Y ya cansadas intentamos volver a casa.
A las diez de la noche las calles ya estaban prácticamente desiertas, los puestos de la Plaza Mayor, cerrados y el arbolito de la Puerta del Sol, apagado. Un despliegue policial impresionante a la puerta del Congreso y nosotras caminando bajo las lucecitas para volver a casa.
La verdad es que la iluminación de Madrid deja mucho que desear este año. Menos mal que no se han dedicado a poner palabras como "vómito" y "resaca" como símbolo de las fiestas navideñas, algo que ya hicieron años atrás. Este año han optado por unas sosísimas hojas en la Plaza Mayor (que hasta la de Ciudad Real luce más bonita), unas manchas que no se sabe muy bien qué son en la mayoría de las calles, unas herraduras que parecen dar paso a una carrera de caballos y unos angelotes azules feísimos en la calle Preciados. Muy flojita, sí, para mí que no se han esmerado mucho en la elección. Y además la luz es muy poco brillante y los contrastes son muy apagados.
Lo mejor de las luces es sin duda el entorno que crean y, además, que te dan la excusa para fotografiarte en medio de una calle haciendo el tonto (fotos en breve en mi space). Lo mejor de las luces es que son la justificación perfecta para forzarte a dar un paseíto por el centro y disfrutar de lo que Madrid ofrece.
A las siete y media de la tarde una amiga y yo cogimos el cercanías rumbo a Madrid centro, dispuestas a empaparnos del espíritu de las fiestas. Como manda la tradición (abandonada el año pasado) nos disponíamos a visitar Cortylandia y a comernos una trufa de chocolate en Sol.
Desde Atocha hemos subido a Sol por el Paseo de Recoletos, decorado con unas luces que dejan mucho que desear. La primera parada ha sido la FNAC, visita indiscutible siempre que voy al centro. Y es que FNAC es para mí el templo del placer. Como dice una amiga, si fuera millonaria me compraría todos los libros y después compraría el edificio para tenerlos ordenados.
En busca de Blanco hemos recorrido todas las calles adyacentes, con la suerte de que hemos topado con todas las tiendas de ropa menos la que buscábamos. Eso, unido a nuestra desorientación natural, ha hecho que pateemos Gran Vía arriba, Gran Vía abajo hasta encontrarnos en una calle desconocida que nos ha hecho replantear el rumbo.
Y por fin, el premio final. Cambiamos la tradicional trufa de chocolate por un café del Starbucks (que debe tener droga porque no puedo vivir sin él) y una magdalena gigante de chocolate (de nombre impronunciable). Tanto mi amiga como yo coincidimos en que Starbucks es una de las grandes aportaciones de Estados Unidos al resto del mundo. Tras unas cuantas fotitos con las calles iluminadas, ponemos rumbo a Cortylandia.
La mayoría de la gente que estaba frente a Cortylandia eran adultos que llevaban a los niños para disimular que realmente es a ellos a los que le encantan los muñequitos giratorios y las canciones estridentes y que fingían frío para permitirse algún que otro bailecito. Tiger (muy ligón) nos esperaba para hacernos las fotos de rigor. Y ya cansadas intentamos volver a casa.
A las diez de la noche las calles ya estaban prácticamente desiertas, los puestos de la Plaza Mayor, cerrados y el arbolito de la Puerta del Sol, apagado. Un despliegue policial impresionante a la puerta del Congreso y nosotras caminando bajo las lucecitas para volver a casa.
La verdad es que la iluminación de Madrid deja mucho que desear este año. Menos mal que no se han dedicado a poner palabras como "vómito" y "resaca" como símbolo de las fiestas navideñas, algo que ya hicieron años atrás. Este año han optado por unas sosísimas hojas en la Plaza Mayor (que hasta la de Ciudad Real luce más bonita), unas manchas que no se sabe muy bien qué son en la mayoría de las calles, unas herraduras que parecen dar paso a una carrera de caballos y unos angelotes azules feísimos en la calle Preciados. Muy flojita, sí, para mí que no se han esmerado mucho en la elección. Y además la luz es muy poco brillante y los contrastes son muy apagados.
Lo mejor de las luces es sin duda el entorno que crean y, además, que te dan la excusa para fotografiarte en medio de una calle haciendo el tonto (fotos en breve en mi space). Lo mejor de las luces es que son la justificación perfecta para forzarte a dar un paseíto por el centro y disfrutar de lo que Madrid ofrece.





