De bodas y separaciones
Hoy celebrábamos (era un decir, porque de celebración no ha habido nada) los 12 años de casados de mis cuñados. Hace unos días mis tíos cumplieron 13 años de casados. Mi hermano ha acudido este fin de semana a la boda de un amigo. Mi novio pasó todo el sábado de despedida de soltero, también de un amigo. Desde marzo hasta ya avanzado octubre no hay fin de semana durante el cual no se celebren varias bodas. Unos matrimonios durarán toda la vida, otros durarán largos años y otros se extinguirán poquito a poco o de repente, según las circunstancias. Y mi familia y yo tomamos todas las notas posibles para cuando llegue el día de mi boda.
En el último mes, que yo recuerde, me he enterado de dos separaciones, ambas de parejas amigas o conocidas.
Un amigo de mi novio, casado hace un par de años, llegó a media mañana del trabajo y se encontró a su mujer en la cama con otro (amigo en común, por cierto), al más puro estilo comedia americana, pero sin ningún sesgo de comedia. Encontrarlos en plena faena (bueno, esto es echarle ya mucha imaginación) e ir descubriendo que su mujer llevaba una doble vida fue todo uno. Han iniciado ya los trámites de divorcio.
Otra pareja conocida "se va a dar un tiempo". Odio esa expresión, pero quizá no todo el mundo tiene la valentía de cortar algo de raíz y ni siquiera esto es garantía de que todo se supere más o menos bien. No llevaban casados ni siquiera dos años. La pérdida de la emoción y las dificultades de conciliar los deseos cotidianos de uno y otro parece ser la causa de su distanciamiento. Y quién sabe qué cantidad de cosas se le pasan a uno por la cabeza cuando decide poner fin a una relación, haya pasado o no por la vicaría.
Una amiga y yo siempre sacamos a relucir estos temas y solemos poner bocabajo los cánones que pululan por la sociedad tradicional; en realidad, lo que hacemos es poner en viva voz lo que muchos piensan, se atrevan a reconocerlo o no. Como siempre volvemos a la misma conversación (quizá debido a que hace poco ella sufrió un revés sentimental que nos hace tener la palabra "pareja" en la boca todo el día), hemos llegado a la conclusión de que si una relación va bien, quizá más abocada a la amistad que a otra cosa, es absurdo separarse. Porque hoy en día cuesta tanto conocer a alguien con quien más o menos congenies que no parece lo más aconsejable tirar todo por la borda porque simplemente ya no quieras a alguien.
Es duro reconocerlo, pero también es cierto que muchas parejas funcionan sin amor. Por supuesto que no es el objetivo primordial de toda persona, pero para las que no concebimos el hecho de vivir solas (porque simplemente necesitamos a alguien que nos sustente, que nos apoye, que esté ahí aunque sea para reñir) parece ser, en los tiempos que corren, la solución menos mala. Hablamos de situaciones en las que no se llegue al odio hacia la otra persona ni, obviamente, tu pareja te estorbe hasta molestarte. Hablamos de aquellas situaciones en las que parece que se ha perdido la pasión, el enamoramiento, pero en las que hay cariño y cuyo estancamiento, demostrado está, sólo suele percibirse si de repente a uno o a otro le da por prepararse una aventura romántica o enamorarse de una tercera persona.
Pinto un panorama triste y quizá me lleve a ello la preconcebida falta de valor por mi parte si yo me hallase en una encrucijada semejante. Ojalá el amor fuera para siempre, aunque amores para siempre los hay y el desengaño afectivo no nos lleva a ninguna parte. Todos necesitamos amar y ser amados, aunque sea un instante, y quizá más sentirnos amados que amar verdaderamente a una persona. No se puede mantener una relación sin creernos que la otra persona nos quiere. Porque el amor no mueve el mundo, pero lo sustenta y hace que los humanos cometamos la mayor parte de las estupideces. Supongo que, como en todo, hay que saber cuándo ha llegado el final del juego, cuándo es necesario empezar otra partida... pero yo deseo a todos amor para siempre y, si no puede ser amor, al menos felicidad.
En el último mes, que yo recuerde, me he enterado de dos separaciones, ambas de parejas amigas o conocidas.
Un amigo de mi novio, casado hace un par de años, llegó a media mañana del trabajo y se encontró a su mujer en la cama con otro (amigo en común, por cierto), al más puro estilo comedia americana, pero sin ningún sesgo de comedia. Encontrarlos en plena faena (bueno, esto es echarle ya mucha imaginación) e ir descubriendo que su mujer llevaba una doble vida fue todo uno. Han iniciado ya los trámites de divorcio.
Otra pareja conocida "se va a dar un tiempo". Odio esa expresión, pero quizá no todo el mundo tiene la valentía de cortar algo de raíz y ni siquiera esto es garantía de que todo se supere más o menos bien. No llevaban casados ni siquiera dos años. La pérdida de la emoción y las dificultades de conciliar los deseos cotidianos de uno y otro parece ser la causa de su distanciamiento. Y quién sabe qué cantidad de cosas se le pasan a uno por la cabeza cuando decide poner fin a una relación, haya pasado o no por la vicaría.
Una amiga y yo siempre sacamos a relucir estos temas y solemos poner bocabajo los cánones que pululan por la sociedad tradicional; en realidad, lo que hacemos es poner en viva voz lo que muchos piensan, se atrevan a reconocerlo o no. Como siempre volvemos a la misma conversación (quizá debido a que hace poco ella sufrió un revés sentimental que nos hace tener la palabra "pareja" en la boca todo el día), hemos llegado a la conclusión de que si una relación va bien, quizá más abocada a la amistad que a otra cosa, es absurdo separarse. Porque hoy en día cuesta tanto conocer a alguien con quien más o menos congenies que no parece lo más aconsejable tirar todo por la borda porque simplemente ya no quieras a alguien.
Es duro reconocerlo, pero también es cierto que muchas parejas funcionan sin amor. Por supuesto que no es el objetivo primordial de toda persona, pero para las que no concebimos el hecho de vivir solas (porque simplemente necesitamos a alguien que nos sustente, que nos apoye, que esté ahí aunque sea para reñir) parece ser, en los tiempos que corren, la solución menos mala. Hablamos de situaciones en las que no se llegue al odio hacia la otra persona ni, obviamente, tu pareja te estorbe hasta molestarte. Hablamos de aquellas situaciones en las que parece que se ha perdido la pasión, el enamoramiento, pero en las que hay cariño y cuyo estancamiento, demostrado está, sólo suele percibirse si de repente a uno o a otro le da por prepararse una aventura romántica o enamorarse de una tercera persona.
Pinto un panorama triste y quizá me lleve a ello la preconcebida falta de valor por mi parte si yo me hallase en una encrucijada semejante. Ojalá el amor fuera para siempre, aunque amores para siempre los hay y el desengaño afectivo no nos lleva a ninguna parte. Todos necesitamos amar y ser amados, aunque sea un instante, y quizá más sentirnos amados que amar verdaderamente a una persona. No se puede mantener una relación sin creernos que la otra persona nos quiere. Porque el amor no mueve el mundo, pero lo sustenta y hace que los humanos cometamos la mayor parte de las estupideces. Supongo que, como en todo, hay que saber cuándo ha llegado el final del juego, cuándo es necesario empezar otra partida... pero yo deseo a todos amor para siempre y, si no puede ser amor, al menos felicidad.
Comentario:
Buscar razones para seguir es el principio del fracaso, de una relación empobrecida buscando algún motivo para sobrevivir. Qué triste y qué anodino.
No hay más motivo para estar ahí que el de no desear estar en ninguna otra parte, aunque, a decir verdad, no hay fórmulas mágicas que garanticen el éxito en esta compleja relación de dos, y desgraciadamente no está en una misma poder evitar el fracaso.
No hay más motivo para estar ahí que el de no desear estar en ninguna otra parte, aunque, a decir verdad, no hay fórmulas mágicas que garanticen el éxito en esta compleja relación de dos, y desgraciadamente no está en una misma poder evitar el fracaso.
Comentario:
Hay un libro cuyo título lo dice todo: "Te quiero cuando bebo". Existen muchas parejas que subsisten sin grandes arrebatos de felicidad. Es más, el aburrimiento es la tónica predominante de muchas horas en común. Esto se compensa con muchas excusas: "Le quiero un montón", "Es la persona de mi vida, aunque seamos un poco diferentes", y así. Pero sobre todo cuando en una fiesta, con unas cuantas copas, la persona, nuestra pareja, parece la quintaesencia hecha humana, y nos entra como un arrebato de amor y felicidad. Pero, cuidado, no dejan de ser los efectos -transitorios- del alcohol. El amor no puede quedarse sólo en cariño o en apoyo contra la fragilidad ante la vida, hay que ser valientes y no conformarse con relaciones sin más.





