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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
La poesía hecha prosa
Cuando se termina de leer Océano mar (Alessandro Baricco, 1999) la duda que surge es: ¿estamos ante algo surrealista o hiperrealista? Baricco es principalmente un mago de las palabras. Hace alarde de una precisión sin igual hasta llegar a expresiones que rozan lo filosófico.

Océano mar es un conjunto de relatos hilvanados como una novela. Historias que se cruzan de personajes que no se sabe muy bien por qué están en la vida y, sin embargo, tienen una presencia muy consistente. Nunca llegamos a conocerlos bien pero enseguida, desde los primeros párrafos, entran en cada uno de nosotros y no se despegan. Son personajes pegajosos, que luchan por instalarse en nuestro interior, en unirse a nosotros, indisolublemente, como las gotas del agua del mar.

El mar es metáfora, es realidad, es principio y es final. El mar, el océano mar, es parte protagonista de esta novela corta. El mar es medio, es fin, es método, es curación, es salvación y es condena. En el mar cabe todo, como caben todo tipo de personas en la magnífica posada Almayer. Nunca un edficio, desde el caserón del Norman Bates de Psicosis, tuvo tanta importancia en una narración. La posada Almayer es el medio para encaminarse al mar y así fundirse con estas historias; un lugar situado en medio de la nada (sólo sabemos que junto al mar) que es en sí mismo un refugio de perdidos, de desesperados, de locos, de artistas... de sabios cotidianos que huyen de todo aquello que les aferra a la realidad.

La prosa de Baricco es deslumbrante, tanto que obliga a releer continuamente para apresar su belleza. Por ello una novela tan corta, que indudablemente puede leerse de un tirón (porque atrapa, porque emociona, porque enamora, porque aturde) se convierte en un mapa que nos ofrece el goce de descifrarlo poco a poco. Baricco se convierte así en nuestro compañero de horas de ensueño, guiándonos suavemente por los recovecos de la mente, de los recuerdos, de los deseos. Océano mar nos engulle y nos obliga a naufragar en su interior.

Que nadie espere una novela al uso. Sería infravalorar a Baricco el tratarla así. Océano mar merece horas de reflexión, minutos eternos para saborearla. Como un bombón que se deshace lentamente sobre la lengua y deja un recuerdo imborrable. Océano mar se derrite en el lector. Y hace que el lector se derrame.
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